Estrenos 3 de septiembre

04 Sep

(Insértese aquí entradilla graciosa, ocurrente, original, diferente, ácida, lírica o lo que desee el lector. El autor de esta entrada no se siente con fuerzas para acometer una vez más la tarea…)

-Lope: Algún mal pensado podría llegar a sopesar la posibilidad de que el cine histórico en España sea la forma sutil de dar trabajo a Pilar López de Ayala. No llegaremos a tanto. Tampoco a entusiasmarnos con una cinta que de histórica tiene lo justo. El personaje de Lope de Vega es más bien punto de partida para triángulo amoroso que completan Alberto Ammann (Celda 211) y la también cantante Leonor Watling. La producción parece muy cuidada. La sensación es que el guión no pasa de convencional.

-Bright star: Otra de poeta enamorado, esta inspirada en la vida de John Keats. Dirige Jane Campion (El piano).

-Submarino: Historia de dos hermanos. Dirige el danés Thomas Vinterberg, aclamado en Cannes en el 98 por Celebración.

-El aprendiz de brujo: Nicolas Cage se enfrenta a Alfred Molina en una de magos ambientada en nuestros días. También es una historia iniciática, de ahí el título. Llega sin hacer demasiado ruido… y así se irá, probablemente.

-Vaya par de polis: ¿Recordáis aquella época en la que Kevin Smith tenía cosas que decir y había gente dispuesta a financiarle sus proyectos? Bien, pues este no es uno de ellos. Este es un filme cien por cien alimenticio, para ir tirando. El guión no es suyo. Él sólo se puso delante de la cámara y observó como Bruce Willis y Tracy Morgan hacían el indio.

-Un pequeño cambio: Comedia romántica en la que, como era de esperar, figura Jennifer Aniston. La ex Friends, tras algún pequeño escarceo con el drama, ha decidido que ese es su nicho (exclúyanse las connotaciones necrológicas). Junto a ella, Jason Bateman, visto en Juno.

-Campanilla y el gran rescate: Cinta de animación que, sorprendentemente, no va a parar directamente al mercado de DVD y similares. Perfil más bien bajo.

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Los mercenarios

01 Sep

Resumamos: un grupo de soldados de fortuna que mata sin cuartel al mejor postor. Y ahí acaba el argumento de Los mercenarios (The expendables, 2010). Como mucho, conociendo a sus componentes, podemos aventurar que el dinero se lo gastan en botox. Pero ya está. Ese es el comentario más profundo que se puede sacar del último taquillazo de Sylvester Stallone. Y si tiene intención de verla eso es lo único que debe saber, así que por su propia autoestima no siga leyendo este post.

Los mercenarios surgió de una idea muy especial: reunir a los grandes actores del cine de acción de los 80 y 90 en una película homenaje a ese género. El anfitrión de semejante colección de músculos no era otro que Sylvester Stallone, director, guionista y protagonista, un mito rejuvenecido por la recuperación y adaptación de sus franquicias Rocky y Rambo. En Celuloides en su jugo dimos buena cuenta de los pormenores de la selección de plantel, en el que destacan, además de Sly, Jason Statham, Jet li, Dolph Lundgren, Mickey Rourke, Eric Roberts y, como invitados especiales, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger (que hace un cameo bastante vergonzoso). Es verdad que dijeron que no otros “grandes”, como Van Damme o Seagal, pero seguro que a estas horas se están tirando de los pelos al ver la cantidad de dinero que ha recaudado esta ¿película?

Sí, película entre interrogantes porque, señor Sly, cuando se tiene una idea lo suyo es desarrollarla, no poner cuatro camaras y esperar a que Lundgren o Statham improvisen un diálogo brillante. Si algo tenían las películas de acción de los 80 eran, precisamente, esas frases ingeniosas y surrealistas tipo “sayonara, baby” envueltas en situaciones irreales llenas de violencia sin compromiso. Pero llenar un ¿guión? de lenguaje machista, comentarios jocosos y chistes entre actores para, encima, intentar colar una ¿reflexión? moral después de pasarse todo el metraje dando tiros y saturando al personal con los cliches más burdos… eso, Sly, eso no se puede dejar pasar, por mucho Rocky, Tango y Rambo que hayas hecho.

Los mercenarios es, como su título original vaticina (The Expendables), una película totalmente prescindible que no hace sino emborronar, si eso es posible a estas alturas, la carrera de algunos actores que al menos dejaron su huella en una época más ingenua que la actual, pero bastante más fresca en cuanto a nuevas ideas.

Para esto, mejor que no hubieran salido del gimnasio.

Veredicto: 2

Lo mejor: El guionista de los Razzies ya puede descansar por ese año. Se lo merecía.

Lo peor: Sly ya piensa en una segunda parte. No nos lo merecemos.

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Mano a mano en los Emmy

30 Aug

Un titular rápido: Mad Men y Modern family triunfan en los Emmy.

Un análisis un poco más detallado: los Oscar de la televisión, muy repartidos, tratan de contentar a todo el mundo, salvo al equipo de Lost, que tendrá que buscarse los homenajes en otra parte.

Por partes. Si hacemos caso a los galardones entregados la pasada madrugada, Mad Men es la mejor serie dramática de los últimos años. Sus tres primeras temporadas le han reportado a Matthew Weiner, su creador, otros tantos Emmys. En Estados Unidos se han rendido de forma incondicional y nada disimulada a la montaña rusa empresarial y emocional de un grupo de publicitarios del Nueva York de los 60 que no paran de fumar, beber, engañar a sus esposas y, de tanto en tanto, diseñar campañas geniales con el incomparable Don Draper a la cabeza. Emmy también por su guión. Y aquí acaba el reconocimiento.

Lo de Modern family es distinto. Su primera temporada ha sido acogida como un soplo de aire fresco. Creíamos que las sit-com familiares eran terreno trillado, que ya estaba todo visto, pero la disfuncionalidad de este propuesta, algo que tampoco es estrictamente nuevo, ha encandilado a la crítica. Doblete también: mejor comedia y mejor guión de comedia. Y Emmy además para Eric Stonestreet como mejor secundario cómico.

El resto, todo muy repartido. En cuanto a intérpretes. Empezando por las mujeres, Kyra Sedgwick es la mejor en drama, por The closer, y la ya clásica Edie Falco en comedia por Nurse Jackie, el proyecto que la mantiene en el candelero tras el final de Los Soprano. Secundarias: Jane Lynch (Glee, comedia) y Archie Panjabi (The good wife, drama). Observaciones: se van de vacío las aparentes favoritas, Tina Fey (30 Rock) y Julianna Margulies (The good wife).

Siguiendo por los hombres, triunfan Bryan Cranston (Breaking bad, drama) y Jim Parsons (The Big Bang Theory, comedia). Secundarios: al margen del citado Stonestreet, Aaron Paul completa el doblete de Breaking bad. Observaciones: relevo en unos casos y alternancia en otros; Jon Hamm, Michael C. Hall, Larry David y Alec Baldwin deberán esperar.

Apunte 1: justísimo que Lost se quede en blanco; ante la tomadura de pelo de la última temporada, hay que dejarse de homenajes y pamplinas; que lo hubieran cerrado dignamente y podríamos hablar de cierto reconocimiento merecido; si quieren fiesta, que se la financien ellos mismos.

Apunte 2: atención a You don’t know Jack, tv-movie sobre el doctor Kevorkian que, dicen, brinda la mejor interpretación de Al Pacino en años; se lo han reconocido con un Emmy.

Apunte 3: que nadie pierda la perspectiva; hay que hacer tanto caso a los Emmy como a los Oscar o los Globos de Oro; que cada uno vea y disfrute las series que le dé la gana.

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Sherlock

29 Aug

Puristas, abstenerse. Los que rechinaron los dientes ante el atrevimiento transgresor de Los Tudor encontrarán argumentos más que fundados para echar a los leones a los creadores de Sherlock, la última revisión de las andanzas del detective privado más famoso de todos los tiempos. La diferencia entre ambas propuestas, no obstante, no es menor: en la primera se respetaba la época histórica pero se transformaba a Enrique VIII en un joven fogoso y engreído que, especialmente en lo físico, poco tenía que ver con el nada agraciado monarca; en la segunda, en cambio, perviven las líneas maestras del personaje pero muta el cuándo, que pega un salto de un siglo para situarse en el Londres de 2010.

Los que aplaudimos la valentía necesaria para tunear Los Tudor saboreamos en idéntica o mayor medida que Sherlock Holmes y su inseparable compañero, el doctor Watson, se hayan subido a la máquina del tiempo. Ahí siguen las huellas inconfundibles: el genio misántropo y melancólico (Holmes) y el resignado y fiel escudero (Watson); las deducciones brillantes, aparentes trucos de magia; los casos enrevesados, a priori irresolubles; la caza del villano/asesino. Todo esto pasado por la batidora del siglo XXI, con todo lo que este brinco temporal entraña, especialmente a nivel tecnológico.

Ver a Holmes tecleando furioso en su móvil de cuarta generación o solicitando un análisis de ADN puede chirriar al principio. Ídem para el estrés post-traumático de un Watson, recién regresado de la guerra de Afganistán, que trata de encontrar empleo en el servicio de salud británico. ¿Mareados ante tanta novedad? Tranquilos: no tardan en aparecer el 221b de Baker Street, la señora Hudson y el inspector Lestrade de Scotland Yard. La cuestión es dejarse llevar y no perder de vista, en ningún momento, que pervive la esencia: el adictivo quehacer detectivesco en manos de una de las mejores parejas que nos ha dado jamás la ficción.

Un personaje de la trascendencia de Holmes no podía caer en las manos de cualquiera, y los responsables de Sherlock no lo han permitido: encarna al mítico detective Benedict Cumberbatch, actor de nombre imposible que, en cuanto uno se acostumbra a sus rasgos un tanto peculiares y su aire pijo, despliega todo su potencial, que es mucho, y resulta perfecto en el rol. Martin Freeman compone a un Watson quizás un tanto mustio, pero la química con su compañero es tan innegable que el resultado no se resiente en absoluto.

¿Que todo esto no es suficiente y es necesario añadir algún otro aliciente? De acuerdo. Sólo tres letras: BBC. Sabido es que esta gente, cuando le hinca el diente a un proyecto, dificilmente mete la pata. No lo hace con Sherlock, al que dota de una factura visual tan transgresora como la decisión de llevar al personaje a 2010. La única pega: que es una mini-serie de tan sólo 3 capítulos, aunque de hora y media de duración, como una película. Filmes en miniatura que, a buen seguro, tendrán continuidad. Y nosotros que nos alegramos.

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Estrenos 27 de agosto

28 Aug

En el océano de remakes navega con pulso cada vez menos firme el velero de Woody Allen. Cartelera de perfil bajo para un verano que encara su último tercio:

-Conocerás al hombre de tus sueños: Allen se rodea de un señor reparto (Naomi Watts, Anthony Hopkins, Josh Brolin, Antonio Banderas) pero ya no despierta la expectación de antaño. La etapa otoñal/casi invernal del otrora genio neoyorquino se está caracterizando por trabajos menores que inevitablemente llevan a añorar su etapa gloriosa. Allen sigue empeñado en rodar una cinta al año, seguramente porque es de esa clase de personas que sentirán un vacío insuperable el día que se retiren y se limiten a ver pasar la vida. No, hasta que el cuerpo aguante, será fiel a la cita. Lo que no es tan seguro es que el público vaya a acudir al reclamo.

-The Karate Kid: Cambien ustedes a Ralph Maccio por el hijo de Kevin Smith y pongan a Jackie Chan como el mentor del joven karateka y tendrán ante sí uno de los remakes menos necesarios en años.

-Predators: Otra que sobra y que hace daño a la vista. Adrien Brody, Oscar por El pianista, al frente de una action-movie, como suena. Guardándole las espaldas, Laurence Fishburne, cuya hija ha empezado una carrera en el cine… porno, y que anda desaparecido en combate después de su resurgir en Matrix. Anda por ahí el peculiar Danny Trejo. Totalmente prescindible.

-Miedos 3D: Poco que añadir. Para bien y para mal, el título lo dice todo.

-Todo sobre mi desmadre: Una de las traducciones más chapuceras de los últimos tiempos (ni rastro del título original, Take him to the greek, indudablemente de difícil adaptación) para otro producto de la factoría Apatow. Uno de sus pupilos, Jonah Hill, secunda aquí al supuestamente gracioso Russell Brand en una comedia alocada que, ojo, incluye a Puff Daddy, o como quiera que se llame ahora (aquí, al parecer, firma con su nombre auténtico, Sean Combs).

-Un juego de inteligencia: Cinta alemana que indaga en por qué lo zafio triunfa en la televisión y lo culto no interesa a nadie. Inquietante.

-Visión: Franco-alemana, sobre la vida de una pionera y adelantada a su tiempo, Hildegard de Bingen (?).

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Persiguiendo a Amy

27 Aug

El cine de Kevin Smith podrá gustar más o menos, pero hasta no hace demasiado, al de Nueva Jersey había que reconocerle, al menos, su afán por imprimir un sello personal a todas sus películas. Cuando todavía no se había entregado a los productos alimenticios y convertido en un mero ejecutor, Smith encadenó tres películas de lo más interesantes: Clerks, Mallrats y Persiguiendo a Amy. La primera pecaba de fundacional, por más que resultara meritoria ante la escasez de medios y lo precario de la ambientación. La segunda rozaba lo cutre en muchos momentos, como demasiado hecha por, entre y para colegas. La tercera, en cambio, supuso la cima de aquel estallido inicial de creatividad.

Persiguiendo a Amy (Chasing Amy, 1997) sitúa a Smith en un terreno doblemente familiar: el de Nueva Jersey frente a Nueva York y el de los dibujantes de cómics. Aunque meros marcos para la acción, sitúan el tono de una historia que arranca como colisión de mundos: de un lado, el tradicional de Holden y Banky, pareja profesional que últimamente ha experimentado cierto reconocimiento gracias al éxito de su serie de tebeos; de otro, el underground y anómalo de Hooper y Alyssa, ambos en el gremio pero con propuestas alejadas de los gustos del gran públicos. Holden se enamora pérdidamente de Aylssa cuando Hooper los presenta, pero sólo para llevarse un chasco de proporciones bíblicas al descubrir que ella es lesbiana y que cualquier intento de relación está llamado al fracaso. Para sorpresa de Holden, Alyssa le propone entablar una amistad, y el dibujante se entrega a ella con la esperanza, nunca admitida, de lograr atraer su atención en último término. Su colega Banky actúa a modo de palanca entre ellos: trata de hacerle ver a Holden que se engaña a sí mismo alimentando una relación sin futuro, pero sus celos son tan obvios que el otro se siente atacado y rehúye sus advertencias.

Película de personajes, Smith les hace hablar largo y tendido para mostrar cómo el conservador mundo de Holden va sufriendo un shock constante a medida que Aylssa le hace ver que existe otro mundo ahí fuera, el de personas que se salen del carril trazado y se dedican a experimentar. Claro que, mientras Alyssa se esfuerza por quitarle la venda a Holden, este va tejiendo la estrategia contraria, la de llevarla a su terreno, aunque sea de forma indirecta, simplemente dispensándola las atenciones que brindaría a cualquier otra chica. El rol de Banky es el del palurdo homófobo, rayano en el estereotipo, siempre presto a criticar duramente lo que se desarrolla ante sus narices. Todo esto, bajo las premisas del humor socarrón y la sobreabundancia de tacos y expresiones malsonantes, marca de fábrica del orondo director.

El mérito está sin duda en los diálogos, el punto fuerte, de largo, del señor Smith. Diálogos inteligentes y certeros que van tejiendo el conflicto entre los protagonistas. No es menor el de conseguir que Ben Affleck, que interpreta a Holden, ofrezca un trabajo digno, aunque por aquel entonces no era todavía el actor afectado y plagado de tics que ha convertido en estomagantes casi todas sus películas posteriores. Sorprende el buen hacer de Joey Lauren Adams como Alyssa: la que fue pareja del propio Smith se revela una actriz con los registros necesarios para encarnar un personaje de alto voltaje, tremendamente emocional, en un rol de considerable desgaste; llama la atención lo discreto de su posterior andadura. Completa el trío Jason Lee, otro de los actores fetiches de Smith, impecable en su papel, por más que sus aptitudes dieran para algo más que un mero secundario.

Obviando la pega del resorte que desencadena el drama al final del metraje, que no acaba de resultar del todo convincente, Persiguiendo a Amy es el mejor Kevin Smith porque brinda el más sólido de sus guiones y la más profunda de sus historias. A lo largo de toda su carrera le ha traicionado su tendencia a lo escatológico y lo chapucero. Aquí sale triunfante con una propuesta arriesgada, la historia de un amor en apariencia imposible, trufado de prejuicios y barreras, que nunca cae en lo ñoño y trata al espectador como a un adulto.

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A propósito de Leo

25 Aug

Leonardo Di Caprio ha intervenido en las dos mejores películas de 2010: Shutter Island y Origen. Es uno de los mejores intérpretes de la actualidad. Se ha ganado el respeto de la Industria. Muestra un ojo más que certero a la hora de elegir proyectos. Pero no siempre ha sido así…

Lo confieso: fui de los que se rió cuando Martin Scorsese soltó aquello de que Di Caprio sería, con el tiempo, el nuevo Robert De Niro. Craso error el mío y el de otros. Cuando Marty, que filmó algunas de sus mejores películas con De Niro (Taxi Driver, Toro salvaje), soltaba una frase tan rotunda, tenía que ser porque había visto algo muy importante en Leo.

Pero un servidor, a aquellas alturas, aún vivía bajo el negativo influjo de Titanic. Antes fueron los años del despegue, los años de Los problemas crecen, Quién ama a Gilbert Grape (primera nominación al Oscar), Diario de un rebelde. Y en 1997, Titanic: la película que lo convirtió en ídolo de treceañeras y colocó su rostro en la carpeta de cualquier fémina adolescente. Los demás, sencillamente, le cogimos manía al pobre Leo, que venía de formar una pareja tirando a ñoña con Claire Daines en Romeo y Julieta y que se embarcó después en El hombre de la máscara de hierro. Su cara aniñada, sus muecas y su condición de ídolo de nenas no le ayudaron. Él mismo ha admitido que aquella fue una época turbulenta, la de su ascenso repentino al Olimpo de la Fama, la de una loca carrera en pos de una colisión con el muro en el que se trucan tantas y tantas carreras prometedoras.

No me creí a Leo en 2002 en la para mí fallida Gangs of New York, su primera colaboración con Marty. Ese año, sin embargo, estuvo soberbio en otra cinta, esta, tremendamente infravalorada: Atrápame si puedes, donde se aprovechaba de su físico para interpretar a un jovenzuelo. Di Caprio se tomó más en serio a sí mismo y empezó a mostrarse más selectivo. Sus dos siguientes películas fueron con Scorsese: El aviador (segunda candidatura) e Infiltrados. Roles sólidos que confirmó en Diamantes de sangre (tercera candidatura). No acabó de convencerme Revolutionary Road pero a él lo encontré excelente.

2010 ha mostrado al Di Caprio definitivo. Adulto, maduro, interviniendo en las mejores películas y, además, en las más arriesgadas. Acompañando a Scorsese en Shutter Island en material novedoso para el veterano realizador. Ir de la mano de Nolan es igualmente apostar por caballo ganador. Si Leo no está entre los candidatos al Oscar el próximo año, la Academia cometerá un grave error. Es más: alguien debería ir pensándose seriamente lo de darle una estatuilla.

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Estrenos 20 de agosto

22 Aug

Se acaban las vacaciones para unos, empiezan para otros. Septiembre está a la vuelta de la esquina mientras todavía sufrimos los rigores de agosto: rigores térmicos y cinéfilos, prácticamente opuestos;  porque, si en la calle aprieta el sol, en la cartelera sopla un airecillo que no pasa de tibio, por más que dos propuestas de acción y épica vengan a echarle una mano a Origen, la única película, ahora mismo, que merece (¡y de qué manera!) tal calificativo.

-Centurión: Gladiator resucitó el Peplum y, visto lo visto, aquel género muerto aún mantiene ciertas constantes vitales. Desde entonces ha habido un poco de todo. Lo último, esta historia de romanos y bárbaros que busca catapultar a Michael Fassbender, visto en Malditos bastardos, como nuevo héroe de acción, ahora que Gerard Butler anda empeñado en protagonizar comedietas románticas. A un servidor le resulta mayor aliciente observar las evoluciones de Dominic West, el Jimmy McNulty de la genial The Wire (y que también tenía un rol, hablando de Butler, en 300). Se presenta como la mejor opción, sin tirar cohetes, del fin de semana.

-Salt: Tom Cruise pasó del papel y lo reciclaron para Angelina Jolie. Dicen de ella que ha demostrado que una mujer puede ponerse al frente de una cinta de tiros y adrenalina. No digo que no, pero personalmente no me siento impelido a verla en la gran pantalla soltando mamporros.

Y además…

-Como perros y gatos. La revancha de Kitty Galore: Qué añadir a esto… Sólo una pregunta: ¿era necesario?

-The secret of Kells: Cinta de animación europea que lo tendrá crudo para llamar la atención de los críos, con el listón demasiado alto por culpa de la gente de Pixar y Dreamworks.

-Mis tardes con Margueritte: Señoras que hacen películas con Gerard Depardieu, que es a su vez un señor que no, no ha dejado aún el cine.

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Miedo en el Índico [TRAILER]

19 Aug

Nuestro amigo Jon Cuesta, un periodista de primera al que os aconsejo seguir en Twitter y en su blog, nos ha pasado el trailer del documental que ha realizado junto a Borja Beriain, y que actualmente se encuentra en fase de montaje. Un documental, como ellos mismos cuentan,  “de empeño e ilusión, sacando tiempo de nuestros trabajos y sacrificando vacaciones y dinero”, sobre la situación de piratería en el Índico. Viniendo de Jon, estaba seguro que el material conseguido era bueno, pero desde luego el trailer me ha dejado con la boca abierta, y eso que sólo muestra la parte española, porque sé de buena tinta que viajaron a Seychelles a entrevistar a piratas somalíes. ¡Y estoy deseando verlo!

En fin, que enhorabuena a los autores, espero que veamos pronto el documental en cines o televisión (o incluso Internet), pero hasta que llegue ese día nos conformaremos con el trailer de Miedo en el Índico.

Trailer de ‘Miedo en el Índico’ from ebanomedia on Vimeo.

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Brick

16 Aug

Sonará a sacrilegio, pero… ¿y si Humphrey Bogart fuera al instituto? ¿Y si las aventuras de Sam Spade y otros detectives duros y cínicos del cine en blanco y negro fueran carne de high school y lidiaran con el acné y otras torturas hormonales? La pregunta se la hizo en 2005 Rian Johnson y la respuesta fue la estupenda Brick.

Brendan, el protagonista, un tipo solitario, de pocas palabras, engañoso en su aparente fragilidad, debe investigar la desaparición de su ex novia. Lo hace asistido por un chavalito tímido y con cara de empollón, al que se refiere como The Brain (El Cerebro), mientras elude las artimañas de Laura, que vierte sobre él miradas seductoras, y las de Tug, que no duda en pasarle un coche por encima o molerle a palos. Tenaz e implacable, Brendan acaba llegando hasta The Pin, el capo de una organización criminal que se dedica a la distribución de drogas. ¿Podría colar como el argumento de una película de Bogart?

Y, sin embargo, todo lo anteriormente descrito ocurre en un instituto y con adolescentes como protagonistas. Ahí reside la gracia del asunto. Brendan se salta clases para averiguar qué ha ocurrido con su antes adorada Emily. Sus problemas con la autoridad no consisten en burlar a la Policía, sino a la dirección del instituto. Si se cuela en una fiesta es una fiesta de y para niñatos, aprovechando la ausencia de los papás. E incluso los malos tienen apenas cuatro pelos en la cara. Sí, Bogart con hormonas.

El principal acierto de Johnson nace en el guión, perfectamente transplantable a una película de mayores, de adultos, pero que sigue sonando perfectamente creíble y veraz en boca de unos mocosos. Al rol del protagonista, obcecado e individualista, lo arropa con una lograda atmósfera que tiende a lo minimalista y lo austero. Los elementos son los mínimos, como se aprecia a la perfección en la escueta banda sonora.

Si las películas de Bogart no hubieran sido posibles sin Bogart, tampoco Brick lo hubiera sido sin Joseph Gordon-Levitt, aupado al estrellato, aunque sea en un segundo plano, gracias a su reciente papel en Origen. Uno de los mejores de su generación, este chico con apellido de escritor y cara de pena brinda toda una lección de economía de recursos. Parco en palabras y gestos, está perfecto como el sabueso solitario. Le espera, sin duda, un gran futuro.

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Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.