Archive for October, 2007

Estrenos 31 de octubre


31 Oct

Día atípico de estrenos, adelantado por el puente. Otras diez píldoras que sacian a duras penas nuestra hambre de títulos potentes (véase Leones por corderos y el enésimo atempt de Cruise por pescar un Oscar). Mucho drama, alguna comedia, y la inevitable carroña en forma de secuela. Echémosles un vistazo…

-Adiós, pequeña, adiós: se ha hablado ya en este blog de esta película en nuestra aproximación a la prometedora figura de su protagonista, Casey Affleck, hermano pequeño de Ben, quien le dirige en esta cinta sobre la desaparición de una niña de 8 años… El morbo está servido por culpa del parecido razonable con el caso Madeleine. Apuntalan la función Morgan Freeman y Ed Harris. Junto con la siguiente, la propuesta más interesante de la nueva hornada de la cartelera.

-El asesinato de Jesse James…: interminable título para un western en el que repite nuestro amigo Casey como el cobarde que asesina al valiente Brad Pitt, Copa Volpi en Venecia por su papel. Las malas lenguas dicen que el pequeño de los Affleck le roba la función, pero Brad es mucho Brad. Parece merecer la pena.

-El caso Wells: sí, Richard Gere saca tiempo entre visita y visita al Dalai Lama para marcarse alguna película como este drama con trasfondo policial, teñido con tintes de delincuencia sexual. Le acompaña Claire Danes, presente también en Stardust, y tan insulsa como el propio Gere. No deben esperarse maravillosos resultados.

-Once: drama irlandés con amores y desamores, un músico de protagonista y poca chica, la verdad.

-Persépolis: propuesta francesa con fondo dramático y forma de cinta animación; produce una sensación extraña y no precisamente atrayente.

-Lío embarazoso: comedia a cargo de la cuadrilla que parió Supersalidos; a rebufo de su éxito tratarán de atraer espectadores con un argumento bastante sobado: un lío de una noche, en este caso la chica es la guapa y el chico el friqui, lo que da pie a los inevitables choques… ¿culturales? Ella es Katherine Heigl, la rubia de Anatomía de Grey; él, Seth Rogen, alma máter de Supersalidos.

-Resident Evil: Extinction: en fin, tercera entrega de este bodrio basado en el video-juego del mismo nombre, con Mila Jovovich matando zombies de nuevo; fatiga y más fatiga la que produce tamaña basura que no debe verse ni aunque se nos regalen las entradas.

-Shoot ‘Em Up: híbrido entre thriller y comedia con Clive Owen pegando tiros y Monica Belucci enseñando… enseñándose a ella misma; curiosa propuesta que produce una sensación extraña: podría ser un éxito o un rotundo fracaso.

-Los Totenwackers: para rara, rara, esta película, co-producción anglo-española con tintes fantásticos, sobre una familia que se muda a un vecindario donde empiezan a suceder fenómenos poco normales que sólo los miembros más jóvenes perciben. Manido argumento y tufillo a entretenimiento para los más pequeños.

-Oviedo Express: Jorge Sanz, Maribel Verdú, Aitana Sánchez-Gijón… hablando de fatiga, he aquí a los de siempre reunidos en el rollo de siempre. A evitar como la peste.

En contra: Cassandra’s Dream


31 Oct

Hubo una época, no tan lejana, en la que cada estreno de Woody Allen suponía todo un acontecimiento para los amantes del cine de buen paladar. Hubo una época en la que el director neoyorquino sorprendía a propios y extraños con mordientes diálogos y tramas poderosas que versaban sobre lo divino y humano de manera sencilla, divertida e inteligente. Sobre todo inteligente. Aquella época pasó, y lo que queda hoy sólo son fugaces destellos de un director excepcional con demasiadas películas encima y al que no le vendrían mal unas vacaciones.

Decía Picasso que la inspiración siempre le sorprendía trabajando. Una máxima que intenta repetir Allen sin suerte, ya que por mucha película al año que haga no parece ver a las musas por ningún lado. Con Cassandra´s Dream (2007) se confirma el bajón creativo en el que lleva instalado desde hace una década, salvo honrosas excepciones como La maldición del escorpión de jade (2001) o Match Point (2005). Cierto que son grandes excepciones que para más de un director serían el culmen de su carrera, pero eso no es óbice para que Allen se instale en un permanente conformismo y repita, título tras título, los mismos clichés de los que abusa últimamente (algún defensor acérrimo diría que le obsesionan) con la intención de pasarlos como supuestas reflexiones intelectualoides.

En Cassandra´s Dream tenemos, de nuevo, una reflexión sobre la vida y la muerte contada a través de dos hermanos muy diferentes: uno, ambicioso pero bastante vago, interpretado por Ewan MacGregor, que sueña con escapar de su humilde vida invirtiendo en hoteles en California; el otro, currante pero ludópata, al que da vida Colin Farrell, que vive por y para su hermano y su novia y sólo aspira a una vida sencilla. Los dos viven teniendo como referente a su tío Howard (Tom Wilkinson), pero cuando este aparece para arreglarles la vida les exige un precio muy alto: matar a un hombre. Y así, Allen retrata la doble moral, las inseguridades y las consecuencias de un destino abocado a la tragedia de la mano de estas dos personalidades opuestas pero unidas en la fatalidad.

Hace un tiempo, Allen hubiera contado esta historia de manera que el espectador se desgarrara viéndola. Pero hoy ya sólo tiene fuerzas para esbozar un decorado en el que algunos actores ensayan un texto sin fuerza ni sentimiento. Y ojo, los protagonistas no son lo peor de la película ni mucho menos. McGregor está todo lo convincente que le permite un papel que, por otro lado, no termina de encajar en el film, mientras que Farrell sorprende con una actuación que le viene al pelo. No, el problema no está en los actores, sino en una dirección sin rumbo conocido que no sabe qué quiere contar. De acuerdo, hay un conflicto humano. De acuerdo, hay una buena presentación de los personajes. Y de acuerdo, hay un punto de inflexión interesante, aunque no original, en la historia. Pero no hay más. Parece que la película da vueltas constantemente sobre sí misma, como si se negara a avanzar. Farrell dice, en un momento del film, que ya nunca serán los mismos. Lo triste de todo esto es que no es verdad. Los dos hermanos siguen hablando de las mismas cosas en todo momento, unas veces desde el optimismo y otras desde el pesimismo o la culpa, pero no ven más allá de sus zapatos. Al igual que Allen, que parece no ver nada más allá de sus películas, y así le va últimamente.

¿El final? Pues una manera como cualquier otra de terminar algo que no se debió empezar. O no, al menos, para contarlo de esta forma: de manera intrascendente.

A favor: Cassandra’s Dream


30 Oct

En la mitología griega, el personaje de Casandra encarna la fatalidad de poder adivinar el futuro y no poder intervenir por falta de credibilidad. Para algún que otro crítico, el mito que sirve de base a la película podría aplicarse a la película misma: la fatalidad de prever que se estrellará en taquilla y no poder hacer nada por remediarlo.

El sueño de Casandra (Cassandra’s Dream, 2007) podrá funcionar mejor o peor en taquilla, pero no marca el ocaso de Woody Allen, como han apuntado los agoreros. Es un deporte ya recurrente que al director veterano, como lo es un Allen ya septuagenario, se le cuelgue el cartelito de “acabado”; se lamente que sus últimas películas ya no sean como las primeras; y se quiera ver en cualquier fotograma el indicio claro del declive. Si, como en el caso de Allen, has parido recientemente una obra maestra como Match Point, el discurso catastrofista se acentúa con aseveraciones del tipo “aquel fue su canto del cisne”.

Cierto: Cassandra’s Dream no es Match Point; pero tampoco es Scoop. Lo primero no es bueno, lo segundo sí. Pero sigue siendo una película de Woody Allen y esto garantiza una serie de cosas: un guión sólido, varias líneas de guión soberbias, actores acertados y, en conjunto, un resultado muy por encima de la media. Hagamos un ejercicio: supongamos que firma Cassandra’s Dream cualquier otro director. Inmediatamente hablaremos de un buen thriller, del buen hacer del cineasta, bla, bla, bla. Pero como es Woody Allen, esperamos siempre caviar del Caspio con Moet & Chandon. En fin, algo de esto podría decir el gran Hitchcock si no reposara en el mausoleo de los genios…

Volviendo a la película, las líneas maestras siguen los derroteros que ha tomado el cine de Allen desde su desembarco en Europa, o mejor dicho, en Londres: un afán por hurgar en los recovecos más turbios de nuestras conciencias, sabiendo que es en los pliegues de la moral donde más roña se acumula, que en lo más sombrío de nuestro ser brotan los zarcillos más ponzoñosos de nuestras motivaciones. Es recurrente ya comparar esta preocupación de Allen (ya presente en la obra magna Delitos y faltas) con la literatura de Dostoievski, especialmente con Crimen y castigo. La comparación no es vana: como Raskolnikov, a los personajes de Allen les remuerde la conciencia, les tortura la dimensión de sus actos, que son criminales, y por tanto objeto de castigo; y peor si no son castigados por la mano del hombre, porque entonces se acude a instancias más altas y la angustia es mayor.

En Match Point la culpa roía las entrañas de un solo hombre, ese profesor de tenis advenedizo que luchaba con uñas, dientes y escopeta por aferrarse, como una garrapata egoísta, a su nuevo estatus social. En Cassandra’s Dream, las culpas se reparten entre los dos hermanos, en realidad dos caras de la misma moneda: la moneda de los humildes que sueñan con medrar, con subir en la pirámide alimentaria y llegar a la cúspide. Uno, el personaje de Colin Farrell, no va más allá de sus carreras de galgos y sus partidas de póker, pequeñas alegrías fugaces; las miras de su hermano, al que da vida Ewan McGregor, son más altas, lo suyo es cambiar el restaurante paterno por la cadena hotelera en California. El primero vive con su novia de clase media; el otro se trabaja a la actriz prometedora a base de pedir prestados los imponentes coches que arregla su hermano en el taller. A ambos se les ofrece la manzana de la envenenada ascensión social, de manos de su tío, presente solo de palabra durante la primera mitad de la película. Su irrupción marca un punto de inflexión sin vuelta atrás. Los hermanos toman esa manzana y, como Adán, han de cargar con las culpas, sólo que para uno de ellos el peso es excesivo y aplasta su conciencia.

Hasta aquí llega el trabajo de Allen y empieza el del reparto. Farrell y McGregor, dos actores que suelen pecar de falta de consistencia, que han prometido más de lo que han ofrecido, se revelan vehículos adecuados para sus personajes. Cierto que cada uno mantiene durante todo el film la misma cara (de perro apaleado y charlatán de feria, respectivamente), pero sin desentonar. La chica, la casi debutante Hayley Atwell, mantiene el tipo. Por encima de ellos, Tom Wilkinson, explotando esa vena de dureza a flor de piel ya expuesta en Batman Begins.

Cassandra’s Dream habla de la culpa. También de la fuerza de los lazos familiares (“la familia es la familia”, se repite, en una evocación de El Padrino). De las ambiciones y del precio que exigen. De como unos se conforman (el padre con su restaurante, el hermano Farrell con el taller) y otros miran más alto aunque hayan de pisar cuellos (el tío con sus clínicas y McGregor con su proyecto hostelero). Lo hace a partir de un guión que quizás no sea brillante, pero al que se pueden encontrar no demasiadas fisuras. Tal vez la trama tarda en explotar, y la espoleta solo llega mediado el metraje, pero Allen sabe de qué va la función y acierta a mover los hilos. Por supuesto, la película no está exenta de pegas. La más grave, tal vez, sea un final abrupto que coge por sorpresa, que pide algún tipo de prolongación, de explicación, que tal vez peque de buscar ese efecto circular y transmita la sensación de querer quitarse el asunto de en medio.

Allen, a su respetable edad, sigue teniendo cosas que contar, y cosas muy interesantes, de las que otros mucho más jóvenes deberían tomar nota. Harina de otro costal será ya, me temo, ese spanish project cuyo ridículo título no mencionaré.

Y una duda: ¿por qué, a medida que Allen se hace más mayor, los intérpretes de sus películas se vuelven más jóvenes y sus preocupaciones más frívolas?

El árbol de los zuecos


30 Oct

Un solo hombre escribe, dirige, fotografía y monta; la música es de uno de los genios, J. S. Bach; de la interpretación se encarga un puñado de actores no profesionales, campesionos como sus personajes, sin ninguna experiencia frente a las cámaras. La hazaña es menor cuando se tiene en cuenta que dicho hombre es Ermanno Olmi, 3 veces galardonado en Cannes y otras 5 en Venecia, amén de merecedor de un amplio reconocimiento en su país.

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Pero por encima de su labor de hombre-orquesta se alza la grandeza de la propia película: El árbol de los zuecos (L’albero degli zoccoli, 1978). Una grandeza que no radica en la importancia de sus personajes, humildes labradores de la Lombardía de finales del siglo XIX; ni en la trascedencia de sus actos, limitados a los quehaceres diurnos y las modestas dimensiones nocturnas. Emana en cambio de lo minúsculo, de lo sencillo, de la misma esencia de la vida. Olmi resuelve la aparente paradoja colocando la cámara en el lugar exacto y dejando que sean los protagonistas quienes narren sus pequeñas y a la vez grandes historias. A lo largo de 3 horas consigue captar sus miedos e ilusiones, sus penas y alegrías, sus vilezas y sus logros.

Apenas hay diálogos, y los que hay no encierran claves metafísicas ni discursos grandilocuentes: son las enseñanzas de un abuelo a su nieta; las instrucciones de una curandera; los consejos del cura, el único instruido. Por encima de las palabras fluyen los sonidos: las campanas de la iglesia, los rezos, la carreta, el perro. La única música que acompaña a la narración sale de la partitura de Bach. No es una elección casual: la religión se extiende como un manto omnipresente; a Dios se le reza todas las noches al calor de las brasas, se le pide que sane a la vaca enferma.

En el pobre y reducido entorno de los labradores hay lugar para el amor. Entre los dos jóvenes que, en un primer momento, se limitan a saludarse en el camino, y que ya casados no van más allá de cogerse del brazo. Entre el padre y el hijo, al que lava y viste, y cuyo trabajo sacrifica para garantizarle el bienestar. Entre el hermano mayor y los más pequeños, a los que se niega a entregar en adopción.

Frente a los campesinos, el señor es una presencia oscura; no se le ve apenas, pero sus tentáculos son largos; el capataz es su brazo ejecutor; no se mezcla con sus siervos pero está presto para descargar su poder sobre ellos. Podría pensarse que Olmi lo muestra con frialdad, pero lo cierto es que lo trata con el mismo tono que impregna toda la película. Con la misma delicadeza y falta de estridencias. La ternura que parece dedicar a los menos favorecidos emana de ellos mismos: Olmi se encarga de captarla con la cámara. En ningún momento entra con violencia en sus vidas. Se acerca con la misma suavidad con que el abuelo planta sus tomates.

Lo que nos espera en 2008


30 Oct

La revista Cinemanía ha destacado, en su número de Octubre, los estrenos más esperados de 2008. Seguro que dinamitarán las taquillas, pero ¿saciarán las necesidades del cinéfilo hambriento? Veamos 5 de ellos:

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Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull: 23 de mayo de 2008. Miedo me da a mí un ya mayor Harrison Ford metido de nuevo en la piel del doctor Jones aunque, para tranquilidad de muchos, la historia estará ambientada en los años 50, es decir, que Indy tendrá los mismos años (más o menos) que Ford. A ver qué pasa.

Iron Man: el hombre de hierro: 2 de mayo de 2008. Hay grandes expectativas con esta nueva película de un superhéroe de la Marvel después de las últimas adaptaciones (vease Los 4 Fantásticos y Silver Surfer). Tony Stark estará interpretado por Robert Downey Jr, del que podemos esperar lo mejor y lo peor. De momento, el trailer promete.

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Meteoro (Speed Racer): 30 de mayo de 2008. Vuelven los hermanos Wachowsky, después de la triología Matrix, con una adaptación del anime de los años 60 (¿es qué ya no hay ideas en Hollywood?). Se espera un poco más de lo mismo: acción a raudales, carreras de coches desde todos los ángulos posibles y, esperemos que no, un poco de filosofía y metafísica para justificar tanto derroche visual. Sin mayor interés.

The Chronicles of Narnia: Prince Caspian: mayo de 2008. Otra continuación (y van…) y el estreno más esperado para el público juvenil. Épica y pseudomitología a raudales. Nos conformamos con que mantengan el buen tono de la primera entrega. Más les vale, ya que su presupuesto es el doble. Y ya ha comenzado el rodaje de la tercera. Esta saga se perfila, claramente, como la sucesora de El señor de los anillos.

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Batman. El Caballero de la Noche (The Dark Night): 18 de julio de 2008. La película que mayores expectativas está generando, no sólo por la gran labor de marketing que está realizando la Warner (creando webs sobre los personajes y lanzando fotos de manera muy oportuna para que a más de un fan esté al borde de un ataque de ansiedad), sino por la gran calidad de su predecesora Batman Begins (2005), porque repite el director (Christopher Nolan) y uno de los mejores Batman del cine (Christian Bale), porque Alfred sigue siendo Michael Caine, porque aparece el Joker de la mano de Heath Ledger (las fotos que hemos visto prometen mucho), y porque tenemos ganas de ver superhéroes de manera seria después de las decepciones de las pelis Marvel.

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Ojo con… Casey Affleck


29 Oct

Lo que sigue, más que una noticia, es una advertencia; la de no perderle la pista a un muchacho de 32 años llamado Casey Affleck que, hasta hace poco, ha tenido que vivir con el cartelito de “hermano de…”, en su caso, obviamente, Ben Affleck.

Le habíamos visto primero en un pequeño papel en El indomable Will Hunting, junto a su hermanísimo y al coleguísima de este, Matt Damon. También intervino en American Pie y su secuela, pero esto podemos omitirlo y saltar a su rol de Virgil Malloy en las tres entregas de Ocean’s, donde daban juego los piques con su hermano (en la ficción) pero quedaba en mero personaje residual.

Hasta este año, 2007, que debe de ser el de su despegue. Este fin de semana le tendremos en la cartelera por partida doble. Primero, en El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford; todo el mundo coincide en que le roba el pastel a Brad Pitt de tal manera que la Copa Volpi que le dieron al rubio debió haber sido para él. Y segundo, en Adiós, pequeña, adiós, dirigida… por su hermano, Ben, sí, por el mismísimo intérprete de maravillas como Daredevil o Armageddon (vale, está decente en Hollywoodland). Sobre este film, comentar que en UK tuvieron que posponer el estreno por el llamativo parecido de la historia (una niñita que desaparece) con el caso Madeleine. Lagarto, lagarto…

Lo dicho: ojo con Casey Affleck que seguramente dará mucho de qué hablar de aquí en adelante.

Harry Potter según Guillermo del Toro


29 Oct

Según MTV Movies Blog, al reputado director mexicano Gullermo del Toro no le importaría dirigir la última película de la saga de Harry Potter. Según cuenta, ya le propusieron realizar la adaptación de Harry Potter y el prisioner de Azcaban, pero rechazó la oferta al ver el tono optimista de las dos primeras películas. Su sustituto fue otro mexicano, Alfonso Cuarón, que puso este toque siniestro que pedía Guillermo del Toro.

“Cuando leí todos los libros, antes de que las películas se hicieran, siempre me imaginé a Charles Dickens”, asegura Del Toro. “Eran tan profundos, tan corroídos… pero, cuando salieron las dos primeras películas, fueron tejidas de manera muy diferente. Eran tan brillantes y felices, y tan llenas de luz, que yo no estaba interesado”. Sin embargo, las cosas parecen haber cambiado. “Ahora parece que las están haciendo más oscuras y espeluznantes… Si ellos vuelven a mí, me lo pensaría”.

La verdad, no sé qué tienen que pensar Guillermo del Toro. Pudiendo hacer la película que quisiera, sería un paso atrás realizar un film sobre el aprendiz de mago. No porque Harry Potter no sea un personaje con un gran potencial (los libros son muy recomendables) sino porque las adaptaciones hechas hasta ahora dejan mucho que desear, y dudo que se pueda remontar el vuelo por muy siniestras que se vuelvan. Mejor les iría si se preocuparan de realizar un buen guión y de encontrar a otro actor que sustituya a Daniel Radcliffe.

Asalto a la comisaría del distrito 13


28 Oct

John Howard Carpenter tenía 28 años cuando escribió y rodó Asalto a la comisaría del distrito 13 (Assault on Precinct 13, 1976). Carpenter era uno de esos directores acostumbrados a dirigir en las condiciones económicas más pésimas títulos de género que, en condiciones normales, necesitarían un presupuesto algo más holgado. Baste decir que, con 20 años, ya había realizado 4 cortos en 8 milímetros con títulos tan sugerentes como: Revenge of the Colossal Beast , Gorgo vs. Godzilla , Terror from Space y Sorcerers from Outer Space. Algo parecido a los experimientos de aficionado de Steven Spielberg (con 14 años ganó un premio por una película bélica de 40 minutos) con una única diferencia: Carpenter no es Spielberg. Si Carpenter tuviera ahora 16 años, estaría realizando fan films y colgándolos en youtube. Pero en esa época se podía hacer serie B (o Z) de casi cualquier cosa y tener tu público. Suerte para Carpenter, porque Asalto a la comisaría del distrito 13 no es mucho mejor que alguna de las películas de aficionados que circulan por la Red.

El argumento es sencillo e “inspirado” en westerns como Río Bravo. A un policía le encargan dirigir durante unas horas una comisaría (la del distrito 13) medio vacia por su traslado inminente. Justo ahí va a parar un furgón de polícia con tres peligrosos presos al mismo tiempo que un hombre entra huyendo de una peligrosa banda de criminales. Banda que, por cierto, no tiene ningún tipo de motivación aparente, y que parece moverse al estilo de las maras centroamericanas que surgieron en Los Ángeles (ciudad donde se ambienta la historia) en los años 80. La banda, una masa informe de gente armada hasta los dientes, decide asaltar la comisaría y el policía se ve obligado a defenderse con la ayuda de un preso (el más peligroso, of course) y una decidida secretaria.

La historia en sí es interesante pero nada del otro mundo. El desarrollo del guión es, en cambio, pésimo. Los diálogos parecen sacados de una redacción de preescolar y los personajes tienen menos vida que una mosca doméstica. No ayuda nada el que los actores tengan bastante cara de palo y la luzcan con total naturalidad. Los efectos especiales no tienen nada de especial, y habría que llamarlos sólo “efectos” de lo cutres que son. Vamos, toda una “joya” que no hay que perderse si se ve con el espíritu de pasar un buen rato (absténganse los que quieran sentir las siguientes sensaciones: intriga, tensión, terror, pánico, excitación y/o exaltación).

Avisados quedan.

Estrenos 26 de octubre


26 Oct

Diez nuevos inquilinos en cartelera. Ninguno hace temblar las carnes. Variedad de géneros: drama, terror, gore, animación. Son los siguientes.

-Cassandra’s Dream: la nueva del tantas veces genial Woody Allen, aunque el paso de esta cinta por varios festivales, y sus consiguientes críticas negativas, le hacen llegar bastante desinflada; salen Colin Farrell e Ewan McGregor (que, personalmente, cada día se me hacen más cansinos) y, por fortuna, lo arregla un poco Tom Wilkinson.

-Saw 4: qué decir de esto… la primera era curiosa, original; las secuelas valen menos que la sangre de pega; gore sobado y rancio.

-Invasión: cuarto remake de La invasión de los ladrones de cuerpos (del agrado de la otra mitad del equipo de este blog, no tanto del mío), sin el sabor añejo de la versión original, ni su lectura política entre líneas, sólo Nicole Kidman poniendo cara de miedo y Daniel Craig fuera de sitio; supuesto thriller con tintes sci-fi… al que le buscarán trasfondos con el 11-S (lo que produce más fatiga).

-Stardust: curiosa propuesta fantástica que supone el regreso de la cada día más artificial Michelle Pfeiffer; en el reparto, un puñado de nombres de prestigio (De Niro, McKellen, O’Toole) que habrá que ver cómo encajan en este tinglado mágico.

-El hijo del mal: otra que aburre con sólo echar un vistazo a la sinopsis, y nos hace lamentar que La profecía (la buena, la de 1976 con Gregory Peck) fuera tan sumamente buena y siga generando tanto imitador de pacotilla; a evitar como aceite hirviendo…

-Cuentos de Terramar: animación japonesa… lo que no garantiza, cuidado, que sea del nivel de El viaje de Chihiro.

-Tierra: docu narrado por el mítico David Attenborough, que aquí estará doblado y perderá la gracia; una alternativa.

-53 días de invierno; La boda de Tuya; Sin destino: ración de dramas no americanos, respectivamente español, chino y co-producción europea; quizás salga algo bueno de todo esto, aunque no se debe acudir con enormes expectativas.

Nota al pie: las que vayan a rascar algo en los Oscar (aparte de Promesas del este), ya podían ir desfilando por la cartelera; sería todo un detalle.

Hollywood ending: los mejores finales de películas


25 Oct

Publicaba The Independent, la semana pasada, su lista con “Los 10 mejores finales de películas” de la historia. Como cualquier lista, es enormemente subjetiva. Habrá quien esté de acuerdo, y quien no.

Ojo: quién lea esto puede ver destripado el final de las películas que se comentan.

En el puesto 9, una de mis favoritas, en su conjunto, Con la muerte en los talones, de la que se valora su “eficiencia” para despachar en 40 segundos un final feliz para los “buenos” y amargo para los “malos”. No se cita, en cambio, ese guiño subliminal con el tren entrando en el túnel (que el propio Hitch le contó a Truffaut).

En el 6, La vida privada de Sherlock Holmes, por su melancólica pero poco original resolución (no estoy demasiado de acuerdo).

Sí lo estoy más con el 5, La conversación, en el que vemos a un Gene Hackman absolutamente patético tras haber puesto patas arriba su apartamento en busca de micros ocultos.

El 4 es para El tercer hombre y su desolador clímax, con un Joseph Cotten a dos velas.

En el 3, Casablanca: en fin, uno de los finales más alabados/analizados/parodiados de la historia del cine.

Que Chinatown ocupe el 2, con su música triste y su plano general… no me vuelve loco.

Y en el 1, este sí es grande: Grupo salvaje y la risa de los supervivientes alternando con los planos de los caídos en ese sangriento tiroteo final.

Lo dicho, es una lista y por tanto, subjetiva. Cada uno tendrá sus candidatos. A la cabeza vienen algunos paradigmáticos, como el de El sexto sentido, o Sospechosos habituales, aunque tal vez el Top 10 de The Independent no vaya tanto al giro argumental en sí como al valor artístico. De cualquier modo, el final de una película siempre es delicado: puede arreglarla o echarla a perder. Y a menudo, también genera controversias, y si no que se lo digan a Ridley Scott y su Blade Runner

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.