Promesas del Este
Apuntaba ya Una historia de violencia lo que Promesas del este (Eastern Promises, 2007) no ha hecho más que confirmar: que David Cronenberg (La mosca, Crash) mudaba la piel de gurú del frikismo pseudo-científico y algo marrano por agitador del thriller serio y creíble.

De una a otra, el salto ha implicado mucho más que un mismo intérprete principal (Viggo Mortensen, de nuevo soberbio) y una historia diferente. El mayor tour de force, como dicen los pedantes, radica en que aquello que en la primera sólo entrevíamos, y muy al final (ese mundo de violencia que Tom Stahl / Joey Cusak había ocultado debajo de la alfombra), en esta se convierte en leit motiv. Los villanos vuelven a ser del Este, pero no de la costa americana, sino de Europa, de Rusia y otros ex satélites soviéticos. Y el epicentro del drama no es un pueblecito yanqui, sino el Londres más turbio, el de los rincones del Támesis más propicios para deshacerse de un cadáver.
Promesas del Este, como su antecesora, es muy, muy violenta. De nuevo, con ese “sello Cronenberg” que la hace especialmente cruda, brutal y, sobre todo, creíble. La escena de los baños públicos es sencillamente memorable. Todo sea dicho, que Vincent Cassel (perfecto en su papel de niño grande y sádico) figure en el reparto de una película, siempre garantiza una buena ración de caricias (que no se enfade si llega a leer esto…) Claro que el canadiense, que en esto no es ningún recién llegado, echa mano del personaje de la enfermera (Naomi Watts, en su buena línea habitual) y la sub-trama del bebé para compensar la balanza. Pero la violencia no deja nunca de entreverar un relato descarnado cuyo eje es el ascenso en el Sistema (por usar un término de la Camorra napolitana) del supuesto chófer, que supone, al tiempo, un descenso a los infiernos.
Figura ya la película en alguna que otra quiniela de los Oscar. Es pronto para decirlo, pero tanto Cronenberg como Mortensen se merecen sendas candidaturas. El primero por haber revitalizado el género del thriller más allá de pirotecnias fatuas en 3-D. El segundo, por confirmar su buen estado de forma, con el único gatillazo de ese Alatriste algo desangelado.

Viggo Mortensen está y estará encasillado de por vida. Sea cualquier escena que interprete yo estaré esperando a que de un momento a otro salte por encima de todos blandiendo a Anduril y acabe con todos los orcos.
Chopped de Vega, estoy de acuerdo en que le va a costar desprenderse del personaje de Aragorn. A partir de ahí, creo que tanto en Una historia de violencia como en Promesas del este ha demostrado que no se quedó en la Tierra Media, durmiendo en los laureles. Cosa que la mayoría (quitando al gran Sir Ian McKellen, y a Orlando Bloom y su pirata alfeñique) no ha conseguido. A mí me pareció que estaba de Oscar.