Kyle XY, o cómo sobrevivir sin ombligo al instituto

by Carlos

La semana pasada Cuatro emitió el último de los 10 capítulos que conforman la primera temporada de Kyle XY, una serie que prometía mucha originalidad y que al final se ha quedado un poco en más de lo mismo. Aún así, tiene suficiente calidad como para esperar grandes cosas de su segunda temporada.

La serie gira en torno a Kyle (Matt Dallas), un chaval que aparece en medio del bosque desnudo, sin ombligo y amnésico. De hecho, toda la primera temporada juega en torno a su presunta amnesia, ya que él pronto querrá descubrir su pasado. Pero mientras es adoptado por la familia Trager. La madre, Nicole Trager (Marguerite MacIntyre) es psicóloga y comenzará a estudiar al chaval, ya que comienza a ver que muy normal no es (para empezar, le gusta dormir en una bañera). También tendrán que adaptarse a sus rarezas el padre, Stephen Trager (Bruce Thomas), un personaje con bastante poco juego en la serie, la verdad, y sus dos hijos: Lori Trager (April Matson), una adolescente con muchas dudas en la cabeza, y Josh Trager (Jean-Luc Bilodeau), un preadolescente gamberro al estilo de Bart Simpson.

Hasta aquí todo bien. El desconocimiento de Kyle sobre el comportamiento del ser humano, el aprendizaje de las emociones y el descubrimiento de los problemas cotidianos, con los respectivos contrastes, son lo más interesante de la serie, aunque con el paso de los capítulos se ha abandonado un poco esa línea para mostrar argumentos más convencionales. Esto queda claro cuando Kyle ingresa en el instituto. Rápidamente se ve rodeado de un conjunto de secundarios que escenifican todos los estereotipos posibles del high school americano: la amiga zorrona, la amiga virgen, el novio formal de la amiga virgen que se acuesta con la zorrona, el amigo busca problemas que, sin embargo, se reforma al salir con Lori, el freaky marginado al que sólo Kyle habla… y todas las subtramas que entre ellos generan. A esto hay que sumar el hecho de que la supuesta gran capacidad intelectual de Kyle, que justificaba un poco que leyera libros en cinco minutos o resolviera problemas matemáticos avanzados, pasa a ser una capacidad que roza lo superheroico. En un capítulo, por ejemplo, descubre que puede oír conversaciones a grandes distancias. ¿Qué tenemos entonces? Pues una especie de Al salir de clase con un Superman recién caído de Kripton.

Algo que se agradece, no obstante, es la rapidez con la que van pasando los acontecimientos. Kyle XY no es una serie en la hay que ver cinco temporadas para conocer el origen misterioso del protagonista. Las tramas no se alargan innecesariamente y eso permite enganchar con más ganas cada capítulo.

En cuanto a los actores, todos trabajan por encima de la media. Destaca, obviamente, Matt Dallas, ya que tiene que poner rostro a un personaje analítico y frío que está aprendiendo a sentir. Desde luego ha conseguido convencer al público. El primer capítulo, estrenado por ABC el 26 de junio de 2006, fue visto por más de dos millones de espectadores. Y ya se prepara la tercera temporada. Esperemos que la fórmula siga teniendo carrete para entonces.

Joan Fontaine: 90 años

by Pablo

Hoy, lunes, día parco en noticias del séptimo arte, vale la pena conmemorar el 90 cumpleaños de una de esas actrices del Hollywood glorioso, del star system: Joan Fontaine, nacida Joan de Beauvoir de Havilland, y como es fácil intuir, hermana de la también actriz Olivia de Havilland.

Hay varias notas llamativas en la biografía de Joan Fontaine. Por ejemplo, que fue la única intérprete, tanto femenina como masculina, en aparecer en una película del Gran Alfred Hitchcock que consiguió llevarse un Oscar. Fue en 1941, por Sospecha. El año anterior, Rebeca, también de Hitchcock, le había valido su primera candidatura, que repetiría en el 43 con The Constant Nymph. El final de los 30 y los 40 fueron sus mejores años. Ya en los 50 comenzaría su declive. También llaman la atención en su currículum sus cuatro matrimonios, con sus respectivos divorcios, o sus dos abortos. Según las malas lenguas de Hollywood, Joan Fontaine tenía una doble cara: la que ofrecía en pantalla, con papeles de timorata, pudorosa y bastante sosa, y la de su vida real, promiscua y libertina.

Sea como fuere, aquí nos quedamos con sus papeles en las películas de Hitchcok o en Carta de una desconocida; con la huella que dejó en el celuloide más dorado.