Hollywood ending: los mejores finales de películas

by Pablo

Publicaba The Independent, la semana pasada, su lista con “Los 10 mejores finales de películas” de la historia. Como cualquier lista, es enormemente subjetiva. Habrá quien esté de acuerdo, y quien no.

Ojo: quién lea esto puede ver destripado el final de las películas que se comentan.

En el puesto 9, una de mis favoritas, en su conjunto, Con la muerte en los talones, de la que se valora su “eficiencia” para despachar en 40 segundos un final feliz para los “buenos” y amargo para los “malos”. No se cita, en cambio, ese guiño subliminal con el tren entrando en el túnel (que el propio Hitch le contó a Truffaut).

En el 6, La vida privada de Sherlock Holmes, por su melancólica pero poco original resolución (no estoy demasiado de acuerdo).

Sí lo estoy más con el 5, La conversación, en el que vemos a un Gene Hackman absolutamente patético tras haber puesto patas arriba su apartamento en busca de micros ocultos.

El 4 es para El tercer hombre y su desolador clímax, con un Joseph Cotten a dos velas.

En el 3, Casablanca: en fin, uno de los finales más alabados/analizados/parodiados de la historia del cine.

Que Chinatown ocupe el 2, con su música triste y su plano general… no me vuelve loco.

Y en el 1, este sí es grande: Grupo salvaje y la risa de los supervivientes alternando con los planos de los caídos en ese sangriento tiroteo final.

Lo dicho, es una lista y por tanto, subjetiva. Cada uno tendrá sus candidatos. A la cabeza vienen algunos paradigmáticos, como el de El sexto sentido, o Sospechosos habituales, aunque tal vez el Top 10 de The Independent no vaya tanto al giro argumental en sí como al valor artístico. De cualquier modo, el final de una película siempre es delicado: puede arreglarla o echarla a perder. Y a menudo, también genera controversias, y si no que se lo digan a Ridley Scott y su Blade Runner

La Seminci homenajea al cine judicial

by Carlos

La Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), que comienza mañana, dedicará uno de sus ciclos al cine judicial. Con el título de “Cine a juicio”, el ciclo proyectará clásicos como La costilla de Adán (Adam´s Rib, 1949) de George Cukor, Anatomía de un asesinato (Anatomy of a murder, 1959) de Otto Preminger, Impulso criminal (Compulsion, 1959) de Richard Fleischer, El crimen de Cuenca (1979) de Pilar Miró, Danton (1983), de Andrzej Wajda, ¿Vencedores o vencidos? (Judgement at Nuremberg, 1961) de Stanley Kramer o Doce hombres sin piedad (Twelve angry men, 1957) de Sidney Lumet.

Como explican su página web: “Uno de los “subgéneros” más importantes -o que más placer nos han causado en el cine- es el de “juicios”. Los famosos “dramas de corte” que han subyugado desde siempre, y en muchos países, a los espectadores con sus intrigas, sus dramas y sus comedias. Este es un tributo a horas y horas de tribulaciones de abogados incorruptibles y otros corruptos, de fiscales despiadados, de acusados inocentes y de otros que pretendían serlo. Silencio en la sala, comienza la sesión”.

Por poner un pero, creo que falta algún representante del cine judicial norteamericano moderno, que es cuando verdaderamente este subgénero se ha consolidado como una fórmula de éxito. Por poner varios ejemplos: Algunos hombres buenos (A few good men, 1993) o Las dos caras de la verdad (Primal Fear, 1995) de Gregory Hoblit.

Indiana Jones: la trilogía original

by Pablo

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Pocos personajes como Indiana Jones han conseguido, no ya en la historia del cine, sino en la ficción en general, algutinar de tal manera en el imaginario popular la figura del héroe arquetípico. Ese halo lo impregna todo en el personaje parido por Spielberg y Lucas: desde su carisma, mezcla de aventurero y erudito, hasta su atuendo, sombrero y látigo en ristre.

En I. J. en busca del arca perdida (1981), el único arqueólogo capaz de huir de una tribu de indios se las ve por primera vez con los nazis, a los que trata de birlar el Arca de la Alianza en lo que se convierte en una emocionante carrera por dar con una poderosa herramienta que en manos inadecuadas puede alterar el rumbo de la guerra. Puro entretenimiento, la ausencia de efectos especiales consigue, paradójicamente, que las secuencias de acción den una impresión de realismo que no está al alcance de ninguna pantalla verde. Harrison Ford encarna al héroe en la que es su mejor creación. Habrá fans de La guerra de las galaxias que prefieran su Han Solo, pero aquí está más hecho como actor, y gana muchos enteros con la barba de unos días, la cara sucia y la camisa empapada en sudor; el revólver tiene otro encanto del que carece la pistola láser; y, además, como Indiana es el centro de la película, su protagonista indiscutible. Le acompañan unos secundarios en gran estado de forma: Karen Allen como Marion (quién olvidará la secuencia de los chupitos); John Rhys-Davies como Sallah, antes de ser Gimli; y Denholm Elliott como el impagablemente torpe Marcus Brody. Además de todo el elenco de nazis. Recompensa: 4 Oscar.

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La saga pierde un poco el pulso en la segunda entrega, I. J. y el templo maldito. Hay menos escenarios, básicamente uno, el del templo del título, y desaparece el enemigo claro al que debe vencer Indiana. Más bien, el héroe se topa con su misión de una manera casual, huyendo de quienes intentan asesinarle (sin duda, lo mejor del film, la secuencia del inicio, sencillamente memorable). La trama adolece de algo más de chicha, y aunque entretiene, el conjunto es más irregular, menos impactante. La chica, Kate Capshaw (después mujer de Spielberg), se queda en eso, en ser “la chica”, rol acorde a su aspecto de rubia icónica. Tapón no funciona mal como sidekick, que dicen los americanos (o comparsa, colega, etc). Esta vez, un solo Oscar.

Pero la tercera parte, I. J. y la última cruzada (1989) supone un regreso vibrante, pleno de fuerza. La inclusión de Sean Connery como padre es un regalo para el espectador, como lo es la fugaz intervención del malogrado River Phoenix en el papel de un Indiana imberbe. Vuelven los nazis y el recurso bíblico, esta vez en forma de Santo Grial, los escenarios nos llevan de una esquina a otra del mapa, la acción estalla en todo su esplendor, y El templo maldito se queda en mero paréntesis. Además de los citados, vuelven Sallah y el doctor Brody y se incorpora Alison Doody en el rol de la doctora Schneider, también rubia, pero de más alcance que Kate Capshaw. Otro Oscar (que se antoja escaso bagaje).

La última cruzada pareció haber puesto el broche de oro… hasta que hace unos años surgieron una serie de rumores que finalmente han cristalizado en una nueva entrega, que se estrenará el año que viene y llevará por título I. J. y el reino de la calavera de cristal. Da un poco de vértigo pensar en el resultado final y no echar la vista hacia otras revisitaciones de franquicias (véase La guerra de las galaxias). Claro que en el otro plato de la balanza están las ganas de ver a Indy cabalgar de nuevo… sólo que con unos cuantos años más sobre los hombros de Harrison Ford, sin Sean Connery, que se bajó del proyecto, pero con Shia La Beouf, una de las últimas promesas de Hollywood. Esperemos que, al menos, la saga mantenga el nivel de la que creímos que sería la última aventura del héroe.