Indiana Jones: la trilogía original
Pocos personajes como Indiana Jones han conseguido, no ya en la historia del cine, sino en la ficción en general, algutinar de tal manera en el imaginario popular la figura del héroe arquetípico. Ese halo lo impregna todo en el personaje parido por Spielberg y Lucas: desde su carisma, mezcla de aventurero y erudito, hasta su atuendo, sombrero y látigo en ristre.
En I. J. en busca del arca perdida (1981), el único arqueólogo capaz de huir de una tribu de indios se las ve por primera vez con los nazis, a los que trata de birlar el Arca de la Alianza en lo que se convierte en una emocionante carrera por dar con una poderosa herramienta que en manos inadecuadas puede alterar el rumbo de la guerra. Puro entretenimiento, la ausencia de efectos especiales consigue, paradójicamente, que las secuencias de acción den una impresión de realismo que no está al alcance de ninguna pantalla verde. Harrison Ford encarna al héroe en la que es su mejor creación. Habrá fans de La guerra de las galaxias que prefieran su Han Solo, pero aquí está más hecho como actor, y gana muchos enteros con la barba de unos días, la cara sucia y la camisa empapada en sudor; el revólver tiene otro encanto del que carece la pistola láser; y, además, como Indiana es el centro de la película, su protagonista indiscutible. Le acompañan unos secundarios en gran estado de forma: Karen Allen como Marion (quién olvidará la secuencia de los chupitos); John Rhys-Davies como Sallah, antes de ser Gimli; y Denholm Elliott como el impagablemente torpe Marcus Brody. Además de todo el elenco de nazis. Recompensa: 4 Oscar.
La saga pierde un poco el pulso en la segunda entrega, I. J. y el templo maldito. Hay menos escenarios, básicamente uno, el del templo del título, y desaparece el enemigo claro al que debe vencer Indiana. Más bien, el héroe se topa con su misión de una manera casual, huyendo de quienes intentan asesinarle (sin duda, lo mejor del film, la secuencia del inicio, sencillamente memorable). La trama adolece de algo más de chicha, y aunque entretiene, el conjunto es más irregular, menos impactante. La chica, Kate Capshaw (después mujer de Spielberg), se queda en eso, en ser “la chica”, rol acorde a su aspecto de rubia icónica. Tapón no funciona mal como sidekick, que dicen los americanos (o comparsa, colega, etc). Esta vez, un solo Oscar.
Pero la tercera parte, I. J. y la última cruzada (1989) supone un regreso vibrante, pleno de fuerza. La inclusión de Sean Connery como padre es un regalo para el espectador, como lo es la fugaz intervención del malogrado River Phoenix en el papel de un Indiana imberbe. Vuelven los nazis y el recurso bíblico, esta vez en forma de Santo Grial, los escenarios nos llevan de una esquina a otra del mapa, la acción estalla en todo su esplendor, y El templo maldito se queda en mero paréntesis. Además de los citados, vuelven Sallah y el doctor Brody y se incorpora Alison Doody en el rol de la doctora Schneider, también rubia, pero de más alcance que Kate Capshaw. Otro Oscar (que se antoja escaso bagaje).
La última cruzada pareció haber puesto el broche de oro… hasta que hace unos años surgieron una serie de rumores que finalmente han cristalizado en una nueva entrega, que se estrenará el año que viene y llevará por título I. J. y el reino de la calavera de cristal. Da un poco de vértigo pensar en el resultado final y no echar la vista hacia otras revisitaciones de franquicias (véase La guerra de las galaxias). Claro que en el otro plato de la balanza están las ganas de ver a Indy cabalgar de nuevo… sólo que con unos cuantos años más sobre los hombros de Harrison Ford, sin Sean Connery, que se bajó del proyecto, pero con Shia La Beouf, una de las últimas promesas de Hollywood. Esperemos que, al menos, la saga mantenga el nivel de la que creímos que sería la última aventura del héroe.



uhhhh q emocion la nueva peli….todavia no puedo describir lo q siento en una sola palabra!!!! decime q vos estas igual…
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Lo cierto es que la película se espera con expectación y temor a partes iguales, aunque prima lo primero, desde luego. Sólo que impone respeto retomar a un personaje tan legendario sin unas garantías claras de que el listón vaya a estar a la suficiente altura.