31st Oct2007

En contra: Cassandra’s Dream

by Carlos

Hubo una época, no tan lejana, en la que cada estreno de Woody Allen suponía todo un acontecimiento para los amantes del cine de buen paladar. Hubo una época en la que el director neoyorquino sorprendía a propios y extraños con mordientes diálogos y tramas poderosas que versaban sobre lo divino y humano de manera sencilla, divertida e inteligente. Sobre todo inteligente. Aquella época pasó, y lo que queda hoy sólo son fugaces destellos de un director excepcional con demasiadas películas encima y al que no le vendrían mal unas vacaciones.

Decía Picasso que la inspiración siempre le sorprendía trabajando. Una máxima que intenta repetir Allen sin suerte, ya que por mucha película al año que haga no parece ver a las musas por ningún lado. Con Cassandra´s Dream (2007) se confirma el bajón creativo en el que lleva instalado desde hace una década, salvo honrosas excepciones como La maldición del escorpión de jade (2001) o Match Point (2005). Cierto que son grandes excepciones que para más de un director serían el culmen de su carrera, pero eso no es óbice para que Allen se instale en un permanente conformismo y repita, título tras título, los mismos clichés de los que abusa últimamente (algún defensor acérrimo diría que le obsesionan) con la intención de pasarlos como supuestas reflexiones intelectualoides.

En Cassandra´s Dream tenemos, de nuevo, una reflexión sobre la vida y la muerte contada a través de dos hermanos muy diferentes: uno, ambicioso pero bastante vago, interpretado por Ewan MacGregor, que sueña con escapar de su humilde vida invirtiendo en hoteles en California; el otro, currante pero ludópata, al que da vida Colin Farrell, que vive por y para su hermano y su novia y sólo aspira a una vida sencilla. Los dos viven teniendo como referente a su tío Howard (Tom Wilkinson), pero cuando este aparece para arreglarles la vida les exige un precio muy alto: matar a un hombre. Y así, Allen retrata la doble moral, las inseguridades y las consecuencias de un destino abocado a la tragedia de la mano de estas dos personalidades opuestas pero unidas en la fatalidad.

Hace un tiempo, Allen hubiera contado esta historia de manera que el espectador se desgarrara viéndola. Pero hoy ya sólo tiene fuerzas para esbozar un decorado en el que algunos actores ensayan un texto sin fuerza ni sentimiento. Y ojo, los protagonistas no son lo peor de la película ni mucho menos. McGregor está todo lo convincente que le permite un papel que, por otro lado, no termina de encajar en el film, mientras que Farrell sorprende con una actuación que le viene al pelo. No, el problema no está en los actores, sino en una dirección sin rumbo conocido que no sabe qué quiere contar. De acuerdo, hay un conflicto humano. De acuerdo, hay una buena presentación de los personajes. Y de acuerdo, hay un punto de inflexión interesante, aunque no original, en la historia. Pero no hay más. Parece que la película da vueltas constantemente sobre sí misma, como si se negara a avanzar. Farrell dice, en un momento del film, que ya nunca serán los mismos. Lo triste de todo esto es que no es verdad. Los dos hermanos siguen hablando de las mismas cosas en todo momento, unas veces desde el optimismo y otras desde el pesimismo o la culpa, pero no ven más allá de sus zapatos. Al igual que Allen, que parece no ver nada más allá de sus películas, y así le va últimamente.

¿El final? Pues una manera como cualquier otra de terminar algo que no se debió empezar. O no, al menos, para contarlo de esta forma: de manera intrascendente.

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