Money, money: las películas más taquilleras de la historia

by Pablo

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Que una película recaude mucho dinero en taquilla no significa que sea buena; y viceversa. Grandes películas se han dado tremendos batacazos, mientras otras, de dudosa excelencia, se han embolsado millones y millones de dólares, euros y yenes. Sea como fuere, a más de uno le habrá picado alguna vez la curiosidad por saber cuál es la película que más ha hecho saltar la banca (lo cual, dicho sea de paso, no la convierte en la más rentable, porque hay que restar los costes; pero eso es otra historia).

Pues bien. Ocupa el número 1 desde 1997, y parece que por bastante tiempo… Titanic. Ni más ni menos que 1.835 millones de dólares consiguió recaudar este bombazo de James Cameron que arrasó tanto en USA como en el resto del mundo. Para que os hagáis una idea, su inmediata seguidora, El Señor de los Anillos: El retorno del rey, la que cerraba la saga, hizo 1.129 millones; es decir, 700 millones de diferencia. Estas dos, junto con la última del podio, la número 3, Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto (segunda de la trilogía), con 1.060 millones, son las únicas que superan la cifra mágica de los 1.000 millones de dólares.

No muy lejos, y todas por encima de los 900 millones de dólares, les siguen, por este orden: Harry Potter y la piedra filosofal (la primera entrega), con 968; Piratas del Caribe: En el fin del mundo (la tercera), con 958; Harry Potter y la Orden del Fénix (la última), con 936; Star Wars Episodio I: La Amenaza Fantasma, con 922; El Señor de los Anillos: Las dos torres (segunda parte), con 921; y Parque Jurásico, con 919; cierra el Top 10, con 892 millones, Harry Potter y el Cáliz de Fuego (la cuarta).

Conclusiones:

-Tendría que darse una extrañísima conjunción de astros para que alguna película consiguiera desbancar a Titanic; su éxito se explica, creo yo, por contar una historia universal, apta para todos los públicos y que contenta a todos por igual, mayores, pequeños, hombres, mujeres, occidentales, orientales… Cualquier otra se encontrará con el escollo, a priori, de no llegar a parte de la audiencia.

-La mayoría del Top 10 han sido estrenadas en este siglo, 2 de ellas este año, lo que obedece a una razón sencilla: cada vez hay más cines y cada vez se cobra más por una entrada; de hecho, en los puestos de honor, cuesta encontrar una película “antigua”, y hay que bajar hasta el puesto 19 para encontrar a Star Wars, la primera de todas, estrenada en 1977 y precursora de los blockbusters, o bombazos en taquilla. 

-Triunfan las sagas, con Harry Potter (3), El Señor de los Anillos (2) y Piratas del Caribe (también 2) copando 7 de 10; en algunos casos funciona mejor la primera entrega (la trilogía de Potter), en otras la última (caso de la Tierra Media de Jackson) y en otras la del medio (los piratas de Depp y compañía).  

-Otro cantar son los ingresos por DVD, que hoy en día son tan importantes (sino no lo son más) como los que se consiguen en los cines.

Pero insisto: que una película gane mucho no la convierte en buena. El Padrino no aparece hasta el puesto 234, justo por debajo de Hora punta y Enemigo público

Todas estas cifras, y muchas más, pueden consultarse aquí.

Un pueblo llamado Smallville

by Carlos

Smallville, la serie que volvió a poner en el mapa audiovisual al célebre superhéroe de la DC Superman, lleva ya siete temporadas en los Estados Unidos (en España se está emitiendo la sexta). Mucho tiempo para una serie con una fórmula muy imaginativa pero limitada, y que sin embargo ha encontrado la manera de reinventarse con más o menos acierto.

Smallville narra las aventuras y desventuras de un adolescente Clark Kent, el hijo adoptado de unos granjeros de Kansas, que intentará sobrevivir al instituto mientras va descubriendo sus orígenes y sus poderes. O al menos esa era la intención inicial. Smallvile supo aunar de manera perfecta la mitología de un superhéroe conocido por todos gracias a los cómics y el cine (llegada a la Tierra en una nave desde el extinto planeta Kriptón, acogida de la familia Kent, el primer amor con Lana Lang, “alergia” a la kriptonita, etc) con un planteamiento moderno de una historia creada hace más de 80 años por Jerry Siegel y Joe Shuster. En la serie, la nave de Kal-El (nombre kriptoniano de Clark) cae en Smalville junto con una lluvia de meteoritos trasportadores de kriptonita. Este mineral transformará a muchos de sus habitantes dándoles increíbles poderes que generalmente usarán para provecho propio. Y el joven Superman, todavía ajeno a su destino superheroico, tendrá que pararles los pies.

Pero, aunque esta genial idea es el motor de los capítulos (y permite, además, un despliegue de efectos especiales bastante importante), no basta para justificar un éxito tan grande como el que ha tenido Smallville. La clave, como siempre, está en el desarrollo humano de los personajes. Clark está enamorado de Lana Lang, pero el secreto de sus poderes (necesario para salvaguardar la seguridad de sus seres queridos) le impide avanzar en su relación, que se ha convertido ya en un culebrón en el que nos tememos, francamente, lo peor. Y es que, por mucho que los guionistas compliquen el asunto, el futuro de los personajes ya está escrito, y en el amor ese futuro se llama Lois Lane.

Precisamente, otra de las señas de identidad de Smallville ha sido rodear al joven Clark de todos los personajes importantes de su futuro. Así, su archienemigo Lex Luthor se convierte aquí en un hijo de papá que llega a Smallville a labrarse un futuro como empresario en una de las fábricas de su padre Lionel, y pronto se convertirá en amigo de Clark. Lois Lane aparece en la cuarta temporada como prima de Chloe Sullivan, una amiga de nuestro protagonista que lleva un periódico de instituto. Y, ocasionalmente, irán saliendo otros conocidos personajes como Perry White (futuro director del Daily Planet) o Jimmy Olsen, e incluso superhéroes de la factoría DC en estado embrionario (Flash, Aquaman, etc).

Las dos primeras temporadas son maravillosas, ya que las tramas se centran en los conflictos amorosos y adolescentes de los protagonistas mientras Clark va aprendiendo a dominar los nuevos poderes que le van surgiendo. Después las cosas se van complicando bastante más: hay conflictos inter-espaciales, atentados, lobotomías, posesiones, secuestros, secuestros y más secuestros y muchas, muchas pérdidas de conocimiento. Tantas como finales de capítulos, ya que cada vez que Clark tiene que rescatar a alguien el malo golpea previamente al secuestrado (que suele ser Lana, por cierto), y así se desmaya y no pueden ver cómo usa sus poderes. Será la suerte del superhéroe…

A pesar de este desvirtuación del concepto original, lógico después de siete temporadas, la serie se mantiene con buenos capítulos, aunque imposibles de seguir para el no iniciado. Los actores están tan acostumbrados a su papel que todo funciona como un reloj. Tom Welling es el encargado de llevar la responsabilidad de la S gigante, y ha triunfado/encasillado a pesar de tener 30 tacos e interpretar a un personaje de 18 (ahora ya va a la Universidad). Kristin Kreuk pone su carita angelical para Lana Lang, aunque ha ido perdiendo fuelle con el tiempo. Michael Rosenbaum es, quizás, el único actor de verdad que participa en la serie (junto con John Glover) y clava su Lex Luthor dubitante entre el bien y el mal.

En resumidas cuentas, Smallville ha demostrado que la fórmula “culebrón superheroico” no está agotada para delicia de los fans del hombre de acero. En España cuenta con una legión de seguidores que no se amedrentan ni con la pésima programación de la serie que ha realizado TVE en los últimos años. Afortunadamente, siempre quedará el DVD.