14th Nov2007

Pero… ¿quién mató a Harry?

by Pablo

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Hasta cierto punto una rareza en la filmografía de Alfred Hitchcock, Pero… ¿quién mató a Harry? (The trouble with Harry, 1955) es una pequeña joya que cautivó al propio director británico; le profesaba un cariño especial y la contaba entre sus favoritas, junto a otras cintas no tan valoradas por la crítica como La sombra de una duda.

En Pero… ¿quién mató a Harry? parecen faltar la mayoría de los elementos definitorios del universo hitchcockiano: el falso culpable, el inocente que huye de la justicia al tiempo que trata de descubrir a los auténticos criminales y limpir su nombre; el McGuffin o resorte que mueve la trama; la madre/ama de llaves/figura femenina castradora; el miedo/fascinación hacia la autoridad; el viaje geográfico que es al mismo tiempo viaje interior.

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Sólo hay un pequeño e idílico pueblo, como anclado en ninguna parte y en ningún momento, en un perenne otoño que ha cubierto el suelo de hojas de árboles y dibujado el paisaje de tonos rojizos. En medio de este remanso de paz, de pronto, un cadáver, y en torno a ese cadáver, un variopinto collage de personajes: el niño hiperactivo, el pintor bohemio, el viejo capitán, la solterona, la madre del niño… Todos, por un motivo u otro, creen haber matado al hombre, a Harry, y todos tratan de deshacerse de su cuerpo. Sus torpes intentos, sus sucesivas inhumaciones y exhumaciones, arman un argumento más próximo a la comedia que al suspense, pero ahí sigue Hitch moviendo los hilos, y nos recuerda que seguimos en una de sus maravillosas películas cuando el despistado agente de la autoridad (sublime personaje) está a punto, en varias ocasiones, de descubrir el pastel.

El resultado es armónico porque también lo es el trabajo de los actores: desde John Forsythe como el pintor, alejado de papeles más duros, a una Shirley MacLaine primeriza, todavía lejos de sus mejores performances, pasando por unos impagables Edmund Gwen y Mildred Natwick como los maduritos. Y, desde luego, Jerry Mathers como el pícaro crío.

Volviendo al comienzo: el que acuda a Pero… ¿quién mató a Harry? aguardando la clásica cinta del genio del suspense no debe salir escaldado, sino visionar la película con una sensación de agradable sorpresa, descubriendo a un Hitchcock diferente, pero que sigue siendo, ante todo, ese delicioso cineasta que mora, con merecimiento, en el Olimpo del Séptimo Arte.

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No Responses to “Pero… ¿quién mató a Harry?”

  • Alicia

    El hombre más enterrado y desenterrado de la historia del cine. Casi no importa quién le mató, es una divertida comedia, un poco rara.
    La sombra de una duda me parece una gran película, no entiendo que no esté muy valorada. El tío Charlie, tan bueno y tan malo. Otro barbazul.

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