Rambo: tras la estela de Rocky (Balboa)

by Carlos

La quinta entrega de la saga Rambo ya amenaza con repetir el éxito de Rocky Balboa (2006). Después de miles de comentarios en la Red, fotos del rodaje y un trailer que sorprendió a todos por su crudeza, llega la web oficial, que anuncia la película para el 25 de enero (en los USA, suponemos).

Rambo (a secas) será uno de los bombazos de principios de año y volverá a poner a Sylvester Stallone, director, guionista y protagonista del film, en el candelero (mejor esto a que te encuentren anabolizantes en un aeropuerto). La pregunta que queda en el aire es cómo va  a hacer para seguir en la brecha del éxito si ya ha resucitado a sus mejores personajes. ¿Volvera el sargento Joe Bomowski, de ¡Alto! O mi madre dispara (Stop! Or my mom will shoot, 1992)? ¿Realizará un spin-off con Estelle Getty, la madre en la susodicha película? ¿Resurgirá de sus cenizas Marion “Cobra” Cobretti, el brazo fuerte de la ley? En fin, que haga lo que quiera… Siempre tendrá aplausos y palos a partes iguales. Y una nominación para los Razzie Award…

Leones por corderos

by Pablo

Han pasado 7 años del 11-S. 7 años dan para mucho. Por ejemplo, para poder criticar a un presidente (George W. Bush) en la recta final de su doble mandato y, de paso, al mayor error de su administración: las guerras en Irak y Afganistán. Al carro de los palos se han subido ilustres como Brian de Palma (Redacted) y ahora, en la cinta que nos ocupa, Robert Redford con Leones por corderos (Lions for lambs).

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El tufillo anti-Bush y anti-neocons y anti-guerra se nota del minuto 1 al 90. Esto no es ni malo ni bueno. Redford no esconde en ningún momento su mensaje (nos han llevado a una guerra para la que ya no encontramos justificación); de hecho, su película es ese mensaje; pero los mensajes pueden lanzarse de formas burdas o sutiles. Y Redford, sin ser burdo, tampoco es demasiado sutil.

Tres historias entrelazadas con la guerra de Afganistán (¿por qué no Irak?, he aquí un buen tema para indagar) como telón de fondo. En realidad, dos historias y media, porque el profesor que encarna Redford (que sucumbe a la tentación de dirigirse en un papel que, por otra parte, no le exige un gran sobreesfuerzo) está conectado tanto al estudiante indolente como a los comprometidos y enrolados en el ejército. El primero es blanco y de buena familia; los otros dos, negro y mejicano, han salido de barrios duros. Uno tiene el potencial; los otros, la voluntad. Hasta aquí, trazo bastante grueso y previsible. Redford interpreta al clásico tipo frustrado que trata de canalizar sus sueños a través de los demás. Los dos primeros, de alguna manera, le han fallado; no quiere repetir errores con el otro, en el que inevitablemente se ve reflejado. Un chaval que podría lograr lo que a él se le escapó, triunfar en política, en lugar de dar clases en la universidad.

Quien sí ha triunfado es el personaje de Tom Cruise, sin duda el mejor de la función, por duro que suene decirlo, impecable en su papel de senador neo-con, ambicioso y charlatán de guante blanco, que trata de embaucar a una Meryl Streep periodista que, por alguna razón, parece realmente agotada, y no sólo como parte de su papel. En su buena línea habitual, Streep, una mujer que raramente defrauda, conforma un buen tándem con Cruise, que sale beneficiado de su buena réplica para construir un personaje que debería darle finalmente esa candidatura al Oscar.

Cruise y Streep hablan y hablan; Redford y el chico hablan y hablan. La única acción la ponen los ex alumnos atrapados en una montaña afgana, rodeados de enemigos y con la incertidumbre de si los compañeros llegarán a tiempo para rescatarlos. Tan poco movimiento demanda buenas líneas de diálogo. Las hay de forma desigual y casi todas surgen de la entrevista que el senador concede a la periodista.

Leones por corderos es amarga. Y no oculta su rechazo a la guerra. Sólo que ese rechazo llega con 7 años de retraso. Lo ha reconocido el propio Redford en entrevistas: que ahora es más fácil atizar al muñeco de Bush porque, sencillamente, ya no le queda relleno. Es un político con pie y medio fuera de la Casa Blanca. Darle la patada no es necesario. Se irá de todos modos. Por eso queda un regusto a hipocresía, a crítica cómoda, a ir contra el sistema pero no exactamente contra el sistema.

Se deja ver y plantea varias buenas líneas de debate para ese tercer tiempo, cuando se encienden las luces del cine. Pero no impacta. Le falta algo; quizás alma.