Prison Break: de fugas, tatuajes y conspiraciones

by Pablo

El carcelario, en el cine, es todo un subgénero en el que, a su vez, encontramos un leit motiv argumental recurrente: el de la fuga. Ocurre, como indica su título, en Fuga de Alcatraz, con Clint Eastwood, y en títulos más recientes como la no menos estupenda Cadena Perpetua, con Tim Robbins. Pero hasta Prison Break, ninguna serie se había atrevido a situar la acción, mayoritariamente, entre los muros de una cárcel.

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El señor que decidió arriesgarse se llama Paul T. Scheuring y es él quien parió la historia de un brillante y joven ingeniero, Michael Scofield (Wentworth Miller), que fuerza su ingreso en la prisión en que su hermano (Lincoln Burrows / Dominic Purcell) aguarda el momento de ser ejecutado por un crimen que no cometió. La idea se enriquece con sub-tramas encaminadas, fundamentalmente, a mostrar al espectador que tras la falsa culpabilidad de Burrows existe una oscura conspiración de límites aterradores. La trama central recorre los esfuerzos de Scofield por huir con su hermano de la cárcel de Fox River. Scheuring, hábilmente, va rizando el rizo, añadiendo dificultades a una empresa de por sí compleja. Y en esto se centra la primera temporada: en asistir a la ejecución del plan de fuga de Scofield. Una primera temporada modélica, preñada de tensión, con una galería de personajes interesantes, bien construidos, con tramas que se van enriqueciendo, entrelazando y espesando a medida que avanzan los capítulos.

Entonces llega el momento de tomar una decisión: ¿seguir exprimiendo el limón o dejarlo estar, después de que haya soltado todo su magnífico jugo? Scheuring, sin duda ante los cantos de sirena de los billetes verdes con las caras de los presidentes, opta por seguir explotando a la gallina de los huevos de oro. Pero hay un problema. Prison Break ya había sido concebida como una serie de mediana duración (10-12 capítulos) y sólo ante su éxito se le dio el formato habitual (22-24). De modo que la segunda temporada ya empieza lastrada. Segunda temporada que se centra, y cuidado porque aquí viene un spoiler, en la huida a través de los US del grupo de fugados, Scofield y Burrows a la cabeza (por cierto, que el actor que encarna a uno de los presos, Lane Garrison, ha acabado en prisión en la vida real, como se comentó aquí hace un tiempo). Al tiempo, la sub-trama conspiratoria, que en principio enriquecía el conjunto, va ganando peso. El resultado es irregular y bastante por debajo de la primera temporada. El colofón, una visita a Panamá.

Y en Panamá empieza la tercera temporada. Nuevo spoiler: Scofield otra vez entre rejas y ahora, sin el valioso tatuaje del que disponía en la temporada inicial (y hasta aquí puedo leer en lo tocante al tattoo, que diría el otro). Ahora debe valerse única y exclusivamente de su inteligencia en un entorno mucho más hostil. La Compañía, ente que encarna el aparato conspiratorio de la serie, se asienta como elemento imprescindible y motor de los acontecimientos. Hasta ahora, en USA se han emitido 8 episodios de esta tercera season. Hemos tenido acceso a ellos y podemos decir que la serie ha remontado el vuelo, aunque sin llegar al nivel de la primera temporada. Por el camino se han perdido estupendos personajes que han sido reemplazados por otros, siendo benévolos, menos atrayentes; o, en determinados casos, el reparto de importancia de unos y otros se ha descompensado.

Nuestro veredicto: Prison Break parece condenada a eso: a queda convertida en una modélica temporada inicial estirada después como un chicle al que ya no le quedaba ni la mitad de su sabor.

Actualización 26-09-08: La cuarta temporada ya está en marcha en Estados Unidos, donde se han estrenado los primeros 5 episodios. Hemos visionado los 4 primeros y podemos avanzar las siguientes conclusiones:

-La Compañía gana aún más peso y se convierte en motor fundamental de la trama.

-La serie ha recuperado el nervio que perdió en la segunda temporada con su temática de “take the money and run”, que resultaba cansina a lo largo de más de 20 episodios, por más que lo entreveraran con el componente conspirativo de la Compañía.

-Los cabos sueltos de la temporada anterior se han resuelto de un plumazo y en algunos casos, que no precisaremos para no destripar, de una manera entre infantil y torpe.

-El giro es interesante y hace presagiar que Prison Break tiene garantizado su futuro, al menos a corto-medio plazo.

Supersonic Man

by Carlos

Ni Mortadelo, ni Torrente, ni Superlópez… el superhéroe español por excelencia es Supersonic Man. Un héroe creado de la (seguramente febril) mente del director Juan Piquer Simón.

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Pero, ¿quién es este misterioso enmascarado? Ni más ni menos que el protagonista de la película que lleva su nombre, Supersonic Man (1979), una mezcla entre Superman, Star Wars, los Bee Gees, Alfredo Landa y el coche fantástico. Un film 100% español protagonizado por Antonio Cantafora (alias Michael Coby), el gran Cameron Mitchell (en franca decadencia) y algunos secundarios de toda la vida como Frank Braña o Tito García.

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Supersonic-Man nació a rebufo del éxito del Superman (1978) de Richard Donner. Al igual que el kriptoniano, Supersonic Man era un extraterrestre llegado a la tierra para hacer prevalecer la justicia y la paz. La superfuerza y la capacidad de volar eran sus señas de identidad. Hasta aquí los parecidos. Sin embargo, las diferencias son tales que la historia parece sacada de un comic de Superman escrito por Pedro Almodovar. Para empezar, Supersonic Man tiene bigote. ¿Qué superhéroe que se precie tiene bigote? Uno español, sin duda. Cantafora no tiene, ni mucho menos, la imagen idílica de Cristopher Reeve, sino más bien parece un macho ibérico de los que acostumbraban a aparecer en la época del destape. Si ya tenía esa pinta con traje setentero de calle, con mallas podía ser perfectamente un miembro de los Village People. Por eso los guionistas decidieron (sabiamente) que en su versión heróica el bigote debía desaparecer (como las gafas de Clark Kent, igualito), por lo que el problema se traslado directamente… al propio traje. El disfraz de Supersonic Man parece sacado de la lucha libre americana, sobre todo las mascara, que debieron robar a algún aficionado al sado-maso. Para más hiralidad, la manera que tiene de cambiar de una personalidad a otra es tocar un reloj (ya sabía yo que aquellos Casio con calculadora escondían algo) y decir: “que la fuerza de las galaxias sea conmigo” (¿les suena?). Y a volar al son de una música disco que dice algo así como “Supersonic Men / I wanna be”.

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Lo dicho: irrepetible. Imprescindible su visionado si se quiere recobrar la esperanza sobre la ingenuidad humana (abténganse los pesimistas: verán en ella un signo irrefutable de la decadencia de la humanidad). Qué triste sería la vida sin este tipo de películas…

Ah, y tiene efectos especiales. Pero especiales, especiales…

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