El partido del viernes
Si hay una serie injustamente olvidada por las cadenas de televisión patrias, en pleno ataque de americanización de sus parrillas, es Friday Night Lights, la historia del equipo de fútbol americano de un remoto pueblo estadounidense. Bienvenidos a la América profunda.

Los Panthers son el orgullo de la ciudad de Dillon (Texas). Cada viernes, el estadio se abarrota para ver al equipo de fútbol de su instituto. Los jugadores son agasajados allá donde vayan, su número luce en las puertas de sus casas, las chicas se abalanzan sobre ellos y los demás chicos se apartan a su paso. Son respetados más que cualquier otro ciudadano de Dillon pero, en el fondo, no son más que adolescentes asustados, pretenciosos o inadaptados que deben convivir con la presión de ganar cada viernes su partido de fútbol para conservar el respeto de los demás.
Friday Nights Lights es una serie sobre adolescentes dirigida a los que ya no lo son. Una serie que muestra las consecuencias de una sociedad que tan rápido aplaude como olvida. Una historia llena de coraje e hipocresía a partes iguales. Cada capítulo muestra una semana y normalmente finaliza con un partido. Las historias de los jugadores se entrecruzan, formando un puzzle de sentimientos tan bien estructurado como terrible en su conjunto. Al igual que el espectador, los ojos de dos adultos, el matrimonio formado por el entrenador del equipo y la psicóloga del colegio, intentan comprender el sentido de todo lo que les rodea, pero los acontecimientos se suceden desde el primer partido de temporada. Jason Street (Scott Porter), el quarter back estrella del equipo y chico modelo, se queda tetrapléjico. Matt Saracen (Zach Gilford), suplente de Street, debe afrontar la titularidad sin el respaldo de su padre, militar en Irak, y al cuidado de su anciana abuela. Tim Riggins (Taylor Kitsch), el mejor amigo de Street, se desliza ante un futuro de alcoholismo y soledad sin que su hermano pueda evitarlo. Y así con muchos personajes más que configuran una representativa muestra de la naturaleza humana, extrapolable no sólo a cualquier punto de los Estados Unidos, sino del mundo.

Un drama muy real realizado sin miramientos económicos y con un planteamiento televisivo muy cinematográfico. ¿Se puede pedir algo más? Pues que estrenen la segunda temporada en España, a ser posible en un canal generalista. A ser posible.
