¿Ciudadano Kane, la mejor?

by Pablo

Regala hoy El País, como señuelo para su nueva colección de películas, esa cinta mítica que es Ciudadano Kane. No es nuestra intención hacer publicidad del citado periódico; en realidad, es la excusa para hablar un poco de esta película o, más exactamente, de por qué no compartimos que sea la mejor de la historia.

Vayamos por partes. Lo de que es la mejor lo dicen unos señores que, todos juntos, se hacen llamar American Film Institute (AFI); lo de “Instituto”, para referirse a algo como el cine, suena como poco a pretencioso y pedante; el cine es arte, es ilusión, es sueño, no es algo, por más que les guste, que pertenezca a profesores, académicos y demás caterva de personajes que jamás se han puesto detrás o delante de una cámara. Con el cuerpo ya a gusto después de este repasillo, decíamos que la AFI, en su última revisión de su Top 100 de películas de toda la historia, sigue colocando a Ciudadano Kane como la más grande. Completan los puestos de honor, por este orden: El PadrinoCasablancaToro salvajeCantando bajo la lluviaLo que el viento se llevóLawrence de ArabiaLa lista de SchindlerVértigoEl Mago de Oz.

Personalmente, invertiría los dos primeros puestos. Al margen de una debilidad personal, El Padrino es, para mi gusto, la película más completa, más redonda, más perfecta, mejor contada e interpretada de toda la historia. Ciudadano Kane, en cambio, es un mito: la opera prima de un superdotado de 26 años que reportó pérdidas a la RKO (como haría el resto de su carrera) y le catapultó al Olimpo del séotimo arte. Es una gran película, desde luego, pero ni de lejos tan rebosante, tan desbordante, hipnótica y majestuosa como El Padrino.

Sobre el resto del Top 10, me ocurre algo parecido con Casablanca, que tengo la impresión de que su categoría de mito la sobredimensiona y convierte en más de lo que es. Que entren ahí Cantando bajo la lluvia y El Mago de Oz, en fin, para qué decir nada. En cuanto a Vértigo, sé que es la favorita de muchos fans de Hitch, pero como incondicional que soy del maestro del suspense, prefiero de largo otras suyas como Psicosis, Con la muerte en los talones, Encandenados o La sombra de una duda.

Echar otro vistazo a la lista de la AFI (que se puede consultar en su página web, www.afi.com), sirve para alucinar con otras elecciones, como Toy Story en el 99, sólo 2 por debajo de Blade Runner, en un humillante 97. Y como este ejemplo, otros que no comentamos para que no se nos revuelva la bilis. 

Expiación

by Carlos

Es indudable la facilidad que Joe Wright tiene para hacer (buen) cine. Como ya demostró en la estupenda Orgullo y prejuicio (Pride & Prejudice, 2005), la fuerza visual que extrae de cada uno de los fotogramas de sus películas lo convierten en un superdotado en la narración cinematográfica. Expiación (Atonement, 2007), es una nueva muestra de genio en un género, el melodrámatico, en el que Wright se siente como pez en el agua.

Expiación es una historia basada en la novela de Ian Mc Ewan y situada en los años de entreguerras del siglo XX. Dos personajes descubren su amor en una villa de recreo de una importante famila inglesa. Una, Cecilia Tallis (Keira Knightley) es la hija de la susodicha acomodada familia, mientras que el otro, Robbie Turner (James McAvoy), el hijo de una empleada de la villa. Un amor improbable que se hará imposible cuando acusen de Robbie de agredir sexualmente una jovencita. Como hilo conductor, más o menos permanente, tenemos a la hermana pequeña de Cecilia, Briony, una niña imaginativa y confusa que tendrá un gran crucial en los acontecimientos.

La película no sólo se beneficia del talento visual del director, y de una argumento sólido e interesante. También sobresalen todos los actores, excepto Knightley, que no logra ofrecer un registro diferente al de sus últimos trabajos (lo cual, tampoco es necesariamente malo). La banda sonora es inquietante, y pone en guardia al espectador sobre lo que va a ver. Y el final es muy sorprendente.

A pesar de todo, Wright no logra un trabajo redondo. No lo hace porque el montaje resulta, sobre todo en la primera parte, algo confuso e innecesario. Más que experimentar con el lenguaje audiovisual, parece como si estuviera presumiendo de su prodigioso manejo de los elementos cinematográficos, olvidando al espectador y complicando una subtrama, la de la agresión sexual, que no tiene nada de misteriosa. Tanta elipsis temporal afecta al ritmo del film, sobre todo a su primera parte. En la segunda, con todo el pescado ya vendido, la película recupera el pulso y encima nos regala unas formidables imágenes sobre la retirada de los ingleses en Dunkerque en la IIGM.

Al final, otro salto temporal aún más desconcertante es salvado gracias a una corta, pero intensa aparición de Vanessa Redgrave. Quizás sea esta una película de digestión más pesada que Orgullo y prejuicio, uno de esos films que tienes que ver varias veces para disfrutarlos de principio a fin. Pocos directores se pueden permitir ese lujo. Wright sí.