A propósito del cine español
No se puede odiar porque sí, de la misma forma que no se puede amar porque sí. Me cuento entre aquellos a los que ponen nerviosos la gente que manifiesta sus filias y sus fobias con un simple “porque sí”. Esto, llevado al cine, provoca que me irriten los que, por sistema, te salen con aquello de “a mí es que no me gustan las películas de ciencia-ficción” o “sólo veo comedias románticas”, por dar dos ejemplos cualesquiera.
Viene esta disertación a cuento de mi propio odio visceral frente al cine español. Más de una vez, quién lo diría después del parrafito que me he marcado, he soltado eso de “a mí es que el cine español no me gusta”. Entono el mea culpa. No se puede ir por la vida con ese reduccionismo simplista. Se puede, claro, pero esto casa mal con mi declaración de intenciones preliminar. En esta vida se debe ir con argumentos por delante. Argumentos como los que da uno de los señores que, en nuestro país, más y mejor ha escrito sobre cine, Román Gubern. Lo ha hecho para El País y se puede leer pinchando aquí. Bajo el epígrafe “¿Por qué no gusta el cine español?”, Gubern ofrece 8 razones que explican, a su juicio, por qué productores, directores y actores españoles se pasan la vida llorando, pataleando, protestando… y pidiendo más dinero.
Para aquellos que no se quieran tomar la molestia, cosa que deploraría, de acceder al link y leer a Gubern, he aquí un resumen muy escueto:
-El cine español no conecta con la gente porque su temática está alejada de lo que demanda el público: por este orden, aventuras/intriga/ciencia-ficción/comedia romántica.
-Hay una inflacción de películas producidas en nuestro país: deberían hacerse menos y mejores.
-Las películas americanas imponen su abrumadora y abusiva presencia.
-Salvo un grupo muy reducido de directores (Amenábar, Almodóvar, Segura), los demás suelen pasar sin pena ni gloria.
Ya digo, es un resumen bastante escueto y merece la pena leer a Gubern. A grandes rasgos, estoy de acuerdo con él, aunque creo que no incide lo suficiente en hasta qué punto estos señores de la industria van por un lado y los gustos del público por otro. Lo insinúa al comentar que Pilar Miró, cuando estuvo al frente de Cultura, dio un bandazo hacia el cine de autor (por Dios…) y lo alejó del público normal y corriente. Creo que aquí reside buena parte del problema: en que lo que nos ofrecen no conecta, no gusta, no llama. Tanto dramón social, tanta milonga a vueltas con las marginaciones y los dilemas morales, bla bla bla. Claro que debe haber un cine con carga social, pero está condenado al fracaso si es el dominante.
Viene todo esto a cuento de que mañana se celebra la gala de los Goya. No puedo estar menos interesado. Es más: si no tuviera que madrugar el lunes, de mejor gana me pondría frente al televisor para ver la Superbowl. No me apetece hacer mi quiniela personal, no me interesa quién es candidato, por dónde y cómo late el cine que se hace por aquí. No me gusta el cine español, pero no “porque sí”. Tengo mis argumentos:
-Reitero, aún a riesgo de hacerme pesado, que no conecto ni con sus dramas sociales ni con sus comedias cutres; los guiones son flojos, con sobreexceso de diálogo y una pobre tendencia a recurrir al despelote, como si todavía no hubiéramos completado la Transición, para captar una pizca de atención.
-Faltan dinero y medios; esto se podría remediar, rescatando otra idea ya expresada en este post, haciendo menos películas pero más potentes.
-La inmensa mayoría de los directores (excluyamos a Amenábar, Almodóvar, Bayona, Plaza/Balagueró) se arriesgan poco, por no decir nada, y lo menos malo que se puede decir de sus realizaciones es que son planas y anodinas.
-Los actores no dan la talla; al 95 por ciento les falla la dicción, que es lamentable, y casi otro tanto de lo mismo se puede decir de su expresividad; pocos pueden presumir de aportar algo diferente o distintivo; cuesta tanto echarse a la boca una performance decente que en cuanto Bardem o Belén Rueda están algo más que correctos ya les besamos los pies.
Creo que ya me he quedado a gusto.

