China censura, Madonna amenaza

by Pablo

Dos noticias que coloco juntas aunque, a priori, tengan poco que ver, pero con un nexo: el miedo.

La primera: China, el gobierno chino, se entiende, ha decidido que quedan prohibidas las películas de terror y de misterio. El argumento, que perjudican el desarrollo psicológico de niños y adolescentes. Vaya, y qué mas… La noticia podría sorprender en caso de tratarse de otro país, de un país que día sí y día también ocupa portadas por sus maniobras de represión. La penúltima muestra, la negativa de Spielberg de intervenir en los JJOO por el apoyo de China a Sudán en el tema de Darfur… Volviendo a lo que nos ocupa, se podría argumentar que, lógicamente, los niños deben estar protegidos frente a productos pensados para un público más maduro y al que no impacten personajes o acciones que, por su corta edad, no vayan a poder asimilar como algo fantástico, irreal. Pero asociar lógica con China es una pérdida de tiempo. Estamos ante un ejemplo, repito, de la pura y dura represión. Una lástima, a ojos de un occidental como yo, que se prive a mil millones de personas de dos géneros tan estupendos, mágicos y cautivadores.

La segunda noticia va también sobre el miedo, pero no sobre una película de este género, sino más bien, sobre el miedo que produce enterarse de que Madonna se ha pasado a la dirección. La rubia, otrora cantante, esporádica actriz, ocasional escritora de narración infantil, ahora devota y esposa madre, seguidora de la Cábala, se pone detrás de las cámaras para parir lo que promete ser un bodrio como una castaña pilonga; su título: Filth and wisdom. Esto demuestra una serie de cosas. La primera, que casi cualquiera considera que eso de dirigir no debe de ser tan difícil cuando ha podido hacerlo un tío como Silvester Stallone (no te enfades, Charles). La segunda, que si lo hace un famosete como ella, se le da bombo hasta el punto de proyectarse en la Berlinale, eso sí, y menos mal, fuera de concurso. La tercera, que los festivales son una memez aún mayor que los grandes premios (de ahí que, desde este blog, se haya optado por no darle cobertura). La cuarta, que la jeta de ciertos famosos es de tal calibre que no tienen la menor vergüenza a la hora de expandir sus redes ad infinitum: tan pronto se arrogan el derecho a tener su línea de ropa, como a escribir un supuesto libro o montar una cadena de… lo que sea. Por mi parte, lamento que sea ella, y no su marido, Guy Ritchie, en un tiempo padre de maravillas como Lock, stock and two smocking barrels y Snatch, la que sale a la palestra por emular a los auténticos realizadores.

Vuelven los guionistas, sigue sumando Bardem

by Pablo

Por partes. La huelga de los guionista de Hollywood parece tocar a su fin. Los representantes de los sindicatos han dado el OK después de reunirse con los estudios. Se acabarían así tres meses de paro que han tenido en jaque a la Industria. En los próximos días, cuando fragüe el acuerdo, vendrá el desfile de cifras en forma de pérdidas millonarias, películas y series que serán rescatadas de la nevera. Hay que recordar que los guionistas habían cambiado la máquina de escribir por la pancarta molestos por no percibir pasta de los cada vez más ingentes emolumentos que generan las nuevas plataformas (Internet, móviles, etc). Se comenta, lo comenta Variety, que el regreso de aquellos plumillas implicados en proyectos en el aire es inminente.

Y segunda cuestión. Bardem añade una nueva muesca a su cinturón con el BAFTA a mejor secundario por, lógicamente, su papel de asesino en No country for old men. Un fleco que deja el asunto y que me resisto a pasar por alto. Se ha llamado últimamente la atención en este blog acerca de la afición de los actores/directores de este país por el pataelo y el pancarteo; vamos, que les gusta más que una tiza a un tonto. Pues bien. Ayer volvió a salir el señor Bardem con eso de que su modelo para dar vida al personaje del killer es ni más ni menos que George W. Bush. Bueno, bueno, bueno… Ni Bush es pariente mío, ni mi referente vital/político, ni mucho menos. Pero que Bardem se descuelgue con esta memez, en plan “que quede bien claro que Bush-caca, Irak-caca, y me da igual decirlo bien alto, aunque genere polémica, porque así voy de artista comprometido y sin pelos en la lengua”… La verdad, vuelvo a lo de siempre: cada uno puede tener la filiación política que más le guste; incluso, hacer gala de ella, aunque si alguien me pregunta mi opinión, considero que no es un actor el más indicado para andarse con posicionamientos. Ahora bien: que se marque una parida del calibre de “me he inspirado en Bush para mi asesino” es un brindis al sol tan pobre como sintomático. Ni el más ingenuo del lugar se va a creer que para encarnar a un serial killer te vas a fijar en el presidente de Estados Unidos, por mucho que, por ahí van los tiros, haya metido a su país y a alguno más en guerras que han dejado muchas víctimas. Luego está clara la intención de esas palabras: llamar asesino a Bush y añadir un mini-punto a su marcador de artista liberal. En fin, de casta le viene al galgo, que por algo su madre, Pilar Bardem, gusta de aparecer también en actos reivindicativos varios.

Me parece una lástima, especialmente ahora que Bardem está consiguiendo un amplísimo reconocimiento.

Si es que van pidiendo guerra…

by Pablo

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Lo siento: el cine español se gana otro palo. Pedro Almodóvar, José Luis Cuerda, Concha Velasco, Marisa Paredes, María Barranco, Cayetana Guillén Cuervo y Álvaro de Luna, entre otros, se han dejado hoy de caretas y han comparecido públicamente para dar su apoyo a Zapatero de cara a las próximas elecciones. En definitiva, nos han dado la razón a los que lamentamos sus lloradas, sus pancarteos y sus estómagos agradecidos, que diría el otro.

En esta ocasión se trata de esto último. Vaya por delante que no es la elección de bando lo que critico, sino su más que evidente contrapartida a cambio del canon digital que ha patrocinado el presidente del gobierno. Él les llena los bolsillos cada vez que, por ejemplo, nos compramos un CD, y ellos salen haciendo el gesto de las cejas picudas de Zapatero y proclamando que hay que votarle.

Entre las diversas perlitas, las mejores, de José Luis Cuerda. Pide el veterano director el voto para el PSOE “para que no vuelva “la turba mentirosa que piensa, desde su imbecilidad, que todos somos más imbéciles que ellos” y para que los obispos “no nos echen encima una teocracia estúpida”. Opiniones que podrán ser más o menos compartidas, pero que, más allá del contenido, chirrían por el contexto. Cuerda, como cualquier ciudadano, está en su derecho de preferir una determinada opción política, pero de ahí a salir a la palestra con esa acritud, al más puro estilo del alasariado político… vaya, como que a un servidor no le hace mejorar, más bien al contrario, su opinión sobre la gente que se dedica al ¿cine? en este país. José Blanco o Eduardo Zaplana, cada uno en su línea, y por citar dos ejemplos, pueden resultar desagradables al oído con sus constantes descalificaciones, pero al menos ellos cobran por hacerlo. El señor Cuerda, supuestamente, vive de las películas.

Más comedido se mostró Almodóvar, quien dijo apoyar a la izquierda en general, y no a Zapatero o el PSOE en concreto. Por cierto: la foto no es de ese acto de la PAZ, la Plataforma de Apoyo a Zapatero, sino de una manifestación cualquiera… pero sirve para ilustrar el tema.

Pe y Scarlett, a dúo

by Pablo

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 Leo que Pe y Scarlett tienen algo más que palabras en cierta escena de la última de Woody Allen, de ínfame título Vicky Cristina Barcelona, con la (chapucera) excusa de compartir cuarto oscuro mientras revelan sus fotos; y que, más tarde, se montan una juerguecilla con Javier Bardem, los tres, tan amigos.

Cada cual puede vender su producto como le dé la gana y mejor le parezca. Pero a mí, personalmente, como seguidor de Woody Allen, la noticia me defrauda. Venía ya barruntando, desde hace un tiempo, y viendo la elección de actrices cada vez más jóvenes, incluida Scarlett Johanson, nueva musa, que este hombre, uno de mis directores favoritos, estaba entrando de lleno en esa fase vital que, para dejarnos de rodeos, podemos calificar de “viejo verde”. Esto, me temo, no hace más que confirmarlo. Habrá quien argumente que tanto el dúo como el trío están perfectamente justificados y ensamblados en la trama de la película. Pues que queréis que os diga… Si ya el título sonaba no mal, fatal, que el amigo Allen recurra a este tipo de reclamos me parece pobre y sintomático de que el peso de la película es tan liviano que necesita ser engordado, como un caldo, con una pastilla de mal gusto.

Ojalá, de verdad, cuando haya visto la película tenga que tragarme mis palabras, pero mucho me temo que no ando demasiado desencaminado.

Estrenos 8 de febrero

by Pablo

Poco movimiento en la cartelera, pero de calado, porque finalmente llega:

-No es país para viejos: que, llamadme pijotero, definitivamente tiene menos mística que No country for old men; sí, la película que ha catapultado a Bardem y que, salvo sopresa gorda, le dará su primer Oscar, ya está en nuestro país; tanto se ha venido hablando de ella que uno tiene la impresión de que, más que estrenarse, fuera a reponerse con motivo de la gala; pero no, aún no la hemos visto y aún no estamos en condiciones de juzgar si Bardem, con su flequillo chungo y su mirada torva realmente dibuja ese aterrardor psicho-killer, como nos han vendido, y si la película de los Coen, en conjunto, merece hacer olvidar aquel fiasco, aquel remake que jamás debieron hacer del clásico de la Ealing El Quintento de la Muerte (The Ladykillers).

-Astérix en los JJ.OO.: la primera entrega no hacía justicia a una de las sagas del cómic europeo por excelencia; la segunda, decididamente, ensuciaba su nombre con un mal remedo de las aventuras de los galos en Egipto; esta tercera promete poner la guinda al despropósito a base de cameos, como el de Delon y… Segura, sí, el rey de los cameos en sus propios bodrios.

-30 días de oscuridad: Josh Hartnett, del que conservo buen recuerdo gracias al excelente sabor de boca que me dejó El caso Slevin, el último de sus trabajos que he visto, pero capaz de intervenir en memeces como Hollywood, Departamento de Homicidios, se nos enrola en una de vampiros en Alaska, por aquello de que las noches duran 30 días y eso, claro está, da mucho juego para que te persigan sin tregua, en busca de tu yugular.

-Conociendo a Jane Austen: ya lo del titulito con gerundio me pone nervioso, para que os voy a engañar; el resto, por desgracia, me refiero a la dirección del tal Robin Swicord y el trabajo de un reparto encabezado por Maria Bello (la mujer de Viggo en Una historia de violencia) es que me dejan frío, directamente.

(Todavía) a vueltas con el cine español

by Pablo

Uno no quiere hacerse pesado, no quiere remover el estiércol, airear trapos sucios, volver sobre sus pasos, sonar a eco de gruta roñosa… Pero he aquí que nuestros amigos del ¿cine? patrio siguen clamando vendetta, derramando negras lágrimas y rasgándose las vestiduras. Se consideran maltratados, vilipendiados, azotados. Más humillados que Gallardón por caerse de las listas. Más perseguidos que el doctor Kimball, el pobre, que no había matado a su mujer. Snif.

La semana pasada, un interesante artículo del señor Román Gubern en El País daba pie a un interesado (todo lo es, en esta vida) post a propósito del cine español. Hoy, nuevamente el mismo diario ofrece parte de su espacio a la señora Icíar Bollaín, que viene siendo directora además de actriz. Como siempre, recomiendo que se lea íntegro pinchando, tan fácil como eso, aquí. Pero como nunca faltan vagos, y así extiendo el post, que para eso me pagan, bueno, no me pagan… lo que sigue, vaya, es un resumen de las palabras de la señora Bollaín, que se pone tan apocalíptica como para preguntarse qué pasaría “si no hubiera cine español”:

-Palo para El País: como agradecimiento por cederle un hueco (hablamos, y con esto me ciño a los hechos, nada más, del diario de información general más leído en este país), ataca al periódico, al que equipara, sin dar nombres, con El Mundo o La Cope.

-El que se pica, ajos come: pero mira que les escuece el tema de las subvenciones y que se les tache de llorones; lo demuestra Bollaín hablando de “año de incertidumbres” por los cambios en la Ley del Cine; pobrecitos…

-Esas pérfidas televisiones: “sólo ganarían las televisiones [si se acabara el cine español], que ya no tendrían que invertir ese 5% por ciento que tanto les duele”; creo que llevan como desde los 50 con la paranoia de que la tele enterrará al cine.

-Los malvados americanos: “Y tendríamos a Medem, Querejeta o Trueba dirigiendo las voces de Blanca Portillo o Belén Rueda en el doblaje de mediocridades norteamericanas escritas y dirigidas por gente que poco o nada tiene que ver con nosotros”; claro, claro, Bush caca, porque invadió Irak, y Spielberg, caca, porque invade nuestros cines; si es que está clarísimo, no tienen “nada que ver con nosotros”, ya lo dice Bollaín, porque ellos no tienen dos ojos, ni una nariz, son marcianos, les gustan cosas diferentes a las nuestras; uuuh, cuidado, van a conseguir que dejemos de jugar al fútbol y nos pasemos al béisbol, como denunciaba aquel anuncio taaan ocurrente.

-La gran pérdida: “Se perdería (…) un escaparate de nuestra cultura, de nuestra lengua, de nuestra forma de ver el mundo”; ¿dónde hay que firmar?

-El alegato final: “Déjennos trabajar sin estar constantemente bajo sospecha, bajo la lupa y bajo el peso de un desprestigio que apoyado a menudo en la desinformación va calando en forma de prejuicio como un chirimiri en el espectador”; muy bien, que os dejen trabajar, haced vuestros peliculitas infumables, que sólo os gustan a vosotros, y luego montaos vuestros cine-club, para debatir hasta las tantas sobre las memeces que habéis querido simbolizar en vuestros sesudos y adoctrinantes panfletos; pero, eso sí, hacedlo con vuestro dinero. 

10 Top 10: Sci-Fi (II)

by Carlos

Recojo el guante de Pablo y aquí va mi lista de las 10 mejores películas de ciencia-ficción. Un aviso a frikis de Star Wars y Star Trek. Si no queréis sufrir un infarto, no sigáis leyendo. Para mi lista, voy a seguir la definición del género que aparece en wikipedia:

La ciencia ficción se puede definir como un género dentro del cual los hechos narrados suponen una ruptura de la realidad conocida, al igual que en la fantasía y el terror, pero con la diferencia de que para estos hechos subyace una explicación implícita o explícita de carácter racional. Es decir, que se narran una serie de hechos que no se dan en la realidad, pero se explican de tal manera que dan la apariencia de que podrían darse o haberse dado, sea esto realmente posible o no.

Allá voy. Cómo veréis, me gustan más las películas en las que los seres del espacio vienen a la Tierra que al contrario.

1. Supermán (1978): la puesta a punto de Richard Donner al mítico personaje de cómic aún impresiona por los actorazos que aparecen (Christopher Reeve, Marlon Brando, Gene Hackman, Glenn Ford…), por sus efectos especiales (ningún ordenador podrá nunca superarlos), y porque nadie llevará jamás unas mallas con tanta dignidad como Reeve.

2. El planeta de los simios (The planet of the Apes, 1968): la fábula definitiva sobre las consecuencias del militarismo, con uno de los mejores finales de la historia del cine. Los monos más fantásticos del cine no podían con el gran Charlton Heston.

3. The Matrix (1999): da igual cómo fueron sus continuaciones. Los hermanos Wachowski crearon una historia original y apasionante con una estética vanguardista. Una joya. Lástima que fuera una excepción en su carrera, y que sus experimentos fueran copiados hasta el infinito.

4. La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956): Don Siegel se convertía en un director de culto al rodar esta parábola sobre el peligro comunista usando a unos terroríficos extraterrestres.

5. E.T. (E. T.: The Extraterrestrial, 1982): yo no seré tan desagradecido como Pablo. E.T. se perece estar en los más alto, porque nos hizo sorprendernos, nos hizo reir, nos hizo vibrar y nos hizo llorar. Y eso que el puñetero es de plástico. Más mérito, imposible.

6. Regreso al Futuro (Back to the future, 1985): película mítica para cualquier adolescencia que se precie, junto a Kárate Kid. Pero en realidad, basa sus planteamientos en un guión muy bien construido que permitió sus dos continuaciones.

7. El tiempo en sus manos (The Time Machine, 1960): basado en un libro de H. G. Wells, esta película es todo un clásico en el que la aventura y la reflexión política se unen a través de unos efectos especiales que hicieron época (aunque ahora resulten un poco rancios). Nostálgia pura y dura.

8. Armageddon (1998): vale, es un taquillazo a medida made in Jerry Bruckheimer, con Michael Bay (Transformers) en la dirección y J.J. Abrams (Perdidos) en los guiones, además de un reparto tremendo encabezado por Bruce Willis. Eh…. ¿qué tiene esto de malo? Peliculón.

9. Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still, 1951): otro clásico de la guerra fría en el que los extraterrestres vienen ha liquidarnos por ser niños malos, aunque primero intentan hacernos entrar en razón.

10. Acción mutante (1993): en España no hay nadie mejor que Alex de la Iglesia para hacer cine de género con un toque patrio. Emocionante, con pocos, pero bien utilizados, medios y mucho, mucho, mucho humor negro. Y un gran Antonio Resines. Recomendada.

Bardem y el ego

by Pablo

No se pasó por la gala de los Goya y ayer, en el habitual almuerzo de candidatos a los Oscar, fue directamente al ágape sin pasar por la casilla de los periodistas.

Se diría que al amigo Bardem se le empieza a inflar un poquito el ego, con esto de haberse llevado tantos premios por su papel de asesino en No es país para viejos. Quizás, se me ocurre, debería guardar fuerzas para ese hipotético momento en que las apuestas se vayan al garete y no le den el prometido Oscar.

Más allá de que se lleve o no la estatuilla, van ya un par de desplantes, cuando menos, llamativos. En los Goya concurría un documental producido por él mismo que (¡oh, sorpresa!) pescó premio, pero estar nominado no debió de parecerle suficiente. Al lado de esta ausencia, claro, lo de presentarse en el sarao pre-Oscar a mesa puesta se queda en anécdota. O se quedaría, si no fuera porque uno se entera de que un señor como George Clooney, de bastante más lustre, no tuvo inconveniente en atender a los periodistas e, incluso, animar el cotarro con ese carisma suyo que, a diferencia de las dotes interpretativas, que se pueden conseguir con años de trabajo, o se tiene… o no se tiene.

Premios Goya: La Soledad triunfa en la noche de El Orfanato

by Carlos

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Se las prometía felices El Orfanato. Desde el primer momento acumuló Goyas técnicos y artísticos, incluido el de mejor director novel para Juan Antonio Bayona y mejor guión original para Sergio G. Sánchez, pero ni Belén Rueda ganó el de mejor actriz ni la película fue considerada la mejor de 2007. Ese honor fue para La Soledad, de Jaime Rosales, que también consiguió el Goya al mejor director. Sólo son dos premios, pero los más importantes, frente a los siete de El Orfanato y los cuatro de Las 13 rosas.

Como suele ser habitual, la ceremonia sirvió para homenajes varios. El oficial, para Alfredo Landa, que no remató la faena ya que el Goya al mejor actor se lo llevó Alberto San Juan por Bajo las estrellas. Da igual, porque Landa es uno de esos actores que no necesita ni un Goya ni un Oscar para dar mil vueltas a cualquiera de sus colegas actuales. El no oficial, para Maribel Verdú, que consiguió el Goya a la mejor actriz por 7 mesas de billar francés después de cinco nominaciones. Se la vio bastante emocionada (también a su amigo José Coronado, que le entregó el premio), y no se olvidó de mandar una “pullita” a la Academia por su ostracismo durante estos años.

La gala de los Goya ha resultado ser, como el cine español en general, decepcionante. En realidad, más que una ceremonia de premios parecía un funeral, por mucho que la presidenta de la Academia, Ángeles González Sinde, intentara vender un mensaje de optimismo sin el más mínimo entusiasmo. Los aplausos arracaban con dificultad y las caras reflejaban la poca gracia que Corbacho, inesplicable presentador del evento, hacía tanto a los presentes como a los telespectadores con sus constantes referencias al mundo del corazón, sus trajes propios de un late night, sus montajes (el video-gag sobre Almodovar y Garci, bochornoso) y su empecinamiento en fastidiar la noche a Belén Rueda. Todo esto se notó en los discursos, bastante cortos e insípidos en general (grande Maribel Verdú).

Y hablando de bochornos, TVE1 emitió la gala a través de un falso directo que, desde luego, dice mucho de cómo se trata en este país al verdadero protagonista del cine: el espectador.

A propósito del cine español

by Pablo

No se puede odiar porque sí, de la misma forma que no se puede amar porque sí. Me cuento entre aquellos a los que ponen nerviosos la gente que manifiesta sus filias y sus fobias con un simple “porque sí”. Esto, llevado al cine, provoca que me irriten los que, por sistema, te salen con aquello de “a mí es que no me gustan las películas de ciencia-ficción” o “sólo veo comedias románticas”, por dar dos ejemplos cualesquiera.

Viene esta disertación a cuento de mi propio odio visceral frente al cine español. Más de una vez, quién lo diría después del parrafito que me he marcado, he soltado eso de “a mí es que el cine español no me gusta”. Entono el mea culpa. No se puede ir por la vida con ese reduccionismo simplista. Se puede, claro, pero esto casa mal con mi declaración de intenciones preliminar. En esta vida se debe ir con argumentos por delante. Argumentos como los que da uno de los señores que, en nuestro país, más y mejor ha escrito sobre cine, Román Gubern. Lo ha hecho para El País y se puede leer pinchando aquí. Bajo el epígrafe “¿Por qué no gusta el cine español?”, Gubern ofrece 8 razones que explican, a su juicio, por qué productores, directores y actores españoles se pasan la vida llorando, pataleando, protestando… y pidiendo más dinero.

Para aquellos que no se quieran tomar la molestia, cosa que deploraría, de acceder al link y leer a Gubern, he aquí un resumen muy escueto:

-El cine español no conecta con la gente porque su temática está alejada de lo que demanda el público: por este orden, aventuras/intriga/ciencia-ficción/comedia romántica.

-Hay una inflacción de películas producidas en nuestro país: deberían hacerse menos y mejores.

-Las películas americanas imponen su abrumadora y abusiva presencia.

-Salvo un grupo muy reducido de directores (Amenábar, Almodóvar, Segura), los demás suelen pasar sin pena ni gloria.

Ya digo, es un resumen bastante escueto y merece la pena leer a Gubern. A grandes rasgos, estoy de acuerdo con él, aunque creo que no incide lo suficiente en hasta qué punto estos señores de la industria van por un lado y los gustos del público por otro. Lo insinúa al comentar que Pilar Miró, cuando estuvo al frente de Cultura, dio un bandazo hacia el cine de autor (por Dios…) y lo alejó del público normal y corriente. Creo que aquí reside buena parte del problema: en que lo que nos ofrecen no conecta, no gusta, no llama. Tanto dramón social, tanta milonga a vueltas con las marginaciones y los dilemas morales, bla bla bla. Claro que debe haber un cine con carga social, pero está condenado al fracaso si es el dominante.

Viene todo esto a cuento de que mañana se celebra la gala de los Goya. No puedo estar menos interesado. Es más: si no tuviera que madrugar el lunes, de mejor gana me pondría frente al televisor para ver la Superbowl. No me apetece hacer mi quiniela personal, no me interesa quién es candidato, por dónde y cómo late el cine que se hace por aquí. No me gusta el cine español, pero no “porque sí”. Tengo mis argumentos:

-Reitero, aún a riesgo de hacerme pesado, que no conecto ni con sus dramas sociales ni con sus comedias cutres; los guiones son flojos, con sobreexceso de diálogo y una pobre tendencia a recurrir al despelote, como si todavía no hubiéramos completado la Transición, para captar una pizca de atención.

-Faltan dinero y medios; esto se podría remediar, rescatando otra idea ya expresada en este post, haciendo menos películas pero más potentes.

-La inmensa mayoría de los directores (excluyamos a Amenábar, Almodóvar, Bayona, Plaza/Balagueró) se arriesgan poco, por no decir nada, y lo menos malo que se puede decir de sus realizaciones es que son planas y anodinas.

-Los actores no dan la talla; al 95 por ciento les falla la dicción, que es lamentable, y casi otro tanto de lo mismo se puede decir de su expresividad; pocos pueden presumir de aportar algo diferente o distintivo; cuesta tanto echarse a la boca una performance decente que en cuanto Bardem o Belén Rueda están algo más que correctos ya les besamos los pies.

Creo que ya me he quedado a gusto.

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