Archive for May, 2008

Rocky, Jack Ryan… los héroes de toda la vida se dejan querer


29 May

Como todo buen boxeador que se precie, Rocky amaga, amaga y vueve a amagar, pero no puñetazos, sino secuelas y continuaciones. Cuando todos pensabamos que con Rocky Balboa (2006), Sylvester Stallone había escrito un buen epitafio para el boxeador de Filadelfia, ahora resulta que el actor se está planteando una nueva película, la séptima dela saga. Lo dice la web Moviehole, que asegura que la compañía Metro Golden Mayer (MGM) planteó la posibilidad en el último festival de Cannes, y que la respuesta de la audiencia fue “entusiasta”. Pero no acaba todo ahí. una de las posibilidades que se están barajando es realizar un spin-off del hijo de Rocky, interpretado por Milo Ventimiglia (recordado por su papel en la serie Héroes).

La cosa puede parecer disparatada, pero visto el éxito de las últimas versiones de Rocky, Rambo e Indiana Jones, quizás no lo sea tanto. Ya no hay héroes de verdad, y hay que recurrir a los de antes. Y ahí vuelve al primer plano Harrison Ford, porque atención a lo que dice Ford en The Sun sobre una supuesta vuelta al personaje de Jack Ryan que popularizó en films como Juego de Patriotas (1992) o Peligro inminente (1994): “El personaje no depende de la edad, y sus experiencias están llenas de recetas para buenas y simpáticas películas, así que no me importaría revisar el personaje”. Eso sí, deja claro que Han Solo no volverá. Menos mal

Matar a un ruiseñor


29 May

La AFI (American Film Institute), entre sus múltiples ránkings, se marcó uno hace algún tiempo para elegir a los mejores héroes y villanos de la historia del cine. Entre los primeros, a uno se le vienen a la cabeza, a bote pronto, personajes como Indiana Jones, Batman o John McClane. Ninguno se llevó el gato al agua; el vencedor fue un tal Atticus Finch, un abogado viudo con los rasgos de Gregory Peck que, mientras saca a dos niños adelante, tiene tiempo para defender a un negro, acusado injustamente de abusar de una blanca, y de plantar cara a todo un pueblo ignorante y temeroso en plena Depresión.

Nos gusten o no las incontables clasificaciones de la AFI, lo cierto es que esta da una cierta medida del alcance de la película a la que pertenece el susodicho Atticus Finch: Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird, 1962), dirigida por Robert Mulligan. Como las grandes cintas, le ocurre a esta que con un par de trazos, aparentemente dibujados sin esfuerzo, se nos presenta a unos personajes, se nos plantea un conflicto y, sin apenas darnos cuenta, nos encontramos en el meollo de una historia cautivadora, emocionante, de las que saben agarrar la fibra emocional sin necesidad de ñoñerías.

Cierto: Atticus Finch no deja de ser un arquetipo, el del hombre de férreos ideales y convicciones, pase lo que pase, contra viento y marea, más allá del “qué dirán”, sin importarle las consecuencias de sus actos, porque sabe positivamente que están guiados por la razón. Y aún así, siendo un arquetipo, el mérito es mayor porque no lo parece en pantalla; mérito que debe atribuirse al papel impagable surgido de la novela de Harper Lee casi tanto como a ese actor enorme que fue/es Gregory Peck. Ha habido muchos hombres, en el cine, que han hecho frente a tremendos conflictos sin miedo, pero pocos como este Atticus Finch tan heroico y, al tiempo, tan humano, sin doblegarse a la estrechez de miras de una sociedad inculta y agazapada, racista, visceral.

Matar a un ruiseñor es tan buena que el enorme halo que rodea a Atticus Finch deja, aún así, espacio a otros personajes sublimes, fundamentalmente a sus hijos, los inolvidables Jem y Scout, sobre todo ella, una mocosa que en su primera incursión en el cine se come la pantalla bordando el papel de “chicazo”, siempre pegada a su hermano a la búsqueda de problemas, de ir a espiar a su padre a los Juzgados o merodear por la casa de los vecinos, donde habita el mítico Boo Radley.

Atmósfera: quizás sea lo más complicado de lograr en una película, en un libro, en cualquier pieza de creación. Matar a un ruiseñor la tiene, es suya, única e intransferible, imborrable en el tiempo, desde los títulos de crédito, minimalistas y sin embargo tremendamente originales, hasta el final, cerrado con la voz en off de Scout.

Una película para disfrutar, embeberse, y de paso, reconciliarse un poquito con el género humano.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal


29 May

Una de las normas básicas, a la hora de vender un producto, asegura que hay que empezar por un buen nombre/título, ya sea un libro, un videojuego o una película, como es el caso que nos ocupa. I. J. y el reino de la calavera de cristal (en adelante, Indy 4) no es un buen título: es largo, es obvio y sobre todo es soso. Omitámoslo. Después del título va el arranque: debe ser poderoso, atractivo, engancharnos desde el minuto 1 para tenernos ganados hasta que salgan los títulos de crédito. Tampoco ocurre en Indy 4, cuando era uno de los grandes valores de la saga (escapando de los indios en la selva en la primera; el tiroteo después de la actuación en la segunda; el breve pero intenso rol de River Phoenix en la tercera): sí, está el detalle del sombrero y la sombra en el coche para que sepamos que es él y que ha vuelto, pero falta sustancia, emoción, atrevimiento.

Y aún así, Indy 4, tal vez por ser la película que es, miembro de saga ilustre, admite un voto de confianza, y una vez concedido, consigue remontar el vuelo, sin grandes alardes en una trama liviana, de mero folletín, no mucho más trabajada que, por ejemplo, la de un video-juego al uso ensamblado a base de “pantallas” con el “malo” de turno. Porque cuando esta película funciona, realmente, y muy bien, es cuando los diálogos dan paso a la acción, y Steven Spielberg nos deslumbra con su habilidad para dirigir persecuciones.

El resto es nostalgia, ganas de reencontrarnos con Indy, los homenajes funcionan unas veces y otras no (las secuencias en la universidad, sin fuelle), Shia Labeouf no es un mal acompañante, sidekick dicen en USA, y aguanta el tipo, pero su Marlon Brando versión peso pluma no le llega a la suela de los zapatos a Sean Connery como padre, o incluso al genial Marcus Brody de la primera (eso sí, mejora al cargante tapón de la segunda).

Como broche a la saga, como auto-homenaje de Spielberg, Lucas y Ford, se debe ver con guiño cómplice, sin esperar nada más que un rato entretenido, tratando de acallar esa vocecilla que, por momentos, susurra: “sí, pero ya no es como antes”.

Memorias de Sydney Pollack


27 May

El actor, director y productor de cine Sydney Pollack ha muerto hoy a la edad de 73 años víctima de un cancer. Pollack se hizo un nombre en la industria cinematográfica en los años 70 y 80 con películas como Danzad, danzad malditos (They shoot horses don´t they?, 1969), nominada a 9 Oscar; Tal como eramos (They way we were, 1973); Tootsie (1982), nominada a 10 Oscar (sólo Jessica Lange conseguiría el de mejor actriz); y su obra más recordada: Memorias de África (Out of Africa, 1985), que le reportó dos Oscar como mejor película y mejor director. Siguió hasta el final de su vida haciendo cine (en 2007 estuvo nominado al mejor director por Michael Clayton). Como homenaje, enlazamos el trailer de su obra más famosa. Su legado. Su memoria.

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Estrenos 23 de mayo


23 May

Mal día para estrenar una película si no te llamas George Lucas, Steven Spielberg y Harrison Ford, porque sabes que Indy IV se va a llevar todo el pescado. Aún así, suerte para:

-Antes que el diablo sepa que has muerto: lo más digno al margen de la nueva entrega del héroe arqueólogo; Ethan Hawke, últimamente desaparecido en combate, y el siempre impecable P. S. Hoffman, en un thriller de un señor llamado Sidney Lumet que sigue dando guerra después de los 70; vista la de Indy, esta puede ser la siguiente.

-El último viaje del juez Feng: otro drama llegado del Lejano Oriente; para los que gusten de cosas más pausadas que las del tío del látigo.

-Abrígate: comedia hispano-argentina; complicado lo tiene.

Vuelve Indy!


22 May

Ya está aquí. Se terminó la espera. Hoy se estrena la cuarta entrega de Indiana Jones, la de las Calaveras de Cristal…

El título es por ahí de bueno como Vicky Cristina Barcelona; qué le vamos a hacer… Y sí, han pasado 19 años, y estamos hartitos de que si Harrison Ford se nos ha oxidado; que si ya quieren hacerle la cama para brindarle la saga (!) a Shia LaBeouf, en plan “me llamo George Lucas y quiero cagarla como ya hice con Star Wars, alargando lo inalargable ad nauseam“; que si los efectos, con eso de ser fieles a la tradición, son una porquería; que si el guión es flojo comparado con las otras tres (no será con la segunda, vaya…); que si esto y lo otro…

¿Qué más da? Después de un culebrón que ha durado dos décadas, el héroe, el arqueólogo más molón, reanuda sus andanzas. Que persiga reliquias falsas es lo de menos. Que salgan rusos en lugar de nazis también.

Cierto: da un poco de miedo que hayan decidido desempolvar el látigo y el sombrero de Indy sin la garantía (por escrito, con la firma de Steven Spielberg, mejor) de que el producto vaya a estar a la altura. Un riesgo que habrá que correr.

100 años con James Stewart…


20 May

 … porque aunque falleciera en 1997 con 89 años, el protagonista de clásicos como ¡Qué bello es vivir!, Historias de Filadelfia, El hombre de Laramie, Vértigo o La ventana indiscreta, entre otras muchas inolvidables películas, siempre vivirá en el imaginario colectivo. De apacible apariencia, el bonachón eterno que fue héroe de guerra en la II Guerra Mundial y ganador de un Oscar (fue nominado otras cinco veces y recibió otro por su trayectoria), fue un intérprete todoterreno que se atrevió con todos los géneros con éxito. Aquí va un tributo recogido de youtube.

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Los Tudor


18 May

La Edad Media es, de por sí, una época lo suficientemente atractiva como para justificar su traslado a la pantalla: reyes, reinas, nobles, plebeyos, cardenales, bufones, conspiraciones, ejecuciones, traiciones, pactos, guerras, sangre, banquetes, bacanales, hijos bastardos, herejes, hogueras… Y aún así, no es suficiente.

No basta con coger a un personaje histórico de los más famosos y sometidos a adaptaciones fílmicas como es Enrique VIII, célebre por romper con la Iglesia, vivir obsesionado con tener un hijo varón y dejar sin cabeza a todo aquel que si interpusiera en su camino o no diera satisfacción a sus caprichos. Es necesario, y así lo entendió Michael Hirst, dar una vuelta de tuerca, y en este caso la tuerca giró hacia atrás en el tiempo y se detuvo en los años jóvenes del rey. Una apuesta arriesgada que, sí sale bien, es en gran medida gracias a un actor llamado Jonathan Rhys Meyers.

Visto primeramente en Quiero ser como Beckham, puesto en el mapa con la soberbia Match Point y, más recientemente, rostro de Calvin Klein, Rhys Meyers da el salto de calidad definitivo en Los Tudor (The Tudors, 2007).  Su Enrique VIII es tan impetuoso, lleno de vigor, rabia y virilidad, que prácticamente arrastra a los demás para intentar seguir su estela. Difícil, porque Rhys Meyers abrasa casi literalmente la pantalla. Cierto que, siendo justos con el reparto, de nivel notable, hay un par de actuaciones que merecen ser destacadas: la de Sam Neill (Parque Jurásico), impecable cardenal Wolsey (manipulador, artero, mezquino); y Natalie Dormer, que compone una Ana Bolena carnal e hipnótica, ayudada por unas facciones que se alejan de los cánones para concederle un atractivo casi inquietante.

La segunda temporada está ya en plena emisión, auspiciada por los buenos resultados de crítica de la primera. Lecciones de historia ágiles, atractivas, adaptadas a los gustos de hoy (abundan las escenas de cama), que corren, eso sí, un riesgo. La primera temporada se torna algo farragosa a partir del ecuador (es decir, del 5º-6º episodio, pues hablamos de una mini-serie de 10), cuando se enfanga en juicios, disquisiciones y dimes y diretes a vueltas con el pretendido divorcio del rey. Funciona mejor Los Tudor en su primer tramo, donde recrea a la perfección la corte de Enrique VIII, con sus entresijos al descubierto. No en vano, Hirst es autor del guión de Elizabeth y conoce bien la época. Le ayuda, claro está, un presupuesto que no escatima a la hora de ofrecer lujosas localizaciones, dentro de una producción cuidadísima, donde vestuario y atrezzo van a la par.

En conjunto, una serie notable.

Estrenos 16 de mayo


16 May

Quizás sean las ganas de que llegue Indy 4, pero los estrenos de este fin de semana motivan tanto como coger una neumonía. A falta de las nuevas aventuras del arqueólogo más molón y famoso de todos los tiempos, esto es lo que nos despachan en los cines:

-Honeydripper: un garito en la Alabama de los 50, un dueño apurado por las deudas, un diamante en bruto con la guitarra, Danny Glover al frente de la función, expectativas difíciles de precisar: el tiro puede salir bien… o por la culata.

-Sentencia de muerte: clásica historia de hombre normal sometido a unas circunstancias violentas que cambian su vida para siempre; protagoniza Kevin Bacon, no diré caído en desgracia, pero sí bastante diluido en los últimos tiempos; ¿alguien se atreve a recordar su último papel importante?

-Una noche para morir: los amigos del cine de terror, si es que queda alguno a estas alturas tan bajas, tienen con esta cinta su motivo semanal para sentarse frente a la gran pantalla; reparto desconocido.

-El cielo dividido: mejicana, drama con dos chicos homosexuales sometidos a la represión de una sociedad que no los acepta.

-La isla de las almas perdidas: multi-co-producción europea de tintes fantásticos y rollo teen, ambientada en el islote que da título a la película.

-No tan duro de pelar: Owen Wilson, afortunadamente recuperado de su intento de suicidio, se nos embarca en una chorradilla en la que da vida a un personaje de los suyos (muecas, etc), aquí encargado de hacer de guardaespaldas para tres chicos sometidos por el matón del insti.

-La crisis carnívora: curiosa propuesta, española, eso sí, a partir de animación flash y con argumento de animales enfrentados en una lucha encarnizada; deja sensaciones encontradas a la hora de decidir si vale la pena o es una bobada.

-Una chica cortada en dos: Claude Chabrol dirige a Ludivine Sagnier en un drama con amores y desamores y un etcétera en el que no me detendré.

-Sultanes: Jordi Mollá y otros en una españolada con dinero mejicano.

Iron Man


14 May

Este es el camino. Si, como parece, seguirá el aluvión de adaptaciones de comics a la gran pantalla, por favor, que sus responsables -productores, directores, etc- se tomen dos horitas, dos nada más, en ponerse esta Iron Man (Jon Fraveau, 2008 ) antes de meterse en harina. Quizás, con suerte, decidan que, ante la basura que iban a servir con el nombre de película, mejor recoger los bártulos y volverse a sus casas; o, sin ser tan drásticos, aprovechen lo que de bueno tiene Iron Man a la hora de tomarla como ejemplo.

¿Y qué es eso que tiene de bueno? Para empezar, ahí es nada, guión. De acuerdo: ni Shakespeare ni nada que se le parece ni falta que hace. Guión adaptado a las circunstancias, a una película de superhéroes, con sus grandes dosis de acción, peleas y secuencias espectaculares, pero guión al fin y al cabo. Eso, para que lo entiendan los más reaccionarios, que se intercala entre efecto especial y efecto especial. Esas líneas de diálogo entre los actores -todavía de carne y hueso-, que saben aportar humor en buenas cantidades, las suficientes para ser conscientes de que, con una película así entre manos, tampoco hay que tomarse demasiado en serio; y que saben no caer en el ridículo cuando la cosa, digámoslo así, se pone más seria. Guión para ensamblar una idea convincente, tomarse su tiempo en presentarnos a los personajes, desarrollarlos sin volverse locos, llegar al meollo de la historia con una trama más o menos fraguada y, desde ahí, lanzarse al desenlace.

Hay guión. Primera gran noticia. Hay muy buenos efectos especiales, cosa que se esperaba, pero es que son realmente buenos, y mejor veraces, y hasta te apabullan cuando a los trastos del héroe se refieren, y este se va probando las cada vez más logradas versiones de su traje. Debajo de ese traje, Tony Stark, o lo que es lo mismo, un buen Robert Downey Jr, que sabe aportar ese punto canalla al vendedor de armas reciclado en salvador de la humanidad. Secundado por un trío de actores conocidos con personajes, recordemos en qué género estamos, que no van más allá de la comparsa, algo que sólo cabe lamentar en el caso de Jeff Bridges como villano de la función; villano que no es mal villano hasta el clímax en que debe transmutar en auténtica némesis para las escenas más físicas; mientras el combate es dialéctico, el pulso es menos desigual que cuando se vuelve meramente pugilístico.

Iron Man funciona, entretiene, no cansa, no obliga a esbozar muecas de vergüenza ajena y sólo, por ponerle algún pero, obliga a enarcar un par de veces las cejas ante tal despliegue de tecnología futurista. Puesta al lado de birrias como Catwoman y The Punisher, es un coloso del séptimo arte; pero es que otras pretendidamente dignas como las secuelas de X-Men o Hulk palidecen a su lado. Sin ser Iron Man uno de los héroes más próximos al ideario más básico -no hablamos aquí de entendidos-, en ningún momento se echa en falta un mayor carisma, más peso específico. Ojalá el último Superman hubiera rayado a su altura.

Por eso, cuando una de esas lumbreras de Hollwyood esté a punto de estampar su firma para dar luz verde al enésimo proyecto de superhéroes a partir de un guión lamentable… que haga una pausa, visione Iron Man, y se replantee sus opciones.

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.