04th Jun2008

Speed

by Pablo

En 1994, Jan de Bont era un señor que no había dirigido una sola película; Keanu Reeves, un actor de 30 años con un papel secundario en Las amistades peligrosas y otro algo más relevante en la estupenda Drácula de F. F. Coppola (en ambas, anticipando ese rollo insulso que ha estropeado su carrera); Sandra Bullock, otra treintañera con poco más que Demolition Man a sus espaldas; y Dennis Hopper, un tipo próximo ya a la cincuentena que, sin llegar a despuntar en el grueso de su carrera, había estado a la altura en cintas tan inolvidables como Easy Rider y Apocalypse Now.

¿Qué cinta reunió a estos cuatro? Speed. ¿De qué va? De un malo muy malo, experto en poner bombas, al que Keanu frustra un plan (buen comienzo con la escena del ascensor) y decide vengarse por las bravas, endosándole una carga a un autobús que explotará en caso de que el cacharro baje de cierta velocidad. En ese autobús, una improbable heroína, el personaje de Sandra Bullock, al que ya se han asegurado de pintarnos como el terror de las auto-escuelas: sí, deberá encargarse ella de pilotar el bus mientras Keanu, luciendo trabajo de gimnasio, se afana por echar a pique el intento de volar el vehículo. El colofón, una bonita persecución.

Sí: puro cine de acción, de refresco y palomitas, con una buena premisa argumental, la del autobús que tiene que rodar y rodar para no explotar, una apertura interesante y un cierre ajustado, tiempo para que flirteen los chicos sin grandes honduras, sin frases espectaculares, con diálogos que, en realidad, lo que vienen a hacer es hilvanar una escena de acción con la siguiente. Poca palabrería y mucha adrenalina, que es lo que se pide a estas películas. Y ahí, en el terreno de la adrenalina, Speed funciona muy bien, bastante mejor que otras cintas que, visto su éxito, trataron de imitarla.

El juguete, por cierto, admitió una imitación interina, es decir, una segunda parte, sólo que ya sin Keanu y con barco en lugar de bus, de nuevo con Sandra en la función. No fue lo mismo. De hecho, fue una porquería, por dejarnos de parches calientes. Lo del bus evitando el tráfico tenía gracia; lo del barquito fue una memez.

Aclarado esto, es interesante ver qué pasó con las carreras de nuestros cuatro amigos: el señor De Bont, al margen de parir la secuela, firmó un remake (The Haunting), una de Tomb Raider y poco más (produjo, al menos, Minority Report); el señor Hopper se dejó ver en Waterworld (!) y dio con sus huesos en peliculillas y series (al menos, salvó la honra en 24); la Bullock prolongó su momento de gloria con La red y acabó fundiéndose en papeles como el de la protagonista de Miss Agente Especial y su secuela (cierto: la vimos en Crash haciendo de pija racista); y en cuanto a Keanu… paseó por las nubes, fue abogado del diablo y, ante todo, encarnó a Neo en la saga de Matrix, siempre, pobre, con su cara de palo y sus escasitos recursos dramáticos.

Volviendo al objeto de este post: Speed, por sus dosis de acción, persecuciones y días salvados en el último segundo, es una digna merecedora de figurar en esta sección de cine palomitero.

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