La serie que no debes de ver si quieres volver a la oficina
Humor ácido, diálogos inteligentes, personajes geniales, tono de falso documental y capítulos tan cortos como una comida en el burguer. Todo ello condensado en una oficina. Sí, hemos visto The Office (versión estadounidense) y nos ha gustado.

Desde luego, merece la pena probar. Al menos la primera temporada: sólo seis capítulos que no llegan a la media hora de duración cada uno. En esas cápsulas del humor irreverente ya se observa todo lo que puede llegar a dar esta serie. Para empezar, The Office juega con un ambiente muy conocido por la mayoría: una oficina (una de verdad en la primera temporada, en la segunda ya es un decorado). En concreto, la oficina de Scranton (Pensilvania) de la compañía de papel ficticia Dunder Mifflin. Un lugar donde reina Michael Scott, el jefe de la oficina. Un “soplapelotas”(muchso entenderéis a qué me refiero) cuya misión vital es ser el centro de atención de todo lo que pase (excepto si las cosas se tuercen, claro). Un tipo llevado al límite de la excentricidad por Steve Carell (célebre cómico cuya última aparición en el cine ha sido para revivir al super agente 86), que no sé si para bien o para mal hace que su personaje a veces sea excesivamente cargante. Pero a pesar de tanto protagonismo, The Office es una serie coral que cuenta con personajes muy bien escritos y con subtramas que subyacen en el fondo sin visos de resolverse nunca (como suele pasar en las relaciones de trabajo en la vida real). Pero lo más importante es como recrea situaciones cotidianas vistas desde el hastio que un trabajo “de mierda” (perdón por la expresión) provoca en los personajes de la citada oficina. Secretaria, vendedores, personal de recursos humanos, máquinas de agua, hora de la comida, pelotas, becarios, seguros médicos, reducción de plantilla… Todo es tan patético como suena, pero quizás nunca lo hubieramos descubierto sin esta serie. Sí, se trata de una verdadera oficina. Y sí, podría ser la nuestra.
Por cierto, hay una versión inglesa anterior a esta que, dicen, también es excelente.
