Estrenos 6 de junio

by Pablo

Llega el verano y suben las temperaturas… pero no en las salas de los cines; los estrenos siguen más bien tibios, fríos en los peores casos; el cotarro no se acaba de animar, por más que lo intenten cintas como las que siguen:

-Ella es el partido: George Clooney, ese ídolo (esto, dicho sin segundas), se nos vuelve a poner detrás de las cámaras después de su estupenda Buenas noches y buena suerte (sí, ahora más recordada por algún presidente del gobierno con muy poquita gracia); cambia el registro y se pasa a la comedia de época, sin perder ese gusto por lo clásico, pero me temo que quedándose corto respecto a su anterior incursión en el asunto de la dirección; aquí vuelve a guardarse un papel para sí mismo, como vértice de un triángulo en el que “ella”, la ella del título, es Renée Zellweger… sí, la cansina intérrpete de El diario de Bridget Jones (bufff); el trasfondo, por cierto, va de fútbol americano; con todo, parece la mejor propuesta.

-Aritmética del corazón: pasta canadiense para un drama con Susan Sarandon, algo desaparecida últimamente, y Christopher Plummer; rollo “40 años después de la Segunda Guerra Mundial”.

-Encarnación: argentina, sobre una actriz venida a menos.

-Hanna Montana…: mejor ni escribir el título completo; una especie de documental siguiendo a dos petardas “cantantes” para adolescentes; huir como de la peste.

-Ellos robaron la picha de Hitler: en fin, el título lo dice todo; por encima, es española.

La serie que no debes de ver si quieres volver a la oficina

by Carlos

Humor ácido, diálogos inteligentes, personajes geniales, tono de falso documental y capítulos tan cortos como una comida en el burguer. Todo ello condensado en una oficina. Sí, hemos visto The Office (versión estadounidense) y nos ha gustado.

Desde luego, merece la pena probar. Al menos la primera temporada: sólo seis capítulos que no llegan a la media hora de duración cada uno. En esas cápsulas del humor irreverente ya se observa todo lo que puede llegar a dar esta serie. Para empezar, The Office juega con un ambiente muy conocido por la mayoría: una oficina (una de verdad en la primera temporada, en la segunda ya es un decorado). En concreto, la oficina de Scranton (Pensilvania) de la compañía de papel ficticia Dunder Mifflin. Un lugar donde reina Michael Scott, el jefe de la oficina. Un “soplapelotas”(muchso entenderéis a qué me refiero) cuya misión vital es ser el centro de atención de todo lo que pase (excepto si las cosas se tuercen, claro). Un tipo llevado al límite de la excentricidad por Steve Carell (célebre cómico cuya última aparición en el cine ha sido para revivir al super agente 86), que no sé si para bien o para mal hace que su personaje a veces sea excesivamente cargante. Pero a pesar de tanto protagonismo, The Office es una serie coral que cuenta con personajes muy bien escritos y con subtramas que subyacen en el fondo sin visos de resolverse nunca (como suele pasar en las relaciones de trabajo en la vida real). Pero lo más importante es como recrea situaciones cotidianas vistas desde el hastio que un trabajo “de mierda” (perdón por la expresión) provoca en los personajes de la citada oficina. Secretaria, vendedores, personal de recursos humanos, máquinas de agua, hora de la comida, pelotas, becarios, seguros médicos, reducción de plantilla… Todo es tan patético como suena, pero quizás nunca lo hubieramos descubierto sin esta serie. Sí, se trata de una verdadera oficina. Y sí, podría ser la nuestra.

Por cierto, hay una versión inglesa anterior a esta que, dicen, también es excelente.

Estrenos 30 de mayo

by Pablo

Por razones técnicas, llegan con retraso los estrenos del pasado viernes. Para aquellos que no se enteraron en su momento de cuáles eran las nuevas “películas” a visionar en las salas, o que ya se han olvidado, o que les apetece refrescar la memoria… en fin, para quien quiera leerlo, allá van (con el aviso de que tampoco se ha perdido gran cosa):

-The dead girl: uno de esos thrillers de historias que se entrecruzan con un leit-motiv central; sale gente como James Franco (Harry Osbourne en Spiderman), Toni Collette (la madre del Sexto sentido) y Rose Byrne (Briseida en Troya).

-La niebla: Frank Darabont, ninguneado su guión para Indy 4, adapta a Stephen King; terror por encima de la media.

-La ronda de noche: ¿funcionan las pelis sobre pintores?; normalmente, no; véase La joven de la perla; aquí es Rembrandt quien sirve de vehículo argumental a Peter Greenaway.

-La boda de mi novia: comedia mema con el “chico” de Anatomía de Grey, el ahora heart-breaker Patrick Dempsey.

-Fay Grim: dentro del perfil bajo de los estrenos del último fin de semana, una con trasfondo de la CIA… pero que nadie se espere un Bourne.

-Alexandra: drama checo que… ¿tendrá su público?; uf.

-Edificio Yacoubian: vaya, que el fin de semana se puso exótico, aquí con unas historias radicadas en El Cairo.

Disculpas por el retraso… aunque más se perdió en Cuba.

Speed

by Pablo

En 1994, Jan de Bont era un señor que no había dirigido una sola película; Keanu Reeves, un actor de 30 años con un papel secundario en Las amistades peligrosas y otro algo más relevante en la estupenda Drácula de F. F. Coppola (en ambas, anticipando ese rollo insulso que ha estropeado su carrera); Sandra Bullock, otra treintañera con poco más que Demolition Man a sus espaldas; y Dennis Hopper, un tipo próximo ya a la cincuentena que, sin llegar a despuntar en el grueso de su carrera, había estado a la altura en cintas tan inolvidables como Easy Rider y Apocalypse Now.

¿Qué cinta reunió a estos cuatro? Speed. ¿De qué va? De un malo muy malo, experto en poner bombas, al que Keanu frustra un plan (buen comienzo con la escena del ascensor) y decide vengarse por las bravas, endosándole una carga a un autobús que explotará en caso de que el cacharro baje de cierta velocidad. En ese autobús, una improbable heroína, el personaje de Sandra Bullock, al que ya se han asegurado de pintarnos como el terror de las auto-escuelas: sí, deberá encargarse ella de pilotar el bus mientras Keanu, luciendo trabajo de gimnasio, se afana por echar a pique el intento de volar el vehículo. El colofón, una bonita persecución.

Sí: puro cine de acción, de refresco y palomitas, con una buena premisa argumental, la del autobús que tiene que rodar y rodar para no explotar, una apertura interesante y un cierre ajustado, tiempo para que flirteen los chicos sin grandes honduras, sin frases espectaculares, con diálogos que, en realidad, lo que vienen a hacer es hilvanar una escena de acción con la siguiente. Poca palabrería y mucha adrenalina, que es lo que se pide a estas películas. Y ahí, en el terreno de la adrenalina, Speed funciona muy bien, bastante mejor que otras cintas que, visto su éxito, trataron de imitarla.

El juguete, por cierto, admitió una imitación interina, es decir, una segunda parte, sólo que ya sin Keanu y con barco en lugar de bus, de nuevo con Sandra en la función. No fue lo mismo. De hecho, fue una porquería, por dejarnos de parches calientes. Lo del bus evitando el tráfico tenía gracia; lo del barquito fue una memez.

Aclarado esto, es interesante ver qué pasó con las carreras de nuestros cuatro amigos: el señor De Bont, al margen de parir la secuela, firmó un remake (The Haunting), una de Tomb Raider y poco más (produjo, al menos, Minority Report); el señor Hopper se dejó ver en Waterworld (!) y dio con sus huesos en peliculillas y series (al menos, salvó la honra en 24); la Bullock prolongó su momento de gloria con La red y acabó fundiéndose en papeles como el de la protagonista de Miss Agente Especial y su secuela (cierto: la vimos en Crash haciendo de pija racista); y en cuanto a Keanu… paseó por las nubes, fue abogado del diablo y, ante todo, encarnó a Neo en la saga de Matrix, siempre, pobre, con su cara de palo y sus escasitos recursos dramáticos.

Volviendo al objeto de este post: Speed, por sus dosis de acción, persecuciones y días salvados en el último segundo, es una digna merecedora de figurar en esta sección de cine palomitero.

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