Archive for August, 2008

Estrenos 29 de agosto


31 Aug

Lo primero: pedir disculpas por la falta de cobertura de los últimos estrenos, que una vez rebasado el “efecto Batman”, poco dieron de sí (sin que esto sirva de excusa).

Solicitado el perdón, nos topamos con una serie de nuevos títulos, los últimos del mes y del verano (suspiro), que dejan un cierto regusto a más de lo mismo:

-Hellboy 2: la cinta más atractiva del pack; personalmente, sin considerarla una mala película, no acabé de encajar con la dinámica de la primera parte, así que ese recuerdo me condiciona a la hora de encarar la secuela; claro que, entre una y otra, Del Toro nos deslumbró con la maravillosa El laberinto del fauno, así que tiene el crédito más que ganado; dosis desbordantes de inventiva no van a faltar de la mano del mejicano, que de aquí pasa a rodar, ahí es nada, la versión de El Hobbit.

-Star Wars. The Clone Wars: no contento con pervertir la saga original, ahora el señor Lucas se marca una de dibujos animados; quién sabe, igual es una gran cinta… pero ya son ganas de seguir apretando la gallina de los huevos de oro.

-Hace mucho que te quiero: drama franco-alemán con el único gancho de ver a una actriz de la solvencia de Kristin Scott-Thomas.

-Bobby Z: Paul Walker, en su día fast and furious, se embarca ahora en un thriller sobre un granuja al que le cambia la vida al salir del trullo para hacerse pasar por un narco que, ¡oh, originalidad!, es clavadito a él; Lawrence Fishburne, apareciendo en “esto”, demuestra su caída libre desde Matrix.

-Lo visible y lo invisible: alemana, sobre una pareja de pintores… uff, pinta durilla.

-Los girasoles ciegos: la española de este fin de semana… ¡sorpresa, sobre la Guerra Civil!; salen Maribel Verdú y Javier Cámara.

Contracrítica: El caballero oscuro


20 Aug

Si escribo que el márketing ha alcanzado tal dimensión que es la base para el éxito de cualquier producto, no estoy descubriendo nada nuevo. Ahora bien: en casos como Batman: El caballero oscuro, corremos el riesgo de vernos fagocitados por ese márketing, repetir como un mantra “la mejor película del año”, “el film definitivo sobre super-héroes” y, citando a Ortega, no ver el bosque por culpa de los árboles.

El Caballero Oscuro es una buena película. Tiene un arranque excelente, sin ánimo de reventarlo, con esos aires de thriller más que de película de super-héroes que se extienden, y cómo se agradece, durante, digamos, la primera hora de película. Después declina. Ahí están las logradísimas escenas de acción, sí, pero todo se vuelve más fatigoso, más redundante, más previsible. El único que mantiene el tipo es Heath Ledger con su Joker. Las comparaciones son odiosas, tanto como inevitables: lo que de histrión tenía el personaje en manos de Jack Nicholson, lo gana en psicópata en las de Ledger, y esto, lisa y llanamente, se traduce en más creíble, más logrado y, digámoslo ya, mejor, mucho mejor. Ledger es tan bueno, al menos en esta película (ya lo había demostrado en Brokeback Mountain), que tiene un efecto no deseado por Nolan y compañía: en lugar de arrastrar al resto, los empequeñece. No tardamos en descubrir que Bale, buen actor, no va a deslumbrarnos ni con traje ni sin él; que Ekhart compone un H. Dent entusiasta que se desinfla cuando debe dar el paso definitivo y transmutarse en villano; que Oldman y Freeman son, más que nunca, meras comparsas (Caine se salva porque… es Caine); y, en fin, qué decir de la señorita Gylenhaal… que no da la talla se mire como se mire, ni como mujer-florero ni como vértice de un ¿triángulo? amoroso con las aristas demasiado romas; el problema, que no suene esto a lo que no debe sonar, es que no da la imagen de mujer por la que Batman y el fiscal del distrito se pelearían por conquistar.

¡Qué casualidad! Todas las buenas escenas, todas las buenas líneas de diálogo, todos los buenos momentos tienen a Joker en pantalla. Y viceversa: es desaparecer su rostro marcado de la pantalla y achicarse la función. Arrastra tal dependencia la película de su presencia que esto se acaba convirtiendo en un lastre excesivo.

Y ya que sacamos “lo excesivo” a colación: el metraje. A eso de la hora y media da la impresión de que hemos llegado al final. Pero no. El señor Nolan decide no tener bastante. Quiere más y que queramos más. Opta por la acumulación. Más pirotecnia, más drama, más heorísmo “de último segundo”. El dilema moral de los dos barcos es una especie de calco de otro dilema anterior al que se enfrenta Batman (¿a quién salvo?) Otros errores: ¿El Espantapájaros medio minuto en pantalla? ¿Un Dos Caras testimonial? ¿No demostró Spiderman 3 lo que ocurre cuando malgastas villanos?

Tres párrafos más tarde, daría la impresión de que El caballero oscuro no vale ni el precio de la entrada. Ni mucho menos. Es una buena película, repito. Pero no la gran película que han querido vendernos (el márketing). No nos dejemos obnubilar por el hecho de que en USA sea ya la segunda más vista después de Titanic y, en el mercado global, vaya a marcar un registro parecido. ¿La mejor de super-héroes de la historia? Sin ir más lejos, su predecesora, Batman Begins, podía ser más ingenua, más naif, pero ganaba en exotismo, en riqueza (el viaje iniciático del héroe), adolecía de villano, pero este, al menos, no menguaba al héroe. Y su Gotham era ese Gotham oscuro y no de rascacielos bajo el sol de la continuación.

Cuando las expectativas generadas son tantas, puede ocurrir esto: que se vean defraudadas; y con ser buena la película, el regusto, al salir del cine, sea de cierta decepción.

El Caballero Oscuro


20 Aug

Por fin, y después de una larga pero inteligente estrategia promocional, El Caballero Oscuro (The Dark Night, 2008 ) se deja ver en los cines para arrasar la taquilla de medio mundo. Si en Batman begins (2005) el director Christopher Nolan moldea al superhéroe más oscuro de cómic desde cero, sin dejarse influenciar por visiones góticas (vease Burton) o efectistas (Joel Schumacher) anteriores del personaje, en su continuación presenta otro retrato hiperrrealista de Gotham esta vez a través de sus villanos más conocidos: el Joker y Dos Caras.

Decir que Nolan cumple las expectativas es decir poco. El caballero oscuro trasciende la más o menos compleja intromisión en la mitología de un personaje de cómic (como podría ser Batman Begins), para convertirse en una reflexión descarnada sobre el más bajo instinto que tiene el ser humano (y a la vez el más útil): el de la supervivencia. Una reflexión vista desde dos ángulos: el racional del inspector James Gordon y desde la locura absoluta del Joker. En medio, dos esperanzas con métodos opuestos: Batman y el fiscal Harvey Dent. Dos personajes que bailarán continuamente alrededor de una dama pero cuyo destino tendrá dos finales muy distintos.

O estás conmigo o estás contra mí. En esta tesitura, todos los personajes, hasta los más secundarios, son imprescindibles.  No es arriesgado decir que en esta fiesta, Batman es sólo un invitado más. Un personaje que, como todos, esconde una doble moral que utiliza para sobrevivir. Nolan describe un infierno no sólo de muerte y destrucción, sino también espiritual. Y en ese camino de degradación no aparece nunca el heroismo, una curiosa cualidad para una película de superhéroes.

Lo que si aparece es la versión más realista, salvaje y espeluznante del Joker, de la mano del fallecido Heath Ledger. Si Jack Nicholson creó  un Joker malvado y sádico, pero excesivamente histriónico que funcionó a las mil maravillas en el Batman (1989) de Tim Burton, Ledger humaniza al personaje, lo vuelve real y, al mismo tiempo, aún más temible. Su caracterización es, sencillamente, increíble. Recuerda mucho al Brando de Apocalypse Now (1979) y soporta tranquilamente el peso argumental de la película. Y lo que es mejor, no empaña el resto de actuaciones, casi todas muy notables, empezando por el solvente Christian Bale, sin duda el mejor Batman de la historia del cine, Gary Oldman, que borda al comisario Gordon, los siempre perfectos Morgan Freeman y Michael Caine y Maggie Gyllenhaal, que sustituye a Katie Holmes. Una sorpresa agradable proviene del trabajo de Aaron Eckhart, que interpreta a Harvey Dent. Sorpresa porque los trabajos anteriores no presagiaban una actuación tan sobresaliente como la que se puede ver en esta película.

Nolan nos vuelve a ofrecer un Batman nunca visto hasta la fecha, algo imprescindible para tener éxito. Un Batman muy personal, muy humano y muy realista. Y sobre todo nos enseña cada poro de Gotham, una ciudad imaginaria imprescindible en el caballero oscuro. La realización es efectista, pero cercana, la acción es intensa y comedida y los efectos especiales no parecen efectos especiales. Con estos ingredientes, El caballero oscuro surge como uno de los trabajos cinematográficos más serios de la temporada.

Las últimas horas de Paul Newman


14 Aug
Paul Newman

Paul Newman

Paul Newman (1925) se muere. No es una frase a la ligera. El nueve veces nominado al Oscar y protagonista de clásicos como La gata sobre el tejado del Zinc (Richard Brooks, 1958), Éxodo (Otto Preminger,1960), El buscavidas (1961, Robert Rossen), el western Hud, el más salvaje entre mil (Martin Ritt, 1963), Cortina rasgada (Alfred Hitchcock, 1966), Harper, investigador privado (Jack Smight, 1966), la emotiva La leyenda del indomable (Stuart Rosenberg, 1967), Dos hombres y un destino (George Roy Hill, 1969), la inolvidable El golpe (George Roy Hill, 1973), la divertida El castañazo (George Roy Hill, 1977), El color del dinero (Martin Scorsese, 1986) o Camino a la perdición (Sam Mendes, 2002), entre muchas otras películas a lo largo de cincuenta años de carrera, le han diagnosticado cancer del pulmón. Y según todas las informaciones le quedan semanas de vida. Un rostro inolvidable que formó, junto a Robert Redford, una de las grandes parejas de la historia del cine, está a punto de desaparecer (ojalá nos equivoquemos), y desde este humilde blog queremos darle las gracias en vida por todo lo que nos ha hecho disfrutar.

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Estrenos 8 de agosto


12 Aug

¡Qué poquito queda para la nueva de Batman! Mañana mismo llega a los cines de nuestro país, envuelta en una expectación como no se recordaba desde hace mucho tiempo. Aún así, los estrenos del pasado fin de semana (disculpas por el retraso) tienen algo más de chicha que en otras ocasiones, cuando eran poco más que huesos pelados lo que nos arrojaban para mordisquear con desgana… Más allá de la poco afortunada metáfora, y a la espera del hombre-murciélago, he aquí lo nuevo en las salas:

-Wall-E: cuando se empieza a hablar (rumores, obviously) de Oscar a la Mejor Película, ojo, no de animación, sino película “a secas”, para la historia de este robot que se queda en la tierra más sólo que la una, es que Pixar y Disney se han puesto las pilas y lo han hecho realmente en serio; después de Ratatouilles y Hermanos Osos y otras cintas de “dibujos” que, personalmente, se me han quedado demasiado cortas (en cuanto a edad y calidad), las peripecias de este cacharro se antojan, por fin, una opción saludable para reconciliarse con el cine de animación, más allá de meter a los enanos un rato en la oscuridad de la sala.

-Venganza: los mejores años de Luc Besson ya han pasado, y si a alguien le quedaba algún resquicio de duda, baste comprobar que su último recurso pasa por imitarse a sí mismo, aunque sea desde la máquina de escribir, sirviéndole el guión a otro realizador; esta historia, la historia de un padre en busca de vendetta, bajo la excusa argumental de la hija desaparecida, suena demasiado a refrito para que podamos tomarlo demasiado en serio, más allá de algunas secuencias adrenalínicas; sale un Liam Neeson en horas muy, muy bajas.

-Aprendiz de caballero: reconozco que el señor Christensen, Hayden Christensen, se me atraganta como un huesecillo de pollo (vaya día con los huesos) desde que fue uno de los responsables de defenestrar la saga de Star Wars; vale que la culpa fuera de George Lucas, por todo en general, pero también por contratarle (él no iba a negarse, vaya); pero ahí me ha quedado ese poso que el soseras de H. C. no ha logrado borrar desde entonces; ahora se nos embarca en una revisión medio teen del cine de Medievo que, como ocurre a menudo, tiene como escaso aliciente observar las evoluciones del secundario malvado de turno, aquí un Tim Roth venido a menos que, Dios nos oiga, ojalá vuelva a ser el de Reservoir Dogs y Pulp Fiction.

-Cinturón rojo: si esta de artes marciales y leches como panes no la firmara David Mamet, es que no valdría ni el golpeteo de las teclas del ordenador.

-Gente poco corriente: una de esas de chico que se ve inmerso en un ambiente para él desconocido a base de pasta a espuertas, juerga y dudas morales; sale Donald Sutherland… y poquito más.

-Jirafas; Peregrinos: israelí y francesa, respectivamente, que no deberían obligar a nadie a pasar por taquilla, en mi humilde opinión.

Estrenos 1 de agosto


03 Aug

Estrenamos mes y poco más, tres películas que no pasarán a la historia; como suele ocurrir cuando se avecina una cinta rompedora, El caballero oscuro en este caso, se respira en el ambiente una especie de calma chicha; estas son las novedades:

-La momia: la tumba del Emperador Dragón: he aquí que una franquicia que parecía muerta tras una entretenida primera entrega y una infumable segunda parte se reactiva sin cambiar al héroe (Brendan Fraser), colocándole chica nueva (María Bello) y dándole toque renovado, a base de mudar el escenario de Egipto al Lejano Oriente, con incorporaciones ad hoc (Jet Li, Michelle Yeoh); es probable, y fácil, que supere a su predecesora, lo cual animará a más de uno a ir a pasar un rato de coca-cola y palomitas al cine.

-Hellion, el ángel caído: vale La Profecía (la original) era tan buena que dan ganas de copiar su rollo de niño diabólico, ¿pero a costa de perder la dignidad haciendo un bodrio?

-Dejad de quererme: francesa, drama, cuota europea.

Terminator


02 Aug

Con la cuarta entrega a punto de caramelo, y Christian Bale, a.k.a. Batman, el ”Hombre-Franquicia”, al frente de la nueva función, es un buen momento para echar la vista atrás y posarla en el año 1984, cuando Terminator (The Terminator) sacudió el género de la ciencia-ficción con una historia de androides, humanos peleados con máquinas, viajes en el tiempo y bastante violencia.

Hoy, con los ojos de 2008, y más de 20 años de salto temporal, ciertas escenas, ciertos efectos especiales… chirrían, por emplear un término lo más suave posible, pero dándole la vuelta a la tortilla, otros momentos te dejan con la boca abierta al constatar que, ya por aquel entonces, se hacían auténticas virguerías con ordenadores que, en nuestros días, no querríamos ni para criar polvo en el trastero. Claro: tras los efectos propios del cyborg estaba un genio como Stan Winston (descanse en paz) que para sí quisieran cintas posteriores.

Secundada por una buena primera secuela, y mancillada por una subsiguiente a la que no mencionaremos por no escribir palabras malsonantes, Terminator tiene la virtud, salvando esos pequeños escollos de F/X, de seguir poniendo los pelos de punta con la recreación de una máquina de matar perfecta embutida en los rasgos de ese culturista austríaco llamado Arnold Schwarzenegger, en un papel que parece diseñado a su exacta medida (probablemente, a la altura de Conan, en una dura pugna). Junto a él, dos actores sin apenas proyección posterior: Linda Hamilton como la chica, y menuda chica (por lo de aguerrida), y Michael Biehn como el chico; ambos se marcan un buen tándem y no defraudan.

Con un guión bien ensamblado, obra del después muy famoso James Cameron gracias a Titanic, que es también quien dirige aquí, en el que van encajando gradual e inteligentemente las piezas del puzzle para que cobre sentido lo que al principio cuesta asimilar, en el que brilla la acción, pero no desmerecen abundantes líneas de diálogo, estamos ante un buen, gran ejemplo de Sci-Fi entretenida sin necesidad de insultar a nuestros coeficientes; basta compararla con su más clara rival, Robocop, parida tres años después, en 1987, y carente del peso específico de la película de Cameron.

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.