Tobey Maguire y Sam Raimi, juntos de nuevo en Spiderman 4

by Carlos

Eso al menos dice en exclusiva Nikki Finkes’s Dead Hollywood Daily. Al parecer Sony ya ha firmado con ellos la cuarta parte de la saga. Una buena noticia para todos aquellos que piensen que director y actor son indispensables en una película del ilustre arácnido. Al menos por ahora.

¿Y Kirsten Dunst? Pues ella aún no ha firmado, pero ni se plantea la idea de que Mary Jane Watson no aparezca en la película. ¿Tendremos otro caso Katie Holmes? Esperemos que no.

Por cierto, la película no la podremos ver hasta 2011.

Testigo de cargo

by Carlos

Si Billy Wilder fuera Dios, como asegura Fernando Trueba, se podría decir que El Crepúsculo de los dioses es su Universo, El apartamento la vida y Testigo de cargo (Witness for the prosecution, 1957) una broma divina. Sólo así puede catalogarse un film que parece realizado para el simple entretenimiento de director y actores, y que sin embargo roza la perfección con una historia tan simple como magistralmente elaborada.

Todo comienza cuando Sir Wilfrid Robarts, un despiadado abogado al que da vida Charles Laughton en uno de los mejores papeles de su vida, vuelve al trabajo después de una enfermedad que casi le cuesta la vida. Pero no vuelve solo. Le acompaña una sobreprotectora enfermera que no para de acosarle para que deje sus malos hábitos de vida. De esta pareja serán los diálogos más memorables de la película, y sus peleas se mantendrán a pesar de que Wilfrid acepte el caso de Leonard (Tyrone Power), un hombre bonachón al que acusan del asesinato de una viuda. Todo se complica cuando la mujer de Leonard, Christine Helm (Marlene Dietrich), la única que puede demostrar su coartada, decide testificar contra él.

Una película de juicios que recuerda en muchos momentos al cine de Hitchcock, en concreto a la gran Yo confieso (I confess, 1953), y que además está basada en una obra teatral de Agatha Christie, por lo que la carga de humor inglés es considerable. No parece terreno abonado para Wilder, austriaco de origen cuyas mejores obras siempre ha escrito él. Pero una puesta de escena inmejorable y un montaje muy eficaz, unido a las grandes actuaciones de Laughton (nominado al Oscar), Power y Dietrich, hacen de esta película un clásico del cine que siempre mantendrá la frescura del día de su estreno.

Como única pega, quizás el inesperado final es largo y algo rebuscado, pero a ver quién critica al mejor guionista de la historia del cine. Yo, desde luego, no.