No me apetece tirar de estadísticas y hablar de otras películas que, como El curioso caso…, llegaron a los Oscars inflados de candidaturas y se marcharon prácticamente de vacío. Tampoco marcarme una reflexión sobre el poder de la imaginación frente a los grandes presupuestos. Sólo hay una verdad palpable: las 8 estatuillas de Slumdog Millionaire frente a las 3 de El curioso caso… A partir de ahí, prácticamente sobran los comentarios. Y, aún así, cuesta no preguntarse si la ganadora es realmente tan buena, y si la otra merecía semejante humillación… Claro, siempre que escribamos desde el cinismo, desde la convicción de que esta “gala” no es otra cosa que un pasteleo muy bien manufacturado bajo falsas premisas de ecuanimidad.
Suficiente. Aburre diseccionar unos Oscars a base del binomio vencedores/vencidos. Hay cosas de por sí suficientemente llamativas. Empezando por el premio para Penélope; ella misma, en su fuero interno, debe seguir pellizcándose, y no tanto por una cuestión de méritos o deméritos, sino por haber triunfado con un papel de española racial en una película menor de Woody Allen sin mayor trascendencia en el resto de categorías. Para hacerlo mirar.
Kate Winslet también hace buenos los pronósticos, como Heath Ledger, y por eso la cuota sorpresiva le corresponde a Sean Penn, que sin hacer ruido este 08-09 tiene ya dos figuritas doradas, la anterior por Mystic River, y ambas en la categoría reina. Ni redención para Rourke ni respeto para Pitt.
Ni Oscar para Vals con Bashir. La japonesa Okuribito sólo había recibidio galardones en su país… C’est la vie!
El poso final que deja la ceremonia es de no poca intrascendencia. No parece una cosecha llamada a hacer historia, ni mucho menos. Es la tendencia de los últimos tiempos. Ya no es sólo que las cinco candidatas a mejor película no pasen, en los mejores casos, de filmes notables. Es que el resto no merecen (casi) ni la molestia de un visionado superficial.
Sobre la quiniela de este blog, con sólo 9 aciertos… pues mediocre también, para qué engañarse.




