Toda la verdad sobre la rabieta de Stallone: 'The Expendables'

by Carlos

Ya tocaba hablar en este blog de The Expendables, el nuevo proyecto de Sylvester Stallone que tanto está dando que hablar en Internet. ¿Y por qué tanta expectación?, se preguntarán algunos…

El origen. Año 2006. Tarantino comienza a elaborar el casting de su película Inglorious Basterds (que se estrena en España en próximo 21 de agosto) y piensa en Stallone para el papel de Aldo Raine, el líder de un comando suicida en plena II Guerra Mundial. El propio Stallone afirmó en Ain’t It Cool News que Tarantino ya había requerido sus servicios para Grindhouse (2007), y que él aceptaría cualquier papel en su nueva película. Al parecer, la intención del director de Kill Bill era hacer un film bélico al estilo de Doce en el patíbulo (The Dirty Dozen, 1967), que reuniera a los actores más representativos del cine de acción de los 80. Finalmente, como ya es conocido, Tarantino eligió a Brad Pitt para el papel.

La rabieta. Stallone se sintió herido en su orgullo. ¿Quién era Tarantino para dejar en la cuneta al potro italiano? Si alguien debía comandar un escuadron suicida era él, que se pasó los años 80 matando charlies sin ayuda de nadie. Ni corto ni perezoso, se propuso recuperar la primitiva idea de reunir, en una sola película, a los actores de acción más taquilleros de la historia del cine. Una película que, por supuesto, escribiría, dirigiría y protagonizaría (¡chúpate esa, Tarantino!). Sólo tenía que dar con un título a la altura de las circustancias, y realmente lo encontró: The Expendables (los prescindibles, en español). Después de tantos Rockys, resulta de a Stallone lo que le gustan son las in-directas (chiste pugilistico de cosecha propia).

El argumento. Afirma Jean Claude Van Damme que rechazó participar en The Expendables porque Stallone no le supo decir de qué iba la película, sólo que las peleas iban a estar muy bien. Pues claro. El objetivo es hacer un homenaje a las películas de acción que marcaron una época. ¿Alguien recuerda de qué iba Contacto sangriento (Bloodsport, 1988)? No, pero sí de la patada voladora giratoria de Van Damme. ¿Acaso detrás de Doble Impacto (Double Impact, 1991) había un guionista? No, había un experto en marketing que pensó (acertadamente): “si tanta gente va a ver a Van Damm al cine, en una una peli donde haga dos papeles… ¡doblaremos los resultados de taquilla!”  Porque sí, amigo Van Damm, nadie os ha ido a ver nunca por vuestras historias, ni por vuestras actuaciones, lo que cuentan son los músculos. Lo único que hay que saber es que The Expendables cuenta la historia de un grupo de mercenarios con la misión de derrocar a un dictador sudamericano. Y el resto son peleas.

Los que están (y se lo merecen). El casting de The Expendables está dando mucho que hablar. Y es que Stallone se está esmerando en reunir a los más grandes entre los grandes, a pesar de negativas como la de Van Damm. Atención al reparto confirmado:

  • Arnold Schwarzenegger: junto a Stallone, la gran superestrella del cine de acción de los 80-90, con clásicos del género como Terminator (1984), Comando (Commando, 1985) o Depredador (Predator, 1987). Muchos aficionados soñaban con verlos juntos y esta película hará sus sueños realidad. Eso sí, el gobernador de California hará una breve aparición interpretándose a sí mismo.
  • Dolph Lundgren: el actor sueco de 52 años se hizo famoso gracias a Rocky IV, donde interpretaba al sobrecogedor boxeador soviético Iván Drago. Después vendrían Masters del Universo (1987) y Soldado Universal (1992), sus películas más recordadas. Será bonito ver a Sly a Lundgren otra vez juntos compartiendo plano… y leches.
  • Mickey Rourke: otro clásico de los 80, aunque no del género de acción, y que como Stallone disfruta ahora de una segunda luna de miel en la taquilla. Sex-symbol por Siete semanas y media (Nine 1/2 Weeks, 1986), se paso a la lucha libre y el resultado fue una cara de berengena que sin duda usará Stallone para dar miedito. A destacar su papel en The Wrestler (2008), por el que fue nominado al Oscar.
  • Jet Li: no es Bruce Lee, tampoco Jackie Chan, pero también es un mito del kung fu en China. Su trilogía shaolin (El templo de Shaolin,1983; Los herederos de Shaolin, 1984; y Las Artes Marciales de Shaolin, 1985) y su salto a Hollywood en los 90 (participó en Arma Letal 4)  lo convierten en una apuesta segura de Sly.
  • Sylvester Stallone: quién si no iba a estar comandando esta troupe de músculos que el hombre que dio sentido a la frase “no siento las piernas”. La superestrella por excelencia del cine de acción, el único actor, junto a Charlie Chaplin, en ser nominado al Oscar al mejor actor y mejor guión por una misma película (Rocky, 1976), sabe lo que tiene entre manos. En 1995 se convirtió en el actor mejor pagado del mundo (20 millones de dólares por película) gracias a megataquillazos como Cobra (1986), Encerrado (Lock Up, 1989), Máximo Riesgo (Cliffhanger, 1993) o Tango y Cash (1989). Y sigue teniendo tirón, de eso no hay duda.

Los que no están (y también se lo merecen). Además de Van Damm (él se lo pierde), otros ilustres del género de los mamporros deberían figurar en la película. Como poco Bruce Willis (La jungla de cristal, El último boy scout, Armaggedon), que a pesar de ser socio de Stallone en su franquicia de restaurantes no tenemos constancia de que le hayan pedido participar. Otro que se lo merece, pero que ha dicho que no, es Kurt Rusell, que compartió protagonismo con Stallone en la divertida Tango y Cash. Y apurando un poco, ¿no sería genial un cameo de Terence Hill y Bud Spencer? Entonces sí que sería una película redonda.

Enviar a Menéame

Impulso criminal

by Pablo

compulsion2

En 1924, dos jóvenes estudiantes de Chicago (Nathan Leopold y Richard Loeb), de familia bien, superdotados, brillantes, llevaron demasiado lejos el dictado nietzscheano del superhombre: secuestraron a un niño, lo asesinaron y pidieron un rescate a la familia. Querían ejecutar el crimen perfecto. El caso conmocionó a la sociedad de la época… tal vez, hoy, no habría pasado de un titular. El mejor medidor de su impacto es que dio lugar a dos películas. Una es una pequeña joya de Alfred Hitchcock: La soga. Pero aquí nos ocuparemos de la otra: Impulso criminal (Compulsion, 1959).

Al igual que ocurría en la cinta del genio del suspense, y acorde con la época, se suavizan las aristas más polémicas. La muestra más clara, y 50 años después menos comprensible, es la sexualidad de los dos protagonistas. En 2009 es complicado no escuchar frases como “se comportan de un modo raro” y no esbozar una sonrisa. La relación entre Steiner y Strauss va, sin embargo, mucho más allá de su atracción mutua. Entre ambos se genera una dependencia morbosa, insana, llevada al extremo de un crimen disfrazado de motivaciones filosóficas. Arthur es quien dirige; Judd, quien obedece. El primero se enfurece ante los constantes fallos del segundo, se regodea en un tira y afloja sádico en el que retira y devuelve su amistad y protección al otro en función de los avances de la investigación policial. El doble interrogatorio prende la mecha definitiva que detona su relación.

Dando vida a los asesinos, dos actores jóvenes y prometedores que se llevaron, ex aequo, la Palma de Oro en Cannes. Como el manipulador Arthur, Bradford Dillman, que venía de deslumbrar en su estreno en Broadway y en Hollwyood, con Globo de Oro incluido a mejor debutante. Aquí compone un personaje sublime, desbordante, excesivo, que llega a poner los pelos de punta en escenas como esa inolvidable en la que finge hablar con un oso de peluche sólo para contrariar a su amigo. Cosas de la vida, Dillman tendría después una carrera totalmente obviable… La réplica se la da Dean Stockwell, cuyo introvertido, frágil, atormentado y aficionado a los pájaros asesino inmediatamente se asocia al mucho más mítico Norman Bates de (otra vez) Alfred Hitchcock y la genial Psicosis. Sin convertirse ni mucho menos en una estrella, Stockwell sí ha llevado una carrera más digna que Dillman. Obtuvo una segunda Palma de Oro, también compartida, y ya en su etapa madura, incluso estuvo nominado al Oscar como mejor secundario por su papel en… Casada con la mafia; sí, nadie es perfecto.

Sobre ellos gravita el peso de la función… hasta que irrumpe Orson Welles, que, anunciado en los títulos de crédito, demora su aparición misteriosamente. Welles, 18 años después de Ciudadano Kane, era ya ese personaje orondo y malencarado que, aquí, recuerda en parte, aunque sólo en apariencia, al policía corrupto de Sed de mal que había interpretado un año antes de Impulso criminal. Nada que ver, el personaje, con este abogado contrario a la pena de muerte, totalmente inspirado en el personaje real, que se marca un larguísimo alegato al final del juicio correspondiente en la que es su intervención fundamental (antes destila genialidad en breves intervenciones).

Dirige la función Richard Fleischer, cuya trayectoria apenas ha tenido reconocimiento, más allá de un Oscar… a mejor documental. Y, sin embargo, en su CV destacan películas más que interesantes: otro thriller, El estrangulador de Boston; una de sci-fi apocalíptica/denuncia en clave precursora, Soylent Green; y una sobre la mafia, también crepuscular: El Don ha muerto. Por Impulso criminal estuvo nominado a la Palma de Oro.

En conjunto, estamos ante una película que, para el espectador actual, resultará demasiado lenta como thriller. La introspección psicológica se impone a la acción. La tensión, más que aflorar, subyace. Debe leerse entre líneas. Es de esas cintas tal vez poco agradecidas que exigen cierto esfuerzo en el visionado; que, por decirlo así, no se dejan saborear sin más: hay que hincarle el diente y roer un poco. Pero vale la pena.

Enviar a Menéame

Estrenos 3 de abril

by Pablo

Si midiéramos la temperatura de la cartelera, nos saldría tirando a tibia. Aún así, peor cosas hemos tenido que echarnos a la boca:

-Monstruos contra alienígenas: o la apuesta segura de Píxar; arrasará, sin la menor duda; la premisa tampoco es para volverse locos: nos atacan los marcianos y el gobierno pide ayuda a los monstruos… pero esto no impedirá que guste a pequeños, medianos y, para qué engañarse, mayores.

-La lista: thriller con buena pinta que se adentra en el mundillo de la noche más selecta con un trasfondo inesperado; un gancho: parte de la trama ocurre en Madrid; las pegas: dirige un debutante y actúan Hugh Jackman (tal vez el tío más sexy, pero en absoluto el mejor actor) y Ewan McGregor (otro en caída libre).

-La duquesa: Kiera Knightley debería hacérselo mirar, porque siendo tan joven como es, empieza a oler a encasillamiento este afán suyo (o de su representante) por embarcarse en dramas de época; visto por el lado bueno, acabará siendo imposible que se haga una película de este tipo y no salga ella… sería como un western sin John Wayne.

-Fast & Furious. Aún más rápido: y aún más cansinos; la ¡cuarta! entrega de la saga con más caballos (en el motor, se entiende) y más decibelios y más persecuciones, se reinventa (esto es bastante decir) a base de recurrir al cast de la entrega original, la única que tuvo un pelín de gracia, por aquello de abrir senda en el mundo del tuneo y las carreras ilegales de coches.

-Pack español infumable: La buena vida; La casa de mi padre.