Archive for May, 2009

Fuga de cerebros


30 May

Entré al cine a ver esta película creyendo, por culpa del título, que se trataba de un documental sobre el declive imaginativo del cine español. Craso error. Resulta que lo de “fuga de cerebros” alude al sacrificio incuestionable que tuvieron que hacer los guionistas de esta película antes de comenzar a escribir.

Con Fuga de cerebros (2009), que supone el debut del director Fernando González Molina, estamos ante lo que muchos críticos denominan comedia gamberra, y mencionan siempre al film Porky´s (1982) como la inspiración gamberril por excelencia, como si echar las culpas a los americanos justificara en algo que se invierta dinero (y subvenciones) en semejante basura. Realmente, el único gamberro es el que usa ese término para definir productos como éste. Comedias gamberras pueden ser Con faldas y a lo loco (Some like it hot, 1959), La princesa prometida (The princess bride, 1987), Acción mutante (1993) o Bubba Ho-Tep (2002), por poner cuatro ejemplos de comedias en géneros radicalmente diferentes y así, al menos, aprovechar este post para algo útil. O Teen Wolf (1985), si entramos en el subgénero adolescente. Es decir, comedias que de verdad dan la vuelta a los cliches y convencionalismos de manera irreverente.

Fuga de cerebros, sin embargo, es tan convencional, que hasta los múltiples actores del mundo televisivo que aparecen se dedican a hacer lo mismo que en sus respectivas series. Y para eso les pagan, claro. Ya saben, los de siempre, como Alex Angulo, Loles León, Antonio Resines, José Luis Gil, el chiquilicuatre… y después una representación de las series más vistas: El internado, Los hombres de Paco, Aida, Sin tetas no hay paraíso… Al menos se puede jugar al “quién es quién” para olvidarte de los euros perdidos con la entrada. Porque con la excusa de juntar a los “talentos” viejos y nuevos de la pequeña pantalla, han parido una película que, de tan mala, seguro que gana algún Goya.

Abro aquí un paréntesis para elogiar el trabajo de los dos únicos actores que hacen que eso que les dan escrito y que deben aprenderse para hacer ante la cámara (a ellos les dijeron que se llamaba guión), resulte medianamente divertido. Uno es el protagonista, Mario Casas, que realmente resulta cómico en su papel de chico apocado y metepatas que intenta salir con la chica del instituto de la que lleva toda la vida enamorado (de eso va la película, básicamente). El otro es Alberto Amarilla, que hace de un ciego que intenta hacer las mismas cosas que los demás, y que tiene las escenas más divertidas de la película. El ciego es uno de los amigos que ayuda al protagonista a llevarse a la chica, el resto son un gitano traficante de drogas, una persona en silla de ruedas que va por la vida metiendo descargas eléctricas, y un guaperas con la única obsesión de llenar una garrafa con su esperma. Tremendo.

Por lo demás, la película adolece incluso de un montaje en condiciones. Fernando González Molina, que anteriormente había dirigido episodios de Los hombres de Paco, se olvida que en el cine no hay pausas publicitarias, por lo que no esperen muchos planos de transición entre escena y escena. Por ver algo en positivo, la recreación de Oxford (allí acaban los sufridos personajes en busca de la chica) da bastante el pego, no así la estación de tren final, que se nota que es de RENFE de todas, todas.

Por cierto, la película incluye una escena de sexo entre Mario Casas y la chica en cuestión, interpretada por Amaia Salamanca, tan gratuita como subida de tono. Es decir, que el cámara sólo enfocaba a las tetas. Y eso que la escena está metida con calzador. Como el resto de la película, a decir verdad.

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Héroes: 2ª temporada vs. 3ª temporada


29 May

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Dejábamos el primer post dedicado a esta serie cantando las alabanzas de su primera temporada. Lamentablemente, el castillo que había levantado Tim Kring a lo largo de 23 capítulos memorables se vino abajo, como si estuviera hecho de naipes, en tan sólo 11 episodios. En realidad, en menos, porque ya desde los primeros compases de la segunda temporada se vio que aquello no funcionaba, que algo no marchaba, que la subtrama japonesa era una absoluta tontería; que los nuevos personajes no aportaban nada al estupendo elenco inicial; que aquella frescura se había perdido dando paso a un producto previsible que avanzaba por vericuetos que hacían muy poco por mantener alto el pulso vital de la serie.

Habrá quien ponga como excusa el lastre de la huelga de los guionistas, ese final anticipado (11 capítulos frente a los 20-22 habituales en USA), pero el problema era de fondo. La sensación, por resumirla en una frase: la gallina ya no daba huevos, ni de oro ni convencionales, y todo lo que se hacía era exprimir un chicle insípido. Ya lo dijimos aquí, hablando de Twin Peaks.

En estas llegó la tercera temporada, concluida ya en Estados Unidos. 25 capítulos, ahí es nada, repartidos en el Volumen 3 (13) y el Volumen 4 (12). Al comienzo, sensaciones encontradas. Una vez más, un arranque falto de brío y la sensación de estar ante más de lo mismo, hasta que la trama se va entonando, no sin ciertos bandazos (desaparecen o se reduce la presencia de los pésimos fichajes de la segunda temporada, aunque no convencen los enrolados en esta tercera), pero cuando la cháchara vana da paso a la acción puramente adrenalínica, uno hasta cree ver rastros, indicios de la magnífica temporada uno.

El ecuador, marcado por varios sucesos relevantes que no destriparemos, no le sienta bien a la serie. Un nuevo salto temporal, otra reubicación, otro “vamos a cambiar los cromos y a mezclarlos de otra manera”, sumados al enésimo fichaje fallido (el malo que no es villano pero desearías que acabara muerto), hacen que la trama entre en una espiral en la que se suceden los capítulos donde nada ocurre, donde unos y otros se dedican a hablar y hablar sin verdadero contenido, como aguardando la traca final.

Si en el volumen 2 el leit motiv era “volvamos a salvar el mundo”, en el 3 pasa a ser “la reaparición del super-villano” y en el 4, “salvémonos a nosotros mismos de los que no tienen poderes”, de tal forma que la tercera temporada oscila de la nueva amenaza del enésimo malo-malísimo a un remedo de Guantánamo pero sin terroristas islamistas. La sensación global/definitiva remite a la triste segunda temporada: se puede reubicar a las personajes, urdir extrañas o inverosímiles alianzas/enfrentamientos, indagar en el pasado, viajar incluso al futuro, quitar poderes, devolvérselos, modificarlos, incluso sacarse de la manga cambios de identidad difíciles de tragar… pero el resultado no se sostiene frente a la temporada primigénea.

Es la desgracia de haber parido en un primer momento algo tan bueno y redondo: todo lo que viene a continuación es un pálido reflejo.

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Almodóvar y El País: crónica de un desencuentro


27 May

A gusto. Así se ha quedado Pedro Almodóvar en su blog dejando en evidencia el trabajo informativo que el crítico Carlos Boyero y el redactor-jefe de Cultura del diario El País, Borja Hermoso, han realizado de la participación de Los abrazos rotos en la sección oficial del Festival de Cannes.

Carlos Boyero, crítico de cine de El País.

Las críticas de Almodóvar, que incluso llegó  a llamar al director del periódico, vinieron motivadas por un video del crítico de cine en la que argumentaba su decisión de no acudir a la proyección de Los abrazos rotos en Cannes con las siguientes palabras: “como entre mis problemas no está el del masoquismo, yo ya la vi en España y no quiero volver a pasar dos horas horrorosas”. Para Almodóvar esto no es sino una muestra de la falta de profesionalidad de Boyero: “A mí me importa un comino si Boyero es o no masoquista, si tiene un testículo o cuatro, o la marca de crema hidratante que utiliza. Ya que le pagan para que informe de las películas que compiten en el festival (aunque haya visto alguna antes, no puede conocer la reacción de la prensa si no asiste a la proyección), el hecho de no ser masoquista no debería eximirle de esta obligación”, escribe el director manchego en su blog.

Además de las palabras Boyero, una entrada en el blog de Borja Hermoso en ElPaís.com, James Blog, titulada Almodovar, Francia, España, fueron el detonante que impulsó la reacción de Amodóvar. En dicho post, Hermoso recogía tres críticas negativas hacia Los abrazos rotos por parte de los periódicos Le Monde, Le Figaro y Libération, debajo de la siguiente afirmación del director en Cannes: “En Francia se me entiende mejor que en España, me trata mejor el público, y también la prensa, porque escribe sobre mí con menos prejuicios que la española”. Para Almodóvar, no es más que un ejercicio de manipulación del periodista: “Hermoso sí asistió a la proyección de prensa, donde no sólo no hubo un silencio aterrador, sino aplausos al final, algo que en estas proyecciones suele ser excepcional. Malmetió cuando atendí a los medios españoles con lo de “En Francia me tratan mejor que en España, etc,” Pasó de comprar en los kioskos, o si las compró no las mencionó porque eran positivas, las críticas de Studio CineLive, Premiere, Télérama, Le Nouvel Observateur, L’Express, Les Inrockuptibles, etc… y se dedicó a entresacar la crítica de Le Monde que en efecto es negativa, y la de Le Figaró, que también. Y tuvo que hacer un trabajo de pasamanería para que la de Libération resultara una mala crítica, porque no lo es, si se la lee hasta el final…”.

Por supuesto, la polémica no acabó ahí, porque el pasado 23 de mayo Hermoso le contestó desde su blog: “No me pasa absolutamente nada con Pedro Almodóvar. Para empezar, es imposible que a una pulga perdida en el espacio le pase algo con el gran hacedor del universo. Y sí: escribí aquella carta abierta en elmundo.es, donde decía que me parecía un director sobrevalorado. También escribí una segunda carta, poco después, en la que confesaba mi absoluta rendición ante una película como ‘Volver’. Hay tres películas de Almodóvar que me fascinan, por este orden de más a menos: ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, Mujeres al borde de un ataque de nervios y Volver. Dos que me gustan bastante: Átame y Todo sobre mi madre. El resto de su obra me parece inenarrable. Yo, pecador, me confieso…” Y continuaba explicando el porqué de su polémico post:  “Y si esto es un blog y yo corto y pego las tres críticas de los tres principales diarios franceses, pues ya está. Las leí en el avión de vuelta de Cannes y las reproduje. ¿Por qué iba a tener que reproducir más? ¿es que en algún momento del post dije que aquello era “un resumen” de lo que la prensa cinematográfica francesa había dicho de Los abrazos rotos?. Pues no, claro. Me pareció muy representativo que ‘Le Monde’, casi siempre afín a la obra de Almodóvar, le sacudiera así. Y sí, lo confieso: ya me harta eso de que en España no se le entiende y fuera de España sí. Qué coñazo, de verdad. Y si gana la Palma de Oro, pues no me alegraré por mí, pero sí por él”.

¿Y qué dice Boyero de todo esto? Que sepamos, aún nada, pero con él por medio nunca se sabe…

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Entourage


23 May

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¿Una serie basada en la vida de Mark Wahlberg? ¿En sus primeros pasos en Hollwood? ¿En las juergas que se pegaba con su inseparable grupo de colegas? ¿Y que no sólo no es buena, sino incluso muy buena? Increíble pero cierto.

Estrenada en 2004, su título Entourage, traducido aquí como El séquito, hace referencia precisamente a ese indescriptible, inclasificable grupo de amigos que viven por, para y de la estrella de turno. Había un problema: el pasado criminal, sí, como suena, de Wahlberg y sus colegas; nada que no pueda solucionar la magia de Hollywood, que suavizó esas aristas, se permitió la licencia de cambiar el origen de la banda (de Boston a Queens, NYC) y respetó el resto: es decir, la tronchante way of life de unos recién llegados a la meca del cine que, cuando no están de fiesta en la mansión de Jessica Alba, se pasan por un concesionario a comprar el coche más caro, lanzan bolas de golf a sus famosos vecinos, se fuman la poca hierba que llega a Los Ángeles por culpa de la sequía… y muy de vez en cuando, se leen algún que otro guión y ruedan una película.

Entourage acierta enormemente al introducirnos de lleno en este mundillo desde el primer minuto: nada de mostrar sus andanzas en Queens, cuando todavía nadie les conoce; mucho mejor la solución de conocer su pasado a través de referencias, conversaciones. La trama echa a rodar enseguida, abriéndonos de par en la par la puerta de ese chalet donde conviven Vincent Chase (Adrian Grenier, es decir, el remedo de Wahlberg); su mejor amigo y representante, Eric (Kevin Connolly, representando al también mejor amigo y representante de Wahlberg); el hermano, chef y entrenador de la estrella, Johnny “Drama” Chase (Kevin Dillon, en un papel inspirado en el primo de Wahlberg); y el chófer Tortuga (Burro en la vida real, interpretado por Jerry Ferrara). Un grupo impagablemente frívolo, salido de madre, desde la estrella despreocupada al hermano fracasado, pasando por el sufrido mejor colega/mánager y el descerebrado inútil.

Punto y aparte merece el personaje de Johnny Drama: como suele decirse, Kevin Dillon roba totalmente el show como el actor de segunda fila que ha visto pasar sus mejores años y trata ahora de vivir a costa de su emergente hermano menor; Dillon consigue hacer oscilar a Drama del patetismo a la humillación pasando por fugaces momentos de pequeña gloria personal; es el contrapunto gris a la brillante irrupión de Vincent, el recordatorio de que Hollywood es un sumidero por el que se marchan las ilusiones de miles de aspirantes a ser el nuevo rompe-taquillas. Y nadie mejor que Kevin Dillon, hermano a su vez de Matt Dillon, para meterse en la piel de Drama…

Lástima para él y lujo para nosotros que alguien más se dedique a robar escenas: Jeremy Piven como el desquiciado, magnético, absorbente, hiperactivo y sencillamente brutal agente de Vincent, Ari Gold. Tres Emmy y un Globo de Oro son sólo una muestra de cómo Piven construye, desde un teórico secundario, a un personaje imprescindible. Ari es tan Hollywood como Vincent: él es el otro lado, el empresarial, el de las negociaciones, el móvil 24 horas pegado a la oreja, los tiras y aflojas, las cenas con directores, productores, el mover hilos, mentir si es necesario, mimar a la estrella y hacer la vida imposible al mánager… Un regalo que Piven no ha desaprovechado.

La serie arranca en el momento en que la nueva estrella está de estreno con una cinta de acción, Head On. A partir de este punto, llega lo duro: crecer en la industria, encontrar nuevos proyectos, optar por lo comercial o lo independiente… Para los que les gusta el cine, todo un regalo. Y, por encima, contado con gracia, con estupendos guiones, capítulos con el metraje justo (25-30′), protagonismo repartido entre el cast, estrellas invitadas (sólo en la primera temporada, Jessica Alba y Scarlett Johanson haciendo de sí mismas; Val Kilmer casi irreconocible) y argumentos que van de lo absurdo a lo hilarante.

En una palabra: Hollywood.

[En el momento de publicar este post, se han emitido ya 5 temporadas en Estados Unidos, y se prepara el lanzamiento de la sexta para este mes de julio. En España la ha emitido La Sexta a horas intempestivas.]

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Estrenos 22 de mayo


22 May

Se acerca a su final el festival de Cannes. Nos llegan desde allí los ecos de la acogida de Inglorious Basterds, de Anticristo, de la última de Haneke… Aquí, un fin de semana más, la misma historia, los mismos flojos estrenos que sólo añaden más aire viciado a una habitación con una atmósfera de por sí enrarecida… Pero dejémonos de poesías y vayamos al grano, que bastante trabajo supone ya separarlo de la paja:

-Good: la única destinada a hacer honor a su nombre; Viggo Mortensen en un dramón ambientado en la época nazi, sobre un profesor cuya novela pro-eutanasia lanza su carrera; la opción digna de la nueva remesa.

-Noche en el museo 2: si la primera fue una patochada a mayor gloría de Ben Stiller (que sí, que tiene sus momentos), esta sólo puede incidir en los mismos derroteros; se supone que la gracia reside en que los “habitantes” del museo de turno, ahora el Smithsonian, cobran vida y le hacen la vida imposible al pringado del vigilante; claro que para que esto haga gracia hace falta un pequeñísimo detalle: guión, señores, guión.

-Cómo celebré el fin del mundo: es sano que en Rumanía hagan películas sobre Ceaucescu, incluso es lícito que utilicen la metáfora de un niño que planea matar al dictador; de ahí a que interese en España, un trecho largo.

-Vacaciones de ferragosto: se llevó tres premios en Venecia; al tal Gianni Di Gregorio hay que reconocerle que es un verdadero hombre-orquesta: dirige, escribe y protagoniza, mamma mia! (ah, es uno de los guionistas de Gomorra).

-El caballo de dos piernas: uno de esos dramas iraníes que tanto gustan a cierto sector.

-Sueños de juventud: comedia ¡checa!, esto es tremendo…

-Secretos de cocina: lo siento, no podía faltar la española de turno.

El efecto Twin Peaks


19 May

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Casi 20 años después, hincarle el diente a una serie de culto como Twin Peaks para acusarla de haberse echado a perder podría interpretarse como una falta de respeto. Pero, por una parte, no sería incurrir en una falsedad; y por otra, no echaría por tierra esa etiqueta de “serie de culto”. Y esto, por la sencilla razón de que basta el piloto, el episodio inaugural, para ponerse a los pies de David Lynch y reconocer que está por encima de muchas películas del género.

¿Cuántas malas copias hemos visto después, burdos intentos de recrear esa fórmula de asesinato misterioso + peculiar microcosmos? Muchas. Señal de que Lynch sentó cátedra con la historia de Laura Palmer, esa niña bien que un buen día aparece muerta, y de la subsiguiente investigación, que no sólo da pie a descubrir al asesino, sino también a desenterrar la cara oculta de la no tan modélica protagonista. Si al mismo tiempo vamos conociendo las rarezas de unos habitantes, los de Twin Peaks, a cual más dignos de estudio, el resultado, más que atrayente, es magnético. Y si, rizando el rizo, el encargado de conducir la invetigación es un agente del FBI que supera a todos en chaladura (impagable Kyle McLachlan), entonces la fórmula resulta explosiva.

Lástima que esos estupendos mimbres vayan perdiendo consistencia por el afán de alargar la trama, y que las genialidades de Lynch (la obsesión por el café, los sueños recurrentes e indescifrables) vayan degenerando en patochadas con las que se vuelve difícil tragar. Llega un punto, conocido el nombre del asesino, en que continuar con la serie se vuelve sencillamente injustificable, y lo que queda… es el ego de su creador.

El de Twin Peaks puede ser un caso paradigmático, por las cotas que alcanzó mientras fue una obra maestra, pero no único. Salvando las distancias, y acudiendo al presente, tomemos el de Héroes. Una primera temporada ejemplar. Una magnífica galería de personajes, que estando dotados de poderes sobrenaturales consiguen huir de lo trillado; una trama donde todas las piezas encajan como en un puzzle; un trabajo de interrelaciones entre protagonistas y secundarios tan brutal que la verdad se va descubriendo como si alguien, lentamente, fuera apartando una cortina; un timing perfectamente estudiado para que el argumento (salvemos el mundo) dé pie a una carrera contrarreloj absorbente, de hallazgo en hallazgo; por último, una cuidadísima producción a la altura (y por encima) de muchas películas.

Y de repente, la segunda temporada. Un despropósito. Una decepción. Un timo. ¿La huelga? Sí, menos capítulos. ¿El interés? Cayendo en picado. ¿Los nuevos personajes? Sin aportar nada nuevo. ¿La trama? Desinflándose, perdiéndose en requiebros y relecturas, en colocar a los protagonistas en nuevas situaciones, cayendo en un quita-y-pon mal gestionado. El problema de fondo: un juguete tan perfecto, tan bien montado, que rehacerlo equivale a destruir su delicada arquitectura.

Hay series llamadas a tener una continuidad, a admitir eso: una serialidad a base de sucesivas temporadas. Otras, no. Otras, y hay excelentes mini-series, se desarrollan a lo largo de unos capítulos, y terminados esos capítulos, llega el rótulo de “The End”. Otro ejemplo reciente: Prison Break. Los reclusos huyen. ¿Fin de la historia? No, contemos qué hacen fuera. Error: la serie consiste en huir de la cárcel. Con Héroes, sin contar con el lastre de la limitación espacial, ocurre algo parecido, que la primera temporada se desarrolla de tal forma que parir nuevos capítulos es, lisa y llanamente, un error.

El 27 de abril terminó en Estados Unidos la tercera temporada. 25 capítulos que han ahondado en la misma senda: reubicar a los personajes, rizar el rizo, llevarlos al extremo, sacarse de la manga nuevos villanos, nuevas situaciones límite… sin advertir que al limón ya no le queda jugo. En breve haremos la pertinente disección.

Es el efecto Twin Peaks: nunca una premisa tan soberbia tuvo un devenir tan decepcionante; aquí, con el agravante de que a David Lynch se le fue definitivamente la mano en el último capítulo y encadenó una animalada detrás de otra. Una lástima.

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Star Trek


16 May

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Puede que el espacio sea la última frontera; es un poco ñoño pero queda bonito. Lo que es seguro es que el remake es el último asidero, el clavo ardiendo de Hollywood. Era cuestión de tiempo que una de las sagas más famosas/veneradas de todos los tiempos recibiera o sufriera (según el gusto de cada cual) una nueva revisión. Así que cojamos a los personajes, llevémoslos al principio, cuando son unos pipiolos, que siempre darán más juego que hechos unos carcamales, y relancemos la franquicia. Hagámoslo, eso así, con cuidado: suavizando las aristas, contentado a los trekkies con referencias/homenajes/guiños, pero siendo lo suficientemente light en la propuesta como para no ahuyentar al espectador no iniciado (y esto empieza por reducir el título a un simple Star Trek, cuando se barajó inicialmente Star Trek 11).

Bajo esta premisa le ha hincado el diente a la saga galáctica el amigo J. J. Abrams, conocido por ser el padre de la serie, también de culto, Perdidos. Un Spielberg de nueva hornada con gran visión para el espectáculo y un punto de retorcimiento que le aleja del creador de Indiana Jones. Como en Perdidos, hay ocasiones en las que el espectador se siente ídem merced a una trama donde los saltos temporales y la inyección de agujeros para destruir planetas dispersan la atención y reducen el interés. Echa en falta aquí, un servidor, una línea argumental más recta, sin esos requiebros tan del gusto de Abrams en su constante (obsesiva) pugna por sorprender a quien contempla su obra.

Star Trek funciona bien como vehículo de acción. Apabullan sus efectos visuales de última generación. Permite la condescendencia necesaria para no torcer el morro ante la trilladísima presentación de personajes. No se adentra en honduras, y cuando lo hace (Vulcano), se ve después obligada a remontar el vuelo. Tira de actores relativamente desconocidos (sí, Spock es el Sylar de Héroes y el médico sale en El Señor de los Anillos) o difíciles de reconocer (Eric Bana, Wynona Rider) pero entusiastas. Quiere entretener y entretiene.

De ahí al entusiasmo que ha generado en Estados Unidos, un abismo digno de un buen teletransporte. No la pondré en la balanza con la saga 2.0 de Star Wars, pero nuevamente tiene uno la sensación de estar frente a un juguete al que han puesto muy bonito por fuera… sin conseguir nada espectacular por dentro. No rompe moldes Star Trek. Puede ser un punto de partida interesante para subsiguientes capítulos pero, en tal caso, deberá aprender de sus errores. La amenaza del malo de turno, el tal Nero, un señor que se dedica a perforar planetas antes de evaporarlos, en medio de una cruzada personal que lo sigue dejando como malo, pero con causa, remite a una especie de terrorismo futurista en el que se echa en falta más carisma y menos parafernalia. El buen malo impone, y no es el caso de Nero/Bana ni su banda de secuaces con gabardinas romulanas y tatuajes cool-siderales.

Punto y aparte merecen los demasiado obvios homenajes a la ya citada Star Wars. Pase la escena del bar/cantina… pero esa otra en la nieve, con el bicho persiguiendo al héroe, es de difícil digestión.

Dicho esto, si todo ha sido un montaje, y se trataba en realidad de que el pobre Leonard Nimoy, el Spock original, pudiera volver a salir en la gran pantalla… bienvenida sea esta Star Trek y loado J. J. Abrams. Como gesto, como detalle, no habría estado nada mal.

"Woody Allen haría películas de lesbianas extraordinarias" (Carmona&Basas, parte II)


15 May

Continuamos con la entrevista a Luis Miguel Carmona y Alex Basas, autores del libro Cine para adultos. 1001 películas para 1001 noches, una verdadera enciclopedia de este género realizada con un estilo muy desenfadado. Eso sí, no incluye imágenes de los films, sólo unos cuantos carteles que, la verdad, saben a poco (quizás algo a mejorar en futuras ediciones). Y sin más preámbulos, os presentamos la segunda parte de esta interesante entrevista [Para ver la primera parte, pulsa aquí].

Luis Miguel Carmona y Alex Basas, posando con su libro.

Luis Miguel Carmona y Alex Basas, posando con su libro.

Pregunta. ¿Qué directores de cine convencional os gustaría que rodasen cine porno?

Luis Miguel Carmona. John Ford sería muy interesante. ¡Rodarlo con indias! (risas). Lars von Trier en Los idiotas (Idioterne, 1998) incluye escenas de sexo explícito. Sería un director muy interesante para hacer una película X.

Alex Basas. Realmente, quien haría muy buenas películas X es David Cronenberg.

Luis Miguel Carmona. Sí, es un hombre malsano. De hecho alguna de sus películas, Crash (1996) por ejemplo, con escenas de sexo explícito pues hubieran sido películas muy interesantes. También David Lynch.

Alex Basas. O Brian de Palma. Aunque a mí, lo que me encantaría sería que Tim Burton hiciera una película porno.

Luis Miguel Carmona. Woody Allen podría hacer una película de lesbianas extraordinaria, porque le gustan mucho las lesbianas y las prostitutas. Mezclando dos géneros podría hacer una comedia muy buena. Y hay uno que no ha hecho películas porno, pero casi, que es Vicente Aranda. Sus películas siempre han estado en el terreno del sexo. O Bigas Luna. Pero ninguno se atreve.

P. A pesar de vuestro amor al género, si una hija vuestra os dijera que quiere ser actriz porno, ¿qué contestaríais?

Luis Miguel Carmona. Yo la educaría en el tema. A mí no me importaría que una hija mía fuera actriz de cine porno.

Alex Basas. A mí tampoco me importaría que una hija suya fuera actriz de cine porno (risas). La verdad es que estamos cansados de tanta hipocresía. Realmente este libro lo hicimos en un momento determinado porque pensamos que hacía falta que alguien cogiera todo lo que se ha hecho en cine X, cine S y cine erótico y darle una oportunidad, porque realmente todo eso se está perdiendo. Ya basta de hipocresía.

P. Toca entonces hablar de las películas… ¿cuáles son las imprescindibles, las que os llevaríais a una isla desierta?

Luis Miguel Carmona. En el libro pusimos cinco estrellas a 75. Lujuria desenfrenada (Naked Came the Stranger, 1975) me parece una obra maestra. Una obra de Henry Paris (pseudónimo de Radley Metzger) un director americano que está incluido en los libros de los mejores directores de todos los tiempos. Pero también las francesas, como La mujer objeto (La femme objet, 1980), que es otra obra maestra. Me cuesta quedarme con una. A una isla desierta me llevaría La pequeña porno extranjera (La petite etrangère, 1979), obra maestra francesa, Debbie does Dallas (1978), que también me parece una obra maestra. Y luego una S, como La caliente niña Julietta (1980), que es un clásico absoluto del cine español, más que El verdugo (1963) o cualquier otra.

Alex Basas. Yo elegiría Las satisfacciones de Alpha Blue (The satisfiers of Alpha Blue, 1981), una película de Gerard Damiano que me parece una auténtica maravilla. Es, además, muy decandente, que refleja una sociedad del futuro, donde el sexo está completamente automatizado. Es una anticipación de lo que sería Internet, pero a través de hologramas. La gente vive una serie de fantasías que les impiden estar conectados los unos a los otros. Tiene una historia de amor, de un hombre que quiere que una mujer le quiera a la antigua usanza. Y, aparte de todo eso, unas escenas de sexo morbosísimas y tremendas. Otra película que también es una obra maestra absoluta es Adolescencia perversa (Adolescenza perversa, 1993), de Mario Salieri, que es un director fantástico.

Luis Miguel Carmona. Él colabora con un actor, Mario de Sica, que es uno de nuestros actores favoritos, porque era un viejecillo entrañable que practicaba sexo de una manera extraordinaria. En Viaje en el tiempo (Viaggio nel tempo 1, 1991), donde hacía de romano, hay una escena donde se le cae la baba, que es para ponerla en la ceremonia de los Oscar junto a Cantando bajo la lluvia (Singin´in the rain, 1952).

P. No quisiera terminar la entrevista sin hablar de los títulos del cine X, que han dado pie a tantas bromas. ¿Cuáles son los títulos más divertidos o ingeniosos con los que os habéis encontrado haciendo esta selección?

Alex Basas. Yo tengo que elegir uno de una película que, en su momento, fue una superproducción rodada en el desierto de Almería, copiando todos los decorados de los spaghetti-westerns, y que llamaron Por un puñado de polvos (1998). El título es lo mejor de la película.

Luis Miguel Carmona. Hay películas que sólo valen por su título. Caray con el mayordomo, qué largo tiene el maromo (Couple cherche esclave sexuel, 1978) también es un título extraordinario. Hay películas S que eran muy buenas: No me toques el pito que me irrito (1983), El fontanero, su mujer y otras cosas de meter (1981)… eran títulos impagables. Sueca bisexual necesita semental (I vizi della signora, 1982), que es una película muy buena de Richard Vogue.

P. Por último, ¿a quién va dirigido este libro?

Luis Miguel Carmona. Es un libro donde se habla de películas que tienen el sexo como principal componente dentro de su trama. Es un género más. Si la gente compra un diccionario de la comedia o un diccionario bélico, por qué no comprar un diccionario de cine para adultos. No te tiene que gustar exclusivamente el porno.

Alex Basas. Se ha hecho esfuerzos parecidos, pero nunca como el que hemos hecho Luis Miguel y yo para intentar condensar en un libro toda la documentación, toda la información sobre lo que es, ya no sólo la historia del cine para adultos, sino la historia más íntima que tenemos las personas.

Luis Miguel Carmona. Hay que leerlo con una mentalidad abierta. Obviamente, no es un libro para todos los públicos. Yo no se lo recomendaría a alguien del Opues Dei, por ejemplo (risas).

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Ver primera parte de la entrevista: “El cine porno ha sido contracultural”.

"El cine porno ha sido contracultural" (Carmona&Basas, parte I)


15 May

Ellos definen su libro como “un trabajo duro, pero alguien tenía que hacerlo”. Dicen haber visionado todas las películas que desgranan sin piedad, pero con mucho humor, en Cine para adultos. 1001 películas para 1001 noches (T&B Editores), publicado en 2007. Además del humor,  a Luis Miguel Carmona y Alex Basas les une su formación periodística y su conocimiento casi enciclopédico del séptimo arte, sea el género que sea. En esta entrevista, realizada a duo (mejor no hablar de tríos en esta ocasión), nos hablan de sexo y cine (o cine y sexo, depende de la postura), con total naturalidad. Y para que no os perdais nada, Celuloides en su jugo ofrece la entrevista en dos partes. Aquí va la primera.

Pregunta. En una entrevista en la que hay que dejar atrás cualquier prejuicio, la primera pregunta debe versar sobre las  ideas preconcebidas que hay que olvidar al  ver cine para adultos.

Luis Miguel Carmona. Primera, que todas las películas son aburridas y que son las que ves en Canal+ (risas). Es que la gente está acostumbrada a creer que el porno es el que ve en Canal+. Escenas de 20 minutos, que son largas, que acaban todas igual.

Alex Basas. La gente piensa que el cine porno es aburrido, que es un muermo, un rollo que sólo sirve para cascarse una paja. Pero la verdad es que el cine porno ha sido muy contracultural en algunos momentos, en otros aspectos ha llegado a ser muy excitante, porque incluso ha ayudado a la sexualidad de las parejas. Pero es verdad que todo eso ha quedado muy apagado por toda la capa de prejuicios que se han ido poniendo encima del porno.

Luis Miguel Carmona. Sobre todo porque lo mató, primero el video, y luego Internet. Han matado la  creatividad.

P. En vuestro libro tienen cabida desde El último tango en París hasta El potro se desboca, pasando por Lucía y el sexo o Emanuelle, todo englobado en lo que llamáis “cine para adultos”. ¿Cómo definiríais este género?

Alex Basas. Nos estuvimos peleando durante dos meses para ver cuál era el concepto de “cine para adultos”. Llegamos a la conclusión de que es toda película en la que el sexo tuviera un papel importante, tanto si es cine convencional como cine porno.

P. ¿Creéis que puede considerarse un género como cualquier otro?

Luis Miguel Carmona. Es como el musical. Es un género totalmente asumible al western, al musical, a la comedia…

Alex Basas. Yo lo equipararía un poco a los géneros, entre comillas, menores, como el western europeo. Hubo una época que lo fue, sin lugar a dudas.

Luis Miguel Carmona. Del 78 al 82 fue el mejor cine que se ha hecho en España. Eran películas sin ningún tipo de subvención, es decir, sin ningún tipo de ataduras políticas, morales o de grupos de comunicación. Además eran películas que la gente quería ver.

P. Dentro de esta amalgama de cine erótico y pornográfico, ¿en qué os habéis basado para seleccionar 1001 películas?

Luis Miguel Carmona. Son las que consideramos más importantes, ya sea porque eran muy buenas, porque tuvieron un gran impacto, porque ganaron premios, porque son famosas en el mundo entero…Hay un poquito de todo mezclado.

Alex Basas. Y algunas que, posiblemente, no son conocidas o no han tenido importancia histórica, pero que nosotros, en una gran labor documental las hemos reivindicado.

P. En el libro habláis de la “eclosión erótica de los 70″. ¿En qué se diferencia el porno actual con el que se hacía entonces?

Luis Miguel Carmona. El porno de los 70 era virgen. Su visión era totalmente fresca de lo que era la pornografía. Ahora está todo muy calculado. Ya no hay la creatividad ni la libertad que había en los 70. El cine erótico empieza en el año 68 y acaba a comienzos de los 80. A partir de ahí olvídate del cine erótico. Hay alguna película como 9 semanas y media (Nine 1/2 Weeks, 1986) pero el cine erótico como tal ha acabado. Y el cine para adultos creativo también acabó a principios de los 80.

P. ¿Ha renunciado a su faceta artística?

Luis Miguel Carmona. Sí, se ha vuelto comercial totalmente.

Alex Basas. Se convirtió en una mega industria, pero perdió toda esa riqueza y libertad que tenía, porque hay películas de los 70 que eran contraculturales, divertidas, irreverentes, que rompían tabúes riéndose de todo, políticamente incorrectas… Tanto los directores como los actores se creían realmente que estaban haciendo cine, y se preocupaban de actuar, de interpretar sus papeles.

P. Cuando veis una actriz practicando sexo en una película, ¿cómo valoráis si su actuación es mejor o peor?

Alex Basas. Lo importante es que lo veas y te lo creas. Que te transmita que está viviendo, en ese momento, el personaje. No es sólo el físico. Marilyn Chambers, recientemente fallecida, físicamente no era nada del otro mundo, pero es una de las mejores.

Luis Miguel Carmona. Después hay otras como Traci Lords o Ginger Lee, que son unas auténticas bellezas y que también lo vivían.

P. Y en un actor, ¿cuenta mucho el tamaño?

Luis Miguel Carmona. Es importante siempre, como Godzilla (risas), pero no fundamental. Ves a Rocco Siffredi y realmente te crees todas las guarradas que es capaz de hacer ese tío.

La segunda parte de la entrevista, muy pronto en Celuloides en su jugo.

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Estrenos 15 de mayo


15 May

Mientras en Cannes nos ponen los dientes largos con algún que otro estreno (Up, Ágora, Inglorious Basterds), aquí nos vamos conformando con el suministro “para mortales”, corriente y moliente; que nos trae de nuevo al amigo Tom… y muy, muy poco más:

-Ángeles y demonios: vuelve el sr. Hanks en el que debe de ser su peor papel desde los tiempos de Big y tal; ya sin la (nefasta) compañía de la Tautou y con Ewan “Profident” McGregor a bordo, se nos viene encima la precuela de El código da Vinci, como entonces adaptación de Dan Brown a cargo de Ron Howard; personalmente, sin despertarme grandes pasiones, la novela (El código…) me pareció mil veces mejor que la película; en gran medida, por la acartonada presencia de Tom: esperemos que aquí muestre una mínima química con su pareja femenina.

-Puños de asfalto: esto debe de ser como un Espera al último baile pero con par de puñetazos, otro par de patadas y un puñado de besitos acaramelados; es decir: una opción absolutamente prescindible en la que duele ver al cada vez más hundido Terrence Howard.

-Un novio para mi mujer: comedia argentina.

-La posibilidad de una isla: el polémico Michel Houellebecq se pasa al cine.

-El albergue rojo: otra comedia, esta francesa.

-Carmo, Cosas insignificantes: cuota española.

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.