Contracrítica: ¿Hacemos una porno?

Es realmente una faena lo de tocar techo. Le ocurrió a Tarantino con Pulp Fiction y a Ridley Scott con Blade Runner, por ser ecléctico con los ejemplos. Claro que ellos pueden presumir de haber caído después de tocar la cúspide, algo que Kevin Smith, si tuviera algo de pudor, no osaría incluir en su currículum.
Esta ¿Hacemos una porno? (la traducción es terrible), por muy bien que haya funcionado en Estados Unidos, lo único que viene a confirmar, y siento contradecir a Carlos, es que Smith encontró su propio techo en Persiguiendo a Amy, la única de sus películas en la que se aborda el sexo de una manera desenfadada sin caer en lo zafio; en la que refleja sus obsesiones sin volverse cansino; en definitiva: su único intento serio de hacer una película. Porque el resto, admitámoslo, son una iniciación loable (Clerks), una ñoñería (Jersey Girl) y un puñado de bobadas (y aquí, lo lamento de nuevo, incluyo Dogma).
Sin caer tan bajo como Clerks 2, pero siguiendo su estela, Smith utiliza el recurso de “pareja de amigos hundidos en la miseria y abocados a una situación límite” para tejer una comedia que pretende ser gamberra y resulta más bien grosera. Tiene uno la impresión, desde el minuto uno hasta el 90, de que el director y guionista se empeña en estirar la cuerda hasta el límite, sin dejar un segundo de respiro, desde la imposible fiesta de reencuentro del instituto hasta el volcánico rodaje. Convengo en que la realización no admite ninguna pega, pero sirve sólo para presentar de forma muy bonita un guión con trazo demasiado grueso y sobreabundancia de tacos. Sí: hay hallazgos. Hay líneas ingeniosas, el casting tiene gracia, la elección del título es simpática… pero no justifican todo un metraje.
Sobre el reparto, Smith vuelve a caer en su manía de rodearse de los colegas, y además del inevitable Jason Mewes (Jay de Jay y Bob el Silencioso) tenemos a Jeff Anderson, únicamente conocido por aparecer en Clerks y su secuela. No llega, sin embargo, a darles más que roles secundarios. Los protagonistas recaen en Seth Rogen, ese integrante de la factoría Apatow que parece saber actuar únicamente a base de rozar el histerismo y soltar improperios con su voz de leñador de Otawa; y Elizabeth Banks, otra chica Smith para la colección, aquí responsable de que el anti-héroe descubra que ha estado ciego durante demasiados años, sin saber que la mujer de su vida compartía techo y facturas con él… El mejor, de largo, es Craig Robinson, que no se harta de robarle escenas al bufón Rogen.
En resumen, si esto quiere ser un tratado sobre la inmadurez, los sacrificios, los límites, hasta dónde estamos dispuestos a llegar por lo que deseamos/amamos, demasiado cargadas están las tintas en lo escatológico para tomárnoslo en serio. Si sólo era una excusa para el cachondeo y la risa, un servidor agradece el trazo más fino y el listón de los chistes un poco más alto. Quizás sea demasiado pedirle a Smith.

[...] una porno: aquí ya quedó claro lo que pensaba Carlos… y lo que pensaba un servidor; Kevin Smith se monta su enésima cinta gamberra, esta vez sobre la base de una pareja de amigos [...]