Estrenos 12 de junio

by Pablo

Habitualmente, este espacio lo ocupa un parrafillo que pretende ser introductorio además de incitante/disuasorio según la remesa de turno; en esta ocasión, ahorraremos el sufrimiento yendo directamente al grano:

-Cleaner: muy buena pinta la de este thriller que rebaja a Samuel L. Jackson a la categoría de sujeto que se dedica a limpiar escenas de crímenes, en cuanto la policía, los CSI y demás patrullas han terminado su trabajo; la espoleta que hace explotar la trama es un trabajito del que se encarga… sin que la policía haya hecho acto de presencia; vamos, que ha limpiado las pruebas; buena premisa argumental; acompañan el siempre efectivo Ed Harris y la siempre insustancial Eva Mendes.

-Te quiero, tío: no es producto Apatow, pero casi, lo cual implica comedia gamberrilla para un público de veintimuchos a treintaymuchos; un tío se va a casar y descubre que, volcado en las faldas, no tiene realmente amigos; quizás merezca darle un voto de confianza.

-Miss Marzo: otra del estilo, pero quizás un poco menos exigente para las neuronas; dos amigos, dos novias, Playboy, un coma, la novia de uno reciclada de mojigata a conejita de Hugh Hefner… Tendrá su público.

-Je veux voir: Catherine Deneuve en un documental que nos la enseña dándose una vuelta por el Líbano atacado por Israel en 2006; queda la duda de si no será un (disimulado) vehículo de auto-bombo de la actriz con ribetes de “qué solidaria soy”.

-Kika Superbruja: adaptación de las novelas para críos.

-La Caja de Pandora: cuatro hermanos turcos se descubren entre ellos mientras buscan a su madre; multi-producción europea.

-No-Do: terror español; dicen que por encima de lo que cabría esperar; pero si alguien, después de leer esto, se anima a ir a verla y sale desencantado… aquí no devolvemos el dinero de la entrada.

-7 minutos: españolada cómico-dramática sobre citas rápidas escrita por la ministra de cultura… buscad el letrero con las cuatro letras: EXIT.

Contracrítica: ¿Hacemos una porno?

by Pablo

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Es realmente una faena lo de tocar techo. Le ocurrió a Tarantino con Pulp Fiction y a Ridley Scott con Blade Runner, por ser ecléctico con los ejemplos. Claro que ellos pueden presumir de haber caído después de tocar la cúspide, algo que Kevin Smith, si tuviera algo de pudor, no osaría incluir en su currículum.

Esta ¿Hacemos una porno? (la traducción es terrible), por muy bien que haya funcionado en Estados Unidos, lo único que viene a confirmar, y siento contradecir a Carlos, es que Smith encontró su propio techo en Persiguiendo a Amy, la única de sus películas en la que se aborda el sexo de una manera desenfadada sin caer en lo zafio; en la que refleja sus obsesiones sin volverse cansino; en definitiva: su único intento serio de hacer una película. Porque el resto, admitámoslo, son una iniciación loable (Clerks), una ñoñería (Jersey Girl) y un puñado de bobadas (y aquí, lo lamento de nuevo, incluyo Dogma).

Sin caer tan bajo como Clerks 2, pero siguiendo su estela, Smith utiliza el recurso de “pareja de amigos hundidos en la miseria y abocados a una situación límite” para tejer una comedia que pretende ser gamberra y resulta más bien grosera. Tiene uno la impresión, desde el minuto uno hasta el 90, de que el director y guionista se empeña en estirar la cuerda hasta el límite, sin dejar un segundo de respiro, desde la imposible fiesta de reencuentro del instituto hasta el volcánico rodaje. Convengo en que la realización no admite ninguna pega, pero sirve sólo para presentar de forma muy bonita un guión con trazo demasiado grueso y sobreabundancia de tacos. Sí: hay hallazgos. Hay líneas ingeniosas, el casting tiene gracia, la elección del título es simpática… pero no justifican todo un metraje.

Sobre el reparto, Smith vuelve a caer en su manía de rodearse de los colegas, y además del inevitable Jason Mewes (Jay de Jay y Bob el Silencioso) tenemos a Jeff Anderson, únicamente conocido por aparecer en Clerks y su secuela. No llega, sin embargo, a darles más que roles secundarios. Los protagonistas recaen en Seth Rogen, ese integrante de la factoría Apatow que parece saber actuar únicamente a base de rozar el histerismo y soltar improperios con su voz de leñador de Otawa; y Elizabeth Banks, otra chica Smith para la colección, aquí responsable de que el anti-héroe descubra que ha estado ciego durante demasiados años, sin saber que la mujer de su vida compartía techo y facturas con él… El mejor, de largo, es Craig Robinson, que no se harta de robarle escenas al bufón Rogen.

En resumen, si esto quiere ser un tratado sobre la inmadurez, los sacrificios, los límites, hasta dónde estamos dispuestos a llegar por lo que deseamos/amamos, demasiado cargadas están las tintas en lo escatológico para tomárnoslo en serio. Si sólo era una excusa para el cachondeo y la risa, un servidor agradece el trazo más fino y el listón de los chistes un poco más alto. Quizás sea demasiado pedirle a Smith.

¿Hacemos una porno?

by Carlos

No es una propuesta, sino la nueva película de Kevin Smith, un director de culto para muchos, aunque también es bastante conocido por sus desternillantes conferencias a universitarios y por ser guionista de cómics.

¿Hacemos una porno? (Zack and Miri make a porno, 2008) supone una bocanada de aire fresco en la filmografía de este polifacético director. A pesar de contar con mayores presupuestos y actores más famosos, durante los últimos años Smith orbitaba entre lo repetitivo, vease Jay y Bob el silencioso contraatacan (Jay and Silent Bob Strike Back, 2001), lo convencional, vease Una chica de Jersey (Jersey Girl, 2004), y lo repetitivo convencional (Clerks 2, 2006). Nada parecía acercarle a su famosa trilogía de Jersey: Clerks (1994), Mallrats (1995)  y Persiguiendo a Amy (Chasing Amy, 1997), con la que triunfó  en los círculos independientes; o a la fresca y estupenda Dogma (1999). Sí, los ácidos e irreverentes dialogos marca de la casa seguían ahí, pero no eran más que chistes graciosos en historias aburridas.

Pero cuando parecía que Kevin Smith nunca volvería a llegar al nivel de los 90, aparece ¿Hacemos una porno?, una comedia sencilla, más madura que sus obras iniciales pero igual de gamberra, con un cómico en estado de gracia (Seth Rogen) y una realización casi perfecta. Smith se libera de todos los tics innecesarios que había acumulado con el paso de los años y se centra en plasmar un guión genial en donde no faltan momentos para reir a carcajadas.

Zack (Seth Rogen) y Miri (Elizabeth Banks) son amigos desde la infancia y compañeros de piso. Su situación económica es desastrosa, y en su deseperación deciden rodar una película porno para ganar dinero. Para ello se rodean de los personajes más estrafalarios, entre los que destaca Delaney, el productor, muy bien interpretado por Craig Robinson; o “Burbujas”, una mujer con un don muy especial a la que da vida Traci Lords, ex-actriz porno que sirve simplemente como reclamo publicitario. Pero lo que realmente van a poner a prueba los protagonistas es su amistad. Y en ese mundo de sentimientos encontrados Smith se mueve como pez en el agua.

Vuelve el mejor Kevin Smith. Y joder tíos, cuánto le hemos echado de menos.

Cine y bolsillo

by Pablo

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Todos tranquilos: los actores de Hollywood no irán a la huelga. El mayor sindicato de intérpretes de Estados Unidos, el Screen Actors Guild (SAG), ha aprobado por amplia mayoría el nuevo convenio colectivo. Mejoras: salariales y de contribución a las pensiones, además de ganancias derivadas del uso de contenidos en plataformas no convencionales. Así que punto final a un año de tiras y aflojas con los productores. El fantasma de otro paro (como el de los guionistas) se esfuma.

Esto en USA. Aquí parece que gustan los cambios en las tan deseadas subvenciones. Al seguramente nuevo presidente de la Academia de Cine, Álex de la Iglesia, le ha agradado lo que propone Ignasi Guardans, director general del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (si cobra por cantidad de palabras en el cargo, estamos apañados…)

Lo que ofrece Guardans cuando eche a andar la nueva Ley de Cine: computar las descargas legales en Internet además de la venta de entradas en taquilla a la hora de repartir la pasta. Lo que responde de la Iglesia: que bien, que es un avance óptimo y que la nueva Ley mejora la anterior.

Cine y dinero, celuloide y billetes… ¿O nos pensábamos que esto iba de entretenimiento, arte, diversión y alegría? No, amigos: esto es un negocio. El resto… cuentos de hadas. Y efectos especiales.

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Mejor fuera que en casa

by Pablo

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Lo dicen las cifras presentadas por Pedro Pérez, presidente de los productores españoles: el cine patrio recaudó más en 2008 fuera de nuestras fronteras que dentro del territorio nacional. El desequilibrio es como sigue: 132 millones en el extranjero, casi 82 en casa. Un desfase de unos 50 millones que deparan un titular llamativo… pero con un matiz importante: 39 de los millones computados como “de fuera” pertenecen a Astérix y los Juegos Olímpicos, cinta con una participación española mínima y preponderancia de capital francés. Borrado este “maquillaje”, seguiría venciendo la exportación, sólo que de forma menos escandalosa: 92-82.

Sea como fuere, estos datos han servido a la “industria” patria para volver a derramar unas cuantas lágrimas. “Nos ven más los extranjeros… nuestro cine vende pero el público español nos da la espalda… hacen falta más ayudas”… El entrecomillado es propio, no citamos a nadie, pero es sencillo imaginar que algo así habrá pasado por la cabeza de los responsables del séptimo arte español.

Para los amantes de los datos: con 173 películas, nuestro país es el séptimo productor, por detrás de monstruos como India (¡1.132!) y USA (520), pero por encima de países más poblados como Italia (155) y Reino Unido (102). Vivo contraste con la cuota nacional, esto es, el porcentaje de españoles que ven cine español: un 13,3 por ciento (en USA: 91,5; Francia. 45,4).

Más: ¿dónde proyectan españoladas? Sobre todo, en Francia (20 en todo 2008), Méjico/Argentina (16) y Colombia (10). Por último: ¿qué películas? El Orfanato se vio en 16 países, REC en 14 y Vicky Cristina Barcelona, una co-producción, en 9.

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Estrenos 5 de junio

by Pablo

Mes nuevo… ¿vida nueva? Hasta cierto punto: la última entrega de una saga mítica más publicitada que esperada se deja adelantar por la derecha por lo último en animación con marionetas (stop motion). Veámoslo:

-Terminator Salvation: a un alérgico a las secuelas como un servidor le pareció más que suficiente aquella segunda parte cuyo gran aliciente (sobre todo en su momento) fueron los efectos especiales aplicados a aquel malo tan cabrito que resucitaba, incluso, cuando quedaba reducido a un charco humeante; llegó una tercera, con chica a bordo, y me conté entre los que dimos por muerto y enterrado a Terminator… pero no: la fiebre de estirar las sagas como chicles nos trae este cuarto episodio, con Christian Bale sin el traje de Batman y McG sin dirigir a Los Ángeles de Charlie; personalmente, las pulsaciones no me pasan de veinte; ah, en Estados Unidos se la ha pegado de forma considerable…

-Los mundos de Coraline: he aquí la mejor opción del fin de semana, una historia de “terror” para niños y no tan niños, en la que Henry Selick, director de Pesadilla antes de Navidad, aplica su inconfudible sello al relato de Neil Gaiman sobre una niña que, explorando su nueva casa, se adentra en una especie de realidad paralela que, maravillosa al principio, acaba volviéndose tétricamente peligrosa; valdrá la pena.

-Coco: biopic sobre Coco Chanel, la modista; interpreta Audrey Tautou, ex Amelie y co-responsable de la castaña que fue El código Da Vinci.

-Home: docu francés.

-Secret sunshine: una coreana; para amantes de lo exótico.

-Jonas Brothers: realmente no me apetece escribir nada sobre esta memez; una especie de behind the scenes a cuento de la gira de este trío de hermanitos / niñatos Disney / máquinas de hacer dinero… ¿es una tomadura de pelo? Pues no: es un señuelo para adolescentes y sufridos papás. Lo peor es que hará pasta, quizás no tanta como su amiguita Hannah Montana.

39 escalones

by Pablo

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Pequeña joya del período británico de Alfred Hitchcok, 39 escalones (The 39 steps) contiene un puñado de valores añadidos para el cinéfilo en general y el amante del mago del suspense en particular. Ante todo, es una cinta precursora, que anticipa los pasos por los que discurrirán algunos de los trabajos más recordados del gran Hitch.

Richard Hannay, un canadiense en Londres, es erróneamente acusado de asesinato y se envuelto en una trama de espionaje para vender secretos de Estado al mejor postor. ¿Suena familiar? Por supuesto, y con razón: 39 escalones abre la veta de relatos de falsos acusados que, mientras huyen, luchan no tanto por salvar su pellejo como por demostrar su inocencia y, de paso, tumbar a los malos / responsables de su incriminación; esa clase de historia que tan magníficos réditos le dio a Hitchcock y que, posteriormente, armó películas sublimes como Extraños en un tren, El hombre que sabía demasiado y, sobre todo, Con la muerte en las talones.

Esta última es precisamente la que con más fuerza viene a la mente cuando hoy, más de 70 años después de su estreno, uno se sienta a disfrutar de 39 escalones. Cierto que las comparaciones son odiosas, y que ambas cintas están separadas por cinco lustros, pero en este caso no hay riesgo de que la precursora salga mal parada. Al contrario. Sirve para valorar en su justa medida que allá por 1935, con las limitaciones de la época, el gran Hitchcock pudiera ensamblar con semejante maestría una aventura (ojo, recordemos la época) adrenalínica, de constante huida, del tren a la campiña escocesa, siempre con los enemigos acechando… o pisando los talones, obligando al héroe a inventar identidades, improvisar fugas, forjar alianzas en principio imposibles e ir tirando del hilo para acabar con toda la madeja en su poder y salirse con la suya. Obvio: no hay aquí una escena del calibre de esa del avión que se abalanza sobre Cary Grant, ni la pugna final en el monte Rushmore… pero una vez más recordemos donde estamos, en los 30, en blanco y negro y sin apenas efectos especiales.

Hannay lo interpeta Robert Donat, un oriundo de Manchester que le presta su flema británica a un héroe carismático, un punto descreído, capaz de tomarse a guasa sus propias penurias, alejado del macho descamisado pero dispuesto a saltar de un tren en marcha; una lástima que Donat (ganador después de un Oscar y nominado a otro), muriera a los cincuenta y pico de un ataque de asma; aquí está perfecto.

La réplica se la da Madeleine Carroll, que compone en Pamela a la clásica chica que pasa de desconfiar a odiar y de odiar a terminar ayudando al héroe. Más importante: para Carroll quedará siempre el honor de haber sido la primera “rubia Hitchcock” (a la que seguirían las mucho más famosas Grace Kelly, Kim Novak, Tippi Hedren, etc). Algo ingenua, con carácter y sin asumir demasiado peso en la resolución del problema (de nuevo, la época).

Otro guiño al fan de Hitch: el primer McGuffin de su carrera, los 39 escalones del título. Y no olvidemos el teatro de variedades que abre y cierra la película, con el impagable Mr. Memory: un toque bizarro estupendo, similar a otros que volvería a usar el director londinense (véase: el circo de freaks de Sabotaje, y tantos otros).

39 escalones es un thriller con toques de comedia delicioso (desde hace un tiempo adaptado al teatro: Broadway, por favor, que nadie mencione a Patricia Conde), pero que requiere, como recordamos aquí tantas veces, un ejercicio de “adecuación”: en 2009, sus escenas de acción podrán parecer ridículas y su ritmo carente del frenesí al que ahora nos han acostumbrado. Pero si algo demostraba ya Hitchcock allá por 1935 es que se puede atrapar al espectador (incluso del siglo XXI) con un guión inteligente y, por supuesto, con esa maestría suya para el suspense. Y eso que el mago apenas acababa de empezar…

Muere David Carradine

by Pablo

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De piedra. Así nos hemos quedado al conocer la muerte del actor David Carradine. A la espera de la autopsia, todo apunta a un suicidio: Carradine, que rodaba en Bangkok (Tailandia), ha aparecido ahorcado en el interior de un armario, en la habitación de un hotel.

Una noticia verdaderamente triste. Es pronto para saber qué empujo a Carradine, de 72 años, a quitarse la vida, si finalmente se confirma este extremo. Hijo del también actor John Carradine, David saltó a la fama gracias a la serie Kung Fu, donde interpretó a un monje shaolin que huía a Estados Unidos después de asesinar al sobrino del Emperador. Tres temporadas, repartidas entre 1972 y 1975, que le valieron sendas candidaturas el Emmy y al Globo de Oro. Pero, sobre todo, le dejaron para siempre asociado a un nombre: Kwai Chang Caine.

Quizás la sombra de Kung Fu fue demasiado alargada. Lo cierto es que su trabajo posterior apenas gozó de relevancia, hasta que Quentin Tarantino, que ya había rescatado del olvido a John Travolta en Pulp Fiction, le eligió como el Bill de Kill Bill (abajo, una de sus escenas más famosas en Kill Bill 2). Treinta años después, nueva nominación al Globo de Oro y los laureles de Carradine, aunque fuera fugazmente, reverdecían en el presunto ocaso de su carrera.

Y decimos presunto porque Carradine ha seguido trabajando intensamente hasta hoy. Basta con echar un vistazo a sus últimos proyectos, seis de ellos en post-producción y con otro más en pre-producción. Ahora la muerte ha truncado su carrera y, lo que es más trágico, su vida. Descanse en paz.

*Actualizado a 05/06/09: la muerte de Carradine, a la luz de los últimos datos, adquiere tintes entre escabrosos y patéticos; según los forenses, lo más probable es que Carradine estuviera practicando algún tipo de acto sexual, porque la cuerda, además de a su cuello, estaba atada a sus genitales; vamos, que se estaba masturbando. De ser así, el protagonista de Kung Fu habría terminado sus días de una forma ciertamente lamentable.

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Estrenos 29 de mayo

by Pablo

Con un par de días de retraso, acudimos a la obligada (no siempre reconfortante o placentera) mención de los estrenos de cada fin de semana. Un par de opciones, nada del otro mundo y, en general, la misma tónica de casi siempre. Ahora que empiezan a abrir las piscinas… mejor, dejémoslo ahí:

-Los hombres que no amaban a las mujeres: llega la adaptación de la primera entrega de Millenium, la saga del fallecido Stieg Larsson que ha reventado las listas de libros más vendidos de los últimos tiempos. Parece menos probable que su traslación a la gran pantalla vaya a hacer lo propio con la taquilla. Quizás si hubiera pasado por las manos de Hollywood (que todavía están a tiempo)… sólo que, en tal caso, en lugar de Suecia, la acción ocurriría en Estados Unidos y la amiga Lisbeth se llamaría, por ejemplo, Jennifer. A los que les haya gustado el libro: siempre está bien observar el trabajo que hayan podido hacer el director y los actores con el material literario. A los que no les haya gustado: para qué repetir. Quién no conozca el libro: que juzgue, decida y actúe en consecuencia.

-Notorious: otra adaptación, esta de la vida del rapero Notorious BIG; mucha música, dicen que una buena actuación del protagonista; llamada, aquí, a pasar bastante desapercibida.

-El milagro de Henry Poole: Luke Wilson, hermano de Owen (!), encabeza, que ya es para tragar con bastante agua, una comedia con algún tintecillo de drama sobre un tío al que acosan sus vecinas hasta que aparece una mancha “mística” en su casa; suena a tontería supina.

-Presencias extrañas: es llamativa la buena salud del género de terror que, sin producir grandes cintas, ni ofrecer nada nuevo, sigue generando material de forma constante; aquí estamos ante el remake de una producción coreana.

-Radio encubierta: comedia británica, con Seymour Hoffman y Branagh a bordo, para contar la historia de una radio pirata… pues eso, en un barco y en medio del mar, en los años 60 y con el gobierno ojo avizor para darle caña a eso del rock and roll.

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