14th Jul2009

Man on wire

by Pablo

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Torres Gemelas: 11 de septiembre de 2001, dos aviones se estrellan contra el World Trade Center, pilotados por terroristas de Al Qaeda, Estados Unidos sacudido por el horror islamista en su propio territorio, George Bush siente cómo la sangre le cae a los pies durante una lectura en un colegio antes de dar el OK a un proceso que incluirá dos guerras, en Afganistán e Irak, aún por concluir, y un recorte de derechos y libertades sin precedentes…

Pero también: la maravillosa aventura de Philippe Petit, un francés loco, un artista del alambre, un poeta (cómo le gusta llamarse) de las alturas, un adicto a los desafíos extremos; Petit: no contento con caminar sobre un hilo tendido en el cielo de Notre-Dame, con llamar la atención en Australia, se embarca en su proyecto definitivo: unir con un alambre las Torres Gemelas y pasear por las nubes.

Ocurría el 7 de agosto de 1974, hace casi 35 años. En 1995 el productor Simon Chinn comenzaba a convencerle para llevar la historia a la gran pantalla. El propio Petit lo hizo en 2002 en forma de libro (To reach de clouds; aquí, Alcanzar las nubes, publicado por Alpha Decay), y no es un detalle banal: Petit ha participado activamente, y ese fue uno de sus requisitos, en el film. La suya es una presencia constante en el documental; constante pero no abusiva.

Uno de los grandes aciertos de Man on wire, que tenía mucho ganado al narrar un acontecimiento asombroso, bellísimo, reside en su estructura narrativa: especialmente al comienzo, está ensamblado como si de una historia de ladrones se tratara; como si Petit y su equipo, en lugar de tender un alambre en el WTC, planeara robar un cargamento de oro oculto en la cima de las torres. La presentación de los personajes y los detalles de la trama se amoldan a esta técnica de forma innovadora y sugerente, saltando en el tiempo, aportando datos a cuentagotas. Una idea genial. Entreverados, metraje actual, con declaraciones de Petit y sus colegas, y tal vez lo más fascinante: imágenes de la época, de los 70, del loco del alambre practicando junto a su casa, ensayando sus increíbles performances.

James Marsh acumula su enésimo acierto al dotar al conjunto de una dualidad que oscila entre la fidelidad documental y el espíritu de la mejor pieza de arte y ensayo. Man on wire es pragmática y a la vez lírica, fruto de lo que narra: un acto que, desnudo, puede reducirse a un señor caminando sobre un cable, pero que respetando su esencia y hurgando en su núcleo más recóndito, se revela como una explosión grandiosa de hasta qué punto el ser humano ha pugnado a lo largo de los siglos por ir más allá de sus límites; o cómo dice Petit al final del documental, no amoldarse a las reglas y vivir siempre en el borde mismo de la vida.

Petit ganó fama mundial con aquel paseo. Fue arrestado, por supuesto, pero liberado inmediatamente y convertido en icono. El documental que narra su hazaña no se ha quedado atrás: el Oscar en la edición de esta año supuso el broche perfecto a una carrera arrolladora (BAFTA, Sundance y otra decena). Hoy las Torres Gemelas son tristemente recordadas por el plan criminal de Bin Laden. No se menciona nada de esto en el documental, y no por casualidad, sino con la intención de no ensuciar la poética aventura de Petit.

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3 Responses to “Man on wire”

  • Deprisa

    No conocía la historia de Petit, pero me parece un acto muy bohemio y poético.

    Seguro que el documental merecerá la pena. ¿Sabes cuando llega a España?

    Un saludo.

Trackbacks & Pings

  • 2009 no pasará a la historia « Celuloides en su jugo says:

    [...] se inflaran a hacer millones de euros y dólares. Mejores opciones: el documental ganador del Oscar Man on wire y el último de Michael Moore, [...]

  • Top 10 de 2009 by Pablo « Celuloides en su jugo says:

    [...] 8- Man on wire: Esto sí es un documental, y además ganó el Oscar el año pasado, y con todo merecimiento. El material (un tipo que cruza de una Torre Gemela a otro sobre un cable) era un caramelo, pero había que contarlo con ese buen gusto, arriesgándose a rozar en ocasiones lo ñoño; mención especial merece la descripción de la preparación del “golpe”, porque es precisamente criminal la metáfora que usa el director. [...]

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