Estrenos 31 de julio

by Pablo

Cerrando el mes, una maravilla de la animación largamente esperada; una interesante de terror; alguna que otra oriental; y morralla, abundante morralla:

-Up: Aquí está lo último de Píxar. Nos han hablado tan bien de ella que todo lo que no sea salir del cine con la boca abierta sabrá a decepción, pero parece poco probable que alguien pueda terminar defraudado. La historia de un viejo que se escapa con su casa por los cielos, globos mediante, y al que se le cuela un fastidioso explorador infantil como marco para una metáfora de la libertad y la soledad. De visión obligada.

-Arrástrame al infierno: Sam Raimi no es precisamente un novato en esto del terror, pero tres películas de Spiderman y una cuarta en ciernes son suficientes para encasillar a cualquiera. Pero así es: Sam Raimi tiene un pasado y lo demuestra con esta inesperada parodia de la poca predisposición de los bancos a conceder hipotecas; el personaje de Alison Lohman se porta mal con una vieja y tendrá que hacer frente a las consecuencias en forma de maldición pero que muy chunga. Interesante.

-Ashes of time Redux: el maestro Wong Kar Wai se rodea de intérpretes fetiches (Maggie Cheung, Tony Leung) en esta historia de desamores, venganza y asesinatos con espadas samurai de por medio; para amantes del cine oriental de acción con pretensiones.

-Sex Drive: clásica memez de adolescente al que sus hormonas, en el camino hacia el desvirgue, involucran en una alocada sucesión de situaciones tan salidas de madre como pretendidamente ocurrentes; huir de ella como de la peste.

-Un trabajo embarazoso: que protagonice Lindsay Lohan ya produce la suficiente pereza como para no verla ni cubierto de grilletes; que haga de secretaria que finge un embarazo para conservar el curro y esto de pie a mil enredos, es casi motivo de huida al galope.

-Rojo oriental: drama musical franco-tunecino.

-Desgracia: John Malkovich como profesor al que la vida no deja de golpear en un drama australiano; en fin, el amigo Malkovich ha vivido tiempos mejores, ¿verdad?