Up

“El mérito de Píxar” suena a comienzo demasiado atrevido. Píxar atesora no un mérito, sino “méritos”, en plural, y muchos. Pero tal vez el mérito fundamental, el radical, el que imprime ese sello tan característico, es la capacidad de dotar a sus películas de varias capas, como pinceladas en un cuadro, que permiten lecturas descendentes: está la superficial, la destinada al público más infantil, con gags que son hallazgos excepcionales pero funcionan de forma automática, sencilla; escarbando un poco más se descubre una trama apta para todos los públicos pero cuidadosamente enhebrada, donde los tempos de comedia y drama se manejan con precisión de cirujano, de tal forma que no se noten las costuras de las puntadas: el resultado es una historia cautivadora y rebosante de entretenimiento; pero es que aún se puede hurgar un poco más y descubrir, al fondo, pinceladas que parecen impropias de una “cinta de animación”: brillantes construcciones de personajes, líneas de diálogo de tremenda sabiduría a pesar / gracias a su sencillez, momentos de una enorme envergadura según lo que demande la paleta: emoción, ternura, dolor, alegría.
Este mérito, que son varios en uno, alcanza su máxima expresión en Up. Aquí Píxar riza el rizo, dobla la apuesta: le entrega la función al personaje más insospechado, un viejo a punto de perder su casa, el último reducto de sus recuerdos, el eslabón con su mujer fallecida, el trampolín hacia aventuras jamás iniciadas. Un viejo, por encima, malhumorado y que habla poco. ¿Qué posibilidades reúne tal personaje para llegar a triunfar? Sobre la mesa, pocas o ninguna. En la práctica, Carl Fredricksen es uno de los mejores personajes (y vayamos aquí olvidando la etiqueta “cine de animación”) de los últimos años. Su historia, su afán por huir y al tiempo realizar el sueño compartido con su mujer, que nace conmovedora (la casa suspendida por los globos como metáfora de la libertad), va desplegando un abanico de asombrosas posibilidades a medida que nuevos personajes se suman al relato: Russell, el impagable y torpe explorador infantil; Kevin, el pájaro aficionado al chocolate; Dug, el perro hablador con pocas luces; y el héroe reciclado en villano, lleno de odio tras años de olvido.
Como toda película con viaje/descubrimiento de por medio, ese viaje acaba siendo hacia el propio interior de los personajes, y el descubrimiento implica valores y sentimientos bien enterrados bajo el polvo de los años, bien ocultos bajo una apariencia engañosa. La hazaña de Píxar, y en primera persona de su director, Pete Docter, consiste en servirnos todo lo descrito bajo la inocente apariencia de una película para críos tremendamente entretenida. Lo mejor es que es lo uno y lo otro.
Se nota, además, que la maquinaria, a estas alturas, está ya tan perfectamente engrasada que cada producto es más redondo que el anterior. En este sentido, Up, por ser la última cinta de la factoría Píxar, es la mejor de su producción. Una película total, todoterreno, capaz de hacer llorar y reír, dirigirse a todos los públicos, seducir a cualquiera y no dejar indiferente a nadie. Lástima que la mayoría, y algunos de forma interesada, seguirán empeñados en verla o hacer verla como una película de dibujos animados. Olvidemos el formato: Up es una gran película, a secas, nada más y nada menos. Formalmente, una joya, el fruto de muchísimos años de trabajo. Pero el corazón de toda cinta es su guión, y aquí es donde reside su verdadero éxito. El 99 por ciento de las producciones que llegan a nuestras pantallas deberían coger papel y bolígrafo y no parar de tomar apuntes.

Totalmente de acuerdo. Aunque han pasado ya os días en los que algún actor tenia elculo hecho Pepsi, viendo acercarse el render y la animación realista.
Buen blog, me lo apunto.
Saludos
Pufff… la acabo de ver hace un rato. La peli, muy buena, el cine en 3D, un soberano coñazo.