House of Saddam

by Pablo

HouseOfSaddam200816351_f

Tiene algo de placer culpable el saborear esta disección en cuatro capítulos de la ascensión, destrucción (ajena) y caída de uno de los tiranos más crueles y megalómanos de la historia, al menos de la reciente y documentada. A menudo se ha acusado a El Padrino de ensalzar la figura del mafioso, de rozar el panegírico en la descripción de la vida y milagros del capo; y aún así, Vito Corleone, aunque basado en auténticos mafiosi, era un personaje de ficción. Saddam Hussein existió en la vida real hasta que fue ahorcado el 30 de diciembre de 2006. Por el camino ordenó asesinar a miles de personas, se rodeó de un lujo propio de un sultán y estranguló a un pueblo, el iraquí, sumido en una pobreza atroz.

Ese “placer culpable” obedece a dos razones. Primera: siempre resulta fascinante observar hasta dónde puede llegar el ser humano en su crueldad y su locura, en su desprecio por la vida de los demás, en su afán de poder y su sed de reconocimiento personal. En este sentido, la comparación con El Padrino no es ni propia (muchos la han empleado) ni banal. El dictador no se aleja demasiado del mafioso. Este tiene su organización, volcada en el lucro económico a través de una trama de negocios, tanto legales como ilegales. El otro, más que dirigir, posee un país, al que acaba convirtiendo en empresa familiar, igualmente a través de métodos que a menudo eluden la ley a su antojo. Ambos se preocupan por la familia, el honor, la traición, la amistad, las rivalidades, las filias y las fobias, y demás códigos que a nosotros, gente normal y corriente, se nos escapan. Saddam no es un Don Vito a la iraquí, pero se rige por similares parámetros, la suya es también una vida de violencia y caos, de opresión y aplastamiento, lucha hasta la última gota de sangre por conservar lo conseguido a tiro limpio. En el tirano se añaden otros ingredientes, como el egocentrismo desatado y la asunción de la divinidad del poder (Don Vito se recubre de una pátina falsamente católica, pero no escribe el Corán con su propia sangre).

La segunda: House of Saddam es un producto excelente, una muy lograda mini-serie candidata a 4 Emmy. El sello HBO (aliada aquí con la BBC) se percibe en una cuidada recreación de la vida del tirano, su familia, sus colaboradores y sus súbditos; en un elenco donde muchos brillan y nadie desentona; en un guión trabajado, serio, sin fisuras, dosificado, adulto, preocupado por aportar detalles históricos pero sin aburrir, consciente de la necesidad de alternar con esos otros momentos forzosamente imaginados, los de la intimidad del déspota, confiando/jugando a que ocurrieran más o menos como se nos muestra. La duración, cuatro horas, una por capítulo, es adecuada al volumen de lo contado; cada parte abarca una franja de la dictadura: la primera, la llegada al poder y la guerra con Irán; la segunda, la invasión de Kuwait; la tercera, el Irak arrasado tras la guerra del Golfo; la última, la invasión de Estados Unidos, que desemboca en la captura y ejecución de Saddam Hussein.

El papel de Saddam Hussein es un caramelo para un buen actor, e Igal Naor lo es; su recreación del tirano transpira veracidad, precisamente el gran valor de la mini-serie, extensivo a todo el reparto. Con la función descansando sobre sus hombres, pese al carácter coral del elenco, Naor se mete a fondo en la piel de Saddam y brinda una actuación tremendamente precisa. Entre los secundarios destaca Shoreh Aghdashloo, nominada al Oscar por Casa de arena y niebla, y aquí mujer del dictador, pero lo relevante es que nadie rebaja el nivel, y eso es precisamente lo que han reconocido los Emmy al incluir la mini-serie entre las candidatas a mejor cast.

En apenas cuatro horas, House of Saddam brinda la posibilidad de aproximarse a una de las figuras más influyentes del siglo XX y al mismo tiempo una de las personas que han tenido acceso al poder desde una posición de mayor crueldad y despotismo. Lección de historia fiel (hasta donde es posible) y atractiva, en la que se mezclan con pericia acción y diálogo, introspección y adrenalina.