by Pablo

Lo prometido es deuda. Completamos nuestra aproximación a la supuesta maldición de los Oscar fijándonos ahora en los actores. El procedimiento es el mismo que seguimos en su día con las actrices: fijarnos en los diez últimos ganadores de estatuilla al mejor intérprete y en cómo se han desarrollado desde entonces sus carreras.
-2000: Kevin Spacey; previamente galardonado como mejor secundario, y con cuánto merecimiento, por Sospechosos habituales, Spacey subía un escalón gracias a un papel tan insuperable como el de Verbal Kint: el Lester Burnham de American Beauty; de hecho, entre ambos premios se condensa lo mejor de su carrera, con brillantes actuaciones también en L. A. Confidential y Se7en. ¿Después del segundo Oscar? Vuelve a dirigir (Beyond the sea), se convierte en Lex Luthor en la fallida Superman Returns, se involucra en proyectos del pelaje de K-Pax, se vuelca con el teatro… y muy, muy poquito más.
-2001: Russell Crowe; al neozelandés también le coge el Oscar en el mejor momento de su carrera; de hecho, es candidato en tres ediciones consecutivas: 2000 con El dilema, 2001 con Gladiador y 2002 con Una mente maravillosa. Saborea el éxito gracias a su rol como Máximo Décimo Meridio. Más que marcado por el Oscar, su carrera se ralentiza después de ese trienio explosivo: todavía rueda la infravalorada Master and Commander, pero Cinderella Man ya anuncia un cierto declive.
-2002: Denzel Washington; nada como hacer de malo, aunque malo con carisma, molón, para emular a Spacey y sumar un “mejor intérprete principal” a un galardón previo como secundario; Training Day le encumbra y le empuja por esa pendiente en la que, sin dejar de ser una referencia, se van sucediendo papeles y películas por debajo de lo esperado: Antowne Fisher (debuta como director), Deja vu, Asalto al tren Pelham son algunos ejemplos.
-2003: Adrien Brody; el equivalente a Swank; completo desconocido, deslumbra en la maravillosa El pianista; después se deja ver en El bosque, King Kong y otros productos con más nombre que lustre, y hasta protagoniza la todavía sin estrenar Manolete; estatus: más conocido por su romance con la Pataky que por su despliegue ante las pantallas.
-2004: Sean Penn; Mystic River confirma que el ex de Madonna se encontraba en estado de gracia; tres nominaciones después, finalmente el reconocimiento del Oscar que había rozado con Pena de muerte, Acuerdos y desacuerdos y Yo soy Sam; después de Mystic River su carrera, al margen de 21 gramos, pareció desinflarse… pero en seguida veremos que no exactamente.
-2005: Jaime Foxx; menudo añito el suyo, con nada menos que una doble nominación: no se la lleva al mejor secundario por Collateral, pero sí al mejor principal por Ray, biopic sobre Ray Charles; Foxx, hasta entonces buen secundario, vuelve a un plano más discreto (Jarhead, Miami Vice, Dreamgirls).
-2006: Philip Seymour Hoffman; he aquí el ejemplo de actor que se zambulle en un personaje, lo borda y arrasa; en el caso de P. S. H., lo hizo con el escritor Truman Capote, famoso por su novela A sangre fría; quizás mejor secundario que principal, ha alternado productos menores (Misión Imposible III, Antes que el demonio sepa que has muerto) con cintas de altura que le han brindado nuevas nominaciones (La guerra de Charlie Wilson, La duda).
-2007: Forest Whitaker; más conocido que Brody, no dejó de ser una sorpresa el Oscar por su rol como el tirano Idi Amin en El último rey de Escocia; después, poco que rascar (algo de tele: The Shield).
-2008: Daniel Day-Lewis; caso raro donde los haya, tras unos buenos años 90 (Oscar por Mi pie izquierdo, nominado por En el nombre del padre), se retira (a hacer zapatos) pero vuelve, aunque rueda poco, y tiene tiempo de volver a estar nominado (Gangs of New York) y ganar gracias a Pozos de ambición, donde sobreactúa más que nunca; a partir de ahí: nada reseñable.
-2009: Sean Penn; como Swank, dos veces ganador en los últimos diez años; habíamos dejado su carrera en la nevera, pero he aquí que el amigo Penn rebuscó en el estante de abajo, al fondo, y se sacó de la manga una brillante actuación en Mi nombre es Harvey Milk. Ha decidido tomarse un año sabático para arreglar su matrimonio.
*Análisis: salvo honrosas excepciones, a los actores les ocurre como a las mujeres, algo que era de esperar, por otra parte; sus trayectorias, a raíz de llevarse el Oscar, han sido más descendentes que ascendentes; de los diez analizados, el que mejor ha mantenido el tipo, aunque sin estridencias, es el amigo P. S. Hoffman; los demás han aflojado y se han dejado llevar, o no han tenido mejores opciones. Y siempre hay alguna excepción, como la de Sean Penn, coronado por segunda vez cuando parecía que su inmenso talento empezaba a colarse por el sumidero.
En definitiva: más allá de etiquetas como “maldición” o “marcado por”, si parece razonable establecer que llevarse una estatuilla a casa, en lugar de ser lanzadera hacia proyectos de igual o incluso mayor gloria, pone el listón tan alto que lo que sigue, por fuerza, obliga a rememorar tiempos mejores. Digerir el éxito es complicado. Tal vez sea por aquello de “coge fama… y échate a dormir”.