Archive for September, 2009

Polanski, detenido


27 Sep

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No es el tipo de noticia que nos gusta dar. No fue agradable consignar el fallecimiento de Patrick Swayze. Tampoco lo fue, y más aún por sus extrañas circunstancias, el de David Carradine.  Caso parecido, el de Heath Ledger, cuya muerte seguirá rodeada de una aureola de misterio. Desde que hacemos este blog, también nos han dejado, por causas naturales, Paul Newman, Charlton Heston, Sidney Pollack, Fernando Fernán Gómez y Maurice Jarre. Y ahora, aunque sea noticia, uno duda a la hora de darle a la tecla para dar fe de que el director Roman Polanski ha sido detenido en Suiza.

No vamos a entrar en demasiados detalles. La historia es de sobras conocida. Hallado culpable de violar a una menor, Polanski se largó de Estados Unidos y no ha vuelto ni para recoger el merecido Oscar a El pianista. Ahora le han echado el guante en Suiza. Falta conocer los términos en los que se ha producido esta detención; la gran pregunta sería: ¿por qué ahora y no todos estos años, 30, que ha estado viviendo en Europa, fundamentalmente en Francia? ¿Por el régimen legal suizo?

La respuesta parece lo de menos. Polanski podría terminar sus años en la cárcel y no volver a rodar otra película. Otra incógnita que también habría que despejar. ¿Debería cumplir íntegra la condena? Insisto, no es algo que nos corresponda responder. Siendo esto un blog de cine, no entraremos en el terreno ético ni legal (si es culpable, que vaya a la cárcel) y nos ceñiremos al artístico. Y aquí, Polanski ha sido uno de los buenos. Al margen de El pianista, ahí están Chinatown, El baile de los vampiros y La semilla del diablo, entre otras.

Lo dicho, una noticia de las que no nos gusta dar.

Estrenos 25 de septiembre


26 Sep

Se entona un pelín la cartelera para el fin de semana, pero no nos dejemos engañar: en muchos casos, las expectativas superarán a los resultados:

-El soplón: Steven Soderbergh se dio a conocer en el 89 con una película de presupuesto ínfimo y aroma experimental: Sexo, mentiras y cintas de vídeo. La confirmación de que era uno de los realizadores más arriesgados y sugerentes llegó en 2000 con la magnífica Traffic. Entre ambas, y también después del fresco sobre el narcotráfico en Méjico, a Soderbergh se le ha ido la mano optando por proyectos demasiado extravagantes (Solaris) o complacientes (la saga Ocean’s). Después del paréntesis del fallido díptico Che, vuelve a la senda de la comedia, en la que se empeña en malgastar su talento, para brindar a Matt Damon la oportunidad de copiar a sus amigos Pitt y Clooney y demostrar que él también puede brillar en este registro. La cosa promete ser visualmente impecable, como todo lo de Soderbergh, pero esta historia de un ejecutivo soplón no parece lo mejor para engordar su currículum.

-Destino: Woodstock: Ang Lee es un estupendo director; ahí están Brokeback Mountain, La tormenta de hielo, Tigre y dragón y Sentido y sensibilidad. Se prodiga poco. Ahora le hinca el diente al festival más famoso de todos los tiempos. El género musical suele pegársela en la taquilla. Así que es una incógnita. Protagoniza el ascendente Emile Hirsch.

-Los sustitutos: Bruce Willis vivió una segunda juventud con títulos como Doce monos y El sexto sentido, donde con mucho menos pelo que en sus inicios (La jungla de cristal), siguió demostrando que podía encabezar taquillazos. Una tercera juventud parece más complicada. Ahora se embarca en una de sci-fi con Radha Mitchell (Melinda&Melinda) de enrevesada trama.

-El secreto de sus ojos: Buen director, Campanella, y buen actor, Darín. Talento argentino para un thriller con crimen de por medio. El resultado, otra incógnita.

-Jennifer’s Body: La ubicua Megan Fox, a la que ha aupado al estrellato más su físico que sus dotes interpretativas, pasa de correr delante de robots (Transformers) a perseguir a compañeros de high school con perveras intenciones; y es que la chica es una suerte de zombie, a pesar de su lozano aspecto.

-Oceanworld 3D: Documental marino.

-The September issue: Otro documental, este a mayor gloria de Anne Wintour, la jefaza de Vogue.

Pocas sorpresas en los Emmy


21 Sep

Se adjudicaron los Emmy la pasada noche y no hubo grandes sorpresas. Si acaso, que ni Tina Fey por 30 Rock ni Jon Hamm por Mad Men consiguieron el galardón a mejor actriz de comedia y mejor actor de drama: les levantaron la tostada, respectivamente, Toni Collette (sí, la mamá de El sexto sentido) por The United States of Tara y Bryan Cranston por Breaking Bad.

Del primer párrafo se va deduciendo sin dificultad la tónica de los premios de la tele en USA: series todas que aquí, en España, no son precisamente del dominio público. 30 Rock la da La Sexta a horarios imposibles como Rockefeller Plaza y Mad Men el Plus. Personalmente, lo poco que he visto de la primera no me hace la menor gracia, y de la segunda, de la que pronto habrá reseña en este blog, diré simplemente que su factura es impecable pero resulta terriblemente fría y snob. Sea como fuere, ambas concentraban la mayoría de las nominaciones y han trincado las más importantes: mejor comedia y mejor drama. Alec Baldwin, y esto sí que no lo entiendo, ha vuelto a llevarse el Emmy a mejor actor de comedia (van dos por 30 Rock), y esto sí que no lo entiendo. El amigo es tan limitado como estomagante. Glenn Close, estaba cantado, se ha llevado el de mejor actriz dramática, también su segundo por Damages.

En el terreno de los secundarios ya surge algún título de sobras conocido. Jon Cryer triunfa como mejor en comedia por Dos hombres y medio, que en Estados Unidos parece estar muy bien considerada pero servidor encuentra tirando a muy normalita. El trago es peor para los fans de Entourage, que hubiéramsos querido ver premiado a Kevin Dillon por su impagable Johnny Drama. Otra que nos suena a todos: Perdidos; mejor secundario en drama para Michael Emerson, a.k.a. Benjamin Linus. Las chicas: Cherry Jones por 24, también conocida, y Kristin Chenoweth por Pushing Daisies, esta mucho menos, respectivamente en drama y comedia.

Y poco más. Que la muy recomenable House of Saddam, aquí reseñada, se apunta un Emmy a mejor secundaria en miniserie gracias al buen hacer como esposa del dictador de Shoreh Aghdashloo. Y que Grey Gardens es la mejor tv-movie.

Malditos bastardos


20 Sep

InglouriousBasterds

Recurriendo a un juego de palabras facilón, al hilo del título (del español), ¡maldita la hora en la que Quentin Tarantino se colgó del cuello el cartelito de autor! Ese cartelito se ha acabado convirtiendo en una losa tan grande que ha arrastrado al cineasta de Knoxville a un fango peor que el de la mediocridad: el de la auto-complaciencia, el endiosamiento y la egolatría más supinos y sangrantes. Porque Tarantino, parafraseando la última línea de guión, está convencido, plenamente, de que firma obras maestras. Y como el dictador al que retrata con saña, desoye las críticas o, como en Cannes, se marcha hecho una furia para que dejen de resonar en sus oídos.

El desastre, en realidad, se veía venir. Tarantino quemó sus mejores naves hace mucho tiempo, tres lustros para ser exactos. Entre 1992 y 1994 parió sus mejores creaciones. 1992: escribe y dirige Reservoir Dogs, copia de una desconocida cinta oriental, pero excelente en todo caso, un soplo de aire fresco en las cintas de robos de bancos como no se veía desde Tarde de perros, un Atraco perfecto hipertrofiado de tacos y sangre en el que ya empezaba a jugar con la continuidad temporal. 1993: escribe el guión de Amor a quemarropa, inferior en talla pero más alocada, más entretenida, igual de violenta y malsonante. 1994: escribe y dirige Pulp Fiction, su obra maestra, esta sí, un soberbio homenaje a las baratas historias de gángsters y perdedores que se vendían por cuatro perras entre las décadas de los 20 y los 50; una cinta en estado de gracia, plena de hallazgos, una escena memorable tras otra, un diálogo explosivo mejorando al anterior. Un Oscar, al guión, y seis nominaciones. Y el precipicio.

Un precipicio por el que Tarantino empieza a rodar con la demasiado plomiza y algo insustancial Jackie Brown; sigue cayendo con el díptico Kill Bill, especialmente su segunda parte, donde más allá de su poderío visual y sonoro se dedica a vender aire, despreciando trama y diálogos; y acaba estrellándose con Death Proof, la demostración palpable de que mejores tiempos ha vivido este ex empleado de videoclub. En Death Proof se advertían ya muchos de los males que adornan a Malditos bastardos (Inglorious basterds, 2009): escenas insufriblemente largas, carencia, sí, insisto, de trama, más allá de la historai del loco que asesina con su coche, y diálogos huecos despachados con el bonito trademark Tarantino.

Escribía al comienzo que a Tarantino le han matado sus ínfulas de autor. Sólo así se puede haber quedado tranquilo, regodeándose en su enorme ego, después de despachar algo como la primera escena, por llamarla de alguna manera, encabezada por un homenaje al spaghetti western que, francamente, ya aburre (el padre ve llegar a los malos y pide a sus hijas que se refugien mientras conserva su dignidad de perdedor), y terminada con el absurdo perdón del verdugo. Esa escena, ese eterno diálogo entre el nazi y el francés, concentra los problemas de Malditos bastardos. Uno se imagina a Tarantino dándole a la tecla y pensando: “soy la bomba, ¡qué manera de escribir!” Alguien debería decirle que no puedes tener a la gente diez, quince o los minutos que dure asistiendo a un intercambio de líneas de guión que no van a ninguna parte.

Por desgracia, el resto de la película sigue la misma tónica. Hay algún momento gracioso, como el interrogatorio en italiano, aunque sin pasarse, pero ni rastro de la brillantez desvergonzada de diálogos como el de la hamburguesa de Pulp Fiction. Hay escenas intensas, como el tiroteo en el sótano, pero nada que ver con la famosa oreja cortada de Reservoir Dogs. Lo que sí hay, y no falta, son los tacos, aunque menos, la sangre y los disparos. De vez en cuando, algún fogonazo de brillantez visual, que el señor Tarantino no es que se haya olvidado de dirigir. Pero el resto es el vacío, la nada, o peor, la sensación de que nos está restregando lo que cree brillante por el único motivo de ser obra suya.

De los actores, efectivamente Christoph Waltz está muy bien, aunque su premio en Cannes huele a consolación, y Brad Pitt hace de paleto; no está mal, aunque menos gracioso que en Quemar después de leer. Daniel Brühl, que es buen actor, está bien. Diane Kruger, que es bastante flojita, cumple sin más… De todas formas, la sensación que flota en la sala de cine, al aparecer los títulos de crédito, es que ya podría haber tenido a Brando, Pacino y De Niro juntos, por dar tres nombres, que la cosa no habría salido mucho mejor. Tendría muchas ganas Tarantino de hincarle el diente a la Segunda Guerra Mundial, moldearla a su gusto, sazonarla a su estilo y ensañarse a gusto con los nazis, ejercicio tremendamente meritorio 60 años después de acabada la contienda. Y es seguro que se lo habrá pasado muy bien, o más, escribiendo y dirigiendo. Lástima que eso, aunque él piense lo contrario, no sea garantía de que guste a los espectadores. Al menos, no a un servidor.

Estrenos 18 de septiembre


19 Sep

Pocos fines de semana han estado tan mediatizados por un solo estreno… entre otras cosas, por venir únicamente acompañado de otros dos (y prescindibles) títulos:

-Malditos bastardos: Que es como han acabado traduciendo el más molón Inglorious Basterds. El amigo Quentin, Quentin Tarantino, vive de las rentas desde 1994, cuando estrenó la genial, impagable e irrepetible Pulp Fiction. Dos años antes, en 1992, había plagiado con mucha gracia una de esas películas orientales que sólo él conoce, y el resultado fue la estupenda Reservoir Dogs. Desde entonces, sólo ha podido parir la plomiza Jackie Brown; el díptico Kill Bill, visualmente potente pero hueco; y ese churro llamado Death Proof estrenado aquí sin la gracieta de venir emparejado con Planet Terror y los falsos remakes de Grind House. Vuelve ahora el ex empleado de video-club con su particular visión de la Segunda Guerra Mundial, aromas a Doce del patíbulo mediante y controversias sobre si Cannes le obligó a meterse de nuevo en la sala de montaje. En fin. Tan esperada como acuchillada, finalmente, Inglorious Basterds. Ah, sale Brad Pitt… pero el mejor es Christoph Waltz.

-La noche de su vida: La cheerleader de Héroes, Hayden Panettiere, se pone a las órdenes de Chris Columbus en esta teen movie sin sustancia, sin chicha y sin nada de nada. Por cierto: Columbus fue guionista de Los Goonies y Los Gremlins y director, al margen de las dos primeras de Harry Potter, de Solo en Casa (I y II) y La señora Doubtfire. Tremendo currículum.

-Flores negras: Españolada.

El cáncer se lleva a Patrick Swayze


15 Sep
Patrick Swayze at the 61st Academy Awards. photo by Alan Light

Patrick Swayze at the 61st Academy Awards. photo by Alan Light

Patrick Swayze murió el pasado lunes a consecuencia del cáncer de pancreas que sufría, al menos, desde marzo del pasado año. Con 57 años nos deja un actor que, al margen de su capacidad interpretativa, fue y será un icono por su papel en la mundialmente conocida Dirty Dancing (1987). Aquel año se convirtió en una estrella gracias a una cara bonita, un físico envidiable y, sobre todo, a sus dotes como bailarín, faceta en la que ya era profesional después de estudiar en la Harkness Ballet School y en la Joffrey Ballet School. En el mundo del celuloide, Francis Ford Coppola ya le había dado su primera oportunidad en Rebeldes (The Outsiders, 1983), donde trabajó con otras promesas como Ralph “karate kid” Macchio, Matt Dillon o Tom Cruise. El éxito de Dirty Dancing se prolongó con Ghost (1990) y Le llaman Bodhi (Point Break, 1991), cerrando así el tríptico de sus películas más recordadas y comenzando un declive profesional más o menos permanente.

El extraño caso de Sylvester Stallone


14 Sep

De pasada, sin muchas ceremonias y casi pidiendo perdón, Sylvester Stallone recogió el premio Gloria Jaeger-Le Coultre to the Filmmaker en la recién finalizada Mostra de Venecia. Un premio que ya recogieron, en su día, Takeshi Kitano, Abbas Kiarostami o Agnès Varda. No sólo eso, sino que Stallone ha proyectado una versión doce minutos más larga de Rambo V, y un adelanto de su última película, The expendables, un vuelta a los orígenes del cine de acción de los 80. El interprete, director y guionista aseguró en rueda de prensa que se siente más cercano a la figura del escritor que a la de actor, quizás un intento de justificar su vuelta a los grandes premios de la industria desde que, en 1977, fuera nominado a los Oscar en los apartados de mejor guión y mejor actor por Rocky. Desde entonces, se ha especializado en cintas de acción de calidad variable pero casi siempre de gran éxito en taquilla. “Siempre ha habido necesidad de tener algún personaje masculino de referencia. Un héroe, para mí, es alguien que tiene miedo pero que, al mismo tiempo, es capaz de superarlo y que a pesar de ese miedo es capaz de llegar hasta el final, aunque sea a costa de su propia vida. Un héroe es alguien que sabe lo que significa sacrificarse: ésa es mi concepción del héroe. Tengo muy claro que si no fuese por Rambo y Rocky yo no estaría aquí hoy”.

Y a vosotros, lectores de Celuloides, ¿qué os parece este premio? ¿Creéis que la carrera de Stallone justifica el galardón?

Estrenos 11 de septiembre


12 Sep

Al margen de lo simbólico de la fecha, y con un día de retraso, diseccionamos sin más dilación lo último en aterrizar en la cartelera; que viene siendo lo que sigue:

-District 9: Ríos de tinta ha hecho correr la primera película del sudafricano Neill Blomkamp. Claro que mucho ha tenido que ver que la apadrine un tal Peter Jackson, que algo debió de ver en el novato para estar dispuesto, antes de qeu el proyecto se fuera al limbo, a encargarle la adaptación del videojuego Halo. No salió y le dejó hacer, literalmente, lo que le diera la gana. El resultado es una metáfora del apartheid con marcianos de por medio, los marcianos que viven en el gueto que da título al film. Cuentan maravillas del arranque, en tono de falso documental. La mejor opción de la nueva remesa.

-12 trampas: El tarugo John Cena, que hasta ahora se había dedicado a actuar básicamente en los cuadriláteros, en una de esas modalidades pressing-catch donde se dan palizas fingidas, de las que encumbraron en su día a Hulk Hogan. El bueno de Hogan no consiguió lo que Cena, que le den toda una película para él; aunque, en realidad, al que debemos seguir es al “malo”, Aidan Gillen, al que los fans de The Wire conocemos como el ambicioso Tommy Carcetti.

-San Valentín Sangriento 3D: En fin, el título lo dice todo, ¿para qué añadir nada más?

-School Rockband: Híbrido de High School Musical y My Rock Band, otro sub-producto nauseabundo para niñatos con espinillas alteradas y hormonas purulentas… o al revés, que más da. Protagoniza, ahí va la guinda, Vanessa Hudgens, famosa por unas fotos en pelota picada para su novio/niñato Zach Efron; vale, y también por salir junto a él en, claro, la saga HSM.

-Amazing Grace: Drama con sello british dirigido por Michael Apted; secundarios potentes: Michael Gambon y Albert Finney.

-El latido de la montaña: drama hongkonés (o como se escriba).

-Gordos: La última de Daniel Sánchez-Arévalo; como era de esperar, sólo se habla de cuántos kilos tuvieron que coger los actores.

-Pájaros muertos: Se siente, dos españoladas esta vez.

Conan el bárbaro


06 Sep

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¿Qué pueden tener en común la visión más introspectiva y cruda de la guerra de Vietnam y una sucesión de combates con espada salpicados de gotas de esoterismo fanático? Poco, en principio. Y, sin embargo, tanto en Apocalypse Now como en Conan el bárbaro (Conan the Barbarian, 1982) está la mano de John Milius. En el caso de la primera, como co-autor del guión junto a Francis Ford Coppola; en la segunda, compartiendo escritura con Oliver Stone (!) y, esta vez sí, dirigiendo. La clase de incoherencia que hace tan grande este negocio al que llaman cine.

Situémonos. En 1979 se había estrenado Apocalypse now. Milius ya había dirigido un puñado de cintas, entre ellas, ahora que se ha puesto de moda con Enemigos públicos, Dillinger, sobre el atracador de bancos. Pero ahora estamos en 1982 y este fanático de las armas (y autor, aquí viene otra extraña conexión, de la frase “vamos, alégrame el día” que hizo famoso al personaje de Harry Callaghan) se decide a adaptar las historias de Robert E. Howard sobre Conan, un bárbaro que habita en un inhóspito mundo seudo-medieval, poblado de sanguinarios guerreros que pasan a espada a sus enemigos, violan a sus mujeres y esclavizan a sus hijos; de brujas; de ermitaños que hablan con los espíritus; y de extraños ritos fanático-mesiánicos con una bizarra fijación por las serpientes.

Todo esto, bien agitado, es el cóctel que resultó en Conan el bárbaro (a la que seguirían la secuela Conan el destructor y el spin-off Red Sonja, que pronto sufrirá un remake). Para el papel del niño que, ya mayorcito, convierte la venganza de sus padres en meta vital, el elegido fue Arnold Schwarzenegger, hasta entonces culturista de éxito con alguna incursión en las pantallas grande y pequeña. Tan monstruoso era entonces su fisonomía que hubo de rebajar el nivel de entrenamiento… para poder manejar la espada sin que sus brazos tropezaran con su pecho. Eso, manejar la espada, y poco más, era el cometido de Arnold. También poner de vez en cuando rostro de preocupación o ira, básicamente a base de fruncir el ceño de forma levemente diferente. Un papel físico a su medida, sólo que con alguna línea más de diálogo que el posterior en Terminator.

Con el paisaje almeriense (!) como telón de fondo, y Jorge Sanz, sabido es, interpretando al Conan infante, la trama se adereza con un villano (James Earl Jones le pone su peculiar cara) de aspecto turbio, pelín amanerado, aterrador por ambiguo, con dos tarugos por guardaespaldas y una especie de culto que parece haber sorbido el cerebro a los acólitos que, enfundados en túnicas, peregrinan hasta una siniestra torre; siempre, con las ya consabidas serpientes dándole el toque ¿circense? De no ser por esto, la función quedaría reducida al constante cortar de cabezas de Conan y algún que otro plano del viaje exterior/interior del héroe a mayor gloria del litoral andaluz (también rodaron en Cuenca, Segovia y Sierra Nevada).

Con Milius y Stone escribiendo, conociendo su potencial, cabría esperar algo más de Conan el bárbaro. Quizás sea un problema de mal envejecimiento: sencillamente, más de 25 años después, visualmente ha cogido polvo, con unos efectos que, hoy, sólo consiguen que esbocemos una sonrisa. Como no podemos negar su condición de película mítica, como tal habrá que respetarla. Aunque esto no oculte sus limitaciones.

Estrenos 4 de septiembre


05 Sep

El perfil bajo sigue presidiendo la cartelera. A la espera de mejores tiempos, una de dos: o quedarse en casa o atreverse con lo que sigue…

-Gamer: Gerard Butler está librando un duro pulso en la batalla por erigirse en el “actor macho número uno”; con Russell Crowe echando panza, sólo Hugh Jackman parece capacitado para optar a ese tipo de papeles, como demostró en Lobezno. Ambos flirtean con otra clase de roles, véase dramático o cómico… con nulo resultado. Lo suyo es repartir galletas pero con un mínimo de dignidad interpretativa, sin los encefalogramas planos de Arnold y Sly, aunque estos competían en una liga más mamporrera. Butler dejó claro en 300 que está capacitado para marcar músculo y leer un puñado de frases. Esta Gamer le viene como anillo al dedo. Nos la venden como vuelta de tuerca sci-fi, llevando la acción a un mundo donde el tema de los videojuegos se ha puesto tan chungo que personas manejan a personas para cargarse a otras personas. Butler es aquí un manejado que quiere dejar de serlo. Por cierto: le maneja el crío de El efecto mariposa, un chaval que apunta maneras.

-Frozen River: dos nominaciones a los Oscar (actriz y guión) y premios indies (Sundance, Independent Spirit Awards); aquí se comerá los mocos sin paliativos.

-¿Qué les pasa a los hombres?: Bajo la etiqueta “comedia romántica” se nos despacha este sub-productillo liviano a base de reparto coral; pululan por ahí la cansina Jennifer Aniston, Ben Affleck (ha vuelto), Scarlett Johanson, Drew Barrymore, Bradley Cooper (descubierto en Resacón en Las Vegas) y Jennifer Connelly (pobrecilla…).

-Hazme reír: Judd Apatow se hace pasar ahora mismo por el Rey Midas de la comedia USA; no se sabe muy bien quién le ha colgado el cartel; lo lleva, y punto; tanto cuando produce como cuando dirige, como aquí. A su vera han florecido actores graciosos como Jonah Hill, descubierto en Supersalidos, y otros pretendidamente graciosos como Seth Rogen, visto/sufrido en Supersalidos, Lío embarazoso¿Hacemos una porno? de Kevin Smith. Aquí añade al cóctel al fraude entre los fraudes, Adam Sandler. Decía esta semana en El País Rocío Ayuso que puede ser un problema de distintas percepciones; que allí hacen gracia cosas que aquí nos dejan indiferentes. Puede ser. Pero objetivamente, las películas de Sandler son una porquería en toda regla. Y punto. Lo tremendo, lo que riza el rizo, es ponerle a tu película un título como Funny people. Vamos, que el señor Apatow nos arroja a la cara un “somos graciosos porque sí” y tenemos que pasar por el aro sin juzgarles antes.

-La clienta: francesa.

-Agallas: españolada con Hugo Silva y Carmelo Gómez.

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.