Ser o no ser

Hace cosa de mes y medio analizábamos cierta película, Malditos Bastardos, con la que Quentin Tarantino volvía a demostrar que sus mejores días han pasado. El director de Pulp Fiction alardeaba de haber bastardizado la Segunda Guerra Mundial, el nazismo, Hitler y todo el/lo que le había venido en gana. Tremendo mérito el suyo en pleno 2009, más de 60 años después de acabada la guerra y con la mismísima Alemania parodiando al Führer. Cuando realmente tuvo mérito enfrentarse, mediante el finísimo estilete de la comedia, al Tercer Reich y sus atrocidades, fue en pleno auge de la locura nazi. ¿1942, por ejemplo? Pues ese es precisamente el año del estreno de Ser o no ser (To be or not to be).
He aquí la premisa argumental: Alemania invade Polonia y cambia para siempre la plácida existencia de los polacos; incluida la de una compañía teatral. Un admirador de la actriz más famosa de Varsovia, a la sazón aviador de la RAF, detecta un complot para terminar con la resistencia, personificado en un cierto profesor que lleva consigo una lista de nombres de mortales consecuencias. El aviador contacta con la actriz y esta, a su vez, con su marido, de tal forma que el plan acaba siendo conocido por la compañía en pleno. La comedia está servida. Disfraces, confusiones, equívocos, malentendidos y, sobre todo, mucho teatro, enredan una trama que avanza a golpe de sublimes líneas de guión y logradísimos gags, siempre con los nazis como objetivo de los dardos y siempre mediante humor del bueno, del fino, del inteligente; sí, de ese del que debería tomar buena nota Tarantino.
A Ernst Lubitsch podríamos estarle eternamente agradecidos por el mero hecho de haber servido de inspiración para el gran, grandísimo (parafraseando una línea de Ser o no ser) Billy Wilder, quien profesaba una admiración sin límites por el cineasta berlinés. Pero este se ganó con creces su lugar en el Olimpo con un puñado de películas estupendas, entre las cuales brilla esta que nos ocupa con luz propia. Parodiar el nazismo con tanta sabiduría y buen gusto está al alcance de pocos. En su propósito le ayudó un elenco de brillantes actores con dos por encima del resto. La legendaria Carole Lombard, que falleció poco después en un accidente de avión, pero tuvo tiempo de dejar uno de los sensuales e inteligentes despliegues con los que se merendaba la pantalla; y Jack Benny, una estrella en Estados Unidos por sus papeles en la televisión y la radio, pero que aquí demostró toneladas de talento a la hora de meterse en el pellejo del desconfiado, algo socarrón y un pelín acomplejado (sobre la tablas) Joseph Tura.
Ser o no ser es una de esas películas que se proyectan constantemente en las aulas, bien como ejemplo de hacer cine, bien para explicar la historia de nuestro tiempo, concretamente ese período tan execrable que fue el nazismo. Viva muestra del impacto de la película de Lubistch, que no debe medirse en premios (sólo una nominación al Oscar, que no fraguó, y por la música) sino en cómo, hoy en día, sigue conmoviendo, deleitando y, sobre todo, haciendo pensar. Pensar: exactamente lo que hacían el director alemán y otros hombres con talento que contribuyeron a levantar Hollywood…
Sí, lo que otros, ahora, tratan de derribar a base de mediocridad.

Junto con “Un ladrón en la alcaba”, “Lo que piensan las mujeres” y “Ninotchka”, creo que es de las mejores películas de Lubitsch, aunque hay unas cuantas más que no habría que dejar de ver.
Un saludo, Pablo.