Archive for January, 2010

Estrenos 29 de enero


30 Jan

Febrero asoma ya su hocico bajo la puerta. Los Oscar, ese oscuro objeto de amor/odio, van cerniéndose como una sombra negra. El nivel, lejos de decaer, mantiene el pulso a base de cintas con opciones y pretensiones. Para los que no hayan visto Avatar, o no planeen volver a ver Avatar, esto es lo que hay de nuevo:

-Invictus: Clint Eastwood, Morgan Freeman, Matt Damon: son palabras mayores. Grandes nombres sumados a grandes mimbres, los del libro de John Carlin, El factor humano (Playing the enemy), que narra la jugada maestra de Nelson Mandela para ganarse el corazón de los blancos sudafricanos. Historia y deporte de la mano en una de las cintas más esperadas. Surgen voces intentando desalentarnos. Algunos críticos, quizás por haber puesto el listón demasiado alto, se han ido defraudados. A nosotros no nos quitan la ilusión.

-En tierra hostil: Dicen que es lo mejor que se ha rodado hasta la fecha sobre la guerra de Irak. Una mujer tras las cámaras y, delante, un puñado de tíos no demasiado conocidos (los fans de The Wire reconoceremos a Marlo Stanfield, eso sí) en un film que parecía dispuesto a arrasar en los premios pero ha ido perdiendo vuelo. Como los premios son una memez, su visión resulta más que recomendable.

-Cheri: Ni Stephen Frears ni Michelle Pfeifer viven su mejor momento. Lo tendrá crudo en la taquilla.

-Todo incluido: Olor a comedia USA (bobalicona, predecible, con un par de gracias) brotando de todos sus poros. La presencia del cansino Vince Vaughn supone una clara invitación… a huir de ella.

-La cuarta fase: Milla Jovovich nunca fue gran cosa. Lo confirma embarcándose en este híbrido de terror y sci-fi.

-Krabat y el molino del diablo: Parece ser que está basada en un fenómeno literario en Alemania, una especie de Harry Potter en plan teutón. Da un poco de grimilla ver por ahí a Daniel Brühl (Goodbye Lenin). Seguramente pasará desapercibida.

-Españoladas: La mujer sin piano; Pedra, peixe, río.

Nueva sección: Made in Europe


29 Jan

Algunos ya os habréis dado cuenta. Para los que no, anunciar formalmente la nueva sección de Celuloides en su jugo: Made in Europe. Nuestra intención es abarcar la mayor cantidad de películas posibles con las secciones, y con Made in Europe vamos a poder reseñar grandes películas de género de producción (o coproducción europea) que, si bien no las consideramos Imprescindibles (antes Clásicos), sí se merecen una nueva revisión. Estamos hablando de subgéneros como el cine polar francés, el spaghetti-western hispano-italiano, el peplum italiano, el fantaterror español… y todo lo que se os ocurra y queráis que critiquemos. Así que… ¡ya estáis pidiendo por esa boquita!

Avatar ya es número 1


26 Jan

James Cameron lo ha conseguido. Se ha derrotado a sí mismo… y ha salido triunfante. No pocos dudaban, hace algo más de un mes, de las posibilidades que tenía Avatar a la hora de arrebatarle a Titanic el honor de ser la película más taquillera de la Historia. Pues bien: ya lo ha conseguido.

Según el portal especializado Box Office Mojo, 39 días le han bastado a la aventura galáctico-ecológica para imponerse al drama a bordo del trasatlántico más famoso de todos los tiempos. Según los últimos datos, Avatar amasa ya más de 1.858 millones de dólares; esto es, 15 más que Titanic. El nuevo blockbuster del tito James se ha hecho fuerte especialmente fuera de casa, donde ha logrado 1.303 millones por los 1.242 de su contrincante. Así que el próximo reto está en los States, donde el barco todavía navega pese a la amenaza del iceberg futurista: los 555 millones de dólares de las aventuras de Pandora aún no hacen sombra a los 600 de la cinta protagonizada por Di Caprio y Winslet.

Larga será todavía la vida de Avatar. Las nominaciones a los Oscar, si se confirman las buenas sensaciones de los Globos, le insuflarán nuevo aire. Muchos espectadores de la opción 3-D siguen esperando encontrar un hueco en las salas. Los más fans la ven una y otra vez. Es difícil prever dónde estará el techo, aunque la mágica cifra de los 2.000 millones está muy cerca de hacerse realidad. Y a partir de ahí…

Como broche a esta entrada, recordaros la opinión que ya expresamos en su día al hilo de la fiebre que ha suscitado la meteórica cabalgada de Avatar en el box office. Insistimos: la inflación y los precios del 3-D han aupado sensiblemente el resultado.

Y si no nos creéis, echadle un vistazo a este interesante reportaje de The Hollywood Reporter, bebiendo igualmente de The Box Office Mojo, que recuerda que, por número de entradas vendidas, Avatar es la número 26 con 76 millones; es decir, casi la mitad de Titanic (6ª con 128) y muy lejos de la líder, Lo que el viento se llevó (¡202 millones!).

Nip/Tuck


25 Jan

La cirugía plástica como metáfora de los tiempos que corren, de la sociedad en la que vivimos; al menos, en la que viven algunos, aunque, hasta cierto punto, nadie está libre de ser víctima de obsesiones y complejos. La búsqueda de la perfección, la erradicación de lo feo, lo torcido, lo demasiado grande o demasiado pequeño, lo fláccido, son el perfecto caldo de cultivo para esas inseguridades, fobias y fantasmas de los que se nutren unos cirujanos con cuentas corrientes tan infladas como sus egos.

El tema musical que acompaña a los títulos iniciales de Nip/Tuck no es casual. “Hazme bello/bella… hazme una cara perfecta, dame una vida perfecta”. Toda una declaración de intenciones. Un aviso de que nos moveremos entre tajo y tajo de bisturí, asistiendo a un desfile de personajes, a cual más absurdo o desquiciado, que hace de su paso por el quirófano una cuestión de vida o muerte. Ese es el plan inicial. Mostrar la compleja vida de dos cirujanos, los doctores Christian Troy y Sean McNamara, y la no menos peculiar existencia de sus pacientes.

Troy/McNamara o las dos caras de un mismo espejo: Troy el soltero vividor, el bachelor que salta de modelo en camarera y tiro porque me toca, con sus modales de chulo enfudado en trajes de Gucci, pasándose la ética médica por el forro; McNamara el casado infeliz, su vida conyugal convertida en un yo-yo, esforzado padre, abnegado profesional. Obviamente, dos tipos tan extremos que están llamados/condenados a intercambiar sus roles: el playboy ansía cierta paz en su vida; el serio y responsable, cierto nivel de desmadre.

Y desmadre es la palabra: Nip/Tuck arranca con cierta calma aunque con esporádicos estallidos anómalos; brota un mafioso pederasta aquí, una vieja ricachona insatisfecha allá; pero la serie discurre por un carril que, dentro de lo que cabe, podemos considerar normal. Ocurre, sin embargo, que su creador, Ryan Murphy, ha ido retorciendo la trama a lo largo de las ya 6 temporadas, de forma imparable y cada vez más acusada, hasta que ha llegado un punto en que los límites, más que traspasarlos, han saltado por los aires. Explicarlo con ejemplos sería convertir esta entrada en un campo de minas en forma de spoilers.

Bastará decir que pocas veces se ha visto tal nivel de esquizofrenia en el timón de una serie, tal afán por llegar más lejos que nadie aún a costa de no resultar creíble. Murphy debió de pensar, y con razón, que sin rozar el extremo llegaría un punto en que acabaríamos aburriéndonos de su pareja de cirujanos, por más que resulte entretenido observar las andanzas del desatado Troy y algo más tedioso contemplar cómo se derrumba el idílico hogar de los McNamara. Seguramente acertó al intuir que no sería suficiente con las creativas y originales escenas de quirófano, con operaciones tremendamente creíbles, gracias a un excelente maquillaje, a golpe de musiquita moderna. La solución, sin embargo, rizar el rizo hasta perder la perspectiva, se ha revelado una huida hacia delante… y el camino sabemos que termina en precipicio por el que despeñarse sin remedio. Una lástima, porque su segunda temporada, cuando las cosas eran más o menos “normales”, se llevó el Globo de Oro a mejor drama, y fueron varias, en el arranque, las nominaciones tanto a los Globos como a los Emmy.

Entre aquellos que casi cataron las mieles del éxito, además de Murphy (quizás no supo asimilarlo), estuvo Julian McMahon, quien curiosamente cede el apellido serio a su compañero, Dylan Walsh (punto y aparte merece el nombre real de la anestesista, ¡Roma Maffia!). McMahon, visto también en Embrujadas, lo cual demuestra que todos merecemos otra oportunidad, está impecable como el chulazo arrogante y mujeriego Dr. Troy, si bien es cierto que Walsh se bate el cobre para no desmerecer en el tándem, aunque el suyo es un papel menos agradecido.

Pero todas estas apreciaciones sirven para el inicio de Nip/Tuck. Lo que ha venido después no tiene ni pies ni cabeza. Es el sinsentido pasado por el filtro del absurdo. El desmadre hecho serie.

Estrenos 22 de enero


23 Jan

Extraña mezcolanza la de este fin de semana: películas oscarizables y auténtica morralla infumable de la peor calaña. Con todo, debemos darnos con un canto en los dientes ante la posibilidad de disponer de un título de obligada visión y otro, cuando menos, aceptable:

-Up in the air: Caballo ganador hasta hace poco en toda las quinielas de Hollywood, se ha desinflado bastante en las últimas semanas. Primero, adelantada por The Hurt Locker y su dramatismo bélico. Y después, sobrepasado por ese cohete que se lo lleva todo por delante que es Avatar. Pero lo nuevo de Jason Reitman, el padre de Juno, está llamado a ser uno de los títulos de referencia del año. Dramedia de esas tan en boga en los últimos tiempos, donde triunfa la hibridación de géneros, proporciona a George Clooney un papel que el galán entre galanes dicen que borda. Historia con regusto amargísimo y pinceladas de comedia inteligente, su visión, tal y como están las cosas, es poco menos que imprescindible.

-Nine: Esta sí que ha perdido fuelle, y de qué manera. Rob Marshall (Chicago) se atreve a versionar al mismísimo Federico Fellini, concretamente a esa obra bizarra y ultra-personal que es 8 1/2. Le perdonaremos la desfachatez porque, en realidad, su referencia es la adaptación a Broadway de la película del genio italiano. Perdida la cuenta de las veces que hemos visto las dos o tres fotos de rigor de Pe retozando y rebozándose en ropa interior por un escenario, aparentemente bailando (!) y cantando (!!), esta vez sin que la doblen lastimosamente, ahora dicen por ahí que Fergie, la cantante de Black Eyed Peas, es quien realmente roba la función. A un servidor, esta cinta no le llama en absoluto la atención, pero tendrá su público.

-Ricky: Comedia francesa, un bebé, tintes fantásticos.

-Rompedientes: Otra memez a la altura de The Rock.

-La herencia Valdemar: Se agradece el (rarísimo) esfuerzo por hacer una película de género en este país. El resultado… eso ya no está tan claro.

Los mayores gatillazos del último lustro


23 Jan

Puede que esta entrada, paradójicamente, esté tan condenada al fracaso como sus protagonistas. Ocurre habitualmente que los asuntos pecuniarios, véase taquillas, recaudaciones, presupuestos, costes de producción, no enganchan al personal. Sin embargo, uno se resiste a no dar bola a un asunto que llama poderosamente la atención y que nos proporciona nada más y nada menos que la revista Forbes: conocida, sobre todo, por elaborar la lista de los hombres y mujeres más ricos del planeta, ahora se marca otra que nos toca de lleno, la de los mayores fiascos en el celuloide durante los últimos 5 años.

Siempre según Forbes, el dudosísimo honor recae en Todos los hombres del rey, gracias a los pírricos 9 kilos que recaudó en todo el mundo cuando su presupuesto era de 55 millones; es decir, un saldo negativo de -44 millones de dólares. Con Steven Zaillian dirigiendo, y Sean Penn encabezando un reparto con Kate Winslet, Jude Law, Anthony Hopkins y James Gandolfini… está claro que algo falló a la hora de conectar con el público.

Tampoco conectaron demasiado las dos cintas que completan el podio: The Express, con Dennis Quaid y el fútbol americano universitario como telón de fondo, se llevó 10 millones pese a haber costado 40 (-30); y Stay, de Marc Foster, sólo alcanzó los 8 frente a los 30 de inversión (-22). Ojo, porque en el cuarto lugar aparecen Quentin Tarantino y Robert Rodríguez con Grindhouse, uno de los gatillazos más sonados de los últimos tiempos, en términos de auto-bombo y coñazo previos. El enésimo homenaje/parodia de Tarantino, con Rodríguez a rebufo, llamado a recuperar los pases continuos (mutilado aquí porque las cintas se emitieron por separado, destrozando de paso la gracia de los tráilers ficticios e intermedios), no pasó de los 25 millones; sí, más que las anteriores… pero es que los efectos especiales habían disparado el díptico (Planet Terror + Death Proof) hasta los 67 kilazos, lo cual arroja un sangrante -42; así se entiende después que los Weinstein anden arruinados y Rodríguez rodando basurillas comerciales (Tarantino, aparentemente, salió mejor librado, y si perdió pasta, la habrá recuperado sobradamente con Inglorious Basterds).

Del resto de fracasos, es lógico que aparezca hasta dos veces Eddie Murphy; sorprende que el género fantástico acumule tropiezos (The Fountain, Invasión); y hasta cierto punto es comprensible que la pretenciosa El asesinato de Jesse James, por mucho Brad Pitt, saliera de todo menos rentable.

España, fuera de los Oscar


20 Jan

Es posible que Pedro Almodóvar esté ahora mismo frotándose las manos. ¿Por qué? Porque la película elegida por la Academia española en lugar de la suya, en lugar de Los abrazos rotos, que no es otra que El baile de la victoria, no ha pasado el corte para optar al Oscar de Mejor Película Extranjera.

En Estados Unidos parece que no ha cuajado el regreso de Trueba, basado en una novela de Antonio Skármeta. En cambio, la última cinta de Almodóvar ha sido candidata a los Globos de Oro y la Palma de Oro en Cannes, ente otras ceremonias, eventos y fiestas de este pelo. Al otro lado del charco, Pedro triunfa: es un hecho. De ahí a que, por decreto, tenga que ser nuestro representante, media un largo trecho. Lo reconozco: no he visto ni una ni otra. Así que estoy igualmente incapacitado para juzgar.

Sobre las nueve cintas que sí optan al Oscar, tres destacan por encima del resto: por Alemania, La cinta blanca, de Michael Haneke, recién estrenada en nuestro país; por Argentina, la estupenda El secreto de sus ojos, de Campanella, con Ricardo Darín (que, curiosamente, también sale en El baile de la victoria) bordando un papelón; y por Francia, Un prophète, de Jacques Audiard, Gran Premio del Jurado en Cannes y que aquí no podremos ver hasta finales de febrero. Debo admitir (y van dos) que del resto no me suena ninguna. Eso sí, llama la atención la bandera de dos de las candidatas: Perú y Kazajistán.

Blow-Up


20 Jan

En 1954, Alfred Hitchcock entrega una de sus mejores películas, un clásico sublime e imperecedero: La ventana indiscreta. Doce años más tarde, Michelangelo Antonioni deja Italia, donde ha cosechado éxito tras éxito con su reciente trilogía (L’avventura, La notte, L’eclisse), y viaja a Londres para rodar Blow-Up (Blowup, 1966). Ambas, con dos elementos en común: un fotógrafo y un crimen.

Ahí acaban las coincidencias. Porque Blow-Up viene a ser algo así como La ventana indiscreta pasada por un filtro pop y (pseudo) filosófico; en resumen, sesentero. Todo lo que en la película de Hitchcock era acción perfectamente medida, una trama absorbente donde los hallazgos y golpes de guión estaban dosificados con la maestría del señor del suspense… aquí se dilata hasta el punto de que del crimen no tenemos noticia hasta que ha pasado una hora de película y quedan tres cuartos, y antes, en términos de intriga, ha ocurrido más bien poco.

Por seguir demoliendo el paralelismo, si el personaje (fantástico) de Jimmy Stewart era un maduro foto-reportero inutilizado por culpa de una pierna rota, aquí el joven protagonista, interpretado por David Hemmnigs, un rubiales inglés con cara de Beatle, no duerme durante más de un día, yendo de un lado para otro, y fundiendo su tiempo, sobre todo, en fotografiar a modelos mientras suenan en el tocadiscos temas que, en 2010, chirrían por viejunos.

Retomando los nexos, el hallazgo del crimen es igualmente casual y fruto del voyeurismo. Si Jeff se pasaba el día espiando a sus vecinos por puro aburrimiento, primero, y auténtico interés, después, Thomas acude al parque donde se registra el asesinato para desintoxicarse de tanta modelo anoréxica y tanta foto de catálogo. Busca nuevas sensaciones, como las que le han llevado, en el arranque, a infiltrarse entre un grupo de obreros para lograr imágenes que irán recopiladas en un libro. En ese parque, e insistimos que de forma accidental, Thomas registra la muerte… aunque sin saberlo durante un buen trecho de metraje.

A los mandos del artefacto, Antonioni, absolutamente decidido a que su obra grite “pop” y “british”  a los cuatro vientos, pero asegurándose, y no necesariamente en menor medida, la aclamación como autor (o auteur, que dirían los franceses). Así, prima la imagen sobre la acción y las escenas se alargan todo lo que haga falta, sin grandes esfuerzos en la sala de montaje y permitiendo una atmósfera despaciosa y, por momentos, espesa, plomiza. Su alter ego es el citado Hemmings, un tipo que actuaba desde los 9, exponía cuadros desde los 15 y se largó siendo un chaval a Austria a hacer magia en la calle y actuar en garitos. Curioso arranque para una vida que terminó abruptamente, de un ataque al corazón, en Rumanía, rodando una película.

A Cummings, sin embargo, lo borra Antonioni de un plumazo, y esto es literal, justo antes de los títulos de crédito. El final, que no desvelaremos, aunque no aporta gran cosa, poco tiene que ver con el clímax de La ventana indiscreta, por cerrar el círculo de la impostada comparación que nos ha servido de leit motiv. Son tantas las diferencias, en realidad, que si la chica de Hitch era la estupenda Grace Kelly, la del cineasta italiano es la desgarbada Vanessa Redgrave, toda una dama del cine británico, pero nada que ver con la futura monarca monegasca.

Blow-Up, o La ventana indiscreta sin suspense pero con inglesas posando, busca escarbar en la sociedad de los 60, ofreciendo alguna que otra pincelada de una juventud que no sale precisamente bien parada (los que no fuman hierba se pasean en un coche como mimos vociferantes). Y elige al fotógrafo voyeur, como ya había hecho el gran Alfred, para que observemos la realidad a través de su cámara y en las piletas de su laboratorio de revelado.

Filma Antonioni a partir de un texto de Cortázar. Delicatessen. Pero me quedo con Hitch.

Unos Globos muy comerciales


18 Jan

Si los Globos de Oro, siguiendo uno de los clichés más trillados de Hollywood, son realmente la antesala de los Oscar, este año la Academia mostrará su lado más comercial y dejará a un lado las apuestas arriesgadas, decantándose por el valor seguro y los productos que mejor han funcionado en taquilla.

Este es, a bote pronto, el análisis que cabe hacer de los galardones que entregó anoche la Asociación de Periodistas Extranjeros de la Meca del Cine. Desde este blog denostamos este tipo de ceremonias con la misma facilidad con la que, en seguida, nos dedicamos a escudriñar la lista de premiados: así de débiles somos. Y visto lo de esta madrugada de domingo, no hace falta escudriñar demasiado. Cualquiera, con la relación de triunfadores ante sus ojos, perfectamente recopilada por IMDB, se dará cuenta de inmediato de que no nos falta razón.

Avatar, que a estas alturas amasa unos 1.600 millones de dólares y tiene a Titanic a tiro de piedra, ya no sólo se come la taquilla, sino que cautiva a la crítica: mejor película dramática y mejor director para el tito James (Cameron). En el apartado de mejor comedia, premio para Resacón en Las Vegas. ¿Elección facilona? Ha sido la tónica de una gala en la que han mojado, por sus interpretaciones, Jeff Bridges (drama – Crazy Heart), Robert Downey Jr (comedia – Sherlock Holmes), Sandra Bullock (drama – The blind side) y Meryl Streep (comedia – Julie y Julia). Salvo Crazy Heart, producciones todas con impacto en la taquilla; los secundarios no han desentonado: Christophe Waltz (Malditos bastardos; lo mejor de esta sobrevalorada cinta, de largo) y Mo’Nique (Precious, un fenómeno en USA). ¿Conclusión? Se quedan a dos velas Tarantino, Clooney, Reitman y compañía, aunque Up in the air se consuela con el premio al mejor guión.

Up, relegada a la categoría de animación de forma insultante, añade a su triunfo en este segmento el de mejor banda sonora, mientras que la mejor canción recae en Crazy Heart. Y Pedro Almodóvar, esta vez, se va de vacío: la mejor cinta extranjera, La cinta blanca, de Michael Haneke. Por cierto: tampoco Pe, que peleaba con Mo’Nique, salió a recoger su premio (y Nine, de la misma forma, se fue de vacío).

En el apartado televisivo, exclusivo de los Globos, a destacar que Mad Men fue designada mejor drama y Glee, nuevo fenómeno, mejor comedia. Entre los intérpretes, nombres que ya aburren, como el de Alec Baldwin por 30 Rock, o Toni Collette por United States of Tara; doblete para Dexter (Michael C. Hall y John Lithgow); y relativas sorpresas en el resto de designaciones femeninas: Julianna Margulies y Chloe Sevigny.

Volviendo al principio, si los Oscar deciden seguir el ejemplo de los Globos de Oro y premiar la taquilla, Cameron y su Avatar pueden llevarse a casa un buen puñado de estatuillas; sobre todo, si damos por descontado que arrasará en los premios técnicos (efectos, etc).

La Reina de África


17 Jan

En 1951 John Huston viaja al Congo junto a Humphrey Bogart (acompañado de su esposa, Lauren Bacall) y Katharine Hepburn para rodar La reina de África (y según las malas lenguas, para cazar un elefante). Allí, con un calor sofocante, en medio de nubes de mosquitos y con todo el equipo enfermo por disentería, Huston consigue una película redonda que ya es, por derecho propio, todo un clásico.

Estamos en el África Oriental Alemán. Una pareja de misioneros ingleses, Samuel Sayer (Robert Morley) y su hermana Rose (Katharine Hepburn), se esfuerzan en evangelizar a los sufridos habitantes de una aldea a orillas del río Ulunga, con poco éxito. Periódicamente son visitados por el canadiense Charlie Allnut (Humphrey Bogart), un transportista que viaja por el río a bordo de su vieja barcaza, The Africa Queen. Allnut comunica a los hermanos Sayer que la guerra ha comenzado en Europa (la Primera Guerra Mundial), y que pronto se extenderá por las colonias africanas. Poco después de su marcha, los alemanes entran y saquean la aldea, lo que provoca la locura en Samuel, que morirá días después entre delirios. A su vuelta, Alnnut encuentra a Rose totalmente sola y la invita a viajar con él en La Reina de África. Rose acepta en un primer momento, pero una vez a bordo rechaza el plan de Allnut, que consistía en navegar hasta una isla para esconderse durante la guerra, y le convence de viajar río abajo para atacar al Luisa, la cañonera alemana que vigila el lago Victoria. Allnut, que conoce el río y es consciente de lo peligroso de la misión, acepta convencido de que Rose se echará atrás al menor signo de dificultad. Surge entonces una lucha entre dos personalidades totalmente opuestas: la tenacidad y el rigor de Rose contra la desidia y la fanfarronería de Charlie.

Se trata, por tanto, de una travesía que Huston podría haber convertido en épica, ya que no son pocas las penalidades que deben sufrir los protagonistas: calima, lluvias torrenciales, insectos, alemanes, rápidos… Pero Huston prefiere centrarse en el lado humano, en la relación del hombre ante un entorno tan hostil como majestuoso. Un entorno que une a dos personas totalmente diferentes, y las cambia para siempre. Y para ello usa la comedia, el drama, la acción, la aventura… Se podría decir que La reina de África es una amalgama de géneros y al mismo tiempo no pertenece a ninguno. Es una película única y atemporal realizada con la pericia de un maestro y con el arte de dos soberbios actores.

Bogart ganó su único Oscar por esta película. Y realmente resulta encomiable su trasformación en un juerguista bonachón que reniega, como lo haríamos todos, de heroicidades y sólo vive para su viejo cascarón. Lo increíble es que no se lo llevara Katharine Hepburn (se lo arrebató Vivien Leigh por Un tranvía llamado deseo). Hepburn realiza una actuación llena de sentimiento que unas veces nos hace reír, otras llorar y otras, simplemente, emocionarnos con un personaje entrañable y muy trabajado.

Nada de esto sería posible si James Agee y el propio Huston no hubieran bordado un guión, basado en una novela de C.S. Forester, que, a golpe de diálogo, suministra la gasolina justa para que La reina de África navegue durante 105 minutos sin que el viaje nos parezca largo, ni las vistas aburridas. Todo lo contrario.

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.