En tierra hostil

by Carlos

Aunque la crítica suele presentar a Kathryn Bigelow como la ex-mujer de James Cameron (mierda, lo acabamos de hacer), lo cierto es que atesora un currículum como directora de los más envidiable y variopinto: de la interesante Los viajeros de la noche (Near Dark, 1987) a la trepidante Le llaman Bodhi (Pont Break, 1991), pasando por el fiasco de K-19: the widowmaker (2002) o la arriesgada Días extraños (Strange Days, 1995). En definitiva, una mujer acostumbrada a manejar testosterona y que con su último trabajo, En tierra hostil (The hurt locker, 2008), optará por vez primera al Oscar a la mejor dirección y a la mejor película. Por supuesto, no seremos nosotros los que recurramos al morbo al recordar que se enfrentará en estos dos apartados a su ex-pareja (mierda, lo hemos vuelto a hacer), el flamante creador de Avatar. A nuestro juicio, es mucho más relevante resaltar que puede ser la primera directora de cine en ganar el Oscar. Para empezar, ya se ha llevado el premio del sindicato de directores.

Pero hablemos de En tierra hostil, film con nueve nominaciones al calvo de oro y que ha sido la gran sorpresa del año con una historia tan simple como efectiva: el día a día de una brigada estadounidense de desactivación de explosivos en Irak. Dividida en actos, esta brigada de tres hombres se verá envuelta en diversas situaciones, a la cual más peliaguda, que tendrán en vilo al espectador. La sensación es la de estar viendo varios capítulos seguidos de una serie de televisión: escenarios más o menos iguales, un trío protagonista con muy pocos secundarios y la misma fórmula en cada acto: aviso de bomba, la cosa se complica y final feliz (casi siempre). En este aspecto, el trabajo es encomiable: con cada nueva bomba, no sólo aumenta la dificultad para los personajes, sino que les expone al límite para ofrecernos más información sobre ellos. Se podría hablar de una larga presentación de personajes aderezada con una narración ágil, una factura bella y hasta poética en algunos casos, y una acertada ausencia de crítica o propaganda. No hay puntos de giro, ni enrevesadas subtramas… simplemente la vida de unos hombres esperando llegar vivos al día de su reemplazo.

Precisamente en el guión está lo mejor y lo peor de esta película. Si bien estos episodios de violencia funcionan perfectamente como pequeñas historias, globalmente la película gira en espiral sin nada que empuje a los personajes, aparte de sus obligaciones como soldados. Esa larga presentación termina con un final de lo más abrupto que nos lleva justo al principio. Además, las subtramas tienen muy poca fuerza y no aportan casi nada. Estamos, en definitiva, ante una estructura no clásica con un desarrollo sobresaliente pero rematado de forma imprecisa.

Los actores, en su mayoría desconocidos, hacen un  trabajo muy convincente. Tanto como el Bagdad retratado en la película (que se rodó en Jordania), un moderno salvaje oeste con una atmósfera agobiante y caótica en la que acechan los peligros. Y es que En tierra hostil recuerda muchas veces a un western en el que tres sheriff intentan imponerse en una ciudad sin ley, una sensación que se acentúa con el desierto, las estrechas calles y las emboscadas que sufre la unidad de desactivación de explosivos. Porque más que en tierra hostil, lo que están es solos ante el peligro.

Veredicto: 7,5

Lo mejor: Acción bien rodada sin ataduras morales. Y que Evangeline Lilly aparece en un minúsculo papel.

Lo peor: El final. ¿Y por qué sale tan poco Evangeline Lilly?

Un hombre soltero

by Pablo

Mentiría si dijese que el salto de Tom Ford del mundo de la moda al del cine a todos los efectos, escribiendo un guión y rodándolo, cuando toda su experiencia previa residía en el vestuario de Quantum of Solace, no me hizo desconfiar. Sabedor de lo que ocurre cuando un director de vídeo-clips da el salto al celuloide, me temí algún tipo de experimento que guardaría con una película al uso poca o ninguna similitud. El resultado de Un hombre soltero (A single man, 20o9) es, en cambio, mucho más que digno. Cierto que ayuda sobremanera el haberse apoyado en una novela como sustrato argumental. Medida inteligente y acertada para un debut ante las cámaras.

Ante todo, el film está rodado con un gusto exquisito, lo esperable del tipo que rescató a Gucci de la bancarrota. Un buen gusto reñido, a menudo, con una tendencia considerablemente acusada hacia lo pretencioso, siempre con un punto de amaneramiento que también cabía esperar del diseñador. Escenas como la que abren la película, y me refiero al cuerpo nadando ¿sugerentemente? en el agua, como si bailara; o la del beso en la nieve, buscan ser líricas, poéticas, y resultan, sin embargo, cargantes, artificiales y, lo dicho, pretenciosas.

De hecho, cuando mejor funciona Un hombre soltero es cuando Ford se deja de chorradas y rueda una película al uso: cuando nos muestra a ese profesor británico de Universidad al que la pérdida de su compañero sentimental (es gay) supone una losa tan tremenda que es incapaz de encarar el día con una sonrisa. Sí, la cinta sigue siendo lenta y despaciosa, pero ya no artificial, y permite recrearse en las buenas maneras de Ford, en ese buen gusto del que sabe hacer gala.

Desde luego, es una suerte contar con un señor como Colin Firth, al que admito haber cogido tirria en las películas de Bridget Jones, pero que aquí borda el papel, en una interpretación medida y muy lograda, de las que consiguen soportar sobre sus hombros todo el peso del metraje, justamente reconocida con la Copa Volpi en Venecia y una candidatura en los Oscar. Su George tiene un aire, con el traje y las gafas de pasta, al Guido de 8 1/2 de Fellini. Firth despliega su talento y está bien secundado tanto por Julianne Moore como por el novato Nicholas Hoult, que interpreta al posible nuevo amante. En la intensa jornada que abarca el arco argumental del film (salpicado de flashbacks, el recurso de Ford para explicarnos el ahora pasando por el antes y expandir la trama) también hay tiempo para que emerja, a modo de pasajero objeto de deseo, el modelo Jon Kortajarena, en una irrupción más bizarra que otra cosa, como remedo ¿madrileño? de James Dean. “Me llamo Carlos”, suelta…

Si algo hay que agradecerle al diseñador Ford es que Un hombre soltero no sea un capricho, la veleidad de un tío con demasiado dinero y demasiadas ínfulas. Nada de eso: estamos ante una película trabajada, a la que lastran los excesos oníricos y un pelín de metraje, pero que pasa holgadamente el corte.

Veredicto: 7.

Lo mejor: Colin Firth.

Lo peor: Esas escenas de desnudo acuático…