Un hombre soltero

Mentiría si dijese que el salto de Tom Ford del mundo de la moda al del cine a todos los efectos, escribiendo un guión y rodándolo, cuando toda su experiencia previa residía en el vestuario de Quantum of Solace, no me hizo desconfiar. Sabedor de lo que ocurre cuando un director de vídeo-clips da el salto al celuloide, me temí algún tipo de experimento que guardaría con una película al uso poca o ninguna similitud. El resultado de Un hombre soltero (A single man, 20o9) es, en cambio, mucho más que digno. Cierto que ayuda sobremanera el haberse apoyado en una novela como sustrato argumental. Medida inteligente y acertada para un debut ante las cámaras.
Ante todo, el film está rodado con un gusto exquisito, lo esperable del tipo que rescató a Gucci de la bancarrota. Un buen gusto reñido, a menudo, con una tendencia considerablemente acusada hacia lo pretencioso, siempre con un punto de amaneramiento que también cabía esperar del diseñador. Escenas como la que abren la película, y me refiero al cuerpo nadando ¿sugerentemente? en el agua, como si bailara; o la del beso en la nieve, buscan ser líricas, poéticas, y resultan, sin embargo, cargantes, artificiales y, lo dicho, pretenciosas.
De hecho, cuando mejor funciona Un hombre soltero es cuando Ford se deja de chorradas y rueda una película al uso: cuando nos muestra a ese profesor británico de Universidad al que la pérdida de su compañero sentimental (es gay) supone una losa tan tremenda que es incapaz de encarar el día con una sonrisa. Sí, la cinta sigue siendo lenta y despaciosa, pero ya no artificial, y permite recrearse en las buenas maneras de Ford, en ese buen gusto del que sabe hacer gala.
Desde luego, es una suerte contar con un señor como Colin Firth, al que admito haber cogido tirria en las películas de Bridget Jones, pero que aquí borda el papel, en una interpretación medida y muy lograda, de las que consiguen soportar sobre sus hombros todo el peso del metraje, justamente reconocida con la Copa Volpi en Venecia y una candidatura en los Oscar. Su George tiene un aire, con el traje y las gafas de pasta, al Guido de 8 1/2 de Fellini. Firth despliega su talento y está bien secundado tanto por Julianne Moore como por el novato Nicholas Hoult, que interpreta al posible nuevo amante. En la intensa jornada que abarca el arco argumental del film (salpicado de flashbacks, el recurso de Ford para explicarnos el ahora pasando por el antes y expandir la trama) también hay tiempo para que emerja, a modo de pasajero objeto de deseo, el modelo Jon Kortajarena, en una irrupción más bizarra que otra cosa, como remedo ¿madrileño? de James Dean. “Me llamo Carlos”, suelta…
Si algo hay que agradecerle al diseñador Ford es que Un hombre soltero no sea un capricho, la veleidad de un tío con demasiado dinero y demasiadas ínfulas. Nada de eso: estamos ante una película trabajada, a la que lastran los excesos oníricos y un pelín de metraje, pero que pasa holgadamente el corte.
Veredicto: 7.
Lo mejor: Colin Firth.
Lo peor: Esas escenas de desnudo acuático…

[...] -Un hombre soltero: Tom Ford, diseñador famoso por salvar a Gucci, se pasa a la dirección y sorprende por sus buenas maneras. Bastante pretencioso, nadie puede negarle un gusto soberbio y pulso firme, muy firme para tratarse de su debut. Colin Firth, candidato al Oscar, borda su papel. Aquí ya dimos nuestra opinión. [...]