07th Mar2010

Un profeta

by Pablo

Películas sobre mafiosos o criminales que rondan o superan las dos horas y media: las tres entregas de El Padrino, Scarface, Uno de los nuestros; y ahora, Un profeta (Un prophète, 2009). Su director, Jacques Audiard, encontrará justificado tamaño metraje; el espectador, sin embargo, sale del cine con la sensación de que se le ha despachado un menú demasiado largo.

Argumentalmente, Un profeta estaría más próximo a Scarface que a El Padrino: no estamos ante la gran historia de una saga familiar (mafiosa) sino ante el ascenso, partiendo de la nada, de un criminal. Audiard ha querido dejar muy claro que su Malik El Djebena poco tiene que ver con Tony Montana. No quería, ha dicho, un neurótico dado al exceso (El Djebena arranca con un perfil más que bajo). Volviendo a la cuestión del metraje, si en El Padrino estaba más que justificado, Scarface tampoco parecía necesitado de unas horas de tijera en la sala de montaje.

Con Un profeta, en cambio, da la sensación de que a Audiard se le ha ido la mano. Quiere ser minucioso, y es uno de los puntos fuertes de la película, en la narración de cómo su héroe va escalando lenta y dolorosamente, ascendiendo en la cadena alimenticia a base de palos, asesinatos y tareas propias de un criado. Si en algún aspecto debía ser especialmente cuidadoso, era precisamente en ese. Difícilmente el espectador habría podido perdonarle que, al más puro estilo de las películas mediocres, solventara la transformación de chorizo de medio pelo en jefecillo del hampa en un cuarto de hora, después de dos peleas, un puñado de frases y una musiquilla trágica sonando de fondo mientras se van encadenando escenas insulsas donde se narra lo mal que se pasa en la cárcel.

Audiard no comete ese pecado. Su aproximación al verdadero mundo carcelario es soberbia. Delata una excelente documentación. Los vigilantes son creíbles, los presos son creíbles, los clanes (los corsos, los árabes) son creíbles. El realismo es potente, agresivo (la primera ejecución, sin ir más lejos). Pero sí comete Audiard otro pecado: su voluntad de documentarlo todo al detalle alarga tremendamente la película. Falta capacidad de síntesis en algún punto, aunque tiene la virtud de hacer complicado el adivinar dónde habría podido meter la tijera. Puestos ya a completar la lista de defectos, los sueños y paranoias que asaltan al protagonista se antojan altamente prescindibles. Quiere Audiard eludir la pureza del género y aportar pinceladas poéticas, pero no cuesta imaginar la cinta sin esas escenas, e incluso mejorando.

Advertidas los puntos negativos, es de justicia reiterar que tanto el tratamiento de la prisión como la evolución de El Djebena son sobresalientes. Apoyados, no es menos cierto, por el excelente trabajo del actor principal, el hasta ahora desconocido Tahar Rahim, que le da a Audiard eso que pedía: nada de excesos, nada de muecas, nada de hundir la cara en una montaña de coca. Rahim está perfecto en todo momento: lo mismo recibiendo una paliza para robarle sus zapatillas que sufriendo ante su primer asesinato, asumiendo sus nuevos galones y experimentando la indescriptible sensación de sentirse libre de nuevo. Niels Arestrup como el capo corso César Luciani maneja un registro mucho más expansivo que encarna con idéntica brillantez.

En todos los premios, y han sido muchísimos, atesorados por Un profeta se detecta el aplauso al esfuerzo por haber penetrado en un mundo que no es nuevo, el de la cárcel como microcosmos, y haberlo desprovisto de los tópicos y lugares comunes en los que habitualmente ha incurrido el cine, especialmente el americano. Igualmente, el haber trascendido el género para servir lo que, en definitiva, no es más que otra historia de superación personal. El Djebena no descubrirá nunca la cura contra el cáncer ni marcará el gol definitivo en la final del Mundial, pero se ha labrado un estatus partiendo de una situación que no podía ser menos ventajosa. No hay esa loa al mafioso que algunos han querido ver en El Padrino, sino un retrato minucioso del éxito del paria. Lástima que, a cambio, hayan sido necesarios 155 minutos.

Veredicto: 8.

Lo mejor: Tahar Rahim.

Lo peor: Excesivo metraje.

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2 Responses to “Un profeta”

  • Juan

    Película+mafia=Algo larguísimo siempre. Es el gran problema de este genero creo yo. Una buena película de mafia de 85 minutos de metraje sería algo acojonante.

    Aunque salga del género, creo que lo mejor de Avatar es eso… que siendo muy larga se hace corta y eso es que está bien hecha.

  • Pablo

    Para mí, un metraje largo tiene que estar justificado. Por ejemplo, en El Padrino estás contando la historia de una saga. En El Señor de los Anillos, un viaje largo, una guerra de por medio. 5-6 años de un tío en una cárcel tendrían que poder despacharse en hora y media, 2 como mucho. Aún así, es una buena película, pero lo sobran cosas.

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