Archive for May, 2010

Perdidos en el final de Lost


31 May

Ya está. Terminó oficialmente en España Perdidos, la serie que ha revolucionado la ficción televisiva en medio mundo (si quieres saber el porqué, entra aquí). Ha sido un final más emotivo que emocionante, y que deja muchos asuntos en el aire.

———SPOILERS———

Hay escenas sublimes, como los momentos de regresión en la realidad alternativa, el reencuentro de Jack con su padre y ese plano final de Jack con el perro que enlaza con el primer capítulo de la serie. Pero también hay cosas demasiado toscas como para obviarlas: los bandazos de Ben entre los buenos y los malos con su progresiva decadencia en cuanto a importancia en la serie, la ridícula trama mística entre Jacob y su hermano (sin ella el final podría haber sido igual), el tapón de quita y pon que deja en nada la fantástica metáfora de la botella, el as en la maga del piloto sobreviviendo milagrosamente a un hundimiento de submarino para poder pilotar el avión, y tantos y tantos interrogantes que han quedado sin resolver.

———SPOILERS———

Aún no estoy capacitado para realizar un juicio sobre este final. De momento, relleno ese vacio que me ha dejado la certeza de que ya no volveré a disfrutar de esta fantástica serie, escuchando, una y otra vez, la excelente banda sonora compuesta por Michael Giacchino para el último capítulo. Si usted, querido lector, también es fan de Perdidos, dele al play, cierre los ojos, vuelva a la isla y déjenos su opinión sobre lo que ha significado esta serie y si el final ha colmado sus expectativas.

ACTUALIZACIÓN 31 de MAYO:

No podemos resistirnos a incluir en este post una gozada de montaje con el principio y el final de Lost, y el There’s no place like home de Michael Giacchino de fondo. Se me ponen los pelos de punta.

El Equipo Aahhgg!!


30 May

1989, cuatro actores españoles pasados de rosca fueron partícipes de una película que, seguro, nunca querrían que recordásemos. Cuando todavía existía industria cinematográfica en España, hasta tal punto que surgían productos de serie Z como éste, y en plena moda de revisión patria de éxitos ochenteros (vease Yo hice a Roque III), Ozores y sus amigos deciden crear su propia versión de El Equipo A (sí, ya saben, aquella serie patrocinada por la Dirección General de Tráfico en la que cuatro veteranos del Vietnam deshacian entuertos y salvaban a damiselas y a Ana García Obregón). Se hacían llamar El Equipo Aahhgg!! (o El Equipo Agg, aún no está muy claro).

El título da pie a falsas interpretaciones. De primeras, suena a una parodia bizarra de los hermanos Zucker. Pero no, es mucho peor. Es una bizarra desvergüenza de la dupla Antonio Ozores y José Truchado, guionistas (por decir algo) de este sinsentido, protagonista el primero y director (también por decir algo), el segundo. El inicio es demoledor. En un bosque, que un cartel identifica como “Vietnan 1986″ (así como lo estáis leyendo), seis soldados norteamericanos se abren paso en la espesura. A los pocos minutos ya se están identificando: Anibal (Ozores), Mauriño (Juanito Navarro), Mulligan (Freda Llorente), Félix (Máximo Valverde), Murdok (José Álvarez) y M-30 (Kimbo). Los primeros gags anuncian que la película no es para corazones delicados. Otros pocos chistes más, y aparecen unos chinos diciendo que la guerra ha terminado, así que todos para casa dando saltos de alegría (y en un avión de la aerolínea nacional de Colombia, Avianca, todo hay que decirlo).

Un momento de reflexión. Con sólo cinco minutos, que al espectador se le hacen horas, ya podemos percibir claramente algunas de las características que marcarán el resto del metraje: total ausencia de planificación, con Truchado rodando tomas larguísimas con un encuadre general, y a vivir que son dos días; una puesta en escena atroz, que se basa, sencillamente, en que cada actor se mueva por donde le dé la gana; y un sonido pésimo que hace que los diálogos a veces sean totalmente ininteligibles (y no lo digo sólo por Ozores).

Sigamos. Estamos en los United States (aunque hay carteles en español por todos lados y hasta repostan en una gasolinera Cepsa). Unos hombres a caballo, acompañados con una música a lo spaghetti western, entran en el rancho del bueno del ex soldado Mauriño. Quieren una yegua (¿?) pero Juanito Navarro… digo Mauriño… se niega, y los malhechores violan a su hja para extorsionarle, algo que a su hija no parece incomodarle demasiado (ni a su padre tampoco, para que engañarnos). Ante semejante extorsión, Mauriño pide ayuda a Anibal, y este empieza a reunir a sus antiguos subordinados. A Murdok le encuentra en un manicomio en el que las enfermeras retozan, juguetonas, con los pacientes (“pues para ser un manicomio de la Seguridad Social, está muy bien”, sólo puede decir el bueno de Ozores); Félix se prostituye en un burdel masculino y M-30 fabrica matrículas falsas. Juntos de nuevo, ya sólo queda montarse en la furgoneta (una Ford Transit blanca, nada que ver con GMC G15 negra con una franja roja de la serie original) y directos a dar caña a los malos.

Lo que sigue es un no parar de situaciones sin sentido alguno, con los disfraces de Anibal (a lo Mortadelo, aquí le vemos de pavo real, de mujer, de caballo, de general del 7º de caballería, ninja…) como común denominador. Todavía es un misterio cómo Ozores y Truchado pudieron engañar a Films Europa y Visa Films para producir semejante desvarío, aunque viendo el resultado salta a la vista que mucho dinero no arriesgaron. Y eso que lo mejor de la película es el propio Ozores, que de cuando en cuando te hace esbozar una sonrisa con su humor surrealista.

Como colofón, a alguien se le ocurrió incluir, al finalizar la película, una especie de videoclip del tema principal de la ¿banda sonora? con los propios protagonistas realizando una especie de danza de apareamiento de la gallina clueca a modo de baile. Un tema que empieza así:

El Equipo A, el Equipo A
siempre para delante, nunca para atrás.
El Equipo A, el Equipo A
llámalos con fuerza y a su lado los tendrás.

En fin, una película tan delirante no puede sino estar en lo más alto de nuestra dvdteca bizarra. Y para muestra, un trailer (suponemos que moderno), colgado en YouTube. Claro, visto así, hasta dan ganas de verla.

Estrenos 28 de mayo


29 May

Mientras la “industria” del cine español se rasga las vestiduras por los recortes en las subvenciones que prepara el gobierno; mientras Sexo en Nueva York 2, definida por algún crítico estadounidense como “un orzuelo”, arrasa en su estreno en las Américas; mientras los estudios tiemblan ante la llegada del Mundial de fútbol… Mientras todo esto, y más, ocurre ahí fuera, la rueda de los estrenos no se detiene. Y aunque flojas, estas son las nuevas cintas en liza:

-Rabia: Triunfadora en el pasado Festival de Málaga. Dirigida por el ecuatoriano Sebastián Cordero con dinero español, mejicano y colombiano, es un duro retrato de la inmigración. Se perfila como la opción más recomendable.

-Legión: Paul Bettany atraviesa un momento extraño en su carrera. El marido de Jennifer Connelly funcionó como secundario en películas como Una mente maravillosa y Master and commander, en ambas dando la réplica a Russell Crowe, pero desde entonces ha ido más bien hacia abajo. Encabezar esta suerte de thriller apocalíptico, con ángeles que marcan tableta abdominal y empuñan armas automáticas, no parece la mejor solución para sacar la cabeza.

-Mi nombre es Khan: Drama indio que mira bajo la alfombra, en busca de la porquería que provocaron los atentados del 11-S. Dos estrellas de Bollywood metidos a inmigrantes musulmanes en Estados Unidos que luchan por derrotar prejuicios y odios.

-Jacuzzi al pasado: Nos la venden como una comedia cachonda, pero parece más bien un acto de caridad para que el cansino y casi olvidado John Cusack vuelva a encabezar un proyecto. John, los tiempos de Alta fidelidad quedaron atrás, y tú lo sabes. Por eso te metes en películas como esta, en la que un jacuzzi (!) actúa a modo de máquina del tiempo, excusa perfecta para que los protagonistas vuelvan a épocas pretéritas… y ochenteras. Quién sabe, igual hasta es graciosa.

-The crazies: Todos, en el pueblo, se vuelven locos por culpa del agua contaminada (¡oh, qué original!) menos los sufridos protagonistas, que las pasarán canutas durante hora y media para evitar que sus hasta entonces amistosos vecinos los descuarticen sin piedad. Salen Timothy Olyphant y Radha Mitchell, dos que no acaban de dar el salto a la primera fila.

-Street Dance 3D: ¡A bailar!: Visto el título, visto el cartel, poco se puede o desea añadir. Uno sospecha que tiene menos argumento que una película porno.

-Familystrip: Documental español.

Mil millones los hace cualquiera


28 May

Hasta no hace mucho tiempo, los mil millones de dólares recaudados en la taquilla suponían una especie de hito, de cima en la trayectoria comercial de un estudio, productor, director o actor. Últimamente, sin embargo, lo que era un club selecto empieza a admitir a cualquier miembro, por chabacano que resulte. Alicia en el País de las Maravillas, dirigida por Tim Burton, se ha convertido en la sexta cinta que rebasa la ya no tan mítica cifra.

Para hacernos una idea, hasta 2006 sólo dos películas podían presumir de esta hazaña: holgadamente, con más de 1.840 millones, Titanic, estrenada en 1997 y primera en alcanzar semejantes latitudes crematísticas; y con cierta suficiencia, El Señor de los Anillos: El retorno del rey, con casi 1.120 millones. Repito: 2006, hace 4 años. En ese período, otras tantas películas han superado los mil kilos: Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto (2003); El caballero oscuro (por los pelos, llorando, 2008); Avatar (pulverizando registros, con más de 2.700 millones, 2009); y, ahora, Alicia.

Lo grave del asunto no es ya que estos taquillazos gigantescos, nunca vistos, coincidan con esta era de crisis galopante e interminable, lo cual no deja de tener un marcado punto obsceno. Lo grave, insisto, es que se suban al carro películas como Alicia, con un guión flojísimo, a la que sólo salva, hasta cierto punto, su empaque visual. Tim Burton y los señores de Disney podrán sacar pecho cuanto quieran, pero resulta lamentable que un producto así llegue tan lejos. Cierto es que el precio de las entradas ha seguido subiendo, y que Alicia, como Avatar, se ha beneficiado del maquillaje que otorgan los pases en 3D, con costes desorbitados. Pero no es excusa. Algo falla cuando tanta gente se deja arrastrar por algo tan mediocre.

(Todos los datos proceden de la web especializada Box Office Mojo).

La tijera llega al cine


27 May

Funcionarios, pensionistas, miembros de la Administración, alcaldes, millonarios… y ahora, los señores del cine español, ese gran desconocido. La tijera (no nos referimos a la censura) ha llegado a la ¿industria? del séptimo arte en nuestro país. Hay que apretarse el cinturón y la cultura no va a ser excepción: en un 50 por ciento se reducirán las famosas ayudas al cine.

Eso 50 por ciento se aplicará a las ayudas que se otorgan en función de la taquilla, que pasarán de un máximo de 800 mil euros, que se dice pronto, a un tope de 400 mil. Hasta ahora, una película que funcionara bien podía llegar a recibir un empujón de kilo y medio. También se dice pronto. Por eso, porque la tijera se lleva por delante las llamadas “ayudas de amortización”, ha querido matizar el señor Ignasi Guardans (el de la foto), director del ICAA, que el recorte sólo afectará a las producciones más taquilleras; es decir, a los ricos, que diría Zapatero del nuevo impuesto que se ha sacado de la manga. Así que, señores del cine de arte y ensayo, no se preocupen que la cosa no va con ustedes (porque ustedes nunca pasarían de esos 400 mil euros en los que se sitúa ahora el tope). Almodóvar, Amenábar y… como mucho Segura: ustedes sí deben tomar nota de que, a partir de ahora, el pastel llevará menos levadura.

Un recorte que figura en la nueva Ley del Cine, esa que lleva tanto tiempo dando tumbos, y que se espera que quede lista en breve (?); un proyecto que Guardans ha hecho llegar por fin al sector. Incluye otra novedad, la de que las cintas deberán acreditar una serie de condiciones para ser calificadas de aptas o no aptas, pero leyendo la noticia en Público parece que esto no es más que un mero formalismo que se acopla a los dictados de la Unión Europea.

Habrá que ver qué opinan el señor De la Iglesia, presidente de la Academia, y los demás afectados, de la decisión del Ministerio de Cultura, que preside su colega Ángeles González Sinde (desplazada a Estados Unidos para hablar de piratería). Es de esperar que Sinde les remita a Zapatero. O que le eche la culpa al BOE, como Salgado.

Pe y Bardem; Bardem y Pe


25 May

Llevo dándole vueltas desde el pasado fin de semana. Festival de Cannes: Javier Bardem se alza con el premio al mejor actor. Una muesca más en la culata de su revólver: la más profunda, la del Oscar; además, una Copa Volpi en Venecia. Bardem recoge el galardón y se lo dedica a su novia, Penélope Cruz, que contiene el llanto a duras penas en la fila de butacas, con la suegra, Pilar Bardem, sentada a su lado.

Bardem olió a ganador en Cannes desde la proyección de Biutiful, cinta que protagoniza bajo la batuta de Alejandro González Iñárritu. Todo el mundo en La Croisette coincidió en que Bardem era lo mejor de una película más bien olvidable. Lo mejor que ha hecho Iñárritu en los últimos tiempos es el famoso anuncio de Nike para el Mundial de fútbol de Sudáfrica.

Pero es algo distinto lo que tengo en mente. Bardem acumula premios. Penélope, su chica, es la otra única intérprete española que se ha llevado el Oscar. Me pregunto, barrunto, si no pensarán los americanos, los franceses… y hasta los chinos que Bardem y Pe son los únicos actores españoles sobre la faz de la Tierra. Ahora, rizando el rizo, están juntos: ¿no parece un giro propio del guión de una película? ¿Éxito llama a éxito? ¿Un gran intérprete está llamado a juntarse con una gran intérprete?

Sobre esto último, un matiz. No discuto las virtudes de Bardem. Creo, eso sí, que ha llegado a ese punto en que tiene a la crítica rendida a sus pies; en que todo lo que hace es elevado a los altares. Sin haber visto Biutiful, es innegable que Bardem hizo un gran papel en No es país para viejos, pero tampoco colocaría su interpretación entre las mejores de todos los tiempos. En Vicky Cristina Barcelona, curiosamente, Pe estuvo mucho mejor que él. Y, sin embargo, todavía me cuesta asimilar el éxito de la actriz de Alcobendas: la nominan por ese churro llamado Nine y lo damos como normal. Es la única mujer de nuestro país que tiene un Oscar. Se dice pronto. ¿No las hay ni ha habido mejores? Desde luego, no estoy pensando en Elsa Pataky.

Ajenos a debates como el que servimos en este blog, Pe y Bardem siguen a lo suyo, haciendo público su amor (ya era hora) y coleccionando premios. Los dos únicos actores españoles. ¿No?

Estrenos 21 de mayo


24 May

Vayan por delante nuestras disculpas por el retraso en la habitual reseña de los estrenos del fin de semana. Ya a lunes, y con la esperanza de poder servir, todavía, de modesto faro en vuestro navegar por la cartelera, hinquémoslo el diente a lo que llegó el pasado viernes a los cines:

-Prince of Persia: Estaba llamada a gobernar la cartelera y a ello se ha puesto. Con una propuesta que tampoco es nada del otro mundo, este combo de aventuras y acción, con sus toques de romance (muy suave todo, ojo, que este es un producto Disney) y de humor, e incluso de esoterismo (esa daga), transforma a Jake Gyllenhaal, ese actor con cara de dormido/fumado, adscrito habitualmente a papeles de rarito, en el príncipe oriental que ha protagonizado una saga de video-juegos hasta que ha visto llegado el momento de dar el salto a la gran pantalla. Como chica de turno, Gemma Aterton. Secundarios de cierta solidez: Alfred Molina y Ben Kingsley. Para críos y adultos sin más pretensiones que consumir sin gran esfuerzo intelectual.

-Directo a la fama: Lo nuevo de Ben Stiller va de adultos que añoran su adolescencia y le empareja con Jason “sobrino de Coppola” Schwartzman.

-Baaria: Ahí sigue Giuseppe Tornatore en la pomada, nada menos que atreviéndose a servir un fresco de Sicilia a lo largo de medio siglo (1930-1980). Desde luego, pretensiones no le faltan.

-Aurora boreal: Era cuestión de tiempo que el best-seller de Asa Larsson (no confundir con Stieg) mutara en película. Thriller ambientado en un pueblo sueco cubierto de nieve… bajo la cual se ocultan muchos secretos.

-Yo soy el amor: Cinta también italiana en la que sorprende hallar a Tilda Swinton, vista en películas como Michael Clayton.

-El pastel de boda: Comedia francesa.

-A propósito de Elly: Drama iraní.

-80 Egunean: Española; dirige Jose Mari Goenaga.

Muerte en Venecia


21 May

Recordaba Dirk Bogarde una anécdota que le había contado el propio Luchino Visconti. El director italiano estaba en Los Ángeles para asistir a un pase de su última película, Muerte en Venecia (Morte a Venezia, 1971), protagonizada por Bogarde, al que asistía un grupo de directivos de un estudio de Hollywood. Tras más de dos horas de proyección, reinaba el silencio. Visconti se relamía creyendo que tenía a su audiencia entregada, abrumada ante lo que acababan de presenciar. En realidad, nadie se atrevía a abrir la boca porque, sencillamente, no sabían qué decir… sin ofender a Visconti. Hasta tal punto les había disgustado su film. Finalmente, uno de esos directivos se sintió en la necesidad de romper el hielo y preguntó quién era el responsable de la banda sonora. Visconti, con naturalidad, respondió que Gustav Mahler. El directivo replicó algo así como: “¡Genial, entonces habrá que contratar a ese Mahler!” Labor algo complicada, teniendo en cuenta que el compositor austriaco llevaba 60 años muerto.

La anécdota sirve para ilustrar dos cosas. La primera, que Muerte en Venecia no es una película fácil de digerir. La segunda, la preponderancia de la partitura de Mahler a lo largo de todo el metraje. De hecho, Visconti alteró la novela de Thomas Mann en la que inspiró su cinta en un punto clave: el protagonista, Gustav von Aschenbach, pasa de ser un escritor a un compositor y director de orquesta; es decir, un trasunto del propio Mahler, la excusa perfecta para deleitarse y deleitarnos con la tercera y la quinta sinfonías del austríaco. Así, la Muerte en Venecia de Visconti se convierte en un festival de los sentidos en el que dos juegan un papel crucial: el oído, por los motivos ya descritos, y la vista.

Desde la primera escena, con el vaporetto arribando a Venecia, hasta la última, en la playa, lo que hace Visconti sólo encuentra un término que pueda acercarse mínimamente a describirlo: recrearse. Visconti persigue la belleza como lo hace su protagonista. La belleza, para Aschenbach, es fruto del intelecto y no de los sentidos. Lo sabemos de sus propios labios, a través de las conversaciones con su mejor amigo, que Visconti va trufando en forma de flashbacks. Son escenas excepcionales, de las pocas en las que asistimos a diálogos medianamente extensos (el resto es para ver y oír a Mahler).

Aschenbach vive tan obsesionado con la belleza como con su némesis, la vejez. Enfermo del corazón y necesitado de reposo, lo vemos caminar permanentemente con paso inseguro, temiendo que cada zancada vacilante pueda ser la definitiva, la que le acerque al final, a la muerte, la culminación inevitable de la vejez. Aschenbach se resiste primero a disimular el paso de los años: le asquean, incluso, los viejos cubiertos de polvos y pintalabios; pero acaba cediendo a la tentación, degradado tras el paso por una peluquería de la que sale convertido en un remedo burlesco de sí mismo.

Y es que el compositor se ha enamorado. La primera noche de estancia en el Hotel des Bains, en el Lido, ha conocido a Tadzio, un jovencito polaco, un efebo, un muchachito delgado como un juco, de melena rubia y maneras sinuosas, casi felinas, apenas un atisbo de pelusilla sobre el labio superior. El viejo Aschenbach cae rendido a sus pies, convencido de que encarna la más alta forma de belleza. A partir de ese momento no le quita ojo de encima: le observa desde la otra punta de la misma habitación; le contempla jugueteando con otros chicos en la playa; y acaba por perseguirle entre las callejuelas venecianas, esas callejuelas en las que acecha la vieja enemiga, la muerte, en forma de epidemia de peste. Aschenbach, retenido en Venecia por un error con sus maletas, empieza a albergar sospechas sobre esta amenaza, aunque los escurridizos residentes se empeñan en quitar hierro a sus temores de hipocondríaco.

Visconti, uno de esos genios que se fue a la tumba sin Oscar, como tantos, ya era un veterano en el 71, cuando se estrena Muerte en Venecia. Había dejado para la posteridad títulos como Rocco y sus hermanos, El gatopardo y La caída de los dioses. Con esta última había iniciado su llamada trilogía alemana, que tuvo como pieza central la película que nos ocupa y, como colofón, Ludwig. Más allá de los gustos de cada uno, con Muerte en Venecia alcanzó Visconti si no su cima fílmica, sí su culmen artístico. Como tal hay que apreciar esta película, como una obra de arte, como la contemplación de un lienzo mientras suena, de fondo, Gustav Mahler. Sin olvidar, por supuesto, que en ese lienzo se desliza Dirk Bogarde en el papel que él mismo designó como el pico más alto de su trayectoria.

Bogarde está incomensurable como Aschenbach/Mahler, perfecto en su trazado de un pobre hombre en constante agonía, siempre replegado en un sufrimiento interior que aflora en forma de rostro angustiado y gesto crispado. Verle perfectamente trajeado, temeroso de dar un mal paso o pronunciar una palabra de más, perfeccionista hasta la obsesión, pero con el corazón destrozado, y no sólo por la enfermedad, seguir tembloroso los pasos de Tadzio, un ángel rubio a sus ojos, es asistir a la tragedia de un ser tan atormentado que está a punto de saltar al vacío en un intento tan triste como patético.

Arte, sentidos, belleza, vejez, muerte. Muerte en Venecia.

Robin Hood


20 May

Percy Stow, Douglas Fairbanks, Errol Flynn, John Dereck, Richard Todd, Giuliano Gemma, Sean Connery, Kevin Costner… La lista de actores que han interpretado al personaje legendario Robin Hood es interminable. Russell Crowe se suma a ella de la mano del director Ridley Scott con el Robin más real y épico que se ha hecho hasta la fecha.

Robin Hood es la quinta colaboración entre el director inglés y el actor australiano tras Gladiator (2000), Un buen año (2006), American Ganster (2007), y Red de mentiras (2008). En este caso, parece que fue Crowe el que insistió para que Scott rodara la nueva versión del principe de los ladrones después de leer un guión que, en su primigenia versión, trataba de arrojar una mirada positiva al tan denostado Sheriff de Nottingham, un papel reservado para el propio Crowe. Un planteamiento más que interesante que se desechó pronto para primar una historia más épica con Crowe de Robin Hood. El nuevo planteamiento, suponemos que obra de los guionistas Brian Helgeland, Ethan Reiff y Cyrus Voris, quería mostrar la supuesta historia que motivó el origen de la leyenda: la de un arquero del Rey Ricardo que suplanta la identidad de un caballero, Robert de Loxley, y se ve envuelto en una trama de traición contra el rey Juan.

La idea no es nueva. En 2004, Antoine Fuqua (de la mano de Jerry Bruckheimer) ya contó el origen de los caballeros de la mesa redonda desde una perspectiva histórica en El Rey Arturo. Scott usa la misma fórmula: asentar a personajes pseudoficticios en hechos con cierto rigor histórico que puedieron pasar o no, unque sólo es necesario leer la biografía del rey Ricardo I de Inglaterra para tirar por tierra esta premisa. El Robin de Crowe es más una continuación del soldado romano de Gladiator: un guerrero cansado, sin familia y enfrentado al poder. Cierto es que, en esta ocasión, el personaje proyecta más optimismo, aunque no se acerca, ni de lejos, a la figura socarrona a la que las sucesivas revisiones del mito nos han acostumbrado. No esperen aventuras en el bosque, competiciones entre ladrones y demosttraciones de punteria. El Robin de Scott es más épico, más sucio y más realista, que no real.

El cocktail funciona. La historia avanza con dinamismo, hay momentos para todos los gustos (acción, romance, humor…) y los actores están muy bien. Lo de Crowe no tiene mérito, su personaje está creado específicamente para él. Lo de la también australiana Cate Blanchett como una Lady Marian totalmente desconocida, que trabaja, se ensucia y hasta guerrea (eso último se lo podían haber ahorrado en pos del realismo), tiene más mérito. También notable es el trabajo del mítico Max von Sydow como el invidente sir Walter Loxley, un papel que recuerda al de Richard Harris como Marco Aurelio en Gladiator. Más deslucido está Oscar Isaac como el principe Juan, un personaje que muestra varias caras durante la película y ninguna realmente convincente.

La extraordinaria ambientación y la siempre hábil dirección de Scott ponen el resto. El único “pero” sería la excesiva ambición de la historia. Gladiator funcionó porque convertía una cuestión personal (una venganza) en un problema de Estado. No había más. En el mito de Robin Hood ya estaba ese planteamiento: la obsesión del principe Juan en casarse con Lady Marian, enamorada a su vez de Robin Hood. Sin embargo, en esta ocasión tenemos a un Robin en demasiadas guerras (contra Juan, contra los franceses, en Nottingham)  y con una motivación muy endeble: su padre murió defendiendo la libertad individual frente a la servidumbre. Algo de lo que se entera, por cierto, cerrando los ojos y en un cúmulo de casualidades demasiado casuales, en un giro de la historia destinado a dotar a la película de un mensaje moralizante que no venía a cuento. Y claro, al final tanta subtrama sólo puede terminar en el más absoluto de los convencionalismos.

Demasiados fregados para este Robin conservador, casto, sufridor y poco dado a juergas. Es el Robin de los nuevos tiempos, y gusta, pero está por ver que perdure.

Veredicto: 6,5

Lo mejor: La ambientación.

Lo peor: Demasiados frentes abiertos.

Dudas a la parrilla


20 May

Tranquilos: este post no va de gastronomía, aunque está escrito en su jugo, como siempre. La parrilla es la televisiva, convulsionada por un puñado de acontecimientos que, si no están llamados a ponerla patas arriba, sí darán un importante vuelco al status quo actual.

Por partes, este domingo acaba Lost/Perdidos, la madre de todas las series, al menos en lo que se refiere a seguimiento y expectación generados en la Red, el medio que más y mejor ha catalizado las ansias de su legión de seguidores. Aquí, en España, hemos llegado al extremo de que los dos últimos capítulos de la última (y mediocre) sexta temporada se darán (además de en el hogar de cada uno) en cines y otros espacios públicos a una hora tan intempestiva como las seis y media de la mañana; cosas de la diferencia horaria con Estados Unidos. Acaba Lost y uno se pregunta qué harán a partir de ahora tantos y tantos fieles cuya existencia parecía marcada por la cita de cada miércoles, cuando los capítulos fluían ya por Internet gracias a manos amigas…

Desde luego, no podrán refugiarse en 24, una serie más veterana y más sólida que Lost a la que aquí no ha ayudado, en absoluto, el trato que le ha dado la cadena que emitió las primeras temporadas, Antena 3. Pero no nació este post para denunciar que acabara relegada a la franja imposible de la madrugada. Jack Bauer dice adiós tras ocho temporadas (que son otros tantos días). En su caso, cuelga las botas el próximo lunes, también con doble capítulo. No somos pocos los que, visto que Bauer ha llegado a una posición tan límite, nos tememos las peores intenciones de los guionistas. Aunque, sí hay película en el horizonte, es que Bauer vivie. O no, vaya usted a saber.

Otras series no llamadas a recoger la antorcha de Lost son Héroes y FlashForward, canceladas ambas en los últimos días. Lo de Héroes, cuatro temporadas a sus espaldas, se veía venir: la primera fue soberbia; la segunda, frustrante; las otras dos, para el olvido. Y lo de FlashForward ha resultado la crónica de una muerte anunciada: un tiempo un barbecho, un reset que no convence y adiós muy buena con sólo una temporada en parrilla.

Siguen, en cambio, la nueva V y, lo que a un servidor más le ha sorprendido, Smallville, las aventuras del joven Superman. Su protagonista, Tom Welling, ha anunciado que habrá próxima temporada, la número 10, aunque eso sí, será la última. ¿Se enfundará, de una puñetera vez, el traje del hombre de acero? Es de esperar, después de tanto tiempo mareando la perdiz entre su granja y el periódico donde ahora ¿trabaja? Tremendo que haya durado 10 temporadas otra serie que ha ido languideciendo y empobreciéndose a marchas forzadas, dándole auténticas patadas a la Biblia del personaje.

Así las cosas, algo está claro: el pueblo necesita una nueva serie de culto. Lo que ya hay en parrilla (House, Mujeres desesperadas, franquicia CSI y demás) está demasiado visto. Necesitamos que alguien se saque otro conejo de la chistera con el que nos deje embobados durante un tiempo. El justo hasta advertir que, como en Lost, había trampa y cartón y el vino de Jacob era Don Simón.

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.