04th May2010

Alicia en el País de las Maravillas

by Pablo

Al terminar la película, un rótulo asegura que lo que acabas de ver lo firma un tal Tim Burton. Se agradece la información, porque a lo largo del visionado de Alicia en el País de las Maravillas uno llega a dudar si detrás de la cámara (aunque buena parte es ordenador) estaba realmente el responsable de joyas como Ed Wood y Sleepy Hollow. Pero sí: firma Burton, y se confirma que no atraviesa precisamente su mejor momento.

El punto de partida tenía su intríngulis, que se decía antiguamente: adaptar la obra de Lewis Carroll, una de las más presentes en el subconsciente colectivo, especialmente en el anglosajón, aunque en buena medida gracias a la película de Disney, y no tanto a la narración en dos partes del autor inglés. De nuevo bajo el paraguas disneyano, Burton le hinca el diente a material sensible y decide hacer las cosas a su manera: devolviendo a Alicia a ese mundo más bizarro que de fantasía unos añitos más tarde, cuando ha entrado en la veintena y están a punto de casarla con un lord feo como un pie y aquejado de problemas digestivos. Vuelve Alicia entre sospechas de que pueda ser una impostora y con una misión: derrotar a la malvada Reina Roja.

Aunque los puristas torcerán el morro ante la mencionada licencia, no radica ahí, sin embargo, el problema de esta Alicia. Su debilidad está en su guión. Nadie entra a la sala esperando un Macbeth en el País de las Maravillas, pero sí unos mínimos que, por desgracia, rara vez llega a rozar el libreto: la historia es sencilla hasta decir basta, ramplona, resuelta con una simpleza que asusta, siempre por unos derroteros tremendamente previsibles. Sólo la salvan los esporádicos toques de gracia que aportan los desquiciados personajes, aunque incluso aquí se atreve uno a pensar que se podía haber ido más allá. Y después están las concesiones al público infantil, claro. Eso que tan bien sabe hacer Pixar, contentar por igual a pequeños y mayores de forma sutil, no está en cambio al alcance de Burton.

Mientras a Alicia la interpreta la desconocida Mia Wasikowska, que se pasa todo el metraje con cara de pena, los otros dos roles principales recaen en pesos pesados: Johnny Depp está algo apagado como el Sombrerero, en parte porque el personaje es más humo que otra cosa; en cambio, Helena Bonham Carter le apaña la función a su marido porque está perfecta como la cabezona y furiosa Reina de Corazones. El outsider Crispin Glover está fuera de lugar como el “siniestro” Stayn. Como el resto es ordenador, es menos interesante juzgar, aunque los gemelos caen bien a la primera.

Al señor Burton se le presenta un doble dilema: de una parte, el pobre bagaje artístico de su película; de otra, el descomunal pastizal que ha recaudado (y sigue recaudando), en buena medida inflado por el 3-D (servidor la ha visto en las dos dimensiones de toda la vida). Vista su trayectoria reciente, es de sospechar que puede interesarle más lo segundo. Una lástima, porque siempre le hemos tenido por una voz diferente y original. Y Alicia no es ni lo uno ni lo otro.

Veredicto: 5,5

Lo mejor: Los gemelos.

Lo peor: El guión, muy flojo.

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One Response to “Alicia en el País de las Maravillas”

  • ane

    los efectos especiales-visuales-estéticos no merecen las dos horas… el argumento no merece ni 10 minutos. lo único positivo, que no pagué la pasta que cuesta verla en 3D

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