Archive for July, 2010

The Blind Side


29 Jul

La película más taquillera de Sandra Bullock (más de 200 millones de dólares en Estados Unidos), y la que obró el milagro de verla con un Oscar en la mano, es nada más y nada menos que un biopic de una estrella del fútbol americano actual, Michael Oher. Un trabajo atípico, de esos que parece que la actriz alterna entre Miss Agentes Especiales y comedias románticas al uso, aprovechado al máximo por su director, el eficiente John Lee Hancock.

La historia real de Michael Oher es de esas que rentabilizan al máximo el American Dream: adolescente negro, abandonado por sus padres y con problemas de adaptación social que consigue ser admitido en una elitista escuela católica, adoptado por una familia rica y becado en una prestigiosa universidad por sus facultades para el fútbol americano. Por supuesto, la fuerza que lo empuja hacia el éxito es la matriarca de la familia Tuohy, personaje omnipresente interpretado por Bullock, una mezcla entre spice girl pija y madre coraje. Bullock no se merece el Oscar por este trabajo. Su interpretación es blanda y llena de sus habituales tics (si alguien cree que son diferentes, es por culpa del botox), pero en su intento de ser una Eric Brockovich acaba pareciéndose más a un personaje de Mujeres Desesperadas. Lo que no quita que cumpla con su función en la película, aunque protagonizar una historia basada en la vida de otro personaje nunca dio buenos resultados.

Y aquí aparece el arte de John Lee Hancock para explotar al máximo un buen guión sin que la saturación de Bullock en pantalla lastre el resultado. Para ello fue fundamental la elección de Quinton Aaron como Oher, un actor joven, desconocido y que consigue dotar de humanidad un personaje en sí bastante difícil de creer.  Sólo a su lado Bullock  consigue alguna chispa de genio. Hancock lo sabe, y aprovecha cualquier hueco para convertirle en el verdadero protagonista.

Se agradece también que haya evitado un tono lastimero para un drama que, a pesar del baile de emociones, tiene bastante dosis de comedia gracias a varios secundarios bastante bien ubicados, como el entrenador de fútbol (el ganador del Oscar Ray McKinnon) o el hijo pequeño de los Tuhoy (Jae Head), contrapartida perfecta al grandullón de Aaron. The Blind Side (2009) es un drama a la antigua usanza, con happy end y enseñanza moral incluida. Una película hecha a medida para Sandra Bullock pero que se sale de la media de su filmografía precisamente por el trabajo del resto del reparto y de un director que ha sabido no dejarse llevar por la estrella sureña.

Lars and the Real Girl


25 Jul

Ryan Gosling cometió unos cuantos pecados de juventud. El más grueso, protagonizar El joven Hércules, una suerte de versión efeba de Xena, la princesa guerrera. Andando el tiempo volvió a coquetear con el lado oscuro con El diario de Noa, cinta más ñoña que lacrimógena que, para sus modestas pretensiones, resultó ser todo un pelotazo. Sin embargo, colocando toda su carrera en la balanza, es de justicia reconocer que la suya es una de las más interesantes de los intérpretes de su generación.

Gosling se dio a conocer en 2001 con una película dura, arriesgada y sorprendente en la que ofreció las primeras muestras de lo que es capaz de hacer frente a una cámara. El joven confundido, judío nazi de El creyente no era precisamente un hueso fácil de roer, pero lo encarnó con una veracidad y una intensidad que obligaban a estar muy pendientes de sus siguientes proyectos. Lo ratificó en 2006 con otra película pequeña, aparentemente sin grandes pretensiones: Half Nelson. Gosling estaba brillante como el profesor de instituto y obtuvo una merecida candidatura al Oscar. Un año más tarde volvía a brindar una excelente actuación en otra cinta de corte similar, Lars and the Real Girl (2007), aquí vendida como Lars y una chica de verdad.

El de Lars Lindstrom era otro rol complejo, el de un chico callado, solitario, que vive en un garaje junto a la casa familiar, que han ocupado su hermano y su cuñada, embarazada. La existencia de Lars transcurre de su casa al trabajo, y del trabajo a su casa, sin apenas interacción con otros seres humanos, hasta que una noche se presenta en compañía de una muñeca de plástico que ha comprado por internet. Lars actúa como si fuera real: habla con ella, la transporta, la sienta a la mesa. Más aún: da por sentado que los demás se comportarán de la misma forma. Pasada la sorpresa inicial, no sólo su familia, sino también el resto de habitantes del pueblo se vuelcan para, como recomienda la doctora, seguirle la corriente.

Gosling está impecable como el chico asocial, reacio al contacto y absorto en su fantástica relación con un objeto inanimado. Lo consigue aportando una credibilidad al alcance de muy pocos, con la aparente sencillez reservada únicamente a los mejores. En ocasiones le basta una mirada para transmitir un torrente de sensaciones; un gesto; una forma de caminar, de moverse. Su Lars oscila entre lo patético y lo tierno, siempre frágil, vulnerable, capaz de moverse en una línea muy fina que separa lo doloroso de lo risible. Es casi imposible no compartir el dolor que late bajo su tozudo empeño por demostrar al mundo que Bianca no es una muñeca. Detrás de cada mentira, de cada explicación a las carencias de la réplica de plástico, se adivinan un corazón roto y un alma torturada.

Craig Gillespie y Nancy Oliver, desde la dirección y el guión respectivamente, se apoyan en las fabulosas dotes de Gosling para contarnos la historia de Lars con una sensibilidad extrema y una impagable capacidad para hacernos creer lo increíble. Suele ocurrir que es con las películas pequeñas, modestas, con las que uno se reconcilia con el cine. Cintas despojadas de cualquier envoltorio, sólo guión y actores, una historia y unos personajes. Lars and the Real Girl lo consigue, incluso llevándonos al terreno de lo irreal, de las patologías de la mente.

Y buena parte de la culpa la tiene Ryan Gosling, un superdotado de la actuación, un tío intenso, profundo, creíble y valiente. Apetece verle más a menudo y que no se tome parones como el que siguió a esta película y que no ha roto hasta 2010. Por el medio quedó la espantada de The lovely bones. Tranquilos: volveremos a tener noticias suyas. Los buenos siempre acaban destacando.

Estrenos 23 de julio


24 Jul

Para ser fieles a la realidad, la cartelera madrugó y se renovó el miércoles, día en que desembarcaron unos juguetes que no tendrán piedad y arrasarán a sus rivales, incluso uno de uñas largas al que le encanta matarte en sueños:

-Toy Story 3: Durante mucho tiempo estuve convencido de que no era necesario prolongar las aventuras de Andy, Buzz y compañía. Miraba por encima del hombro esta tercera entrega. La segunda me había decepcionado y atribuía esta tardía prolongación (más de una década) al afán por exprimir lo que quedara del limón, por obligar a la gallina, flaca ya, a soltar otro huevo, aunque llevara poca yema. Vistas las cifras de recaudación y, especialmente, las críticas, no me queda más remedio que dar el brazo a torcer. Hombre de poca fe, un servidor: Pixar es siempre un valor seguro, un reducto, tal vez el último, de buen cine. Aunque sea de animación.

-Pesadilla en Elm Street (El origen): Este remake, en cambio, no era ni mucho menos necesario. Revivir a Freddy Krueger demuestra la terrorífica falta de ideas que impera en Hollywood.

-Las vidas posibles de Mr. Nobody: Título raro, raro para una coproducción europea que encabeza el amigo Jared Leto, bastante desaparecido en combate en los últimos años.

-Sunshine cleaning: Comedia con reparto un tanto grisáceo. Para fans de 24: sale la actriz que encarnaba a Chloe, la mejor aliada de Jack Bauer en las últimas temporadas.

-El diario de Carlota: Españoladita para teenagers con caras conocidas de la televisión patria.

El curioso caso de Jackie Earle Haley


22 Jul

Jackie Earle Haley es noticia. De gira promocional  por Pesadilla en Elm Street: el origen, donde sustituye a Robert Englund como el nuevo Freddy Krueger, y a punto de estrenar en nuestro país Escudo Humano, una serie de acción para las noches de los viernes de La Sexta, este actor escualido y feúcho se encuentra en lo más alto de su carrera… de nuevo. Porque Haley es de esa especie de actores capaz de reinventarse a sí mismos para exigir siempre una segunda oportunidad.

Ahí donde lo ven, Jackie Earle Haley fue una estrella de cine juvenil a la altura del mismísimo Dennis Quaid. En 1979 protagonizaron, junto a incipientes actores Daniel Stern y Dennis Christopher, El Relevo (Breaking Away), del reputado director Peter Yates. Un drama ambientado en el mundo del ciclismo que para Haley fue la consolidación de una carrera como estrella infantil, ya que para entonces, y con sólo 17 años, había trabajado en seis películas, destacando la trilogía sobre un equipo de beisbol (Los picarones) que Haley protagonizó junto a actores de la talla de Walter Matthau o Tony Curtis. En aquella época, Haley era un mozalbete de facciones angulosas y pelo largo que inspiraba sonrisas, como refleja el hecho de que, en 2005, la cadena VH1 le incluyó entre los 100 mejores actores juveniles de la historia del cine.

Sin embargo, su carrera, como la de tantos otros ídolos adolescentes, se hundió irreversiblemente al crecer, teniendo que alternar, entre 1979 y 1993, entre la televisión (Vacaciones en el mar, McGyver, Se ha escrito un crimen) y la serie B (Dollman, Maniac Cop 3), incluyendo una comedia gamberra con un primerizo Tom Cruise (estrenada en 1983, el mismo año que The outsiders) llamada Ir a perderlo… y perderse.

Después de tocar fondo con Maniac Cop 3, Haley decidió retirarse de la interpretación. Calvo y delgado, ya no se parecía en nada al encantador niño o al gamberro adolescente de sus trabajos anteriores, así que estuvo trece años sin ponerse delante de una cámara. Sin embargo, en 2006 consiguió un papel para All the King´s Men y, aún más importante, el papel de pederasta en la película Juegos secretos (Little children) de Todd Field. En esta película saca a relucir las virtudes que le harán famoso en su resurrección profesional: un físico inquietante, personajes oscuros y atormentados, y la capacidad de dotarlos de una gran humanidad. Por esta película consiguió su primera nominación a los Oscar, y le abrió la puerta definitivamente de la industria. Después vendrían Fragmentos (2008), Watchmen (2009) y su creible interpretación de Rorschach, y Shutter Island (2010).

Milagroso, ¿verdad? ¿Y el futuro? Pues Louis, un musical homenaje a las películas mudas en la que interpreta a un alter ego siniestro de Charlie Chaplin . Ahí es nada.

Shrek IV


18 Jul

Llegados a este punto, al cuarto capítulo de la saga, la cuestión radicaba no tanto en la película en sí, sino en la necesidad de llevarla a cabo, de alargar la historia, de estirar la trilogía. Shrek III suponía ya el cierre de las aventuras del ogro: familia formada, niños incluidos, el Reino de Muy, Muy Lejano en manos de Arturo y todos tan felices. ¿Hacía falta, por tanto, desempolvar al antihéore verde de orejas puntiagudas y devolverle a la acción? La respuesta, vista la película, no varía: no, no hacía falta. A cambio, se plantea otra duda: ¿estropea esta cuarta entrega lo servido anteriormente? Por suerte, la respuesta vuelve a ser no.

Salvando las distancias, y mucho, esta cuarta parte viene a ser a la saga Shrek lo que la segunda supuso para la de Regreso al futuro: una suerte de vuelta de tuerca. Qué ocurriría si el ogro, algo harto de lo sedentaria que se ha vuelto su existencia, de lo poco movidos que resultan ahora sus días, de lo poco ogro que es su desempeño, decide que está harto y que quiere cortar por el medio. Qué ocurriría si apareciera en escena un personaje, el estupendo Rumpelstiltskin, algo así como un duende muy cabrón con el que es mejor no firmar ninguna clase de legajo. Qué ocurriría si suscribieran un trato que pusiera su vida, y de paso, el mundo en general, patas arriba. Cómo se las apañaría Shrek para arreglar su metedura de pata y devolverlo todo a su sitio. Todo esto se preguntaron los señores de Dreamworks y todo esto convirtieron en Shrek Felices para siempre o, por abreviar, Shrek IV.

Lo de la vuelta de tuerca es un acierto que nace de la necesidad. Arhiconocidos ya los personajes, trillados ya los argumentos, exploradas y explotadas prácticamente todas las vías, sólo del caos podían extraerse algunas gotas de originalidad. Muchas, casi todas, las acapara el personaje del Gato con Botas, convertido ahora en un obeso y perezoso animal de compañía al que moverse del cojín al cuenco de leche le cuesta una barbaridad. A Fiona también la encontramos en un papel de amazona al que no nos tenía acostumbrados. Asno anda más o menos como siempre. Y el pobre Shrek se mantiene fiel a su estilo, echando los bofes mientras todo se desmorona a su alrededor. Los personajes genuinamente nuevos no defraudan: desde el citado Rumpelsetcétera, que compone un villano tan puñetero como risible, hasta el marchoso Flautista de Hamelin, pasando por unas brujas sorprendentemente domesticadas.

Revisitar la historia desde sus orígenes, desde la celda en la que está presa Fiona, permite, además, homenajear con inteligencia el conjunto de la saga. Una especie de repaso sutil, que tiene ulterior eco en los títulos de crédito, y que encaja perfectamente con la trama específica de este capítulo. Shrek IV ofrece lo que se espera que ofrezca: momentos divertidos, momentos tiernos, sus dosis de aventura, su mala leche y ese toque que ha distinguido a las aventuras del ogro, una especie de ironía desenfadada que constituye el ingrediente más genuino y diferenciador. Lo que nació como una revisión cachonda de los cuentos infantiles concluye en la misma sintonía: homenajeando a las historias y personajes de siempre desde el cariño, pero sin tomárselos demasiado en serio.

Shrek IV demuestra que la saga ha sabido evolucionar y crecer desde aquel maravilloso capítulo inicial. Su segunda entrega fue tan digna que muchos tuvimos serias dudas: ¿no es mejor que la anterior? La tercera debería (eso pareció) haber echado el candado. Nos han regalado una cuarta. Divierte y no defrauda, así que aceptémosla como tal: como un regalo de sus creadores. Uno, tal vez sentimental, empieza ya a echar de menos al ogro y a sus entrañables y chiflados camaradas.

Veredicto: 7

Lo mejor: El enorme (en todos los sentidos) Gato con Botas.

Lo peor: Que obviamente, a estas alturas, la capacidad de sorpresa es más bien escasa.

Luces, cámara… ¡y al trullo!


17 Jul

El género carcelario ha deparado grandes películas a lo largo de la historia. Se me ocurren, a bote pronto, Cadena perpetua, Fuga de Alcatraz o Pena de muerte. Tim Robbins, Clint Eastwood y Sean Penn pudieron pasarlo mejor o peor rodándolas, pero al final del día dejaban el set de rodaje y se marchaban a sus estupendas casas, a dormir en sus enormes camas. Otros, como Wesley Snipes, están a punto de saber lo que es vivir en una celda estrecha… sin cámaras de por medio ni pausas para tomar un café.

El protagonista de Blade encabeza la infausta lista de intérpretes que, en los últimos tiempos, han copado minutos de televisión y páginas de periódicos no por sus méritos en la gran pantalla, sino por sus cuentas pendientes con la Justicia. El señor Snipes deberá cumplir una condena de 3 años por haber evadido la insignificante cifra de ¡14 millones de dólares! en impuestos. Entre 1999 y 2001 decidió que no le apetecía tributar a Hacienda. Para su desgracia, los señores del Fisco han resultado más correosos que Silvester Stallone en Demolition Man.

Otra que vive empeñada en destruir no ya su carrera, sino su existencia, es la niñata que responde al nombre de Lindsay Lohan. En su caso, serán 90 los días que tendrá que pasar en el trullo (quién le diera a Snipes): desde que en 2007 la detuvieron por conducir borracha, se ha dedicado a violar sistemáticamente las condiciones impuestas por los jueces para seguir en libertad. Lohan ha cambiado de abogado y, aquí viene lo bueno, confía en eludir la vida carcelaria. Hasta se permite acudir a juicios con un “Fuck u” pintado en una uña.

El que ya puede empezar a preocuparse y poner el caso en manos de sus letrados es Sean Connery. Sobre Bond, James Bond, penden no una, dos espadas de Damocles en forma de doble imputación: una por blanqueo y otra por delito fiscal (kilo y medio), ambas relacionadas con chanchullos en Málaga, donde veraneaba el actor; su mujer también está presuntamente en el ajo. La primera imputación, la de blanqueo, surgió a raíz de las investigaciones del Caso Goldfinger (hay que tener mala baba). A sus 79 años, el actor escocés podría purgar por haber acudido a las personas equivocadas en busca de malos consejos.

Son sólo tres ejemplos recientes. Líos de actores con la Justicia ha habido siempre y no terminarán aquí precisamente. Tal vez, y esto ya es una teoría sin fundamento alguno, dedicarse a la ficción tiene esa clase de consecuencias: sentirse fuera del mundo real, a salvo del largo tentáculo de la Ley.

Estrenos 16 de julio


17 Jul

La cartelera ha languidecido mientras se celebraba el Mundial de fútbol. A medida que la selección española iba quemando etapas hacia la histórica consecución de su primer título, los cines se iban quedando desiertos. Ahora ya no hay excusa: si los espectadores siguen sin acudir, habrá que empezar a apuntar directamente a la calidad de los estrenos:

-El circo de los extraños: La cosa va de vampiros, desgraciadamente, pero al menos se nos adereza con el gancho del circo ambulante que remite directamente a Freaks. No cabe esperar un producto a la altura del mítico título, pero sí una cinta amena en la que, con suerte, lo oscuro se impondrá a lo teen. Buena noticia: tenemos a John C. Reilly. Mala noticia: tenemos a Salma Hayek.

-Noche y día: Pésima la traducción de Knight and Day. Pésimo el gusto de llevar los San Fermines a Cádiz, como ya se ha comentado aquí. Y pésima la deriva de la carrera de Tom Cruise. Aquí se embarca en una comedia romántica con muchas dosis de acción al lado de la muy venida a menos Cameron Díaz. Con ambos en caída libre, poco cabe esperar de una película cuya mayor atractivo es una carrerita de motos frente a una manada de toros. De momento, el invento da pérdidas (ha recaudado menos de lo que costó hacerla). Cruise, por cierto, rodará Misión Imposible IV. Qué más se puede decir…

-London River: Una de esas películas independientes, con presupuesto bajo, que aspiran a captar la atención de cierto sector de la audiencia. Viene avalada por festivales como el de Berlín. Dos personas muy diferentes unidas por la desgracia.

-Ella, una joven china: Drama. Chino. Claro.

-Una hora más en Canarias: Comedia española. Dirige David Serrano (guionista de El otro lado de la cama; director de Días de fútbol). Protagoniza Quim Gutiérrez, el que iba para salvador del cine español. Sí, el que sale en Sangre de mayo.

Tom y la cultura española


16 Jul

Tom Cruise tiene un problema con la cultura española. Salta a la vista. Ya lo demostró con Misión Imposible II, cuando mezcló la Semana Santa con las Fallas y se quedó tan ancho. Y lo ha vuelto a hacer con Knight and Day, aquí llamada Noche y día para cargarse el (pobre) juego de palabras. Su última invención: los San Fermines trasplantados a Cádiz. ¡Ole! ¡Qué arte, Tom!

Que Tom le tiene paquete a nuestro folclore, a nuestras tradiciones, es obvio. ¿Por qué lo hace? Aquí ya entramos en el terreno de la controversia.

La explicación más plausible es la de que, como buen americano prepotente, le da absolutamente igual no respetar fiestas ajenas, por mucho arraigo que tengan. ¿España? Una colonia mejicana en Europa, ¿no?

Una explicación más pintoresca apunta a un afán de vendetta hacia Penélope Cruz; como si pisotear nuestra cultura equivaliera a un desplante a su ex, ahora felizmente casada con uno que sí ha ganado el Oscar, el también español Javier Bardem.

La tercera explicación no me la creo ni yo: Tom es tan visionario que ha decidido reinventarnos, a nosotros, cerrados españoles; nos invita a seguir sus pasos de gurú y hacer como él, mezclar para ganar en diversidad.

No nos extrañe que, en su próximo proyecto, el bueno de Cruise aparezca tocando la gaita delante de la Sagrada Familia.

Hard candy


14 Jul

El cuento de Caperucita llevado al siglo XXI. Sin abuelita pero con lobo: un pederasta que atrae a sus víctimas con el señuelo de la fotografía de moda. Un cabronazo de suaves modales y buena planta que habita una mazmorra de apariencia impoluta. Un tío al que le gustan las niñas púberes, a las que captura a través de la red, chateando. Así es cómo Jeff conoce a Hayley, una cría de 14 años aunque con un cerebro de 24, muy madura para su edad pero incapaz de no sentirse halagada por las atenciones del varón adulto. Jeff la convence para ir a su casa. Y aquí es donde el cuento entra en una dimensión radicalmente diferente a la tradicional.

Esto es Hard Candy (2005), una estupenda cinta indie basada en un 99 por ciento en el intercambio dialéctico entre sus dos personajes principales, el cazador y la víctima, el fuerte y la débil, el depredador y su alimento… La gracia está en que no aburre. No es una obra de teatro filmada, por más que el envoltorio sea el mínimo, el imprescindible. De hecho, no hace falta nada más que ellos dos. Ellos dos y su peculiar, extraña relación. Las cosas que ocurren en esa casa y que una crítica honesta no puede desvelar. ¿Cómo triunfa una película así? Pues con guión. Guión, guión y guión. En esta época en la que prima la pirotecnia por encima del verbo, paladeemos una rara avis que se disfruta con la sensación de asistir a un espectáculo en estado puro, el de dos intérpretes midiendo sus fuerzas ante un objetivo, sin mayores adornos, sin efectos digitales ni ángulos de cámara arriesgados.

Un buen guión y unos buenos actores. Él es Patrick Wilson, visto más tarde en la infravalorada Watchmen. Y ella, sobre todo ella, es Ellen Page, esa actriz superdotada que saltó definitivamente al estrellato gracias a otra película independiente que gozó de mayor repercusión, Juno. Si en esta última lo bordaba (aunque irritaba) como sabiondilla, en Hard Candy ya anticipaba esa habilidad innata para interpretar a crías cuyo cerebro funciona a mayor velocidad y con mayor experiencia de lo que sugiere su carnet de identidad. Claro que a Ellen Page la ayuda su físico: aquí se hace pasar por una niña de 14 años cuando ella tenía ya 18. Su aspecto frágil y aniñado es perfecto porque contrasta con unos ademanes y una seguridad impropios de su edad. Cuando la película despega lo hace gracias a ella y a su portentosa actuación.

Del director, David Slade, sorprende rastrear el currículum y descubrir que su buen hacer en Hard Candy le ha llevado después a rodar la última entrega de la saga Crepúsculo, Eclipse. Todos tenemos que comer, pero esperábamos más del señor Slade. También decepciona averiguar que el guionista, Brian Nelson, se ha pasado últimamente al género del terror. En 2005, cuando eran jóvenes e inocentes y deseaban hacer algo bueno y rompedor, nos regalaron esta película imprescindible.

Hard Candy es lo que parece, una cinta indie con guión sólido y actores muy competentes, pero al mismo tiempo es mucho más. No conviene fiarse de las apariencias. Nadie rueda un trasunto de Caperucita en 2005 para ofrecer más de lo mismo. Las apariencias conducen a caminos engañosos. Bien pudiera ser que ni el lobo fuera tan feroz ni Caperucita tan indefensa. Hard Candy es territorio abonado a las sorpresas. Conviene verla con los ojos bien abiertos.

Estrenos 9 de julio


12 Jul

El último fin de semana de Mundial, el último fin de semana de sufrimiento para los estudios, las productoras y todos los que trincan con el negociete de las películas, es un fin de semana de esos en los que hacer una quiniela con la favorita a llevarse los millones resulta demasiado fácil:

-Shrek 4. Felices para siempre: Me preguntaba, no hace mucho, si era realmente necesario despachar una cuarta entrega de las aventuras del ogro más famoso de la gran pantalla. Me lo preguntaba hasta que revisé la tercera película y constaté que no era tan floja como me había parecido cuando se estrenó. Así que concedámosle un voto de confianza al broche de la saga.

-Un regalo para ella: Comedia francesa con perro. Oh, la, la!

-Nothing personal: Irlandesa.

-Intrusos en Manasés: Thriller español.

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.