La película más taquillera de Sandra Bullock (más de 200 millones de dólares en Estados Unidos), y la que obró el milagro de verla con un Oscar en la mano, es nada más y nada menos que un biopic de una estrella del fútbol americano actual, Michael Oher. Un trabajo atípico, de esos que parece que la actriz alterna entre Miss Agentes Especiales y comedias románticas al uso, aprovechado al máximo por su director, el eficiente John Lee Hancock.

La historia real de Michael Oher es de esas que rentabilizan al máximo el American Dream: adolescente negro, abandonado por sus padres y con problemas de adaptación social que consigue ser admitido en una elitista escuela católica, adoptado por una familia rica y becado en una prestigiosa universidad por sus facultades para el fútbol americano. Por supuesto, la fuerza que lo empuja hacia el éxito es la matriarca de la familia Tuohy, personaje omnipresente interpretado por Bullock, una mezcla entre spice girl pija y madre coraje. Bullock no se merece el Oscar por este trabajo. Su interpretación es blanda y llena de sus habituales tics (si alguien cree que son diferentes, es por culpa del botox), pero en su intento de ser una Eric Brockovich acaba pareciéndose más a un personaje de Mujeres Desesperadas. Lo que no quita que cumpla con su función en la película, aunque protagonizar una historia basada en la vida de otro personaje nunca dio buenos resultados.
Y aquí aparece el arte de John Lee Hancock para explotar al máximo un buen guión sin que la saturación de Bullock en pantalla lastre el resultado. Para ello fue fundamental la elección de Quinton Aaron como Oher, un actor joven, desconocido y que consigue dotar de humanidad un personaje en sí bastante difícil de creer. Sólo a su lado Bullock consigue alguna chispa de genio. Hancock lo sabe, y aprovecha cualquier hueco para convertirle en el verdadero protagonista.
Se agradece también que haya evitado un tono lastimero para un drama que, a pesar del baile de emociones, tiene bastante dosis de comedia gracias a varios secundarios bastante bien ubicados, como el entrenador de fútbol (el ganador del Oscar Ray McKinnon) o el hijo pequeño de los Tuhoy (Jae Head), contrapartida perfecta al grandullón de Aaron. The Blind Side (2009) es un drama a la antigua usanza, con happy end y enseñanza moral incluida. Una película hecha a medida para Sandra Bullock pero que se sale de la media de su filmografía precisamente por el trabajo del resto del reparto y de un director que ha sabido no dejarse llevar por la estrella sureña.














