07th Aug2010

Origen/Inception

by Pablo

En la carrera de Christopher Nolan (al menos, en la más sustancial y original) se puede rastrear una obsesión por los resortes más recónditos de la mente humana. Si en Memento el eje argumental era la memoria, y más concretamente cómo su pérdida abocaba a un hombre a una indefensión paranoica, en Origen (Inception, 2010) nos traslada Nolan al universo de lo onírico, de los sueños, ese territorio nebuloso y paralelo al que tanta atención prestó la escuela freudiana.

Origen amanece como un thriller donde un grupo de extraños personajes se ganan (y muy bien) la vida infiltrándose en mentes ajenas, aprovechando la fase del sueño, para robar preciadas y preciosas ideas. Al frente de esa suerte de comandos de asaltantes durmientes se sitúa el personaje de Leonardo Di Caprio, al que vemos en los primeros minutos correr, esquivar y pegar tiros tras adueñarse de las posesiones mentales de un acaudalado oriental en lo que parece el arranque de una ambilicada vuelta de tuerca de productos de factura similar, como Matrix.

Pero es sólo el amanecer de la cinta. Ese hombre, ese ladrón de recuerdos e ideas, es un alma torturada, un ser cuyo único deseo es volver a casa junto a sus hijos, a los que no ve desde que huyó precipitadamente de Estados Unidos por problemas con la Justicia. Su última carta, la de “vuelva a la casilla de salida” se la brinda, irónicamente, ese mismo empresario oriental, que prendado de las habilidades del extractor Di Caprio le engatusa para embarcarlo en una última misión que es todo un tour de force: no se trata ya de sustraer, sino de implantar; quiere este hombre que su ahora empleado deje en la mente de un rival una semilla, la de una idea que, en último término, contribuirá a hacerle más poderoso.

El resultado es una suerte de thriller metafísico en la que, a medida que el comando profundiza en su misión, atravesando sucesivos y peligrosos niveles de ensoñación, como parte de un complejo y casi mareante proceso, asistimos igualmente a un descenso a los infiernos privados del extractor. Infiernos habitados por su mujer, su tortuosa relación y sus extraños viajes al subconsciente. Lo que propone Nolan es algo así como una versión 2.0 de El hombre que fue jueves: a una secuencia de disparos le sigue una discusión sobre los riesgos de bucear en los sueños, que precede a una escena donde los personajes caminan entre edificios que se desmoronan, y vuelta a disertar sobre cómo diseñar universos oníricos con los que engañar a la víctima del plan.

Nolan confirma con Origen que es una de las voces más auténticas, frescas y atrevidas de los últimos diez o quince años. Esta película difícilmente tiene parangón con nada de lo visto hasta ahora. Más aún: algunas escenas de los sueños, con los personajes luchando mientras flotan, dejan a la altura del betún aquellas de Matrix que contemplamos con la boca abierta y que fueron plagiadas después hasta la saciedad. En el reparto, Leo Di Caprio brilla como lo hizo en Shutter Island con otro personaje atormentado (más cuerdo aquí) y denso, despejando cualquier duda (si es que persistía a estas alturas) acerca de su inmensa capacidad interpretativa. Le rodea un estupendo elenco de jóvenes secundarios (Ellen Page, Joseph Gordon-Levitt, Cillian Murphy) y veteranos (Michael Caine, Tom Berenger, Ken Watanabe) que consiguen que un servidor olvide la inquina que le produce la oscarizada Marion Cotillard. Muchos de ellos han trabajado ya con Nolan, que se revela hombre fiel a quienes han funcionado bien bajo sus órdenes. La soberbia partitura de Hans Zimmer, omnipresente, turbadora y absorbente, se erige en un personaje más, y no menor, precisamente.

Es difícil predecir el impacto que tendrá Origen en años (o incluso décadas) venideros, pero difícilmente podrá pasar desapercibida su atrevida apuesta. Cine arriesgado e inteligente, que vuela muy por encima del radar, a kilómetros del encefalograma plano por el que discurre últimamente el séptimo ¿arte? Por el momento, aplaudamos a Nolan y recemos para que no levante el pie del acelerador.

Veredicto: 9

Lo mejor: Las peleas ingrávidas.

Lo peor: Que algunos no vean más allá de la apariencia de thriller.

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