Archive for September, 2010

Celda 211 dice adiós a los Oscar


28 Sep

Pues no: la Academia española de cine (el nombre exacto es más rimbombante, pero qué más da) no repescó a Celda 211 para que represente a nuestro país en los Oscar. Tras la discutida y esperpéntica decisión de incluir la cinta de Daniel Monzón en la terna previa, finalmente la elegida ha sido También la lluvia, de Icíar Bollaín. Lope, sobra decirlo, apenas contaba como opción seria.

Lo de Celda 211 ya lo criticamos en su momento. El estupendo thriller carcelario que ha visto al mejor Luis Tosar bordando el papel de Malamadre tendría que haber sido la elegida por la Academia, sí, pero hace un año. No tenía sentido que se colara en los Oscar de 2011.

Dicho esto, una vez preseleccionada, un servidor, seguramente en un exceso de ingenuidad, creyó que el premio no terminaría aquí, y que llevarían lo que interpreté como un sinsentido hasta las últimas consecuencias. Y, sin embargo, no. La Academia ha debido de considerar que con la preselección iba que chutaba. Se han decantado, entre otras cosas, por el hecho de que Icíar Bollaín se convierte en la primera mujer que representará a España en los Oscar.

¿Mi opinión? Sin haber visto También la lluvia, que no se estrena ¡hasta enero!, pero por las referencias que tengo, poco tiene que hacer la película de Bollaín y crudo lo tendrá para contentar los gustos de los académicos de Hollywood. Una cosa es el cine que gusta aquí y otra el que triunfa al otro lado del charco. Parecen no saberlo.

Vía Twitter le pregunté su valoración a alguien con más peso que yo, el especialista en cine de El País Gregorio Belinchón: “[la veo] como lógica, visto lo visto. Y me gustó Celda 211, pero era del año pasado”.

El cabo del miedo


28 Sep

No, amigos: Infiltrados (The departed, 2006) no fue el primer remake de Martin Scorsese. 15 años antes, en 1991, el bueno de Marty decidió adaptar otra película, El cabo del miedo (Cape Fear), de la que respetó el título, los personajes y la esencia. Venía Scorsese de entregar la estupenda Uno de los nuestros cuando le llegó, rebotado de Spielberg, el guión que nos ocupa. El hombre tuvo sus dudas, hasta el punto de pasar un año hasta que aceptó ponerse a los mandos. Debía de pensar él que habiendo filmado maravillas como Taxi Driver o Toro salvaje, podía manchar su currículum algo tan poco de auteur como es trabajar sobre algo ya rodado.

Vencidas las dudas, Scorsese acabó volviendo sobre los pasos de J. Lee Thompson, quien, a su vez, había funcionado a partir de la novela The Executioners, de John D. McDonald. Novela que narraba la historia de venganza del ex presidiario Max Cady, un analfabeto que en la cárcel no sólo aprende a leer y escribir, sino que descubre que su abogado defensor, Sam Bowden, no puso toda la carne en el asador para lograr una condena más corta. Bowden antepuso sus escrúpulos a su deber como letrado de oficio; algo que Cady, de vuelta a las calles después de tres lustros, decide que no está dispuesto a perdonarle. Lo que sigue es un toma y daca en el que el convicto le hace la vida imposible al abogado, de forma insidiosa, en un primer momento, pero cada vez más violenta. A cada giro de tuerca de Cady, Bowden reacciona elevando el listón, hasta que opta por las soluciones desesperadas e, incluso, al margen de la ley (con los consiguientes dilemas morales).

Como las comparaciones son odiosas, resulta imposible, y además es menos divertido, no colocar en la balanza ambas cintas, la de 1962 y la de 1991. La primera cuenta con un director de trayectoria modesta, frente al laureado y reconocido Scorsese de la segunda. En el apartado de los actores, a Bowden lo interpretan Gregory Peck y Nick Nolte, por orden cronológico; y, de la misma forma, a Cady lo encarnan Robert Mitchum y Robert De Niro. Aquí reside la principal diferencia. Si en la entrega del 62 Cady era más bien palurdo aunque bastante cabronazo, De Niro lleva su personaje un paso más allá. Todavía en la época en que era capaz de pegar al espectador a la pantalla, en El cabo del miedo desarrolla, por un lado, una de sus famosas transformaciones físicas, aquí ganando kilos y kilos de músculo; y, por otra, se entrega tan a fondo que sirve uno de los mejores villanos de todos los tiempos. Su Cady está loco, obviamente, pero de una forma genuina: su paso por la cárcel ha hipertrofiado tanto su cuerpo como su mente, y al tiempo que es una máquina de matar algo no acaba de funcionar del todo bien en su cabeza, convertida en una sopa de letras donde nadan versículos de la Biblia, renglones de Arthur Miller y sentencias de filósofos.

Con toda justicia, De Niro fue candidato al Oscar. Lo fue también Juliette Lewis como la hija de Bowden, Danielle, excelente en su recreación de una particular mocosa de 15 años con la sensualidad a flor de piel, siempre deseosa de dar rienda suelta a sus instintos, y que desarrolla con Cady una relación similar a la de Caperucita Roja con el Lobo Feroz. Completa el cuadro la madre, Leigh, papel que interpreta Jessica Lange con un punto ausente y mucho de desquiciamiento. Scorsese tenía muy claro que deseaba un hogar desestrucurado y para nada idílico, en el que pudieran aflorar, con la tensión provocada por Cady como detonante, viejas disputas transformadas en reproches. En este sentido, Cady es el catalizador de los fantasmas familiares. Las pasadas infidelidades de Sam reviven ante la amenaza del ex presidiario: obligados a apoyarse los unos en los otros, recluidos en las cuatro paredes del hogar, estallan las hostilidades y se fractura la familia.

La principal virtud del remake, frente al original, está precisamente en que se propone y consigue llevar las cosas al extremo. Propiciado, cierto es, por la censura de la época, la primera El cabo del miedo resulta pacata y conservadora frente a la segunda. El Cady del 91 es mucho más excesivo e impactante, como lo son sus torturas a los Bowden y la respuesta de estos. La segunda El cabo del miedo es más dura, más áspera, más sucia, violenta y descarnada. Es la historia sin concesiones del hombre que lucha por salvar su pellejo frente a la voracidad del otro una vez el sistema se ha probado insuficiente. Como explica el personaje del detective privado, ese mismo sistema es demasiado lento e ineficaz. Al ojo por ojo del bíblico Cady, Bowden se ve abocado a responder tomando la justicia por su mano, él, profesional de la Justicia.

En el debe, Scorsese parece descuidarse en algunos momentos que, de poco creíbles, resultan hasta risibles. Es esto especialmente notorio en la traca final. Sin ánimo de desvelar la trama a quien no haya visto la cinta, algunas escenas, por chapuceramente resueltas, y sobre todo, por poco verosímiles, recuerdan a una (mala) película de terror.

Estrenos 24 de septiembre


24 Sep

El otoño le ha sentado bien a la cartelera. Ojalá no sea flor de un día. Crucemos los dedos para que las buenas perspectivas no sean como esas hojas barridas por el viento…

-El gran Vázquez: Olvidemos por un momento que, efectivamente, es ver a Santiago Segura con bigote y esbozando una media sonrisa e inmediatamente acude a nuestras mentes el policía más garrulo que ha parido la cinematografía patria, Torrente. Miremos más allá y alabemos el buen gusto de homenajear a uno de los grandes de la viñeta española y, de paso, figura controvertida y merecedora, por su peculiar perfil, del biopic que sirve Óscar Aibar. Vázquez da para una película por sus tebeos y por su vida turbulenta. A ver si otros toman nota y se acuerdan del cómic español en lugar de rodar memeces.

-Carancho: Ricardo Darín. ¿Qué más se puede pedir? Pablo Trapero dirige este thriller con opciones serias de triunfar en el Festival de San Sebastián. ¿He dicho ya que el protagonista es el gran, enorme Ricardo Darín? Si Carancho ofrece la mitad que El secreto de sus ojos, valdrá muchísimo la pena.

-Come, reza, ama: Exhibida también en Donosti, el viaje físico y espiritual de Julia Roberts no ha sido recibido, precisamente, con lisonjas. Más bien le han llovido las críticas por vacía y estereotipada. Sale por ahí Bardem, un pelín encasillado en el rol de buscavidas granuja pero majete.

-Astroboy: Al robot niño creado por Osamu Tezuka, padre del anime, le dan un lavado de cara y lo lanzan al cada vez más peleado ring de las películas de animación. Deberá esforzarse para salir airoso.

-Más cine español: Amanecer de un sueño; Elisa K.

Wallander


22 Sep

La televisión como cementerio de elefantes de estrellas del cine decadentes pudo ser una realidad (de hecho, lo fue) durante un tiempo y hasta hace relativamente poco. Desde que el talento huyó de la gran pantalla, entregada al producto facilón con los adolescentes como target, para aterrizar en la pequeña, definitivamente ver a alguien como Kenneth Branagh en una mini-serie como Wallander (2008) ya no induce a nadie (o casi nadie) a echarse las manos en la cabeza y pensar: “cuánto talento malgastado”. Con más razón si esa mini-serie lleva el sello de la BBC.

La génesis de Wallander la encontramos en la novela negra escandinava que últimamente satura cualquier librería. Millennium, de Stieg Larsson, ya tuvo su adaptación al cine, doméstica de momento, con tres cintas, y americana a corto plazo. Wallander está mejor trasladada en el formato mini-serie: cada capítulo adapta una novela, con una duración de hora y media, similar a la de una película, pero con presupuesto y pretensiones de serie, lo cual aleja el tufo a telefilm que desprenden las peripecias de Blomqvist y Salander.

Wallander es el apellido del inspector Kurt Wallander, el personaje que ha dado fama al escritor sueco Henning Mankell a través de una serie de novelas ubicadas en una de esas pequeñas localidades (Ystad, sur de Suecia) en las que jamás ocurre nada hasta que empieza a ocurrir de todo. Los casos más peliagudos son cosa del amigo Kurt, que no duda en sacrificar horas de sueño y el cariño de sus familiares (hija, padre; se está separando de su mujer) hasta dar con la solución al enigma de turno. Como policía, es más de intuición y olfato que de apretar a testigos y saltar de coches en marcha. De hecho, es un fulano más bien tristón, melancólico, con la mala costumbre de culparse por todo y asumir cualquier desgracia. Tan próximo al anti-héroe que sólo su extraordinaria habilidad para resolver rompecabezas le aleja de la figura del perdedor.

Branagh lo borda como Wallander. Alejado ya de sus mejores años, y aquí hablo sobre todo de lo físico, con un aire entre descuidado y abatido, el de Belfast recuerda poco a aquel actor cansino, plagado de tics y siempre presto a mirarse el ombligo, embarcado en una cruzada por adaptar a Shakespeare más que ningún otro mortal sobre la faz de la tierra. Desterrada la egolatría, compone su papel con esa aparente sencillez que sólo nace de la rigurosa preparación. Branagh resulta tremendamente creíble y empático. Por este rol ha ganado un BAFTA y ha sido candidato a los Emmy y los Globo de Oro, un justo reconocimiento.

La serie, hasta la fecha, se articula en dos volúmenes, cada uno consistente en tres casos/episodios. Las tramas siguen las de los libros: sin haberlos leído, da la impresión de que sus creadores han logrado ser fieles al original a la par que sintéticos; no da la impresión de que sobre nada, y tampoco de que falte. Entre los hallazgos, especialmente en el volumen inicial, su estupenda fotografía, que explota de forma brillante los espectaculares exteriores. Si un pecado se le puede echar en cara a Wallander es, tal vez, su carácter poco innovador, su estilo más bien convencional. Si la BBC ha arriesgado con otros productos como Sherlock (ubicar al personaje en el siglo XXI), aquí opta por servir un plato más tradicional. Como tal, cumple su función y resulta agradable. Quizás al espectador que vaya en busca de nuevas sensaciones le deje un tanto insatisfecho.

En cualquier caso, Wallander es una serie altamente recomendable.

El americano


19 Sep

Si El americano (The american, 2010) fuese una película americana, duraría media hora. Pero El americano, a pesar de su título, es una película europea, o que va de europea. Su director es el holandés Anton Corbijn y su guionista, el francés Rowan Joffe (sí, hijo de Roland Joffe). Está rodada a caballo entre Suecia y Italia, sobre todo Italia. Lo único americano es su actor protagonista, George Clooney, pero Clooney reniega cada vez más de sus orígenes, con su casa (ya vendida) en el Lago Como y su relación con Elisabetta Canalis.

Si El americano fuese una película americana dirigida por, por ejemplo, Paul Greengrass, al menos una hora de metraje se iría por el desagüe. Sería la hora en la que no ocurre absolutamente nada. Unos sesenta minutos, así a ojo, que se resumen en bonitas postales de Los Abruzzos, conversaciones huecas, montajes de riflajes y paseos junto al río. Hay otra media hora que sí encaja con el poster (George corriendo, pistola en mano) y el tramposo trailer. Pero esa media hora no es El americano.

Clooney encarna a uno de esos asesinos tan profesionales que no permiten que nada se interponga en su trabajo. O no lo permitía. Porque nada más empezar lo vemos muy acaramelado en la nieve sueca y en Italia no tarda en echarle el ojo a una de esas putas con buen corazón tan agradecidas en el séptimo arte. Entre que ha perdido facultades (o eso parece), le buscan los suecos y su jefe (o lo que sea) se muestra más bien insensible a sus desvelos, George se pasa la película mirando por encima del hombro, durmiendo abrazado a su pistola y poniendo cara de póker, entre serio y preocupado, ceño fruncido y mirada inquieta.

Clooney es “el americano” porque canta más en los pueblecitos del centro de Italia que un pingüino en una montaña. Corbjin, el holandés amigo de los cantantes, a los que antes rodaba videoclips, tampoco se mimetiza gran cosa con el entorno. Sus homenajes son tan obvios que hacen reír: entra el protagonista en un bar y suena Tu vuò fà l’americano, la de Renato Carosone; o ponen en televisión Hasta que llegó su hora, y el camarero, por si acaso, comenta: “Sergio Leone; italiano”. Un poco más y aparece un rótulo que reza algo así como: “mi película es una homenaje al spaghetti-western”.

Corbjin, además de obvio, va de profundo y defrauda por lento. El holandés es de esos que creen que si en una escena no habla nadie durante diez minutos, el resultado es arte, cuando en realidad nos está obsequiando con un soberano coñazo. Es pretencioso como pocos. Nos endosa al cura del pueblo a modo de voz de la conciencia del americano, al que intenta arrancar una confesión de sus pecados al tiempo que muestra sus propias debilidades, sin que luego ese personaje vaya a ninguna parte. Del otro lado, la puta, la tan manida puerta a una nueva vida tras el último trabajo (¿cuántas veces habremos visto lo del último trabajo?).

Si a El americano le quitamos los silencios de Clooney, las vistas idílicas y los parloteos del párroco, nos queda más bien poco, el esqueleto frágil de una cinta enclenque. No funciona ni como thriller, ni como actualización del cine de Leone ni como profunda reflexión sobre los pecados de un hombre sumido en la soledad por culpa de su trabajo. Y no es honesta. En uno de esos recurrentes enmudecimientos, se escucha un diálogo en la sala: “La película es un poco coñazo… Sí, pensaba que tendría más acción”. Pues eso.

Veredicto: 5

Lo mejor: Italia.

Lo peor: las ínfulas de Corbjin.

Estrenos 17 de septiembre


17 Sep

Arranca el Festival de San Sebastián, Cassey Affleck reconoce que I’m still here es un fake y Luis Tosar estará sí, sí o sí en la película española propuesta para los Oscar. Ah, y hay cinco películas nuevas en la cartelera.

Here we go:

-El americano: George Clooney debió de pensar: “me apetece rodar cerca de mi casoplón en el Lago Como y marcarme un papel en plan retro”. El resultado es un thriller con ínfulas en el que todo apunta a que Clooney es lo mejor y el resto, es decir, el director, Anton Corbijn, es lo peor. Una de frío asesino en serie con envoltorio de auteur.

-Step Up 3D: Se han puesto de moda (?), últimamente, las cintas de baile. Que nadie se confunda: rollo callejero, con cuerpos jóvenes y en forma dando saltos y manteniendo relaciones amorosas, o sea, super fuertes.

-Ramona y su hermana: Uno de los últimos productos de la Factoría Disney, Selena Gómez, en una comedia sobre… bingo, una chica y su hermana. Cinta familiar. Sin más.

-Contracorriente: Peruana. Cubre la cuota de cine latinoamericano del fin de semana.

-Blow Horn: Documental Español.

Celda 211, ahora sí, rumbo a los Oscar


15 Sep

Conversación esta mañana en la redacción (no en la redacción de Celuloides; en otra):

-A las once se anuncian las películas candidatas a representar a España en los Oscar… ¿Cuáles elegirán?

-¿Celda 211?

-No, esa es del año pasado. En su lugar enviaron El baile de la victoria, de Trueba.

Pasadas las once, nos enteramos por El País, vía twitter, de que Celda 211 está en la terna junto a Lope y También la lluvia. ¿Alguien lo entiende? Su director, a duras penas. En declaraciones a Efe, Daniel Monzón explica que, al haberse estrenado en noviembre de 2009, creía que el tren de Hollywood ya había pasado. Pues no. Cosas de la Academia. La de aquí, la española. Así que el chasco del año pasado, cuando el duro thriller carcelario encabezado por un soberbio Luis Tosar no llegó ni a pasar la primera criba, se enjuga gracias a una discutible ingeniería de calendario.

Si no se producen sorpresas de última hora, será Celda 211 la que nos represente ante Hollywood, y allí decidirán si supera un nuevo proceso de selección, algo que no consiguió El baile de la victoria. Sus dos compañeras de viaje, Lope y También la lluvia, no parecen en condiciones de hacerle daño. Dato para la reflexión: en las tres sale Luis Tosar; y fue Luis Tosar el encargado de anuncias las seleccionadas. Sí, la mañana venía juguetona.

¿Se acabaron ahí las sorpresas? No, aún quedaba una. Balada triste de trompeta, la cinta de Álex de la Iglesia doblemente premiada en Venecia, se quedó fuera porque se terminó hace 10 días y sólo se organizaron dos pases para la Academia, que se ve que necesita más tiempo para estas cosas. Sin embargo, estas apreturas no fueron óbice para que sí figure en otra terna, la de los premios Ariel (Méjico), desbancando a Lope.

Para que luego digan que el cine español no es original.

Conocerás al hombre de tus sueños (by Carlos)


12 Sep

Decía Woody Allen, en la presentación en España de Conocerás al hombre de tus sueños (You will meet a tall dark stranger, 2010), que la vida era terrorífica e inestable. “La única manera de sobrevivir es engañandose a uno mismo”. Ok, Woody, tú engáñate lo que quieras, pero deja de tomarnos el pelo a nosotros.

Sí, porque Woody Allen nos toma el pelo. Considera que su bagaje profesional le da derecho a que humildes currantes como mi socio Pablo y yo paguemos siete euros de entrada para ver una película horrible, vacia, desganada, superficial, caótica y, lo peor de todo vieniendo de Allen, sin gracia alguna. Pocas veces me han dado ganas de salir de una sala de cine a los 20 minutos, y desde luego nunca pensé que me ocurriría con una película firmada por el mismo que nos ha brindado Annie Hall, Misterioso asesinato en Manhattan o Match Point, por poner tres ejemplos. Digámoslo claro: del Woody ingenioso, audaz, trasgresor, filosófico y neurótico ya no queda nada. Sus últimas películas ya barruntaban el declive, pero se dejaban ver. En Cassandra´s Dream (2007) ya nos preguntábamos por qué, a medida que Allen se hace más mayor, los intérpretes de sus películas se vuelven más jóvenes y sus preocupaciones más frívolas, pero al menos su retrato de la culpa era convincente;  en Vicky Cristina Barcelona (2008), postal turística sin más, se benefició de buenas actuaciones; y en Si la cosa funciona (2009), siendo olvidable, no defraudó a los incondicionales.

En Conocerás al hombre de tus sueños, sin embargo, no hay nada que rescatar, ni siquiera para aficionados que han seguido, desde siempre, su carrera con admiración y, últimamente, con condescendencia. La historia de dos parejas, una joven y otra mayor, en el punto crítico de sus vidas, es tan insustancial y previsible que parece imposible que un productor haya podido financiarla (pero claro, el productor es español, así que misterio resuelto). No sólo la historia es totalmente prescindible, y los diálogos vergonzantes en algunos casos, sino que da realmente lástima ver el talento de Anthony Hopkins desperdiciado y a Antonio Banderas mendigando minutos en pantalla con un papel que podría haber resuelto mejor Arturo Fernández. Al menos nos hubieramos reído más.

Es mejor ni imaginar qué puede pensar alguien que se enfrente por primera vez a la filmografía de WoodyAllen con esta película. Seguramente creerá que el director es una especie de Marcel Duchamp moderno, capaz de dar la vuelta a un inodoro de porcelana y presentarlo como arte. Y seguramente dedicará su tiempo a otras cosas más interesantes que seguir los planes de jubilación de un director convertido en una Sociedad Limitada.

Veredicto: 1 (sí, de 10, no estás leyendo mal)

Lo mejor: Anthony Hopkins, seguramente porque era el único que creía que estaban haciendo una película.

Lo peor: que Woody Allen parece empeñado en cargarse su reputación a marchas forzadas.

Mostra Nostra


12 Sep

Como cualquier competición, la 67ª edición de la Mostra de Venecia, una de las grandes citas dentro del circuito de Festivales, deja vencedores y vencidos. Entre estos últimos, al parecer, figura la prensa especializada. Como Celuloides en su jugo, un año más, no logró ser acreditado para la cita en la ciudad de los canales, no podemos juzgar por nosotros mismos. Visto a través de terceros, resulta que los pobres plumillas lo han pasado fatal asistiendo a pases de películas horribles y sufriendo los rigores de una organización caótica. Pobrecillos. Qué tortura la suya.

Yendo a lo serio (porque las quejas de Boyero y compañía no lo son), y volviendo al punto de partida, los vencedores son un hombre y una mujer con muy poco que ver: Álex de la Iglesia y Sofía Coppola. El bilbaíno ha cosechado los galardones a mejor director y mejor guión por Balada triste de trompeta, dicen que su cinta más personal, la historia de dos payasos atracadores en plena Guerra Civil. La hijísima de Francis Ford y ex de Quentin Tarantino, a la sazón capo del jurado, se llevó a casa el trofeo a mejor película por Somewhere, donde bucea en las oscuras marismas de un pobre hombre, un actor que ahoga las penas en drogas y sexo.

En cuanto a los perdedores, Natalie Portman acaparó alabanzas sin fin por su rol en Black swan, de Darren Aronofsky, pero ambos se fueron de vacío. Tampoco hubo nada, aunque esto era más previsible, para Ben Affleck por su segunda cinta como director, The town, en la que también actúa rodeado de un estupendo reparto en el que destacan Jeremy Renner (En tierra hostil) y Jon Hamm (Mad Men). Cinta de atracadores ambientada en Boston con muy buena pinta.

El resto, lo del festival trufado de peliculillas culturoides insufribles y mal organizado, que tantas rabietas ha provocado entre la troupe de periodistas, ya es historia. Además, ¿quién puede ser tan iluso como para ir a Venecia, Cannes o Berlín esperando encontrar propuestas amenas y entretenidas?

Estrenos 10 de septiembre


10 Sep

No andaba la cosa para lanzar cohetes, pero lo de este fin de semana es inenarrable. Sinceramente, buscaos otro plan, el que sea, antes que ir a ver cualquiera de estas películas:

-Resident Evil: Ultratumba: Cuarta, ojo, ¡cuarta! entrega de esta saga basada en el videojuego homónimo. Nunca hubo gran cosa que contar, pero a cada revisión de la ¿trama? del virus que convierte a la gente en zombies, la copia se vuelve cada vez más pálida e insulsa. Supuestamente, aquí tenemos una serie de alicientes: a Milla Jovovich, que ha quedado para repartir mamporros pero a menor coste que Angelina Jolie, la acompañan Ali Larter y Wentworth Miller, vistos en Héroes y Prison break, respectivamente. Poquito que esperar de esta cinta.

-Adele y el misterio de la tumba: Luc Besson, algo así como el Guillermo Del Toro francés, uno de esos tipos que parecen estar sacando proyectos constantemente (ya sea dirigiendo o produciendo), no necesariamente mínimamente potables, se lanza aquí a la aventura fantástica con la muy original percha de la egiptología. ¡Guau! Por cierto: ella, la protagonista, era chica del tiempo y no tenía ni idea de actuar. Probablemente se refleja en el resultado.

-Salvando las distancias: Sale Drew Barrymore. Lo cual invalida todo lo demás. Lo cual hace innecesario buscar un pro frente a tamaño contra. Comedia romántica que bien podemos no incluir en nuestras vidas sin vernos menoscabados.

-The runaways: Kristen Stewart cambia el rollo vampírico por el rollo punk. Servidor no se siente demasiado intrigado a la hora de descubrir si el cambio le ha sentado bien.

-Todo lo que tú quieras: Española. Najwa Nimri y Juan Diego Botto.

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.