Archive for October, 2010

Estrenos 22 de octubre


23 Oct

Cómo estará el patio cuando lo mejor que se puede ver es un remake. En la semana en que Guardans fue despedido fulminantemente del ICAA por Sinde, que a su vez se niega a acudir a la Seminci por lo que dijo el alcalde de Valladolid sobre Leire Pajín, esto viene siendo lo que hay en cartelera:

-Déjame entrar: Hollywood fagocita cada vez más rápido. Sólo han pasado dos años desde el estreno de la cinta original, la sueca, y ya tenemos aquí su remake. Remake que, según dicen, desmiente el término y va más allá de la adaptación chapucera y funcionarial. Seguramente traicionará parte de la carga poética del filme nórdico, pero a cambio cuenta en el papel de la niña vampiresa con la estupenda Chloë Moretz, que dejó tan buen sabor de boca en Kick-Ass. La mejor opción de esta nueva remesa. Eso sí: véase primero la original, por favor.

-Diario de Greg: Moretz repite en esta curiosa y, a priori, diferente aproximación al tan trillado y traumático mundillo del colegio/instituto. Nuestro protagonista suple sus típicas/tópicas carencias a la hora de intregrarse a base de consignar sus “planes” en un diario. Merece, al menos, que la tengamos en cuenta.

-Ga’Hoole: Ojo, el director de 300 en una de animación protagonizada por… búhos guerreros. En fin. Todos hemos petido la pata alguna vez.

-Stone: De Niro vs Norton. El mejor actor (con perdón de Al Pacino) después de Marlon Brando frente a frente con su presunto sucesor. ¿Qué ocurre? ¿Dónd está el problema? Si De Niro lleva al menos 10 años cuesta abajo y sin frenos, Norton también se ha desinflado tras un inicio de carrera espectacular, con dos candidaturas al Oscar. Mucho tic, mucha afectación y poca sustancia en este drama carcelario.

-Paranormal Activity 2: Secuela de una de las mayores sorpresas de los últimos tiempos. La original fue un pelotazo (básicamente en USA) por lo poco que había costado y lo mucho que recaudó. Pasada la sorpresa, conocido ya ese aire casero que hacía dudar a los más ingenuos si lo contado no sería verídico, está por verse el efecto de esta nueva entrega.

-Los seductores: Francesa. El título da una idea de lo que vamos a encontrarnos: un esperto en seducir, su víctima, bla, bla, bla.

-Españolas: Héroes, Estrellas que alcanzar.

La red social


21 Oct

Lo juro por Snoopy. Nunca pensé que una película sobre el nacimiento de la red social por excelencia, Facebook, pudiera dar tanto juego. Pero ahí está, alzándose como una buena película y oyendo campanas de Oscar. Eso sí, tampoco exageremos.

Porque lo mejor de La red social (The social network, 2010), sin duda alguna, es la extraordinaria dirección de David Fincher. Sin él, y a pesar del logrado (aunque no perfecto) guión de Aaron Sorkin, la película se quedaría en una anécdota en la frívola existencia de Justin Timberlake. Fincher da personalidad a la historia, convierte cada secuencia (la de la competición de remo es espectacular) en un momento visual único, sin grandes alardes, pero con una propuesta clara de cómo debemos juzgar a sus personajes: a Mark Zuckerberg (fundador de Facebook), en su introversión; a Eduardo Saverin (cofundador) en su indefensión; a Sean Parker (fundador de Napster) en su locura; y a los hermanos Winklevoss (fundadores de UConnect) en su fuerza. Todo ello está ya en el guión, sí, pero Fincher le dota de una fortaleza visual y un ritmo que hace que la película de Zuckerberg acabe siendo la película de todos ellos.

Y quizás las mayores lagunas del guión de Sorkin, basado en el libro The Accidental Billionaries, de Ben Mezrich, sean con el personaje principal.  Zuckerberg no es un héroe, más bien aparece como un cretino integral, pero sigue siendo el mismo cretino integral durante todo el metraje, y cansa. No hay transformación en él, es un personaje estático que, una vez creado Facebook (y eso pasa en la primera media hora), ya no tiene nada que contar. Y por ello la historia se convierte en algo tan predecible que los los continuos flashforwards al futuro, donde aparece demandado por sus antiguos compañeros, no sólo se agradecen sino que se hacen imprescindibles para aligerar la sensación de “ya sé lo que va a pasar” en el espectador.

Quizás la misma impresión tuvo Jesse Eisenberg cuando leyó el libreto de Sorkin, porque una vez mostrado su propuesta actoral para encarnar a Zuckerberg en el largo diálogo que abre la película, no aporta nada nuevo para el resto del tiempo. Cierto es que convierte al protagonista en una especie de bomba antisocial, pero a veces no consigue demostrar si la cara que pone es porque el personaje lucha en vano por expresar sus sentimientos o que, simplemente, está padeciendo un agudo ataque de extreñimiento. Más interesantes son los trabajos de Andrew Garfield (Eduardo Saverin) y sí, hay que reconocerlo, Justin Timberlake, que debió de tirar de experiencia para interpretar al alocado Sean Parker.

Así que si estuvieramos en Facebook seguramente le daríamos al botón de “me gusta”, pero no hay de qué sorprenderse: Fincher siempre nos ha gustado.

Veredicto: 7.

Lo mejor: David Fincher pone lo que le falta al resto.

Lo peor: que postearé esta crítica sin ningún rubor en la página de Celuloides en su jugo en Facebook. Sí, qué pasa.

Estrenos 15 de octubre


15 Oct

Aroma de Oscar en la cartelera. En el horizonte, Hollywood y sus premios. Aún es pronto, pero…

-La red social: Se comenta que David Fincher la ha vuelto a liar. ¿Quién no enarcó ambas cejas cuando, tiempo ha, supo que se rodaba una película sobre Facebook? Luego supimos que la cosa iba de los tejemanejes de su creador, Mark Zuckerberg, en la gestación de la (de momento) red social más popular del planeta. Y, por último, la cinta causó tal sensación que no pocos se apresuraron en abrirle de par en par a Fincher las puertas de la Academia. Veremos. Zuckerberg es Jesse Eisenberg, uno que va hacia arriba. Le acompaña, ojo, Justin Timberlake; sí, nuestros prejuicios puestos a prueba.

-La verdad de Soraya M: Duro drama sobre una mujer iraní a punto de ser lapidada por culpa de la crueldad e ignorancia de los demás, empezando por su marido. Protagonizan Jim Caviezel y Shoreh Aghdashloo.

-La otra hija: Luis Berdejo responde a la llamada de Hollywood con una peli que carga con varios muertos: el que peor huele, Kevin Costner, pero no apesta poco su guión de thriller de terror, convencional y facilón; sale Ivana Baquero, la cría de El laberinto del fauno.

-DiDi Hollywood: Bigas Luna le brinda a Elsa Pataky no la oportunidad de redimirse con el cine, sino de despelotarse unas cuantas veces. Lo de las carreras de ambas es de juzgado de guardia.

-Pan negro: Cinta española que gustó en el Festival de San Sebastián. Trabajar con niños es siempre complicado y peligroso, pero por las críticas que ha cosechado, parece que su director, Agustí Villaronga, ha salido bien parado.

-Louise-Michel: Francesa.

Gru, mi villano favorito


12 Oct

Y de repente, una cinta tremendamente original. Quién podía sospecharlo ante una premisa como “villano se propone robar la Luna hasta que tres niñitas se entrometen”. Un magnífico ejemplo de cómo una sinopsis no del todo potente puede matar de raíz las ganas de ir a ver una película. Tampoco ayuda el título español: Gru, mi villano favorito es mil veces peor que el original, Despicable me (Despreciable yo); pero esa es una batalla perdida.

Superados los prejuicios, uno se encuentra con un divertídismo ejercicio de demolición de lo convencional. Gru, el protagonista, es el reverso del héroe habitual: en una época en que tratan de confundirnos con supuestos y fraudulentos anti-héroes, este villano sí rompe moldes. Es un personaje sensacional, un tipo que es malo en esencia, por forma de ser y como manera de ganarse la vida, pero con ese punto chapucero que le impide escalar a lo más alto de su profesión. Cuando se descubre que una de las pirámides de Egipto ha sido robada, su reacción, furiosa, es la de proponerse elevar el listón y deslumbrar al mundo con una acción criminal aún más audaz: en efecto, robar la Luna.

La tarea no se presenta fácil para Gru por varios motivos. El primero, unos secuaces, cuanto menos, peculiares: el doctor Nefario, prototipo del viejo científico chalado, al que su dureza de oído impide atender bien las órdenes del jefe; y los Minions, unas pequeñas criaturas amarillas con ciertas reminiscencias a Toy Story que se acaban revelando magníficos. El segundo, el enemigo más improbable: Vector, el villano más ridículo que quepa imaginar, un sujeto minúsculo y cabezón, gafotas mediante, al que ni siquiera sus absurdas pistolas lanza-cefalópodos impiden dejar a Gru en segundo lugar. Y tercero y más importante, tres niñas huérfanas a las que nadie quiere adoptar y acaban compartiendo tejado con nuestro villano sencillamente porque pueden serle de gran ayuda en sus planes.

La carrera en pos del robo más espectacular de todos los tiempos acaba transformándose en un viaje personal hacia el redescubrimiento de una parte de la personalidad de Gru largamente olvidada. Nuestro villano, después de todo, no es tan malo. Sólo ha sido víctima de la típica madre castradora. En cuanto las tres niñas consiguen rascar un poco, bajo la superficie aparece un ser capaz de disfrutar de una tarde en el parque de atracciones o de dejarlo todo por acudir a un recital de ballet. La habilidad, y aquí viene lo encomiable, reside en contar ese viaje de forma inteligente, sin caer en lo ñoño, sin que salgamos de ver la película con la sensación de que nuestro héroe, perdón, anti-héroe, ha renunciado a aquello que lo hacía especial. Es cierto que Gru ya no es aquel que arrancaba nuestras risas a base de pequeñas ruindades, pero más que traicionar sus principios, lo que ha hecho es sacar el corazón del congelador y descubrir que, después de todo, sigue latiendo. Por más que, en efecto, quede ese poso de “al final el malo ya no es tan malo; lástima”.

En diciembre tendremos una inmejorable ocasión de apreciar en su auténtica dimensión lo que logra Gru bajo su aparente falta de pretensiones. Entonces se estrenará Megamind, cinta de Dreamworks protagonizada, también, por un villano, decidido en este caso a hacer la vida imposible a Metro Man y el resto de héroes; algo así como la cara B de Los increíbles. Algo me dice que Megamind ofrecerá algo mucho más convencional, menos desenfedado y menos divertido que Gru. Todo un descubrimiento.

Veredicto: 7,5.

Lo mejor: La presentación de Gru.

Lo peor: Que algunos la descarten temiendo algo que no es.

Wall Street 2: el dinero nunca duerme


09 Oct

Que Oliver Stone, entre visita y visita a caudillos latinoamericanos, tenga tiempo de recuperar a Gordon Gekko para realizar la segunda parte de Wall Street (1987), dice bastante de la falta de imaginación de la industria. Por fortuna, Wall Street 2: el dinero nunca duerme, se aleja lo suficiente de su predecesora como para juzgarla con nuevos ojos.

Si en Wall Street, Stone narraba el descenso a los infiernos del dinero del agente de bolsa  Bud Fox (Charlie Sheen) de la mano del especulador Gordon Gekko (Michael Douglas); en esta ocasión pone el acento en los esfuerzos de Jacob (Shia La Beouf) para mantener el equilibro entre las intenciones de su suegro (Gekko), que quiere volver al juego después de pasar 20 años en la carcel, las presiones de su jefe, Bretton James (Josh Brolin) y sus propios principios. Una trama más compleja, en la que se mezclan burbujas económicas, lecciones de capitalismo, problemas paterno-filiales y, sobre todo, una explícita carga moral más acorde con el Stone populista de los últimos tiempos.

Si el discurso ha cambiado, la forma también. Stone se esfuerza por ofrecer un montaje ecléctico que en ocasiones es de un simbolismo demasiado simplón, pero que da ritmo a un guión que podría firmarlo Leopoldo Abadías. Los guionistas Allan Loeb y Stephen Schiff no ahondan en la degradación humana que produce el poder, prefieren mirar al mundo real y jugar a las crisis ninja mientras mueven a todos los personajes en torno a Jacob. Y esa galería de secundarios juega, y mucho, en favor de la película, sobre todo por los actores que los interpretan: Susan Sarandon como la madre de Jacob, Frank Langella como su mentor y un increible Elli Wallach (al que Stone homenajea siempre que suena el móvil de Jacob en el film) como el protector de Bretton. Sin contar con un divertido cameo de Charly Sheen encontrándose con Gekko.

En fin, que Stone hace lo suficiente como para que estemos entretenidos cada minuto de metraje, ya sea con guiños al pasado, espectaculares efectos, tomas aéreas de Nueva York o las convincentes peleas dialécticas entre Douglas (muy deteriorado, por cierto), La Beouf (que da la talla) y Brolin (excelente como siempre).

¡Ah! Y hay hasta una historia de amor de lo más convencional con la modosita Carey Mulligan, nada que ver con la sensual Daryl Hannah de la primera parte. Porque sí, esta es una película de Stone, pero para todos los públicos. Los tiempos, y el dinero, lo quieren así.

Veredicto: 6,5

Lo mejor: Elli Wallach.

Lo peor: La moralina explícita.

Estrenos 8 de octubre


09 Oct

Remakes y alguna rareza en un fin de semana más bien anodino:

-Wall Street: El dinero nunca duerme: Que se lo digan a Oliver Stone, que ha decidido resetear la máquina de escupir billetes y sacar de la trena a Gordon Gekko para que vuelva a hacer de las suyas justamente ahora que los mercados financieros, la especulación y la falta de escrúpulos a la hora de jugar con el dinero de otros están tan en boga. Con Jerome Kerviel a punto de saber lo que son unos barrotes de acero, Stone libera a Gekko para que lleve por el mal camino a su yerno, encarnado por un Shia LaBeouf al que yo, lo siento mucho, ni veo como el nuevo Cruise ni como el nuevo nada. Lo cual, obviamente, es garantía para que el chaval acabe en lo más alto. Secuela que apesta a oportunismo por todos sus poros y de la que dispondréis de review en breve.

-Saw VI: Cómo ha pasado el tiempo, y qué mayores nos hemos hecho, desde que oímos hablar por primera vez de Jigshaw y sus macabras torturas. Lo que una vez pudo tener gracia dejó de tenerla allá por la… segunda entrega. A esta sexta lo que le da algo de vidilla es la pantomima que montaron aquí los censores patrios cuando, el año pasado, decidieron cascarle una “X” que la confinaba a las cuatro salas que siguen exhibiendo porno. Subsanada tamaña bobada, a punto ha estado de solaparse con el séptimo episodio; sí, en camino está.

-Gru, mi villano favorito: La premisa (un malo malísimo quiere robar la Luna y sólo tres niñas se lo pueden impedir) me dejaba bastante frío hasta que leí no pocas alabanzas vertidas sobre este trabajo de animación. Tal vez merezca una oportunidad, después de todo.

-Exit through the gift shop: Rareza en toda regla a cargo del amo del grafitti Banksy. Tendrá su público (minoritario).

-Cartas a Julieta: Pinta de ñoña que tira para atrás. Salen Vanessa Redgrave y Gael García Bernal, supongo que en roles tirando a secundarios.

-¿Otra vez tú?: Comedia tele-dirigida al target femenino con Jamie Lee Curtis y Sigourney Weaver como reclamos.

-Amador: La nueva de Fernando León de Aranoa.

Buried


06 Oct

Un tío enterrado en un ataúd durante hora y media: la película imposible. No ya tanto de rodar, que también, sino de soportar. Eso debieron de pensar productores, directores, actores y otros señores con responsabilidad en esto del cine. Tenía que llegar un irresponsable como Rodrigo Cortés, un valiente, un inconsciente, por qué no, para demostrar que, de imposible, nada; y de insoportable, menos.

El resultado, Buried (2010), es un ejercicio de estilo. Parece la respuesta a una apuesta formulada de madrugada y con alguna que otra copa en el cuerpo. “¿A qué no tienes lo que hay que tener para contar la historia de un fulano que despierta atrapado en el interior de un atáud, bajo tierra, en medio de ninguna parte en Irak?” Cortés sabía que podía hacerse. Necesitaba un actor y lo encontró en Ryan Reynolds, hasta ahora más conocido por ser el marido de Scarlett Johansson y, en breve, por interpretar a Linterna Verde. Entre ambas hazañas aceptó otra de no menor envergadura: meterse en el pellejo de Paul Conroy, contratista americano, conductor de un camino, al que sorprende un ataque cuando circula con un convoy por la ciudad de Baquba.

El acertijo es el siguiente: ¿cómo sales de ese ataúd si sólo dispones de un teléfono móvil, un mechero y una petaca? El móvil te permite comunicarte con el mundo exterior, aunque esto, a menudo, se convierte para Conroy más en un problema que en una solución. El mechero contribuye a eliminar parte de la sensación de claustrofobia, pero eres también más consciente, si cabe, de que estás atrapado en una caja de madera. A Conroy le aguardan minutos de infarto, de lucha contra el reloj, una batalla contra la incomprensión de los demás y su propia angustia, un esfuerzo titánico por conseguir que le localicen y saquen con vida. Conroy sufre y Cortés quiere que suframos con él. Como parece tratarse de un tipo dado a conseguir lo que obtiene, huelga decir que no sale mal parado. Buried es una película que angustia, no apta para corazones propensos a encogerse en situaciones límite y espacios exiguos.

Valiente desde el arranque, abriendo de negro, sólo jadeos y golpes en primaria instancia, Buried es también una cinta exigente. Exigente para Reynolds, que despliega una intensidad física y emocional digna de elogio. Exigente para Cortés, que ante lo limitado de la premisa deja patente que se ha rebanado los sesos para rodar 90 minutos de lo mismo sin hastiar al espectador, jugando con los distintos ataúdes que mandó construir, con la luz, la planificación, el sonido, la música, obteniendo algunas escenas de una potencia extraordinaria, algo impensable si volvemos al punto de partida: “tío encerrado en ataúd”. Y exigente, por último, para ese espectador, que debe aceptar entrar en el juego y seguir la corriente durante hora y media. Aquí más que nunca, debe ser cómplice y pasar por el aro: Buried puede llegar a resultar abrasiva si no se aceptan las normas. Aquí, pocos reproches pueden hacerse a Cortés, que ha sido honesto y ha jugado, desde el principio, con las cartas boca arriba.

La pregunta del millón es si Buried, al margen de angustiar, llega a aburrir. La respuesta, al 95 por ciento, es “no”. Salvando quizás un instante, hacia el final, en el que uno siente la tentación de mirar el reloj, simplemente para cerciorar que la cinta va tocando a su fin, hay que rendirse al trabajo de Chris Sparling, quien desde un guión medido y brillante es capaz de dosificar los altibajos, la montaña rusa en la que vive sin moverse el contratista Conroy, guardándose siempre un as en la manga para cuando el espectador escéptico crea agotadas las fuentes de sorpresa. Guión con mucho diálogo, abundante y bien escrito, que no falla en el para nada sencillo arte de reproducir conversaciones.

Como película diferente que es, corre Buried el riesgo de caer en la incomprensión. O, peor, en el desdén de aquellos que la vean como un mero tour de force, un experimento alambicado, inteligente, sí, pero sin visos de trascender. Ambas respuestas no habría por qué interpretarlas como un fracaso. Hacen falta más trabajos como este, más apuestas arriesgadas, más incursiones por el camino no trillado, más saltos al vacío sin red. A Cortés, si no se tuerce, le aguarda una prolífica carrera en la que Buried siempre ocupará un lugar destacado y preferente.

Veredicto: 7,5

Lo mejor: La conversación con el jefe de personal.

Lo peor: Que su carácter experimental ahuyente a parte de la audiencia.

Carancho


05 Oct

Que a estas alturas Ricardo Darín no tenga un Oscar o reconocimiento similar resulta sangrante. Otros actores latinos con menos talento que él pueden enseñar una estatuilla a sus visitas. Sí, me refiero, por ejemplo, a Javier Bardem y Penélope Cruz. El problema, la barrera que impide a Darín transformar el respeto en premios se llama Hollywood. Mientras siga rodando en Argentina no habrá nada que hablar. ¿Alguien tiene alguna duda de que si Nueve reinas o El hijo de la novia o El secreto de sus ojos fueran americanas, Darín, como poco, habría sido candidato? Como Tosar con Celda 211, los ecos de sus portentosas interpretaciones mueren a orillas de la primerísima potencia.

En Argentina ha vuelta a rodar Carancho (2010) y, una vez más, nos brinda uno de esos roles impagables. No deja de ser cierto, como me apuntaban, que, en el fondo, y dicho esto desde el cariño, Darín hace siempre un poco el mismo papel: el de perdedor entrañable, al que le coges cariño a pesar de sus cagadas, incluso cuando dentro de esa escala de grises morales en las que se mueven sus personajes, se acerca más al negro que al blanco. Su Sosa de Carancho está más cerca del Marcos de Nueve reinas que del Benjamín Espósito de El secreto de sus ojos. Es un perdedor tramposo, un tipo que habita en los márgenes de la ley, que se esconde tras la letra pequeña de los contratos, que juega con la buena voluntad y la ignorancia de la gente, a la que palmea la espalda con una mano, en plan amigo, y vacía el bolsillo con la otra. Sosa es un carancho, un tipo que se cuela por los resquicios que deja la Justicia, un buitre a la rapiña de pobres diablos accidentados, a los que que convence para que deleguen en él todo el papeleo, todos esos trámites farragosos, el duro trago de pelear con las aseguradoras para lograr que te indemnicen. La trampa, el beneficio, está en la diferencia de lo que obtienen los accidentados y lo que se quedan él y sus jefes, los cabecillas de la estafa.

Luján, encarnada por Martina Gusman, es otro animal solitario. También habita una zona marginal, pero en su caso, dedica a su vida no a engañar, sino a ayudar: es médico y se pasa las noches subida a una ambulancia, atendiendo a borrachos, víctimas de atracos y accidentados. Es en una de esas noches cuando conoce a Sosa. La atracción es inmediata en el caso de él, y ella se acaba dejando llevar, quizás porque su ritmo de vida hace casi inviable una relación con alguien normal. El problema, la palanca que acaba moviendo la película, es que Sosa desea dejar atrás su vida mediante un último esfuerzo, un lugar muy común que aquí, sin embargo, no está resuelto de forma manida, sino natural. Cuando frecuentas los meandros oscuros de la vida te topas con gente siniestra que no te deja marcharte con un “hasta la vista”. Sosa se da de bruces con esa cruda realidad. Y Luján con él.

El directo Pablo Trapero narra este encuentro de almas perdidas, casi abandonadas a su suerte, que encuentran en el otro el asidero al que aferrarse desesperados, con un realismo duro y sucio, sin concesiones ni adornos. A Sosa lo retrata en toda su sordidez pero capaz de gestos de gran altruismo. A Luján, más atrapada que entregada a su trabajo, y débil ante las tentaciones de la jeringuilla. Son seres imperfectos, ruines a veces, temerosos en ocasiones, y Trapero les observa implacable. Nos los entrega desnudos e impuros para que juzguemos sus palabras y sus actos y saquemos nuestras propias conclusiones.

Difícilmente Carancho se alzará con el Oscar a Mejor Película Extranjera, categoría en la que ha sido inscrita por la Academia argentina, demasiado fresco aún el éxito, el año pasado, de El secreto de sus ojos. Y más difícilmente verá Ricardo Darín reconocida como se merece su extraordinaria trayectoria. Si ambas circunstancias se dieran estaríamos ante un acto de justicia. Pero la Justicia, como bien recuerda uno cuando acaba de ver Carancho, es esquiva, rara. La mayor parte del tiempo, la vida es sufrimiento y dolor. Como un desierto, yermo. Capaz, eso sí, de que de pronto, en medio de ninguna parte, florezca una rosa.

Veredicto: 7

Lo mejor: Ricardo Darín.

Lo peor: Que El secreto de sus ojos genere unas expectativas excesivas (e injustas).

Estrenos 1 de octubre


02 Oct

El 01/10/10 no pasará a la historia, en términos cinematográficos, pero apreciemos el día en su justa medida, la que da un estreno diferente, rompedor y, ¡cuidado!, español:

-Buried: O lo que es lo mismo, Enterrado. Dirige Rodrigo Cortés, gallego, de Orense, para más señas. La cinta lleva meses dando que hablar, y no es para menos: un tío encerrado en un ataúd, bajo tierra, con 90 minutos por delante y la única ayuda de un móvil, un mechero y una linterna. Protagoniza (y tanto) Ryan Reynolds, marido para más señas de Scarlett Johanson. El germen de la cosa fue un corto, y aunque flotaba el fantasma de que el paso al largometraje hubiera traído consigo el efecto chicle -estirar la trama con la consiguiente pérdida de sustancia-, el salto a la hora y media no parece haber restado un ápice de intensidad y capacidad adictiva a Buried, que ha arrasado (Sundance, etc) allá por donde ha pasado. Cortés, que ya apuntó buenas maneras en 2007 con Concursante, irrumpe como un jabalí en el panorama ya no patrio, sino internacional. Suerte para él.

-Machete: Todas las buenas palabras que podamos vertir sobre Buried encuentran su reverso en lo que nos pasa por la cabeza ante la última nonsense de Robert Rodríguez, ese señor con sombrero de cowboy, ínfulas de genio y pálido reflejo, en último término, de su colega Quentin Tarantino. Si la creatividad de Tarantino ha ido a menos con el tiempo, qué decir del señor Rodríguez, que aquí pretende arrastrarnos a un desmadre tex-mex a mayor ¿gloria? de su actor fetiche, Danny Trejo. El hombre estaba bien (a secas) como secundario, con esos rasgos tan peculiares. Darle un rol protagonista es un suicidio. Aliñan la función, que vende sangre y tetas, Jessica Alba, Michelle Rodríguez y Lindsay Lohan, en el apartado tetas, y Robert De Niro (¡arhg!) y Steven Seagal (¡reargh!) en el apartado sangre.

-Abel: Película con niño es un riesgo. Sin embargo, Diego Luna, aquí detrás de la cámara, ha salido bien librado, si hacemos caso a los galardones que ha ido cosechando. Interesante.

-Híncame el diente: Parodia de la reciente oleada de cintas sobre vampiros adolescentes, con la saga Crepúsculo como espejo (deformante). Con suerte, dos chistes apañados en toda la función.

-Siempre a mi lado: Vehículo para el lucimiento (?) de Zach Efron; el nene lo intenta, pero la sombra de High School Musical y Disney es alargada.

-Cielo: Canadiense.

Adiós a dos grandes


01 Oct

En pocas horas el mundo del cine se ha quedado sin dos de sus grandes figuras: el director Arthur Penn y el actor Tony Curtis.

A Arthur Penn (Filadelfia, 1922) se le recordará siempre por ser el director de la inolvidable Bonnie and Clyde (1967), pero en su filmografía destacan también grandes obras como El zurdo (The left handed man, 1958), un western que supuso su estreno en el cine de la mano, nada más y nada menos, de Paul Newman; El milagro de Ana Sullivan (The miracle worker, 1962), con la que consiguió su primera nominación al Oscar o La jauría humana (The chase, 1966), un retrato del racismo de la América profunda con Marlon Brando y Robert Redford.

A Tony Curtis (Nueva York, 1925) casi no hay que presentarle. Fue un actor de físico privilegiado, y eso es lo que le abrió las puertas de Hollywood. En películas como Los vikingos (The Vikings, 1958) o Espartaco (1960), las dos con Kirk Douglas, hacía gala de esos atributos. Sin embargo, también se descubrió como un actor bien dotado para la comedia, como demuestran sus colaboraciones con Blake Edwards en Vacaciones sin novia (The perfect furlough, 1958), Operación Pacífico (Operation Petticoat, 1959) o La carrera del siglo (The Great Race, 1965); y sobre todo con Billy Wilder en Con faldas y a lo loco (Some like it hot, 1959), obra maestra que recordamos en este video.

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.