El difícil arte de titular
¿Qué hace bueno el título de una película? Que resuma en unas palabras 90 o más minutos de grabación. Que sea original. Que llame la atención. Que te mueva a desear ver esa película. El silencio de los corderos es un gran título que no anticipa, en absoluto, lo que vas a presenciar. El Padrino no puede ser más sencillo, pero ¿alguien se imagina una alternativa mejor para tan magna saga? No es fácil dar con la tecla. Hay películas buenas con títulos horribles y películas horribles con títulos estupendos.
Y después están las traducciones. Hay una larga tradición en nuestro país de estropear títulos creyendo que el original caerá en la incomprensión o el rechazo del espectador patrio. El último ejemplo lo encontramos en los estrenos de este fin de semana. Fair game, el thriller protagonizado por Naomi Watts y Sean Penn, podría haber sido aquí Juego justo; pero no: Caza a la espía, que sugiere desde una comedia a un telefilm de tres al cuarto, es la solución que han adoptado los brillantes rectores del cine en España.
Todo esto no es más que un preámbulo a la coincidencia con la que un servidor se dio de bruces al indagar un poco en la cinta que adapta la historia real de la agente secreta de la CIA Valerie Plame. He aquí el cartel original de Caza a la espía:

Pues bien. Resulta que no es esta la primera película titulada Fair game. Uno espera que, puestos a titular, al menos los señores productores tengan la decencia de no copiar, especialmente cuando no se trata de un remake. Pues bien: he aquí la “otra” Fair game:

Sí: William “uno de los” Baldwin y Cindy Crawford en un filme (?) que fue candidato a tres Razzies (peor actriz, peor nueva estrella, peor pareja) y que en España, tachán, fue rebautizada como Caza legal. Curiosamente, la palabra “caza” aparece en ambas traducciones. Lo más sangrante es que a los productores de la película de Watts y Penn no les importa compartir nombre con aquel bodrio que supuso el fallido salto de la Crawford a la gran pantalla.





