Archive for December, 2010

Estrenos 29 de diciembre


29 Dec

Colorín, colorado, el año se ha acabado. En lo cinematográfico, que al año natural le quedan un par de días. Las cuatro películas que analizamos a continuación cierran un año que ha dejado luces y sombras, aunque no será este post el que ponga nota a 2010:

-The tourist: Tres nominaciones a los Globos de Oro. No es una broma. Aunque sabido es que la doble vertiente de estos premios, drama y comedia, hacen que el filtro sea menos riguroso. Johnny Depp y Angelina Jolie en un pastiche de thriller e historia de amor con Venecia como socorrido telón de fondo. La pareja, a priori, tiene poquita química. El filme, a un servidor, tampoco le despierta un interés desmedido. Veremos su recorrido en taquilla y premios.

-La llave de Sarah: Kristin Scott Thomas lidera esta cinta francesa que aborda un tema conocido, el de la persecución de los judíos a cargo de los nazis, en un país donde no suele ambientarse esa negra página de la Historia, visto a través de los ojos y la investigación de la periodista que encarna la actriz británica.

-La posesión de Emma Evans: Manuel Carballo es otro español que da el salto a Hollywood. También es otro español que se pone al frente de un proyecto que no acaba de parecer gran cosa; la clásica cinta de terror sobre una chica sometida a un exorcismo difícilmente se puede vender como un gran éxito. Por más que rodar en USA lo sea.

-El almirante: Drama ruso ambientado en la revolución de 1917.

Estrenos 22 de diciembre


23 Dec

Será cosa del turrón o de los mazapanes o de la ingesta, en general, de comida y bebida en exceso. El caso es que, despistados como andábamos, no hemos reparado en que ya hay nuevos inquilinos en la cartelera. Es lo que tienen estas entrañables fechas, que brotan los estrenos los días menos pensados. Y ojo, porque en esta ocasión no conviene perderse algún que otro filme de nuevo cuño:

-El discurso del rey: He aquí la que, según todas las quinielas, puede ser la gran rival de La red social a la hora de amasar premios en la próxima gala de los Oscar. A la crítica le ha entusiasmado esta recreación con inconfundible sello británico de las tribulaciones del rey Jorge V, que cuenta con un reparto de lujo en el que descollan Colin Firth como el monarca y Geoffrey Rush como el logopeda que le ayudó a superar sus tartamudeos. Firth tiene medio Oscar en el bolsillo, a tenor de los premios ya repartidos. Visión obligada.

-Los viajes de Gulliver: Jack Black en una puesta al día del clásico. Si tuviera gracia, ya habría cumplido su cometido.

-Ahora los padres son ellos: Tercera entrega de la saga, que promete incidir en el declive que ya puso de manifiesto la segunda. A mí me sigue doliendo ver a Robert De Niro embarcado en estas comedietas.

-Bruc: Juan José Ballesta nos ha “deleitado” como niño-lobo y como joven hispano rebelde. Ahora lo hace como héroe de esta action-movie histórica sobre un héroe de la patria al que tratan de dar caza un puñado de sicarios de Napoleón. Durilla.

-Tengo algo que deciros: Película italiana que narra los intentos de un chaval por salir del armario, a pesar de su peculiar familia.

-A casa por Navidad: Sí, cosas de la cuota navideña. Cinta nórdica llamada a pasar desapercibida.

-El pequeño Rey Macius: Otro monarca, este de animación; co-producción europea.

Grupo salvaje


23 Dec

Una apertura llena de nervio y un final sublime que conjuga lo violento con lo melancólico. Y, en medio, casi dos horas de metraje, el relato de un mundo que se desmorona, el retrato de unos hombres acorralados, fugitivos que envejecen al mismo tiempo que su profesión se va pudriendo. Esto es Grupo salvaje (The wild bunch, 1969), la película de Sam Peckinpah que hizo torcer el morro al mismísimo John Wayne.

No es de extrañar el enojo de El Duque. De todo menos idílica es la aproximación al western de Peckinpah, fogueado en la televisión y que había despachado ya un par de películas, la última, Mayor Dundee. En Grupo Salvaje deconstruye el Lejano Oeste en una línea similar a la de Sergio Leone y su spaghetti western, aunque menos histriónica y más violenta. El arranque, en el pueblo de Starbuck, sienta las bases de la persecución a cara de perro entre la banda liderada por Pike Bishop y el grupo de desarrapados que han puesto al servicio de su otrora amigo y ahora rival Deke Thornton. El Grupo Salvaje de Pike, disfrazados con uniformes del Ejército, asalta un banco y huye a sangre y fuego mientras caen, indiscriminadamente, miembros de ambos bandos y de una procesión religiosa que alerta sobre los riesgos del alcohol, en los años previos a la Prohibición.

Pike y los suyos, tras sembrar de cadáveres las tranquilas calles de Starbuck, ponen rumbo a Méjico. En el país vecino se cruzan sus destinos con los del general Mapache, truculento personaje que, entre bacanal y bacanal, guerrea con más torpeza que tino contra Pancho Villa. Mapache necesita armas y munición, justo lo que transporta un tren federal, justo el trabajo idóneo para el Grupo Salvaje, justo el último trabajo con el que apropiarse de un buen botín y, tal vez, colgar las pistolas. Al menos, eso se propone Pike. Se interponen en su camino no solo el infatigable Thornton, pegado a sus talones, y las pésimas intenciones de Mapache, sino también el corazón caliente del mejicano Ángel, que mata por despecho a la fulana del general, antaño novia suya.

Dos horas de celuloide que sirven de antesala a la traca final, todo un prodigio de planificación y montaje para el que fueron necesarias casi dos semanas de trabajo. Una escena espectacular que le ha granjeado fama imperecedera a Sam Peckinpah. El auténtico meollo, el mensaje que quiso transmitir, el motivo del enfado de Wayne, reside en lo que nos ha contado antes. Pike sueña con dejarlo, pero ni él mismo está demasiado convencido. ¿Qué hará después?, inquiere su hombre más próximo, Dutch. ¿Para qué sirven, más allá de robar, matar, beber y frecuentar burdeles de mala muerte? El mundo ha ido cambiando a su alrededor mientras ellos se dedicaban a hacer lo mismo de siempre. Están más gordos, más lentos y más canosos en un Oeste dirigido por los amos del ferrocarril, al que han llegado los primeros automóviles, armas que escupen cientos de balas por minuto. Méjico, desgarrado por las luchas sin cuartel de sus generalitos sedientos de alcohol y oro, ya no es aquel refugio seguro a tan solo unos kilómetros, al otro lado de la frontera.

Peckinpah se aplica a demoler todo lo levantado por John Wayne y demás nostálgicos de aquella época de pioneros, de hombres rudos pero valientes, que sentaron las bases del Imperio. Donde El Duque veía enormes praderas y vibrantes duelos de revólver, Peckinpah, como ya habían empezado a hacer otros, detectaba seres viles y embrutecidos, movidos por la codicia, a los que importaban más sus viriles códigos de honor que cualquier vida humana. Su Grupo salvaje lo forman un grupo de hombres que, más que huir de aquellos que han puesto precio a su cabeza, huyen del destino que quiere sepultarles, de una modernidad que les muerde los talones como coyotes hambrientos.

El sello inconfundible de Peckinpah, un montaje prodigioso, un guión (Peckinpah incluido) que fue candidato al Oscar y un reparto sólido y brillante son las virtudes de Grupo salvaje. Reparto en el que descollan William Holden como Pike; Ernest Borgnine como Dutch; Robert Ryan como Thornton; y Edmond O’Brien como el viejo Sykes; sin olvidar los magníficos actores mejicanos que encarnan a Mapache y su ejército imposible, en el que tienen cabida hasta un par de alemanes salidos de ninguna parte.

Grupo salvaje es un tiro en la cara, una descarga de metralla que lo barre todo a su paso; al final solo queda el polvo que rodea, fantasmal, al cabizbajo Thornton, vacío pese a haber cumplido su misión; vivo pero derrotado; consciente de que los viejos y bonitos, pero violentos y obsoletos días del Lejano Oeste agonizan sin remedio.

Los guapos no siempre mojan


21 Dec

Ando inmerso, últimamente, en la lectura de una biografía de Paul Newman, guapo entre los guapos del séptimo arte. Al bueno de Paul su apolíneo rostro y sus ojos azules le catapultaron a la fama y le convirtieron en sex symbol, pero no le abrieron de par en par las puertas del reconocimiento. Su único Oscar no le llegó hasta que, más bien talludito, volvió a interpretar a Fast Eddie Felson en El color del dinero. Entonces, arrugado y canoso, sí recibió el favor de una Academia que le había dejado con la miel en las labios mientras aún se mostraba apuesto y lozano.

Con Leo Di Caprio da la sensación de que ocurre algo parecido. Si los Oscar siguen la senda de los Globos de Oro y otros premios, todo apunta a que no le caerá ni una triste candidatura. Ganará Colin Forth, que tiene otras virtudes pero no logra que las mujeres se desmayen precisamente a su paso. Aquí ya hemos defendido que Leo está en un momento dulce de su carrera, como ha confirmado en Origen y, especialmente, Shutter Island. En Hollywood no lo ven o no lo quieren ver. Como si alguien quisiera que pagara todavía por aquellos años de ídolo de niñas merced a su papel en Titanic.

Otro guapo oficial, Robert Redford, jamás ganó el Oscar como actor; fue candidato solo una vez, por El golpe. Antes que él y Newman, Marlon Brando se llevó el gato al agua con La ley del silencio, pero no repitió hasta desfigurar su rostro en El Padrino. Hollywood no siempre lleva bien lo de premiar a los más agraciados. Que se lo digan a Tom Cruise o Brad Pitt, que seguramente llegarán a viejos pidiendo perdón por haber gozado del favor del público femenino. A Denzel Washington no le quedó más remedio que interpretar a un canalla en Training Day. Mark Wahlberg aún alucina con su candidatura por el capullo al que dio vida en Infiltrados.

La Academia, sabido es, tiene querencia por los cojos, los desfigurados, por todo aquel que presente una tara física o psíquica, como si únicamente fueran dignos de elogio aquellos que interpretaran roles con mermas. Brindar por los guapos no es frecuente en L. A. Como si una especie de justicia poética rigiera los designios de los señores académicos: “vosotros, guapos y triunfadores, ya tenéis la fama y las mujeres”.

Newman se llevó muchos chascos en muchas noches de Oscar. Di Caprio lleva el mismo camino.

Estrenos 18 de diciembre


19 Dec

Hacía semanas que no nos veíamos ante la tesitura de elegir entre 10 estrenos. Pero no os preocupéis: únicamente dos son opciones serias y tan solo uno es realmente digno de ver.

-Balada triste de trompeta: La crítica ha sido unánime: vuelve el mejor Álex De la Iglesia. Tras el bajón creativo que supuso Los crímenes de Oxford, el presidente de la Academia rueda en casa para servir una historia desbordante de payasos y violencia en la última fase del franquismo. Promete no dejar indiferente a nadie. El riesgo: que no la comprenda un sector de la audiencia y, por ello, le dé la espalda.

-Tron Legacy: Jeff Bridges se pone al frente de esta puesta al día del hito ochentero de ciencia-ficción que él mismo protagonizó hace casi 30 años. La técnica ha avanzado una barbaridad… y seguramente es la única diferencia genuina entre ambas cintas, meros vehículos de entretenimiento.

-Burlesque: Aún intentamos digerir su candidatura a los Globos de Oro y queremos creer que los únicos premios en los que cantará victoria serán los Razzies. Christina Aguilera, la cantante, y Cher, la mujer esculpida a golpe de bisturí, rivalizan por ser la más petarda en este musical que supura caspa por todos sus poros. Nadie en su sano juicio debería ir a verla.

-Historias de la Edad de Oro: Ojo a esta cinta rumana que puede constituir una grata sorpresa.

-La Montaña Mágica: Película de aventuras noruega. Sí, el cine nórdico existe.

-El último bailarín de Mao: Desde las Antípodas, Bruce Beresford (Paseando a Miss Daisy); el reparto incluye a Kyle MacLachlan, el mítico agente Cooper de Twin Peaks.

-Film Socialisme: A sus 80 años, ahí sigue Jean Luc Godard (Al final de la escapada), dando guerra el buen hombre.

-Aventuras en el desván; Dragones, destino de fuego: Animación checa y peruana, respectivamente. Raro, ¿verdad?

-Don Mendo Rock, ¿la venganza?: En fin, ¿para qué malgastar caracteres en explicar esta tontuna a menor gloria de Paz Vega, Elena Furiase y compañía?

El guateque


16 Dec

En la infravalorada tv movie Llámame Peter (The life and death of Peter Sellers, 2004) se ofrecen pistas, más allá del genio desmesurado (y autodestrutivo) de Sellers de la difícil relación que tuvo con el director y guionista Blake Edwards, fallecido pocas horas antes de que se escriban estas líneas. El tándem ha pasado a la historia por la saga de cintas, a cual peor, y de la que sólo se salva la primera, de La pantera rosa, a supuesta mayor gloria del torpe Inspector Clouseau. Pero fue en El guateque (The party, 1968) cuando la unión de sus fuerzas dio como resultado algo genuinamente genial.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, el título traducido supera al original, un soso The party. Igual de escueto, menos de 60 páginas, era el libreto a partir del cual se rodó la historia del extra más lamentable de la gran pantalla, Hrundi V. Bakshi, aspirante indio a actor que no se cansa de meter la pata. Tras arruinar la enésima toma, su director se harta de él y el productor adopta la decisión de echarle a la calle. Una confusión -unos papeles que se mezclan- provocan que, lejos de ser despedido, Bakshi acabe… invitado al fiestorro o guateque del jefazo.

Lo que sigue desde este momento hasta que la película deriva en un folletín de amoríos sesentero es un despliegue sin igual del maravilloso talento de Sellers para la comedia absurda y descacharrante. Edwards, sabedor de que no era un actor para atar en corto, sino que rendía a su máximo nivel cuando se le dejaba improvisar, permitió precisamente esto. En cuanto gritaba “acción”, Sellers, transformado en el torpón Bakshi, se dedica a ejecutar, de forma completamente involuntaria, los mayores despropósitos imaginables, siempre a punto de arruinar la celebración. Cualquier elemento de su vestimenta, de la mansión o de la cena es susceptible, en manos de Bakshi, de convertirse en un arma de destrucción masiva. Bakshi es un generador de caos enchufado a su máxima potencia que actúa a modo de agujero negro: absorbiendo cuanto se ofrece a su alrededor para destruirlo mientras arranca las carcajadas del espectador, incapaz de anticipar en que derivará la última y aún más catastrófica metedura de pata del pobre extra indio. Una manada de elefantes desquiciados no habrían ocasionado un estropicio más espectacular.

Después, sí, está esa media hora final que sobra por completo. Pero el espectáculo está servido. Sirva esta reseña para animar al visionado de El guateque, una cinta que recoge momentos cómicos difícilmente superables. Pero, sobre todo, como homenaje al difunto Blake Edwards. Y, de paso, a Peter Sellers.

Los Globos pinchan en hueso


14 Dec

Importante cabreo el que nos hemos llevado con el anuncio de las candidaturas de los Globos de Oro. Cabreo de los tontos porque, en realidad, ¿qué más nos da a nosotros lo que opine la prensa extranjera de Hollywood? ¿Es mejor o peor una película, serie, actor o director por lo que pontifiquen estos señores? No. Pues eso.

Dicho lo cual, he aquí una serie de consideraciones, más allá de una lista completa y exhaustiva que podéis consultar en sitios como este, que ahí queda enlazado. Ya que ellos se han tomado la molestia, no doblemos esfuerzos:

-El discurso del rey acapara 7 candidaturas, por delante de La red social y El luchador, con 6. Queda claro lo que se lleva este año: el drama basado en hechos reales, ya sea ambientado en la monarquía británica o en el siglo XXI o en los años 70.

-Origen es la gran derrotada, pues cuenta con 4 opciones, y no banales, pero se afianza la posibilidad de que en los Oscar se vea relegada a los premios técnicos.

-Hay un relevo generacional obvio, especialmente en el apartado de dirección y actor principal; del resto, se salva algún histórico como Michael Douglas y Annete Benning; de sobras conocidos, Julianne Moore, Angelina Jolie y Nicole Kidman; pero, insistimos, hay mucho pipiolo.

-Aberrante que Biutiful figure en el apartado de cinta extranjera y se hayan olvidado de Javier Bardem, cuando él sostiene toda la cinta y es lo mejor de largo; vamos, que le levanta el chiringuito a Iñárritu. ¿Ya se han cansado de los españoles?

-Que Burlesque (Aguilera, Cher) figure en el apartado de mejor comedia o musical es un insulto; un insulto mayor que el que supuso la presencia de Nine el año pasado.

-Leo Di Caprio no aparece por ninguna parte, cuando en Shutter Island (especialmente) y Origen demostró que es uno de los actores más sólidos de todo el panorama; Colin Firth y Christian Bale están llamados a saborear la miel en 2011; británicos ambos, ojo.

-La doble candidatura de Johnny Depp (El turista y Alicia) es una broma de escaso gusto.

-Nula imaginación en el apartado de TV: en drama se lo reparten Mad Men, Boardwalk, Dexter y The good wife; en comedia, 30 Rock, Modern Family y Big Band Theory.

-Idris Elba es candidato por Luther en el apartado miniserie o TV movie; merecido.

Los resultados, el 16 de enero.

Boardwalk Empire


13 Dec

Errado el tiro con The Pacific, HBO, el canal de referencia por excelencia, el tótem del buen gusto, la punta de lanza de esta nueva televisión (cierta televisión) que supera con creces al cine, ha dado en la diana con Boardwalk Empire. Todos (críticos, público) alaban esta producción que nos traslada a la Atlantic City de 1920, una manzana podrida junto al mar que se erige en una suerte de Sodoma y Gomorra en los tiempos de la Prohibición. En AC corre el alcohol que se supone vetado por un puritanismo extremo al que tampoco le gustaría nada lo que vería bajo las alfombras del palacete en el que ha convertido la ciudad Enoch Nucky Thompson. De profesión tesorero, su auténtica ocupación es la de soberano. El alcalde es un mero títere. El sheriff, su propio hermano. El comodoro, un pobre viejo que bastante tiene con no morirse. Atlantic City es Nucky Thompson, y Nucky Thompson no es una Hermanita de la Caridad.

Así que tenemos un personaje potente, la calidad garantizada en la producción de HBO, que se refleja en un lujo que para sí quisiera más de un largometraje y, por si fuera poco, a Martin Scorsese rodando el piloto y apadrinando el proyecto. Hay un personaje maquiavélico, bajo sus formas suaves; hay un joven jabato deseoso de hincarle el diente al mundo; hay una pobre viuda volcada en ideas sufragistas; y hay mafiosos, contrabando de licor, bandas rivales, Chicago, Nueva York, Al Capone, Lucky Luciano, Ace Rothstein, toda una galería de personajes míticos… Hay tanto que Boardwalk Empire debería ser una serie mejor.

El piloto de Scorsese es soberbio. El último capítulo, el duodécimo, una demostración de cómo debe cerrarse una temporada. Hay clase, elegancia, hay cine llevado a la pequeña pantalla en esas dos excelentes horas de metraje. El problema es que, en medio, nos sirven diez capítulos en los que, por momentos, uno tiene la sensación de que se está demorando ese golpe sobre la mesa que no acaba de producirse. Demasiados minutos dedicados a la viuda y su romance con Nucky; demasiado regodearse en las peripecias más bien decepcionantes del joven Jimmy Darmody; demasiada teta y demasiada poca sangre; personajes que van y vienen y la sensación de que actores como Michael Shannon, en el rol del agente Van Alden, o Michael K Williams, como Chalky Whie, están desaprovechados. A cambio, Michael Pitt (Darmody), que no cumple mal con lo suyo, no demuestra merecer tal atención.

La serie, en último término, descansa sobre los hombros de Steve Buscemi. Buscemi ha sido siempre un actor dotado y un excelente secundario, pero de ahí a encabezar una función, media un trecho. Su personaje es un caramelo y está tan bien construido como interpretado, pero no deja de ser un tipejo que actúa moviendo los hilos en la sombra. El que maneja el cotarro, sí, pero no exactamente a plena luz del día. Digamos que si Boardwalk Empire pretende ser la némesis de Mad Men, Nucky Thompson lo tiene crudo frente al carismático, apuesto y arrollador Don Draper.

Celebradísima como una de las mejores ficciones de los últimos años, pone los pelos de punta leer comparaciones con otros productos marca HBO como Los Soprano y ¡oh, Dios! The Wire. Boardwalk Empire es una buena serie pero no una serie excelente. No es El Padrino en 12 episodios, ni de lejos. Está muy por encima de la media, es sofisticada y elegante, sus guiones están pulidos con esmero y la factura es impecable, pero no es para tanto.

Biutiful


11 Dec

Alejandro González Iñárritu y Javier Bardem se unen para demostrar que la belleza también radica en lo extraño, en lo aberrante, incluso en el dolor. De ahí que el propio título de la película sea a la vez bonito y a la vez grotesco, porque en los caminos secundarios de la vida a veces hay que decir las cosas como suenan, sin adornos ni artificios.

Y en ese campo se mueve Biutiful (2010), en el de la “otra” sociedad que convive en las ciudades del primer mundo sin casi dar señales de vida. Vidas como la de Uxbal (Javier Bardem), un personaje conector, un enlace entre sus dos hijos y su madre prostituta, un enlace entre mafias, un enlace entre los sin y los con papeles, un enlace entre los vivos y los muertos. Una persona empeñada en salvar a los que le rodean cuando es incapaz de salvarse a sí mismo.

Iñárritu, (esta vez sin ayuda de Guillermo Arriaga), junto a Armando Bo y Nicolás Giacobone, firman un guión en el que la mafia china, los sin papeles africanos, la prostitución, la corrupción policial, el esoterismo, las drogas, la infancia e incluso el más allá conviven en armonía en la ‘otra’ Barcelona, la que no queremos ver, pero sobre todo en un Uxbal, que vive en permanente lucha contra el caos. Y hemos dicho al principio que es un mundo sin artíficios, y es verdad, lo que no implica que la propia película sea un gran artificio al servicio de Bardem, ni que Iñarritu no se recree poéticamente, y veces un poco artificialmente, en el dolor. Corazones que oímos latir cuando padre e hija se abrazan, un padre embalsamado y más joven que su hijo, polillas que representan la muerte (mariposas de la muerte, que las llaman en México)…  Toda una simbología cercana a veces a lo onírico que hace que no se pueda calificar a la película de ‘denuncia’ o ‘moralista’. Está más cercana al existencialismo: el hombre es responsable de lo que es, que diría Sartre. O hablando en plata, el hombre es un animal egoista e hijo de la grandísima puta.

Al final, nadie puede no tener compasión por Uxbal, un hombre enamorado de una mujer tóxica a la que mil veces perdona para mil veces arrepentirse; un padre asqueado por lo que tiene que hacer para seguir dando de comer a sus hijos; un sin nombre perdido en una sociedad que no comprende; un héroe de los bajos fondos que se hunde cada vez más entre los cientos de gritos ahogados que piden ayuda entre la vida y la muerte.

Sólo por ello, sólo por Uxbal y la maravillosa interpretación de Bardem, vale la pena la película.

Veredicto: 7,5

Lo mejor: Uxbal, un personaje del que se puede aprender.

Lo peor: en ocasiones hay demasiado artificio.

Estrenos 10 de diciembre


10 Dec

Más de una vez habréis leído en este blog expresiones como “fin de semana flojo en la cartelera” o, incluso, “uno de los fines de semana más pobres que recordamos”. Mucho me temo que, este viernes, debemos recurrir una vez más a precidos términos…

-When you’re strange: La mejor opción es este documental sobre el mítico grupo The Doors que firma Tom DiCillo, con Johnny Depp en la narración original. No sólo de ficción vive el hombre.

-Franklyn: Extraño thriller con ribetes de ciencia ficción que enfrenta mundos paralelos: uno donde Ryan Phillippe, el ex de la Witherspoon, es un vigilante enmascarado en un extraño lugar monacal; y otro que viene siendo el Londres de hoy en día. Peculiar propuesta en la que sorprende ver enrolada a Eva Green, que parecía destinada a metas mayores.

-Todas las canciones hablan de mí: Dirige Jonás Trueba, hijísimo de Fernando Trueba. Un amor que acaba y unas canciones (todas) que impiden dejarlo atrás.

-Resto de cuota española: La leyenda del innombrable; Caracremada.

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.