Oscar 2011: hagan juego

by Pablo

Me declaro, de entrada, poco amigo de las apuestas y quinielas. Quizás, en parte, por mi escasa fortuna en los juegos de azar. Principalmente, porque considero esta parte del show totalmente accesoria y poco más que un entretenimiento para ir abriendo boca hasta que llegue el momento de la verdad. Pero este blog no puede vivir ajeno a la realidad. Y la realidad es que comienzan a circular nombres, que unos cotizan al alza y otros a la baja, que surgen sorpresas y que, como todos los años, se perfilan injusticias.

Hace unos días fue EFE la que se tiró a la piscina y hoy se hace eco el diario El Economista. Vienen a barajarse los mismos rostros. Tomando como referencia portales como AwardsDaily.com y Moviecitynews.com, el cuadro que se dibuja destaca, ante todo, por lo reducido del muestrario. Al final, si se cumplen las predicciones, serán un puñado de películas las que corten el bacalao. A saber: La red social, El discurso del rey, 127 horas, Origen, The fighter y The kids are all right.

De ahí saldrían los intérpretes triunfantes. Colin Firth por El discurso del rey y Natalie Portman por Black Swan vencerían en las categorías principales. Como actores secundarios, suenan Christian Bale por The fighter y Hailee Stainfeld por True Grit, el remake de los Coen.

En cuanto a la mejor película, todas las papeletas siguen siendo para La red social, a la que acecharía no Origen, llamada, a priori, a conformarse con premios técnicos, sino El discurso del rey, otra de esas potentes históricas británicas con reparto maravilloso (Geoffrey Rush tendría opciones como secundario). Podría tener algo que decir 127 horas de Danny Boyle, quien pugnará como mejor director con Christopher Nolan y el favorito, David Fincher.

Un baremo más ajustado pueden darlo los premios. En pleno arranque de temporada, que culmina con los Oscar, la National Board of Review decidió el pasado fin de semana apostar claramente por La red social: premios a mejor película, director, actor (Jesse Eisenberg) y guión adaptado. Christian Bale salió como mejor actor secundario.

Lo único seguro es que las candidaturas se anuncian el 14 de enero y los Oscar se entregan el 27 de febrero. Para estar al loro de por dónde respiran los señores académicos, recomiendo www.loqueyotediga.net y su Oscarómetro.

Misfits

by Pablo

Una suerte de Héroes pasada por una batidora de sexo, drogas y iPods, versión UK: eso es Misfits, una de las sorpresas más gratas de la televisión en 2009 (y premio BAFTA en 2010).

Un grupo de chicos que cumplen horas de servicio comunitario por distintos delitos (posesión de drogas, meterse en una pelea, conducir borracha, intentar prender fuego a una casa…). Una extraña tormenta que arroja enormes bloques de hielo. Un rayo que alcanza a nuestros protagonistas y a su cuidador. Mientras los primeros desarrollan una serie de poderes, cada uno el suyo, que irán conociendo y aprendiendo a manejar no con pocos sobresaltos, el segundo es presa de una repentina furia que le induce a descuartizar a uno de los descarriados mozalbetes e intentar otro tanto con el resto.  Esto es Misfits.

Todo lo que en Héroes era ñoño, todo lo que allí remitía, en último término, a la familia, el sacrificio, el amor por los demás, aquí es vandalismo puro y duro que deriva hasta en una defensa hilarante del modo de vida autodestructivo y casi nietzcheano de la juventud actual, su carrera en pos de ninguna parte y su intento de superar a padres y abuelos en porros fumados, alcohol trasegado y neuronas trituradas. Pero no nos equivoquemos: el lado salvaje y destroyer de Misfits está introducido en la ecuación de forma equilibrada, de modo que no entra en colisión con otros elementos, como son el gore, el fantástico, el tierno y sí, el profundo, el de la exploración de los personajes.

Unos personajes encabezados por el más brillante de todos: Nathan, el bocazas, lenguaraz, salido, porreta, expulsado de su casa, provocador y ocurrente Nathan (Robert Sheehan, un chaval a tener en cuenta); una bomba de relojería siempre dispuesto a hacer el payaso y meterse en líos, pero de buen corazón; un Pete Doherty con tendencia al caos pero entrañable, al que es difícil no querer. A su lado, el veloz y tribulado Simon; la seductora hasta un punto enfermizo Aisha; la barriobajera Kelly; y el introvertido y torturado emo Curtis, otro de los personajes más logrados. Un quinteto improbable que lucha por salir de más de un embrollo mientras cumplen con la comunidad y lidian con sus nuevos poderes. Y con los que han adquirido otros, pues no son los únicos.

En el terreno de los superhéroes y las superhabilidades parecía estar todo escrito. Y casi es así, de hecho. Pero Misfits aporta una jugosa vuelta de tuerca a base de gamberrismo juvenil bien contado y bien interpretado. Un soplo de aire fresco frente a la moralina estadounidense. ¡Los ingleses no se cortan y hasta se ven tetas de vez en cuando! Esto es Misfits.

Estrenos 3 de diciembre

by Pablo

Esto se acaba, señoras y señores. Nos referimos a 2010, claro. El cine… bueno, a este paso va camino de no acabar demasiado bien. Y conste que hemos sufrido fines de semana mucho peores…

-Biutiful: Alejandro González Iñárritu ya bajó un peldaño con Babel frente a 21 gramos, que era, de por sí, inferior a la estupenda Amores perros. El mejicano se sigue desinflando pero cuenta con una baza: el papel protagonista de Javier Bardem, que ha recibido elogios unánimes. No sería de extrañar que obtuviera, al menos, su tercera candidatura a los Oscar.

-Neds: Premiada en San Sebastián, narra el descenso a los infiernos pandilleros de un buen chico que crece en un mal ambiente. Dirige Peter Mullan, heredero del cine de denuncia social de Ken Loach.

-Megamind: ¿Somos los únicos que vemos los parecidos con Los increíbles y la muy reciente Gru, mi villano favorito? ¿A que no? Pues eso. Un villano que de pronto se ve sin superhéroe/archienemigo que le dificulte hacer el mal, pero que no por ello se ve libre de estorbos. Hay otros villanos y otros problemas. Insistimos: el parecido es excesivo.

-Narnia: La travesía del viajero del alba: Nueva entrega de la saga que adapta la colección de libros de C. S. Lewis. Aventuras para toda la familia que lo tendrán complicado ante el tirón de Potter.

-A tres metros sobre el cielo: O como la han publicitado por abreviar y para que los chavales se sientan más identificados, A3MSC. Adaptación de una novela (una de muchas, demasiadas) del italiano Federico Moccia, rezuma adrenalina y escarceos adolescentes baratos, muy en la línea FOQ y otros subproductillos similares. Mario Casas es el chulazo (?) rebelde y María Valverde (una que prometía) la niña bien que se enamora del canalla. Como solemos decir: huid de ella como de la peste.

Aquellos maravillosos bigotes

by Pablo

El bigote no atraviesa su mejor momento. En una época en la que no se penaliza exhibir una barba de varios días, el vello bajo la nariz, especialmente en su versión frondosa, se asocia a épocas pasadas y generaciones anteriores. Digamos que el del bigote puede ser nuestro padre, pero nunca nosotros. Cuestión esta que tiene su traslación a la gran pantalla: ya no vemos a actores con bigote.

Me diréis que Brad Pitt en Malditos bastardos o Jude Law en la nueva saga Sherlock sí lucen mostacho, el del primero menos poblado, pero no olvidemos que hablamos de películas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial y la Inglaterra victoriana, respectivamente. Uno de los pocos defensores genuinos del mostacho, ahora mismo, es Gary Oldman, cuando se enfunda el traje de Gordon en la renovada franquicia Batman.

Pero el bigote, definitivamente, ya no es lo que era. Ha dejado de ser un símbolo de virilidad. Hoy, contemplar a un héroe con este atributo capilar es, cuanto menos, sorprendente. Décadas atrás ocurría exactamente lo contrario: pensemos en Robert Donat como el hombre injustamente perseguido de 39 escalones; o en Clark Gable seduciendo a Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó; o en sir Laurence Olivier, torturado por el recuerdo de Rebeca; o en Errol Flynn en filmes de aventuras como El halcón del mar. Impensable en 2010.

El nombre de Flynn lo apunta mi socio Carlos, quien desliza otro, el de David Niven, y su mostacho aristocrático. Niven, por cierto, rivalizó en bigotes en La pantera rosa con Peter Sellers, a quien se lo exigía el guión por interpretar al inspector Clouseau; en Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú, Sellers jugó a ponérselo y quitárselo, en función del personaje que interpretara. Vello sobre el belfo superior lucía uno de los actores considerados más atractivos de todos los tiempos, Paul Newman, en El golpe; cierto que le servía para marcar distancias con su pupilo Robert Redford, y cierto que en Dos hombres y un destino se daba la situación opuesta.

Mención aparte merece el bigotillo de Marlon Brando en El Padrino; que, claro, se vio obligado a secundar Robert De Niro en la segunda parte.

En otros casos, el bigote cumplía una función cómica: ejemplos inmejorables, los de Charles Chaplin, Groucho Marx y Cantinflas, que lograban, con muy distintos tamaños de mostacho, dotar a su imagen, sí cabía, de un potencial gracioso aún mayor.

Otros intérpretes no demasiado brillantes han quedado en nuestras retinas, precisamente, por lucir bigote: en esta categoría tenemos a Burt Reynolds y el televisivo Tom Selleck, al que costaba ubicar afeitado en su etapa post Magnum (véase Friends o In&Out).

La cuestión capilar no influye en el despliegue interpretativo de un actor: los hay buenos y malos con o sin bigote. Pero si el cine es un reflejo de la realidad, el bigote está en vías de extinción. Desde aquí, nuestro llamamiento a no dejar morir este adminículo velloso. Y no, un servidor no luce mostacho (aunque tampoco se afeite).

Pages:«12