El discurso del rey
Si la Academia de Hollywood no hubiera decidido, como ha hecho, que en 2011 toca premiar el cine basado en hechos reales (La red social, 127 horas, The fighter), es probable que El discurso del rey (The king’s speech, 2010) no estuviera gozando de un crédito tal que se postula como gran rival de la cinta de David Fincher de cara a los Oscar. Dicho de forma más simple: estrenada en el momento adecuado, ha evitado el riesgo de pasar más desapercibida.

No queremos, con esto, restar méritos a El discurso del rey. Los tiene, y con nombre y apellidos: Geoffrey Rush y Colin Firth. Al señor Rush, deslumbrante en papeles como los de Shine y Llámame Peter, juguetón en Piratas del Caribe, secundario siempre efectivo, las quinielas (del Oscar) le colocan con unos cuerpos de desventaja sobre Christian Bale por The fighter. Al señor Firth, después de coquetear con la estatuilla gracias a Un hombre soltero, todo parece indicar que le ha llegado la hora de saborear las mieles del triunfo. Injusto, por más que la injusticia esté en la esencia de todos los premios, porque si ambos brillan en sus respectivos papeles, uno se atreve a decir que en la foto finish aparece por delante Rush con una nariz (la suya, generosa) de ventaja.
Rush es Lionel Logue y Firth, nada más y nada menos que Jorge VI de Inglaterra, después de ser simplemente el duque de York. El señor Logue es un actor fracasado, apasionado de Shakespeare, que se ha reciclado en una suerte de terapeuta que, bajo la apariencia de trabajar con los problemas de locución de sus pacientes, se dedica, en realidad, a detectar traumas y reparar fobias. Al futuro monarca le aterra hablar en público, y convierte cada discurso en una tortura para él, su familia y todos aquellos que tienen la desgracia de ponerse a tiro. A manos de Logue va a parar, por insistencia de su esposa, tan noble personaje, al que asiste, con no pocos tiras y aflojas, con sus heterodoxos pero eficaces métodos. ¿Alguien alberga alguna duda de que, al final, Jorge VI vencerá sus limitaciones?
De modo que El discurso del rey habla de superación, de escapar de la sombra del padre, de lograr lo que te propones; pero habla, sobre todo, de amistad, la que se forja entre dos hombres tan distanciados socialmente como lo son uno criado para gobernar y otro que, desde su Australia natal, ha terminado desempeñando en Londres una profesión que apenas existe. Todo esto, en el siempre agradecido marco, por dramático, de los instantes previos a la entrada de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial. Sí, por ahí anda Churchill, entre otros.
Correctamente rodada por Tom Hooper, responsable de la muy estimable The Damned United, como toda cinta británica de calidad, El discurso del rey garantiza buen gusto y factura impecable. Queda la duda de qué ocurriría si la entrañable historia no la hubieran encarnado dos actores de la talla de Geoffrey Rush y Colin Firth. Probablemente estaríamos ante una película del montón que ni por asomo haría ruido en los Oscar. Con esas dos bazas, sin embargo, es difícil que no guste.
Un consejo: conviene verla en versión original.
Veredicto: 7,5
Lo mejor: El tándem protagonista.
Lo peor: ¿Qué hay más allá de los protagonistas?

Maldito John dos Pazos…cuándo haces el balance de las mejores pelis del año
Ehhh…te añoro…pero ya queda poco…vuelvo a caminar a lo cojeras sobre mis dos pies…aunque todavía doy pena
Hoy publico el balance. Sin falta. Prometido.