Archive for February, 2011

Oscar 2011: el monólogo del rey


28 Feb

Los Oscar más predecibles de los últimos años han premiado a la película menos arriesgada. El discurso del rey fue monólogo en los galardones más importantes, los realmente codiciados: película, director y guión original, con la guinda del mejor actor para Colin Firth. Premio cantado como lo eran todos en el apartado de interpretación: Natalie Portman, Christian Bale y Melissa Leo hicieron buenas las quinielas.

Filme con aroma clásico, que podría haberse estrenado, sin exagerar, en los años 50 o 60, El discurso del rey ha gustado a los académicos por su mensaje positivo, de superación personal, de amistad más allá del abismo que marca la diferencia de clases. Una cinta con un guión de manual (el tartamudeo del monarca, su encuentro con el logopeda, la negativa a aceptar la ayuda, la aceptación del problema y, finalmente, el triunfo frente a la tara) en la que brillan, por encima de todo, y a gran distancia, las poderosas actuaciones de sus dos protagonistas. Injustísimo que Firth haya ganado y Geoffrey Rush apenas haya tenido opciones, cuando el segundo está soberbio e, incluso, por encima del primero.

La red social, más fresca, que habla de un fenómeno actual, Facebook, se conforma con premios menores como Origen, a la que han dejado en un segundo o tercer plano desde el principio por su aire onírico y su carácter fantástico. Tocaba en este 2011 el cine basado en historias reales y sobraban los experimentos con gaseosa freudiana. David Fincher y Christopher Nolan, directores jóvenes que han dejado su sello en cintas más arriesgadas, han visto cómo Tom Hooper se llevaba la estatuilla por un trabajo mucho menos personal. Mejor no compararla con Darren Aronofsky y su Cisne negro, que juegan en otra liga.

Unos Oscar conservadores, sin sorpresas, con tres galardones para Toy Story 3 (animación y los dos galardones musicales), con Valor de ley yéndose de vacío, envueltos en una gala sosa que no ha conmovido a nadie. Lo esperado con James Franco y Anne Hathaway a los mandos. Ricky Gervais, que puso patas arriba los Globos de Oro, habría puesto un poco de pimienta al asunto. Pero, después de todo, ¿para qué? ¿Qué objeto habría tenido poner emoción a la gala si todos sabían de antemano quién iba a ganar?

A propósito, permitidnos una palmadita en nuestra propia espalda. Si obviamos los documentales y los cortometrajes, donde apostamos a ciegas, hemos salido bastante bien parados con nuestra quiniela. Acertamos lo importante y fallamos en categorías secundarias. Una prueba más de lo previsible que ha sido todo.

*Mención especial: Jennifer Lawrence. Borda su papel en Winter’s bone y estaba radiante en la alfombra roja, aunque su vestido pecara de simple. Menudo hallazgo. Uno de esos rostros nuevos que tanta falta hacen en Hollywood. Y, por encima, actúa bien.

Quiniela Oscar 2011 (by Pablo)


24 Feb

Fiel a la tradición, y convencido de que no acertaré ni la mitad, he aquí, a unas 80 horas o así de que se entreguen, mi quiniela, porra o previsión para los Premios Oscar.

Hollywood entrega este domingo (madrugada del domingo al lunes en España) los galardones más importantes de la industria del cine. Es la Noche. Vaya por delante, sin embargo, que un servidor le da a las estatuillas doradas del señor calvo la importancia justa, que es tirando a poca. Pero resulta prácticamente imposible rehuir el morbo que desprende la ceremonia entre ceremonias.

No quiero aburriros, pero dejadme que anticipe un par de claves para entender mi apuesta. Tras situarse muy pronto en cabeza como clara favorita, La red social ha ido perdiendo fuelle en favor de El discurso del rey. Por esta segunda creo que se decantarán los señores académicos. Una vez más, aprovecho para protestar por el ninguneo al que han sometido a Origen, Shutter Island y Leo Di Caprio.

-Mejor película: El discurso del rey.

-Mejor director: Tom Hooper.

-Mejor actor: Colin Firth.

-Mejor actriz: Natalie Portman.

-Mejor actor secundario: Christian Bale.

-Mejor actriz secundaria: Melissa Leo.

-Mejor guión original: El discurso del rey.

-Mejor guión adaptado: La red social.

-Mejor película de animación: Toy Story 3.

-Mejor película en habla no inglesa: Biutiful.

-Mejor fotografía: El discurso del rey.

-Mejor montaje: La red social.

-Mejor dirección artística: Origen.

-Mejor vestuario: Alicia en el País de las Maravillas.

-Mejor maquillaje: El hombre lobo.

-Mejor banda sonora: Cómo entrenar a tu dragón.

-Mejor canción: Toy Story 3.

-Mejor sonido: Origen.

-Mejor montaje de sonido: Origen.

-Mejores efectos visuales: Alicia en el País de las Maravillas.

-Mejor documental: Exit through the gift shop.

-Mejor corto documental: Killing in the name.

-Mejor corto de animación: Day and night.

-Mejor corto de ficción: Wish 143.

A partir de aquí, podéis despellejar mi quiniela y tacharla de conservadora. Pero, ante todo, ¡dejad la vuestra!

Valor de ley


22 Feb

Vivimos tiempos extraños. Los Coen han conseguido su mejor taquilla en Estados Unidos y diez candidaturas en los Oscar (después de ser ninguneados en los Globos de Oro) por la película menos Coen de toda su filmografía y, para más inri, un remake. Por donde han pasado ellos con Jeff Bridges habían pasado previamente Henry Hathaway y John Wayne. A El Duque le reportó su única estatuilla.

En primer lugar, el aroma. Esta segunda Valor de ley (True grit, 2010) lo desprende a clásico. Si ya la primera era un western tardío (se estrenó en 1969), apostar a estas alturas por una cinta del Oeste tiene mérito, y no poco, después de que Clint Eastwood dijera en Sin perdón todo lo que quedaba por decir con un trabajo crepuscular y brutal. Los Coen no sacan la maquinaria pesada porque no buscan demoler nada. Al contrario, presentan un filme que podría haber sido rodado hace décadas sin que nadie les hubiera acusado de vanguardistas. Si acaso, lo explícito de algunas de las numerosas muertes que jalonan la cinta habría causado cierto revuelo en otra época.

Como la original, esta Valor de ley relata la historia de una cría precoz y testaruda, resuelta a dar con el asesino de su padre y llevarlo hasta la justicia; o, lo que es lo mismo, verle colgado por un crímen mezquino, inicuo. La pequeña Mattie pregunta por el mejor y le sugieren que recurra a los servicios de Rooster Cogburn, alguacil borrachín y poco escrupuloso, dado a apretar el gatillo y preguntar después, más fiable con la lengua para contar viejas anécdotas que con el pulso para empuñar el revólver. A Cogburn la idea de salir a por el asesino Tom Chaney no le seduce, y menos hacerlo en compañía de la niña, que insiste en estar presente. Al final, no le quedará más remedio que formar un extraño tándem con ella y con un tal LaBoeuf, un Ranger que ha venido persiguiendo a Chaney desde Texas con su pinta de Buffalo Bill de pega.

Tras un arranque tranquilo, en el que las cosas transcurren a pocas revoluciones, la historia gana brío a medida que la persecución se va complicando con la aparición de diversos tipejos de la peor calaña y las tensiones que se generan entre el peculiar trío que intenta dar caza a Chaney. Los Coen ruedan en todo momento con mano firme y gran poderío visual, dando rienda suelta a los personajes de Cogburn y Mattie, estupendamente interpretados por Jeff Bridges y la novata Hailee Steinfeld. Despachan una historia de determinación y venganza en un entorno hostil, llamada a terminar como todas las historias de venganza: con el vacío que deja en el alma del vengador.

Taquilla récord, diez nominaciones… ¿Pero es la mejor película de los Coen? Este que escribe piensa que no. Argumento no menor es que resulta, de sus trabajos recientes, el que menos se adhiere a su estilo. Como aproximación a un cine más clásico, ningún reproche. Seguramente a este asidero se han agarrado los señores académicos de Hollywood a la hora de brindarle candidaturas de forma masiva.

Veredicto: 7,5

Lo mejor: La solvencia de Jeff Bridges.

Lo peor: Podría haberla firmado otro director.

Winter’s bone


19 Feb

Cuando una película pequeña como esta se cuela en los Oscar y se codea con producciones que multiplican varias veces su presupuesto y sus aspiraciones, es lícito temer que está simplemente cubriendo la cuota independiente de turno. Que es la Crash o Precious de esta edición. Afortunadamente, Winter’s bone (2010) demuestra a lo largo de su hora y media de metraje que es una buena película, sólida, honesta, y que su apuesta no tiene nada de frívola.

Ambientada en el Missouri más rural y desamparado, en las montañas Ozark, el mérito de Winter’s bone reside en su capacidad para contar una historia más o menos trillada sin que el tratamiento resulte en absoluto trillado. Con una madre reducida a poco más que un guiñapo y dos niños pequeños (12 y 6 años) a su cargo, para la adolescente Ree se convierte en cuestión de vida o muerte el dar con su padre en un plazo de una semana. El hombre no ha tenido mejor idea que utilizar la casa familiar y las escasas propiedades para pagar la fianza y poder salir de la cárcel. Nadie ha vuelto a verle desde entonces. Ree no tarda en sospechar que ha muerto. El problema es que debe poder demostrarlo para evitar que les echen de su casa y, literalmente, se vean obligados a vivir como perros en el bosque.

Frágil solo en apariencia, dura como una piedra, Ree planta cara a los que tratan de disuadirla de dar con el paradero de su padre y no duda en llamar a todas las puertas hasta que se sale seriamente escaldada. Solo su tío acabará brindándole su apoyo. El problema reside en que su padre, dedicado a la fabricación de crack, se había juntado con lo peorcito de Missouri. Por algún motivo, todo el mundo tiene un gran interés en evitar que salga a flote lo que sea que haya pasado con él.

En su segundo largometraje, la directora Debra Granik sirve una cinta dura, áspera, cruda, sin concesiones, que saca todo el partido a una naturaleza fría y desangelada sin necesidad de efectismos superfluos. La vida de Ree es una mierda y no necesita cargar las tintas; le basta con mostrarla enseñando a sus hermanos a despellejar una ardilla. Mucho tiene que decir en el resultado final y consiguiente buena acogida de la película el trabajo de su protagonista, Jennifer Lawrence. La chica demuestra desde el primer momento que es mucho más que una cara bonita; que lo es. Tremendamente creíble, su candidatura al Oscar resulta más que merecida y parece augurar una estupenda carrera si consigue (o le dejan) elegir más papeles como este, que sepan ver más allá de su físico.

Winter’s bone es lo que vemos. Nada más y nada menos. Tal vez competir en la liga de los Oscar le venga un poco grande a un filme que en Sundance (donde triunfó) encontraba su hábitat más natural, pero no deja de ser justo que se reconozcan sus méritos. Méritos sencillos pero a menudo relegados a un segundo plano: guión correcto, buenas interpretaciones, dirección seria. Película firme y sólida, inasequible al desaliento. Como Ree, la chica que hace frente a todos por salvaguardar la supervivencia de su familia.

Veredicto: 7,5

Lo mejor: Jennifer Lawrence.

Lo peor: Que su presencia en los Oscar nos lleve a esperar demasiado.

Estrenos 18 de febrero


18 Feb

Se te acumulan los estrenos, ¿verdad? No das a basto, ¿cierto? Lógico. A nosotros también nos ocurren. Con los Oscar asomando ya su calva de oro, ahí, a la vuelta de la esquina, nos atropellan las buenas películas, las que tendrán algo que decir en el paripé de Hollywood. Una de ellas, la que encabeza la nueva ración de estrenos:

-Black swan / Cisne negro: No por esperada menos deseada, he aquí la cinta que promete catapultar a Natalie Portman a la posteridad. La chica huele a Oscar por su interpretación de una bailarina cuya cabeza funciona peor que sus piernas. Acompañada por Vincent Cassel y Mila Kunis, Darren Aronofski ha conseguido sacar sus mejores registros en una película que explora con inquietante brillantez un mundo que la mayoría conoce poco, y menos su reverso más tenebroso, el de lo duro que es llegar arriba. El personaje de Portman está dispuesto a todo. Escena tórrida con la Kunis incluida.

-Sin retorno: Leonardo Sbaraglia es un ventrilocuo en este thriller hispano-argentino premiado en Valladolid que, oye, no tiene mala pinta. Digna alternativa al peliculón de Aronofski.

-Saw VII 3D: Menudo título, ¿eh? Solo le falta algo tipo Turbo GTi para redondearlo. Resulta hasta obsceno que esta saga de asesinatos rebuscados paridos por una mente retorcida haya llegado a la séptima entrega (que se anuncia como la última). Tremendo. Parece que era ayer cuando descubríamos con una mezcla de incredulidad, asco e interés aquel primer episodio que empezaba bien pero acababa algo desinflado. ¿En serio mataba aquel tío por un comentario absurdo? Psé. Lo que ha seguido se puede resumir en casquería con pretensiones. Aquí casi que se habló más del calificativo “X” que se llevó la entrega anterior (aquello fue la bomba) que de la saga en sí, agotada tiempo ha.

-El oso Yogui: Una pena que en Hollywood no respeten nada y, para seguir exprimiendo el limón, desempolven otro clásico para darle un barniz de 3D y vendernos como divertimento lo que no pasa de bobada. Y vaya por delante que las aventuras de los úrsidos de Yellowstone siempre me parecieron de lo menos entretenido de Hanna Barbera.

-Secretariat: Esto no lo esperábamos, ver a John Malkovich convertido en experto en caballos; en plural, los de carreras. Aquí le echa una mano a Diane Lane para que se introduzca en un mundo muy machista (¿os suena la premisa?) y les dé a todos en los morros. Basado en hechos reales.

El cine en España agoniza


17 Feb

2010: menudo añito para el cine en España. La Federación de Cines, la FECE, ha confirmado lo que ya imaginábamos: el séptimo arte cotiza a la baja en nuestro país. El número de entradas despachadas se desplomó un 10 por ciento, dato mucho más preocupante que ese otro al que se está dando más relevancia: el de la taquilla, que se deja un 4 por ciento.

La discrepancia se resume en dos letras: 3D. La dimensión extra supone prácticamente doblar los precios de las entradas, que pasan del entorno de los 7 a los 12 euros. De ahí, entre otras razones, la fabulosa taquilla de Avatar, que fue, por descontado, la película más vista en 2010, por encima de los 52 kilos. ¿La española más vista? A tres metros sobre el cielo, o A3MSC, con 8 millones y medio, aupada por tirón del ídolo de adolescentes Mario Casas.

Cifras al margen, los españoles han dejado de ir al cine. Es un hecho. Nos ocurre lo mismo que a los alemanes. Franceses e italianos, en cambio, mejoran las cifras de 2009. ¿Cuáles son las causas? El sector cita dos: la pérdida de fuerza del celuloide patrio y, claro, la piratería. Sobre lo primero, explican que el año pasado faltaron locomotoras como Celda 211 y Ágora, capaces de amasar millones a un ritmo poco acostumbrado en nuestro país. Sobre lo segundo, para remediarlo ha llegado la Ley Sinde…. ¿No? ¿No?

Desde aquí, sin ánimo de aburrir, y más bien guiados por el sentido común, se nos ocurre citar las siguientes razones:

-Pérdida de calidad: llevamos años viendo cómo las productoras tienden a primar los efectos especiales en detrimento del guión; películas más espectaculares… pero más huecas.

-El cine español no conecta: salvo contadas excepciones (Almodóvar, Amenábar, Segura y alguna sorpresa), las cintas que se producen en nuestro país presentan cifras muy modestas; su temática no atrae; falta sintonía con los gustos del público.

-Precios abusivos: el cine se ha convertido en un artículo casi de lujo; más de 7 euros el 2D, unos 12 si es en 3D.

-Cultura del “no pago por ver cine”: la Ley Sinde no resuelve el problema, pero es un hecho que la piratería está muy arraigada; no son pocos los que se han acostumbrado a ver películas “por la cara”; ahora mismo es posible acceder a copias con una calidad excelente a pocos días de haberse estrenado.

-Nuevos tiempos: la magia de la sala a oscuras, la pantalla grande, las butacas, no calan de la misma forma en las nuevas generaciones, criadas a golpe de PlayStation y iPhone.

Pan negro para De la Iglesia


14 Feb

¿Pa qué? Pa negre, señora. O Pan negro. No le suena, ¿verdad? No se preocupe: ni usted ni la inmensa mayoría de este país la ha visto. En taquilla no ha llegado al millón de euros. Pero anoche se llevó a casa nada más y nada menos que nueve premios Goya. Eso, en mi pueblo, se llama arrasar. Y no competía con cintas menores: Balada triste de trompeta, También la lluvia (la enviada al Oscar) y Buried. Es más: la cinta pequeña, la destinada a un público minoritario, la de un director tirando a incomprendido, Agustí Villaronga, es precisamente Pa negre.

Pan negro y duro para Álex De la Iglesia e Icíar Bollaín, presidente (por poco tiempo) y vicepresidenta, respectivamente, de la Academia de Cine, y protagonistas (él más que ella) de la semana del esperpento que vivimos hace una quincena. Balada, con 2 Goyas, y También la lluvia, con 3, y todos en categorías secundarias, salieron escaldadas. En toda regla. Para Buried, otros tres galardones, dos técnicos y uno, no podía ser menos, para su estupendo guión.

Para Bardem, ya que se dignó a comparecer (parece que hay que rendirle pleitesía), Goya al mejor actor. Ahora en serio: merecidísimo por su papelón en Biutiful. Eso sí: no esperéis que se lleve el Oscar. Y poco más, salvo el magnífico discurso de Álex De la Iglesia, al que asistieron con cara de póker la ministra Sinde y con cara de vinagre la también ministra Pajín. No acabó aquí la representación del gobierno: Salgado (Economía) y Sebastián (Industria). A qué va esta gente a la gala, si no es a hacerse la foto y comer canapés, es un misterio. Además, se coló el bobo de Jimmy Jump.

Mientras, en Reino Unido, los Bafta encumbraron a El discurso del rey. Siete premios y lanzada a los Oscar. Cuidado, Fincher. La cuota de bizarrismo, en la categoría de habla no inglesa: Millennium I (sí, has leído bien) se impuso a Biutiful, Io sono l’amore, De dioses y hombres y El secreto de sus ojos, ganadora del Oscar… hace un año.

Tras la tempestad, los Goya


13 Feb

Hace quince días, el tumulto, la convulsión. Hoy, los Goya.

Solo ha pasado medio mes desde que el cine español celebró su semana más esperpéntica. Loca Academia de Cine, titulamos aquí un somero resumen de unas jornadas tan locas como chuscas, con una ministra pariendo su ley con forceps; un director de la Academia anunciando en un periódico que se siente estafado y se va; la ministra respondiendo que “vale”; ese mismo periódico publicando supuestas presiones para que ministra y director no se vieran la cara en la gala de esta noche; colegas como Santiago Segura saliendo en su defensa; la Academia garantizando que De la Iglesia estaría presente en “su” gala; su productor acusándole de haber perdido la cabeza con Twitter; la vicepresidenta sacando un duro comunicado…

Con la herida quién sabe en que punto de cicatrización, llega la entrega de los premios del cine patrio y la gran familia, término que últimamente es más cómico que otra cosa, se reúne en tropel de esmóquines y vestidos largos para dedicar sonrisas a las cámaras y fingir que todo va bien. La procesión, en todo caso, irá por dentro. La papeleta más difícil, para Sinde y De la Iglesia, sentados el uno al lado del otro. Pero el show debe continuar. Como si el sector, politizado donde los haya, siempre en el ojo del huracán, no se hubiera estado tirando los platos a la cabeza hasta antes de ayer. Como si las cifras de taquilla del último año no fueran para echarse a llorar.

En segundo plano, desenfocado, el cine. Una cosecha que, si nos atenemos a las cintas que acaparan más opciones, se reducen a un poker con Balada triste de trompeta, También la lluvia, Pa negre y Buried. La primera, el regreso al cine más personal e intransferible del propio De la Iglesia; la segunda, la fallida opositora al Oscar de Icíar Bollaín, gran rival esta noche y posible sucesora en la Academia. Rizando el rizo. La tercera, premiada en San Sebastián. Y la cuarta y última, la verdaderamente original y sugerente, la arriesgadísima pero triunfadora propuesta de Rodrigo Cortés.

Teatro Real de Madrid. Diez de la noche. Buenafuente conduce la gala. Tal vez el espectáculo esté en el patio de butacas.

Estrenos 11 de febrero


11 Feb

El nivel sigue alto. Bastante alto, por qué no decirlo. Es lo que tiene la proximidad de los Oscar. Llegan dos cintas que tendrán algo que decir el próximo 7 de marzo y, junto a ellas, un par de alternativas viables.

A estas debéis hincarles el diente:

-Valor de ley: Los Coen se fueron al Oeste, revisitaron la historia que le otorgó a John Wayne su único Oscar, se llevaron con ellos a John Wayne y volvieron con diez opciones a los Oscar bajo el brazo. Una cría en busca de venganza contrata a un veterano sheriff para que resarza, ojo por ojo, la muerte de su padre. Matt Damon y Josh Brolin completan reparto de lujo.

-Winter’s bone: La sorpresa de los Oscar. Cuatro candidaturas y ninguna menor. La que más está dando que hablar, la de su protagonista, Jennifer Lawrence, todo un soplo de aire fresco al que pronto, sino ya, se estarán rifando directores y productores; y si no, al tiempo. Thriller rural con heroína teenager pero dirigido a un público adulto y serie. Triunfó en Sundance y se compró un billete a metas mayores.

-I’m still here: Es cierto que el globo se ha ido deshinchando desde que se empezó a hablar de este proyecto. Es cierto, como apuntan algunos, que sabido el truco se pierde buena parte de la gracia. En cualquier caso, que levante la mano el que no sienta cierta curiosidad ante una de las mayores rarezas de los últimos tiempos. Como seguramente sabréis, Joaquin Phoenix, en connivencia con Casey Affleck, fingió que se le había ido la pinza y que se había metido a rapero zarrapastroso. Dijeron que estaba de Oscar. Habrá que comprobarlo.

En cambio, a priori, estas no valen mucho la pena:

-Sed de venganza: El artista antes conocido como The Rock, y que ahora insiste en que nos remitamos a su partida de nacimiento, en la que figura como Dwayne Johnson, no parece en cambio que haya introducido grandes cambios en su registro. Aquí le tenemos embarcado en la enésima historia de tío cabreado que sale a patear cabezas. Le secundan Billy Bob Thornton y Salma Hayek. Aunque, quién sabe, tal vez las apariencias engañen también en este caso y, rascando un poco, aparezca algo de valor.

-Territorio prohibido: Harrison Ford dejó hace mucho tiempo de enrolarse en películas potables.

-La noche que murió Elvis: Española.

Bad lieutenant


09 Feb

En 1992 Harvey Keitel estaba en plena forma y lo demostró con el exigente papel protagonista de Bad lieutenant (Teniente corrupto), cinta independiente y de bajo presupuesto que se rodó en dos semanas y media y en la que soporta todo el exigente peso de la función. Se ruega no confundir, por cierto, con el posterior remake a cargo del señor Nicolas Cage, que traslada la acción de Nueva York a Nueva Orleans y que poco tiene que ver.

A Harvey Keitel le vemos en Bad lieutenant metiéndose coca después de dejar a sus hijos en el colegio; perdiendo ingentes cantidades de dinero en las apuestas por culpa de unas series finales de beisbol en las que se empeña en no dar crédito a la remontada de los Mets frente a los Dodgers; tratando de hurtar pruebas en plena escena del crimen; fumando crack; compartiendo aguja con una yonki; abusando de un par de chicas que han cogido sin permiso el coche de papá. Una joya, vaya.

El teniente, como conocemos al personaje, sin más, es un poli sin escrúpulos, un ser “débil”, llega a definirse a sí mismo en uno de sus momentos bajos, en los que ya va buscando una redención que no podrá encontrar. Un tipo que si para algo utiliza su placa y su pistola es para su propio provecho. Sus adicciones crecen a un ritmo vertiginoso y directamente proporcional al de su deuda con un tipo al que solo llegamos a conocer de oídas pero del que se ofrecen las peores referencias posibles; un sujeto que no dudará en quitarle de en medio. El teniente se va hundiendo, él solito, y de forma irremisible, cada vez más en la mierda, hasta que llega un punto en que es complicado vislumbrar una escapatoria. Siempre con esa irónica obstinación de no creer en la resurreción de los Mets, con la que precisamente arranca el filme.

Un filme sin grandes alardes artísticos, rodado con crudeza por uno de los niños malos del aparato indie, Abel Ferrara, que no escatima en mostrar con todo lujo de detalles la violación de una monja o la sesión de aguja del teniente y cierta amiguita. En Bad lieutenant se regodea en el descenso a los infiernos de un tipo deleznable, sin código ético, el paradigma de la falta de moral (es un pecador irredento cuando, por su trabajo, debería dedicarse a practicar el bien).

Y lo dicho: Harvey Keitel se marca un papelón. Tremendamente intenso y físico, en el que refleja a la perfección la degradación gradual del teniente y sale airoso de no pocas escenas en las que debe aparecer drogado, borracho, ido o arrastrado por su bajeza compulsiva. Una perita en dulce para quien pudiera sacarle todo el jugo… Una patata caliente para quien no estuviera a la altura. Keitel, que en ese 92 rueda también Reservoir dogs, y un años después El piano, demostró que estaba a la altura del reto.

Celuloides en su jugo

Recetas sencillas para degustar buen cine, sabroso y bajo en calorías.