Winter’s bone

by Pablo

Cuando una película pequeña como esta se cuela en los Oscar y se codea con producciones que multiplican varias veces su presupuesto y sus aspiraciones, es lícito temer que está simplemente cubriendo la cuota independiente de turno. Que es la Crash o Precious de esta edición. Afortunadamente, Winter’s bone (2010) demuestra a lo largo de su hora y media de metraje que es una buena película, sólida, honesta, y que su apuesta no tiene nada de frívola.

Ambientada en el Missouri más rural y desamparado, en las montañas Ozark, el mérito de Winter’s bone reside en su capacidad para contar una historia más o menos trillada sin que el tratamiento resulte en absoluto trillado. Con una madre reducida a poco más que un guiñapo y dos niños pequeños (12 y 6 años) a su cargo, para la adolescente Ree se convierte en cuestión de vida o muerte el dar con su padre en un plazo de una semana. El hombre no ha tenido mejor idea que utilizar la casa familiar y las escasas propiedades para pagar la fianza y poder salir de la cárcel. Nadie ha vuelto a verle desde entonces. Ree no tarda en sospechar que ha muerto. El problema es que debe poder demostrarlo para evitar que les echen de su casa y, literalmente, se vean obligados a vivir como perros en el bosque.

Frágil solo en apariencia, dura como una piedra, Ree planta cara a los que tratan de disuadirla de dar con el paradero de su padre y no duda en llamar a todas las puertas hasta que se sale seriamente escaldada. Solo su tío acabará brindándole su apoyo. El problema reside en que su padre, dedicado a la fabricación de crack, se había juntado con lo peorcito de Missouri. Por algún motivo, todo el mundo tiene un gran interés en evitar que salga a flote lo que sea que haya pasado con él.

En su segundo largometraje, la directora Debra Granik sirve una cinta dura, áspera, cruda, sin concesiones, que saca todo el partido a una naturaleza fría y desangelada sin necesidad de efectismos superfluos. La vida de Ree es una mierda y no necesita cargar las tintas; le basta con mostrarla enseñando a sus hermanos a despellejar una ardilla. Mucho tiene que decir en el resultado final y consiguiente buena acogida de la película el trabajo de su protagonista, Jennifer Lawrence. La chica demuestra desde el primer momento que es mucho más que una cara bonita; que lo es. Tremendamente creíble, su candidatura al Oscar resulta más que merecida y parece augurar una estupenda carrera si consigue (o le dejan) elegir más papeles como este, que sepan ver más allá de su físico.

Winter’s bone es lo que vemos. Nada más y nada menos. Tal vez competir en la liga de los Oscar le venga un poco grande a un filme que en Sundance (donde triunfó) encontraba su hábitat más natural, pero no deja de ser justo que se reconozcan sus méritos. Méritos sencillos pero a menudo relegados a un segundo plano: guión correcto, buenas interpretaciones, dirección seria. Película firme y sólida, inasequible al desaliento. Como Ree, la chica que hace frente a todos por salvaguardar la supervivencia de su familia.

Veredicto: 7,5

Lo mejor: Jennifer Lawrence.

Lo peor: Que su presencia en los Oscar nos lleve a esperar demasiado.