Oscar 2011: el monólogo del rey

by Pablo

Los Oscar más predecibles de los últimos años han premiado a la película menos arriesgada. El discurso del rey fue monólogo en los galardones más importantes, los realmente codiciados: película, director y guión original, con la guinda del mejor actor para Colin Firth. Premio cantado como lo eran todos en el apartado de interpretación: Natalie Portman, Christian Bale y Melissa Leo hicieron buenas las quinielas.

Filme con aroma clásico, que podría haberse estrenado, sin exagerar, en los años 50 o 60, El discurso del rey ha gustado a los académicos por su mensaje positivo, de superación personal, de amistad más allá del abismo que marca la diferencia de clases. Una cinta con un guión de manual (el tartamudeo del monarca, su encuentro con el logopeda, la negativa a aceptar la ayuda, la aceptación del problema y, finalmente, el triunfo frente a la tara) en la que brillan, por encima de todo, y a gran distancia, las poderosas actuaciones de sus dos protagonistas. Injustísimo que Firth haya ganado y Geoffrey Rush apenas haya tenido opciones, cuando el segundo está soberbio e, incluso, por encima del primero.

La red social, más fresca, que habla de un fenómeno actual, Facebook, se conforma con premios menores como Origen, a la que han dejado en un segundo o tercer plano desde el principio por su aire onírico y su carácter fantástico. Tocaba en este 2011 el cine basado en historias reales y sobraban los experimentos con gaseosa freudiana. David Fincher y Christopher Nolan, directores jóvenes que han dejado su sello en cintas más arriesgadas, han visto cómo Tom Hooper se llevaba la estatuilla por un trabajo mucho menos personal. Mejor no compararla con Darren Aronofsky y su Cisne negro, que juegan en otra liga.

Unos Oscar conservadores, sin sorpresas, con tres galardones para Toy Story 3 (animación y los dos galardones musicales), con Valor de ley yéndose de vacío, envueltos en una gala sosa que no ha conmovido a nadie. Lo esperado con James Franco y Anne Hathaway a los mandos. Ricky Gervais, que puso patas arriba los Globos de Oro, habría puesto un poco de pimienta al asunto. Pero, después de todo, ¿para qué? ¿Qué objeto habría tenido poner emoción a la gala si todos sabían de antemano quién iba a ganar?

A propósito, permitidnos una palmadita en nuestra propia espalda. Si obviamos los documentales y los cortometrajes, donde apostamos a ciegas, hemos salido bastante bien parados con nuestra quiniela. Acertamos lo importante y fallamos en categorías secundarias. Una prueba más de lo previsible que ha sido todo.

*Mención especial: Jennifer Lawrence. Borda su papel en Winter’s bone y estaba radiante en la alfombra roja, aunque su vestido pecara de simple. Menudo hallazgo. Uno de esos rostros nuevos que tanta falta hacen en Hollywood. Y, por encima, actúa bien.